Rodrigo Cuevas

Moderno de pueblo
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influyo_ © rodrigo cuevas

¿Qué separa al provocador, exuberante y decididamente sexy personaje conocido como Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) del tímido Rodrigo Cuevas de a pie¿Cómo es posible que tal nivel de contradicción conviva en una misma persona? Agitador folclórico, cabaretero, revolucionario y azote de la ranciedad, saltó a la escena pública a través de un vídeo viral. Un icono en fase de conquista (sus fans más allá de las montañas asturianas son legión) que, subido a sus madreñas, ha dado toda una vuelta de tuerca a la cultura popular. Porque Rodrigo Cuevas se desenvuelve por igual en la paz de su idílica aldea o sobre el escenario más alto. Entonces: ¿provocador o tímido irredento? Sospechamos que, de tanto saltar entre persona y personaje, nuestro protagonista ha decidido instalarse en la misteriosa brecha entre ambas realidades, un territorio cómodo que le permite vivir jugando a confundir a quienes le observamos. 

Ayúdanos a entender tu desdoble de personalidad. ¿Dónde acaba la persona y dónde empieza el personaje?
Digamos que el personaje es lo yo quiero ser, el ideal al que aspiro. Si en un espectáculo digo que deberíamos cuidar más de nuestros mayores es algo que, en esencia, me estoy diciendo a mí mismo. No soy actor, aunque a veces actúe; realmente soy un músico que no sabe mentir y lo mismo le ocurre a mi personaje.

¿Te gusta influir?
No, para nada. No es mi intención, no me considero capacitado para influir, no creo que mis opiniones tengan tanta importancia. Suelo decir siempre lo que pienso, pero cuando lo veo reflejado en la prensa me sorprendo muchísimo porque hablo con mucha seguridad y parece que quiero sentar cátedra y yo no soy quien para sentar cátedra. No pretendo que la gente haga o siga lo que yo digo. Sencillamente, cuando me piden mi opinión la doy.

Lo cierto es que nunca evitas un tema. ¿No tienes miedo a las controversias? «No me considero experto en nada, pero eso no quita para que yo y todos podamos opinar. Tengo mis ideas y, como tales, las comparto. No tengo intención de convencer o de influir en nadie. No me interesa generar polémicas»

Naciste en Oviedo, estudiaste en Barcelona y ahora vives en un pueblo muy pequeño. ¿No echas de menos la vida urbana?
Algunas veces añoro mis paseos en bicicleta por Barcelona saltándome las normas. Echo de menos aquel descontrol de la ciudad, yo era muy joven y eso me encantaba. Te hablo de hace diez años, así que probablemente esté extrañando algo que ya no existe.

«La cultura tradicional hay que vivirla, disfrutarla y hacerla evolucionar» © El Cohete Internacional

Hay una declaración tuya en la que afirmas haber sido feliz siendo pobre en Barcelona. ¿Te sigues conformando con lo básico?
No, evidentemente no, aunque lo intento. La cuestión es que uno empieza a trabajar y a ganar algo de dinero y comienza a desear cosas: que si instrumento, que si otro… Supongo que es algo inevitable. Pero también estoy muy atento para no caer en la trampa de todas esas necesidades que realmente no lo son.

Eres todo un defensor de la vida rural. Afirmas que los mayores deberían vivir en la ciudad y los jóvenes en el campo, pero que esto no ocurre porque los jóvenes necesitan emociones y en los pueblos apenas pasa nada. ¿Crees posible un éxodo rural?
Cuando eres joven quieres divertirte y experimentar nuevas sensaciones, es así. Yo puedo estar estupendamente en mi aldea, disfrutando del bosque y del paisaje que veo por la ventana, pero si solo tengo eso, tarde o temprano, me iré a algún lugar que me proporcione nuevas emociones. Por eso muchos chavales que salen de los pueblos para estudiar en la ciudades, pese al amor por su tierra, no vuelven.

«Lo que el entorno rural necesita son buenas comunicaciones. La aldea vecina a la mía no es que no tenga Internet, es que ni siquiera tiene cobertura de teléfono móvil y eso no puede ser. No tiene sentido que la vida rural sea más dura que la urbana. Los que vivimos en el entorno rural tenemos que trabajar para que aquí también pasen cosas excitantes y divertidas. No es fácil, pero tampoco imposible»

Tu defensa de la vida rural va unida a la defensa del folclore desde tres perspectivas: protección, revisión y evolución. ¿Qué hay que hacer con la cultura tradicional?
Hay que vivirla para que siga latiendo. Los grupos folclóricos tradicionales están muy bien, pero la cultura popular es algo vivo, como las lenguas. El asturiano está perfectamente protegido por sus normas y su gramática, pero es vital hablarlo para conservarlo y hacer que evolucione. Con la cultura tradicional, lo mismo: vivirla, disfrutarla y hacerla evolucionar.

Defiendes que la música tradicional, la copla que tanto te gusta y que siempre está presente en tu repertorio, es una especie de manual con trucos para gustar y, en definitiva, ligar. Tu último disco, Manual de cortejo, recupera esos juegos de seducción entre xiringüelus, muiñeiras o habaneras. ¿No crees que lo de cortejar se ha vuelto prácticamente imposible en esta era de Internet?
Creo que sigue siendo posible, solo hay ponerle un poco de poesía. A las relaciones, salgan por donde salgan, siempre hay que ponerles poesía.

¿Y qué hacemos con los valores  heteropatriarcales que transmite la tradición?
Seguimos viviendo en una sociedad muy machista, pero eso no quiere decir que no podamos utilizar la música tradicional. Cuando elijo una copla es porque me conmueve por dentro, porque transmite algo que me toca y comparto. A mí nunca me oirás cantar una letra machista.

¿Crees que la cultura y el pensamiento LGTBI encajarán algún día con lo tradicional?
El pensamiento LGTBI, hace apenas quince o veinte años, no tenía cabida en la sociedad ni en la cultura contemporánea. Pero una serie de cambios han hecho que acabe integrándose. Estoy seguro de que si tomamos la cultura tradicional como algo vivo y en evolución acabará integrando sin dificultad la mirada LGTBI. En definitiva, todo esto va de enriquecer al conjunto con lo que aporte cada individuo.

¿La provocación o el erotismo de tus espectáculos puede catalogarse como gay u homoerótico? «No creo que en el erotismo o en la seducción haya géneros. Personalmente, no hago diferencias sobre el escenario. En mis actuaciones trato de seducir por igual a hombres y mujeres»

Rodrigo Cuevas ha marcado un estilo propio, inconfundible. ¿Cómo fueron tus inicios recorriendo las fiestas de pueblos pequeños? ¿Cómo era salir en madreñas y liguero ante un público, digamos, no habituado?
Fueron tiempos difíciles. (Risas). Reconozco que salir a escena era todo un desafío porque el público que no se mostraba demasiado receptivo ante el mensaje que yo trataba de enviar. La verdad es que no se esperaban nada de lo que iban a ver. Fue muy complicado ganármelos. Pero, por otra parte, me lo pasaba muy bien sorprendiendo y provocando a la audiencia y, sobre todo, estudiando sus reacciones.

El humor era también la base de tus primeros montajes. ¿Te estás volviendo más serio?
Es cierto que el humor está perdiendo fuerza en mis espectáculos. Ahora trato de enviar un mensaje más complejo y por eso necesito dejar un poco de lado el humor y profundizar en el aspecto musical, que es el que me interesa. Mi producto está ahora mucho más elaborado.

¿Antes el humor se usaba con total libertad?
Creo que sí. Hoy en día el humor se utiliza con miedo y cautela. Antes, en un contexto humorístico, podías decir lo que quisieras o reírte de lo que fuera, hoy no.

Rodrigo Cuevas ha aprendido con la pandemia que «en casa se está muy a gusto» © El Cohete Internacional

¿Cambiaremos para siempre tras la pandemia?
Sí, estoy convencido de que todo esto nos va a cambiar, lo que no tengo tan claro es si será para mejor o para peor.

¿Y tú en qué has cambiado?
He descubierto que, definitivamente, estoy muy a gusto en mi casa y que no necesito salir.   

¿Hasta dónde quiere llegar Rodrigo Cuevas? «Quiero quedarme como estoy, seguir trabajando como hasta ahora y seguir viviendo aquí, en mi aldea. Lo que no quiero es hacerme famoso. Ser famoso es lo peor que te puede pasar. Me niego a ser famoso»

¡Pero si ya lo eres!
(Risas). Vale, pero soy un famoso de andar por casa. En este nivel no es molesto: vivo tranquilo, salgo con mis amigos, paseo sin problemas cuando voy a la ciudad y llevo una vida de lo más normal. Así, sí.

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