Marc Martínez Nadal

Un milagro entre un millón
influyo_ © affkt

Bajo las letras, que no siglas, AFFKT [pronunciar afect] encontramos una de las mentes más espectaculares y preclaras de la música española de la última década. Compositor superdotado y productor estratosférico, Marc Martínez Nadal (Valencia, 1981) y su pequeño estudio de grabación —Pobla—, sumado a su sello discográfico —Sincopat—, han empezado a hacer historia. Los más listos del techno, la electrónica, el house, el indie dance o el progressive internacional le reclaman, cada vez más. Que nadie se extrañe, en la cabeza de este chaval con cara de buenazo —ingeniero de sonido de profesión— conviven disciplina germánica y creatividad mediterránea. Un prodigio made in Spain en el que caben todas las músicas, todos los ritmos, todas las energías (positivas) y todos los colores. Dentro de algunos años, no muchos, recordarás haber leído esta entrevista aquí. Let’s dance!

¿Cómo nace AFFKT?
AFFKT empezó sin pretensiones. Vivía en Munich componiendo música para publicidad. Había acabado la carrera y en mente tenía un proyecto de drum and bass en el que no quería ataduras. Así nació AFFKT, sin demasiadas expectativas. Al final, se ha convertido en la memoria de mis últimos diez/doce años, a todo ese mundo sonoro que he ido creando en este tiempo. AFFKT es un concepto ambiguo en el que caben muchas cosas. El nombre, realmente, no significa nada. Es un resumen colorido de mi última década como compositor. Me gusta que sea un nombre difícil de pronunciar y que cada uno lo interprete y lo pronuncie a su manera. Eso me encanta.

¿Tu capacidad para componer es un don o es el resultado de muchas horas de acierto/error?
Mi música equivale a muchas horas de estudio porque es muy detallista, busco la perfección, casi obsesivamente. Tengo es una especial sensibilidad desde pequeño para entender el sonido, llego más lejos que la mayoría. No quiero parecer pretencioso, pero tengo cierta habilidad para entender y descodificar todo lo que sucede dentro de la música.

¿Tienes formación clásica?
Sí, digamos que soy el fruto de unos padres músicos frustrados que se habían comprado un piano que apenas usaron. Así que yo crecí con un piano. Me apuntaron al Conservatorio de Valencia. Estuve nueve años hasta que las exigencias del conservatorio, que se sumaban a las del colegio, se me fueron haciendo muy cuesta arriba. No estaba a gusto.

«Fue dejar el conservatorio y empezar a hacer mi propia música con el ordenador, cosas muy básicas porque en aquel momento los ordenadores no eran la herramienta todopoderosa que son hoy. Empecé a hacer lo que necesitaba, a expresar lo que llevaba dentro»

Marc Martínez Nadal, una mente maravillosa con habilidad para entender y descodificar todo lo que sucede dentro de la música © Vincent Vandries

Tienes una increíble capacidad para moverte por todo tipo de géneros y subgéneros dentro de la electrónica sin despeinarte. ¿Qué te inspira a ti? ¿Qué atrapa a Marc Martínez Nadal?
Me cuesta trabajo separar mi faceta de productor de la de mero oyente. Lo que me apasiona es escuchar algo y no saber cómo se ha hecho, cómo han conseguido ese color, esas texturas… Me fascinan ese tipo de desafíos. Y luego, no sé, necesito que la música me diga algo, que me transporte, que no me deje indiferente.

«Supongo que una canción me atrapa cuando me toca el alma y, de alguna manera, ya siempre va a formar parte de mí»

Me me pasa con estilos muy diferentes, con cualquier tipo de sonoridad que nunca haya escuchado, y también con lo mainstream. Nunca se sabe. Me gustan muchos estilos de música: flamenco, rock, hard, hip hop… Me encanta la variedad.

A tu sello, Sincopat, llegan diariamente demos de músicos que quiere que tú seas su productor/descubridor. ¿Cuántas de estas demos te acaban convenciendo?
Está complicado. Llegan muchas demos, demasiadas, no sé… ¿una de cada trescientas?

Tienes fama de ser muy colorista, muy versátil, muy energético y, sobre todo (y esto es cosecha nuestra), muy elegante. ¿Cómo te ves tú?
(Risas). Gracias. Me cuesta definirme. He pasado por varias etapas y ahora mismo lo que siento es que estoy disfrutando muchísimo con lo que hago. Han sido muchos años de técnica y ahora, por fin, me siento liberado. Es como si todo el camino recorrido, con sus partes ásperas, cobrase sentido porque ahora es cuando he empezado a disfrutar de verdad. Siento que las cosas fluyen de una manera increíble, me he vuelto muy detallista, muy perfeccionista. Mi objetivo es llegar a la esencia de las emociones, a la pureza.

En la música electrónica, ¿qué debe primar más: la melodía o las matemáticas?
Depende de cada estilo. En el techno las matemáticas son bastante importantes; si me apuras, en la música en general. Yo creo que lo bueno está en encontrar el equilibrio. No es por quedar bien, pero te hablaría de un cincuenta-cincuenta.

«Al final lo único que cuenta es que un DJ se enamoré de tu música, que la sienta como suya y la pinche a todas horas; que quien te disfruta sea capaz de meterse en tu cabeza y entender lo que has hecho. Se trata de que todo encaje»

¿Cómo es tu proceso creativo?
Se me ocurren sonidos, los apunto, los voy guardando. No siempre sirven para una canción, pero cuando das con los que sí todo va sobre ruedas. Trabajo mucho procesando sonidos, exprimiendo todas sus posibilidades.

Tu música es puro positivismo. ¿Eres positivo por naturaleza? «Me alegra que digas eso, la verdad. Es lo que intento. Hay veces que uno está más bajo y le salen cosas más tristes pero, en general, a mí me gusta transmitir alegría y ganas de vivir. Si la gente interpreta esos sentimientos en mi música puedo afirmar ahora mismo que ya soy completamente feliz»

Ayúdame a entender el actual sistema de comercialización de la música dance: ¿cada cuánto hay que sacar una canción para seguir existiendo?
La industria musical está en un cambio constante, casi diría que diario. El streaming es ya más importante que la venta, por eso una canción tiene hoy tantas versiones y remezclas. La distribución es completamente diferente.

«Y luego, claro, están los músicos que prefieren trabajar más su perfil de Instagram que ponerse a componer» (Risas)

¿Escribir música es un viaje en el que uno se fija un destino pero realmente nunca sabe adónde va a llegar?
Para mí es algo terapéutico, afortunadamente no compongo para pagarme las facturas; el estudio de grabación es mi fuente de ingresos. Compongo porque necesito hacerlo, algunos días más inspirado que otros. Hay algo que me dice que tengo que hacerlo, que me empuja. Cuando entro en ese modo pierdo totalmente la noción del espacio y del tiempo.

Por favor, háblame de Sutja Gutiérrez, quién es y como os conocisteis. ¿Es la voz más oficial de AFFKT?
Sutja es impresionante y una de mis voces preferidas. Justo ahora, a finales de junio, sale el adelanto de su nuevo álbum con Lumière Noire, uno de los sellos de electrónica indie más respetados de Francia. Tengo el honor de haber colaborado un poquito en la producción de ese álbum y, de hecho, el primer single sale con una remezcla mía. Sutja es un buen amigo y mi compañero de batalla en los directos. Nos conocimos en un bolo en Castellón, él es de Vinaroz, y al instante conectamos. Es muy peculiar. Me encanta su voz y todo él. Es un tío brillante. Nos ayudamos todo lo que podemos.

Te has convertido en un productor internacional trabajando juntos a formaciones como Deltic State, Audio Junkies, Ramiro Lopez, Upercent, Dosem… ¿Soñabas con llegar a este punto?
Qué va. Yo me conformaba con hacer música, con eso ya tenía claro que iba a ser feliz.

«No tengo ninguna pretensión de ser famoso, quiero tener tiempo para mí, para hacer yoga, para meditar, para mis cosas… Quiero trabajar rodeado de gente con la que me sienta a gusto. Ser anónimamente feliz»

«Hay algo que me empuja a componer. Cuando entro en ese modo pierdo totalmente la noción del espacio y del tiempo», Marc Martínez Nadal © Vincent Vandries

¿De los fracasos se aprende?
Claro, también acumulo mis altibajos. Crear Pobla y Sincopat me apartó bastante de AFFKT. Pero supongo que todo en conjunto me ha llevado hasta donde estoy ahora. A veces también te juntas con gente en la que confías y a la que te entregas que al final no cumple con su palabra. Cosas de la vida. Te vuelves a levantar y ya está, avanzas con la lección aprendida.

¿Te ha frenado mucho la pandemia?
Tenía muchos bolos que se cayeron, pero no me ha frenado porque he tenido mucho más tiempo para hacer música.

¿Dónde está tu refugio, tu sitio en el mundo? «El Mareny, cerca de Cullera. Allí pasé mi infancia construyendo cabañas con mis amigos. Para mí la luz de Valencia es el Mareny»

Los humanos necesitamos toda clase de artefactos y objetos para sobrevivir. ¿Cuáles son tus imprescindibles?
El ordenador. Ha pasado de convertirse en algo anecdótico dentro de un estudio a ser la pieza imprescindible. Con un ordenador lo haces todo, es una extensión de mí. Sin portátil no voy a ningún sitio.

¿Qué tal te llevas con tu sombra?
Ahora mismo muy bien. Intento tener la cabeza muy equilibrada, me lo trabajo. Ser coherente conmigo mismo. Creo que es algo que se refleja también en mi música.

¿Con quien te enloquecería trabajar?
Con Trentemøller, sin lugar a dudas.

¿Cuál es tu asignatura pendiente?
Aprender orquestación. Sé de música, pero, quizá, me he volcado demasiado en la ingeniería de sonido y en la producción pura y dura. Me he traído el piano que compraron mis padres al estudio, pero siempre me falta tiempo. (Risas). Pero prometo que lo haré.

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