Jesús Ferrín

"El estilo es seguridad"

De pequeño devoraba revistas de moda. Pero lo que a Jesús Ferrín (Zamora, 1970) realmente le fascinaba, más allá del impacto visual, era observar cómo se construían esas marcas que aparecían en aquellas cabeceras, por qué estaban arriba, qué las hacía funcionar, cómo influían y qué hacía que la gente las amara y las siguiera. Con todas estas preguntas encriptadas en su ADN, su rumbo no parecía otro que el mundo de la moda y, después de una serie de casualidades, así fue. Hoy lleva casi veinticinco años siendo el alma mater de una de las agencias de relaciones públicas especializada en moda y estilo de vida más reconocidas, carismáticas y queridas de este país: Finally Press. Como él mismo asegura, un cuarto de siglo «trabajando en la trastienda del negocio» con —añadimos nosotros— absoluta profesionalidad, cariño por las cosas bien hechas y cero tonterías.

¿Qué es el estilo para Jesús Ferrín?
Hay miles de definiciones sobre el estilo, si se nace o se hace… Yo creo que el estilo es algo muy relativo, algo que de repente se enciende. Si estás convencido de que vas estupendo, chapeau; probablemente seas criticadísimo y haya gente que diga que no tienes ni idea, pero yo creo más en la seguridad. Empezaría a cambiar la palabra estilo por la palabra seguridad. Hay gente que tiene una seguridad en sí misma brutal, y eso se refleja en sus estilismos y en otros aspectos de su vida. Ese magnetismo es lo que me fascina. El estilo, con toda la información de la que hoy disponemos y gracias al low cost —que nos permite acceder a prendas de todo tipo—, es muy fácil de obtener, pero la seguridad en uno mismo… eso ya es otra historia, eso es mucho más difícil.

¿Y cuál es tu estilo?
He vivido varias etapas. Actualmente, mi estilo lo único que busca es pasar desapercibido. Te pongo un ejemplo. Hace dos años, me reuní con mis antiguos compañeros para celebrar los veinticinco años de la promoción. En ese momento quieres ser tú mismo y destacar; al trabajar en el mundo de la moda podría haberme puesto casi cualquier cosa. Sin embargo, fui con jersey de cuello caja, camiseta, pantalón vaquero, zapatos y chaqueta; vamos, fui con uniforme.

«Jonathan Anderson —director creativo de Loewe— dijo una vez algo que me pareció muy interesante y es que la gente que trabajamos en moda, casi sin darnos cuenta, vestimos de uniforme: jersey cuello caja, vaquero, deportivas o zapatos prácticamente todos los días»

Así no te complicas. Este concepto se ajusta bastante a mí.

Si no te hubieras dedicado a la moda, ¿qué habrías hecho?
Mi otra gran pasión es la música. Creo que hubiera intentado encontrar trabajo de lo que fuese en una discográfica. Ahora, con el tiempo, me doy cuenta de que me habría gustado estudiar otras cosas. Si no lo he hecho es porque no he tenido tiempo o energía para empezarlas. Me habría encantado estudiar psicología o sociología, porque tiene mucho que ver con nuestro trabajo. Comprender cómo los movimientos pueden llegar a darse y conseguir que una marca influya.

¿Qué escuchas?
Estoy esperando y me muero por tener el nuevo trabajo de Arca. Con los discos me pasa un poco como con las revistas, que esa ilusión no la he perdido, y espero no hacerlo nunca. Cuando abro una web y descubro lo que han colgado, o voy a un quiosco y veo el nuevo número de una revista, o artistas como Arca, Tyler The Creator o Kendrick Lamar anuncian un disco, me sigo poniendo nervioso, lo mismo que en las pasarelas.

¿Cómo era el mundo de la comunicación de moda antes y cómo es ahora?
Desde el día que empecé hasta hoy, en lo fundamental, la forma de comunicar sigue siendo la misma y no va a cambiar. El mecanismo se mantiene. Lo que sí ha cambiado, obviamente, es que cuando empecé yo era la generación protagonista a la que todo el mundo le quería vender algo, y ahora ya no lo soy.

«Ahora tengo que trabajar para venderle a la generación posterior a la mía y estar preparado para venderle a la que viene detrás de esta. Eso es lo que ha cambiado»

También han cambiado las herramientas. Comencé trabajando con un fax y vi el final de las diapositivas. Y ahora me paso el día en el móvil. En este trabajo uno tiene que adaptarse constantemente a lo que está sucediendo. La comunicación es evolución y palabras como cambio y adaptación siempre están presentes.

¿Y hacia dónde va la comunicación?
Siempre caminamos hacia mejor. Quizá parezca ingenuo por optimista, pero creo que todo lo que vamos alcanzando y conquistando siempre es mejor.

«Antes el poder prescriptor lo tenían solo unos pocos medios y ahora lo tienen esos pocos medios y también mil pequeños influencers o mil pequeños micromedios. Eso es lo que está definiendo el momento, ahora todo es más capilar»

Ahora hay más dificulades y el trabajo se ha vuelto mucho más exigente. Todo va más deprisa porque las conquistas tecnológicas permiten el acceso a la información mucho más rápido, con lo que la celeridad ha aumentado. Eso pasa factura físicamente, por lo menos a algunos de nosotros que tenemos un cerebro preinternet obligado a adaptarse constantemente a lo que sucede (risas); ya me hubiera gustado a mi nacer con una tablet… pero lo conseguimos. Soy de esas personas a las que le encanta comprar música en iTunes, que Spotify le haga una lista semanal o que un GPS le lleve hasta su destino.

Jesús Ferrín, veinticinco años comunicando, actualizando y avanzando. Probablemente, el experto en moda y marcas más respetado y querido de este país © influyo_

¿Cuál es la clave del éxito? «Observar es muy importante, ver lo que está sucediendo en la calle o en las propias empresas. Adaptarse y no oponerse a nada de lo que ocurra es clave»

Es un error que nos anclemos en cosas pasadas que nos gustan más, en momentos pasados en los que nos sentíamos más fuertes. Eso ya está superado, lo vivimos. Me parece muy importante estar en constante evolución y adaptarse a lo que venga.

¿En qué época te hubiera gustado nacer?
Estoy contento con haber nacido en 1970 y en Zamora. Estoy en contra de la nostalgia y no me fío de la gente que a la nueva música la llama ruido o que solo escucha lo de antes. La nostalgia está bien, pero en su justa medida. En cuanto a moda, los años 70 sientan bien a los altos y delgados, los 80 fueron maravillosos, los 90 tuvieron su punto, pero para mí la mejor época es la que está por venir. Cada vez que aparece algo nuevo me gusta más que lo anterior.

¿Qué cambios se avecinan en la moda?
Antes de la pandemia ya se estaba cuestionando el formato de las pasarelas, se jugaba con el hombre y mujer, se hablaba de concentrar pasarelas y desfiles, de una generación mucho más concienciada con el medio ambiente y con el consumo racional de materias primas, una generación joven que entraba al mercado. Lo que sí hemos tenido en estos meses es mucho tiempo para pensar en todo ello. Me gustaría que muchas de estas ideas y corrientes necesarias se quedaran, pero me da miedo que la celeridad del mundo moderno nos lleve a algo parecido a lo que teníamos antes.

«Ahora tenemos una oportunidad estupenda para cambiar lo que sabemos que no estaba funcionando bien, aunque me temo que muchas de estas decisiones se tomen en el nombre del margen de ganancia. El margen está ahí y tiene que existir, pero no todo debería girar en torno al beneficio»

Si te pudieras ir ahora mismo a cualquier lugar del mundo, ¿cuál sería?
Me iría a un campo de la meseta castellana, una zona muy poco valorada. Esa visión tan poco idílica de una planicie en la que no queda nada, también porque he nacido allí, me produce una paz muy grande.

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