Mar Hernández Riquelme

Evoca que no es poco
Fotografía: Ariadna Acosta

No hay más paraísos que los perdidos. O, quizá, también los recordados. Porque nada hay más grande que el poder inspirador de la memoria, ese que nos lleva a recrear aquello que vivimos, muchas veces, con una sensación idílica de esas experiencias vitales que, tal vez, nunca lo fueron. Mar Hernández Riquelme (Madrid, 1984) ha encontrado en el ámbito de la evocación el modo idóneo de contar su realidad; no la que necesariamente ha vivido, sino la que imagina con su mirada artística escrutadora, recorriendo lugares vacíos —muchos vinculados a su biografía— que, por serlo, tienen la fabulosa potestad de encerrar un universo en sí mismos. Porque solo un espacio deshabitado tiene infinitas posibilidades de convertirse en el ámbito que nos cobija, que añoramos, que soñamos.

La obra de Mar Hernández Riquelme —que ha sorprendido a los espectadores de Madrid, Cartagena, Roma, Lisboa, Utrecht y Pekín— tiene una clara voluntad de borrar las fronteras entre el espacio y el tiempo. También trascender los límites tradicionales del dibujo a través de fotografías que perpetúan ese pasado que ella recupera con grabados y dibujos superpuestos, por más que los años, las mudanzas o las piquetas acaben físicamente con él. Ahora bien, que nadie piense que la artista vive en su particular torre de marfil (y recuerdos). Solo alguien que disfruta apasionadamente de la vida puede ser capaz de devolvérsela a un escenario ruinoso.

¿Eres de esas personas que piensan que no hay más paraísos que los perdidos?
Creo que muchas veces no nos damos cuenta de que vivíamos en el paraíso hasta que lo perdemos, pero también pienso que no podemos vivir anclados en la nostalgia porque esta nos impide avanzar.

«Se pueden encontrar pequeños oasis en medio del desierto, solo hay que estar atentos»

Comedor de la casa del tío Lobo © Mar Hernández Riquelme

En el ámbito de la evocación has hallado el modo de contar tu realidad. ¿Qué encuentras en el pasado para que lo hayas elegido como protagonista de tu obra?
Siempre he tenido curiosidad por las historias que encierran los objetos y lugares del pasado. Suelo identificarme con las personas que habitaron aquellos espacios; por eso, me gusta rastrear las pocas huellas que dejaron. Y, si no las encuentro, recurro a la imaginación para recrear otros mundos posibles, como si fueran realidades paralelas. 

Parte de tu obra tiene mucho que ver con la intrahistoria de tu familia, en Murcia. ¿Sientes que te has convertido en la guardiana de la memoria colectiva?
La verdad es que muchos de los objetos que aparecen en mis obras pertenecen a mi familia, también algunos de los lugares representados están conectados con mi biografía de alguna manera.

«De hecho, mis primeras obras surgieron en las casas de mis abuelos porque pensaba que, si dibujaba todos aquellos objetos acumulados durante años, con una fuerte carga emocional, podía salvarlos del olvido»

A Hernández Riquelme le sienta especialmente bien intervenir paredes © Ariadna Acosta

Allí empezaron mis primeras investigaciones interviniendo y arrancando paredes, que nacieron del deseo de conservar, al menos, un trocito de aquellos lugares en los que fui tan feliz. Asimismo, he realizado varias piezas como, por ejemplo, Estudio de Hernández Cop (2018), basadas en mis propios recuerdos en torno al antiguo estudio de mi padre, que también es artista y cuyos pasos, de todos mis hermanos, solo he seguido yo.

¿Esa conexión con Murcia se ha convertido también en materia de reivindicación a través del arte?
Efectivamente, me preocupa la situación del Mar Menor y he querido reflejarla en dos obras en las que recupero una casa de veraneo en ruinas, a través de su mobiliario.

«La ejecución de estos dibujos coincidió con el momento en el que la mayor laguna de agua salada de Europa colapsó, después de décadas de maltrato. A pesar de todo, el Mar Menor sigue olvidado y abandonado a su suerte»

Llevo varios años siendo testigo de la degradación que va experimentando esta casa y, de forma simultánea, de la propia costa en la que está situada. Muchos de los recuerdos más felices de mi infancia y adolescencia están ligados a este lugar, que está en peligro de desaparecer por la dejadez y negligencia de los gobernantes de turno.

Estudio de Hernández Cop © Mar Hernández Riquelme

Donde los demás ven ruinas, tú ves vida…
Eso mismo decía mi abuelo cuando me acompañaba a hacer fotografías en la antigua industria de La Maquinista de Levante. Con una paciencia de santo, me llevaba en su destartalado coche a otras localizaciones, aunque nunca llegó a entender el motivo de mi gran interés por visitar este tipo de sitios. Donde yo veía belleza, él solo veía miseria y decadencia. Cuando recorro estos espacios, siento una emoción difícil de explicar; de hecho, la fascinación y el deleite que me producen estos lugares coincide con la fascinación por las ruinas que surgió en el Romanticismo.

El concepto de ‘ruina contemporánea’ es el punto de partida de tu trabajo.
Cuando hablo de ruina, no me refiero al resto de un edificio monumental, ni ruina como rastro de civilizaciones anteriores a la nuestra. Tampoco a la ruina como consecuencia de los efectos de una catástrofe. Estos efectos pueden ser similares a la lenta acción del paso del tiempo, pero no son comparables. Me refiero a las ruinas de lugares de nuestro pasado reciente, que se encuentran en estado de suspensión, de paréntesis hasta que sean demolidas o restauradas para darle otros usos distintos a los que tuvieron en el pasado. 

¿Y cómo son los escenarios de tus sueños?
Suelen ser bastante surrealistas, como le pasará a mucha gente. En mis sueños se mezclan lugares que aparentemente no tienen conexión, pero tienen sentido dentro del sueño, tienen su propia lógica. A veces, puedo recorrer espacios que ya no existen o a los que ya no tengo acceso y se mezclan con otros que siguen en pie o que están a cientos de kilómetros. Suelo recordar que es posible abrir una puerta en la casa donde vivía en Madrid y encontrarme, de repente, en la casa donde voy a veranear en Murcia, como si fuera algo natural.

Cine Moderno © Mar Hernández Riquelme

Renuevas tu lenguaje a través de fotografías intervenidas por tinta y grafito. «Como punto de partida, me he dedicado a buscar y recorrer, desde hace más una década, espacios en estado de abandono: fábricas obsoletas, tiendas cerradas, casas deshabitadas, así como arquitecturas efímeras»

He documentado los cambios que estos lugares experimentan mediante un registro fotográfico que se ha convertido en un archivo que va creciendo a lo largo del tiempo. De forma paralela, he intervenido la impresión fotográfica directamente mediante dibujo a lápiz. Además, he realizando intervenciones gráficas in situ en este tipo de lugares; incluso, he aplicado técnicas de restauración como el strappo, trasladando estas intervenciones a otras superficies. Considero que estas intervenciones gráficas en lugares abandonados me ayudan a profundizar en la idea de ruina, a hacer visible lo imperceptible, a registrar lo que está a punto de desaparecer.

En cada una de tus obras hay mucho trabajo físico, incluso mucho dolor… ¿Hasta qué punto el arte tiene que hacer daño para ser auténtico?
Es cierto que dedico mucho tiempo y esfuerzo en mis dibujos, porque presto mucha atención a los detalles y me cuesta decidir cuando una pieza está finalizada.

«Algunas veces, sufro un dolor agudo en la mano y el brazo derecho al final de la jornada, sobre todo, cuando trabajo más horas de lo planificado»

Dolores agudos que dan forma a trabajos exquisitamente ejecutados no exentos de discurso © Ariadna Acosta

Por eso, utilizo una silla tuneada con un par de cojines para minimizar las molestias. No creo que la autenticidad del arte dependa únicamente del esfuerzo porque, entonces, solo sería válida la destreza del artista, así que supongo que hay mucho más allá. Personalmente, valoro mucho el trabajo bien ejecutado y acompañado de un discurso, sin que la obra dependa exclusivamente de este. Procuro que la imagen sea suficiente para mostrar el mensaje que quiero transmitir al espectador.

¿Cómo vive un artista emergente? Hay muchas líneas de investigación, mucho talento, pero ¿les cuesta abrirse paso a los más jóvenes?
La vida de un artista emergente está basada en la incertidumbre.

«Es difícil abrirse paso, pero estamos en una carrera de fondo y no es suficiente el talento, hay otros factores que pueden influir»

En mi caso, he dado pasos firmes y todo ha fluido positivamente en mi carrera artística: mientras todavía estudiaba en la facultad, participaba en cada exposición o certamen que estuviera a mi alcance.

Poco a poco, fui encontrando mi camino y, entre otras cosas, mi estancia en la Hogeschool voor de Kunsten, de Utrecht, fue una revelación en la manera de plantear mi trabajo, ya que el sistema de enseñanza era muy diferente al que estaba acostumbrada. Años más tarde, tuve el privilegio de obtener una beca en la Academia de España en Roma, lo cual fue un gran impulso porque, además de alimentar mi inspiración, pude disponer del tiempo y del espacio necesarios para centrarme en un proyecto artístico y comencé a trabajar con White Noise Gallery.

Tú te alejas de la imagen del artista emergente muy presente en redes, que se promociona en eventos, que se crea un personaje… ¿Hoy en día es posible otra forma de influir basada en el trabajo y la reflexión?
Bueno, yo intento que mi promoción sea el trabajo que estoy haciendo en el momento. Al disponer de mi propio lugar de creación, no tengo tanto contacto con los artistas que comparten estudio; de hecho, bastantes veces no he podido asistir a muchos de los eventos que se organizan en Madrid porque me cuesta salir de mi espacio de trabajo cuando estoy en periodos intensos de producción.

Sin embargo, en las épocas en las que estoy un poco más tranquila, me gusta acudir a las inauguraciones de gente que conozco. Y también he participado en algunos eventos puntuales explicando mi trabajo al público. En realidad, no pretendo influir a nadie, simplemente hacer mi tarea lo mejor posible, compartiendo el proceso y el resultado con mis seguidores y coleccionistas.

Hernández Riquelme en su estudio de Madrid © Mar Hernández Riquelme

Durante el confinamiento, muchos artistas han tenido una actividad frenética. ¿Ha sido así en tu caso?
Poco antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma, pude intuir que la situación podría prolongarse porque una buena amiga que conocí en una estancia artística en Pekín me contó que habían estado encerrados en casa durante más de dos meses; así que me armé de mis provisiones esenciales: varias impresiones digitales de mis imágenes en papel Canson y muchos lápices para sobrevivir por un largo tiempo. 

Al principio, me costaba mucho concentrarme, ya que decidí no trasladarme con mi familia para no perder mi espacio de creación. Tenía programada mi participación en una exposición en la White Noise Gallery de Roma (Strutture di Contenimento) para principios de junio y sabía que no sería fácil cumplir con la tarea fuera de mi estudio. En algún momento de fragilidad, la soledad me pesaba, pero afortunadamente conseguí calma mental gracias al ritmo de trabajo que logré… e incluso, a una bici estática desde la que recorría paisajes virtuales a través de la pantalla de mi ordenador. 

¿Qué ha cambiado en tu forma de concebir tu trabajo el hecho de haber pasado todos esos meses en tu casa que es, además, tu estudio?
Mi rutina durante el confinamiento no ha sido muy diferente a la habitual, salvo la imposibilidad de dar un paseo o tener cerca a mi familia y amigos. A lo largo de mi vida, he experimentado varios periodos de aislamiento meses antes de una exposición; pero esta situación era muy diferente, porque no era elegida y la realidad que se estaba viviendo fuera era una verdadera tragedia.

Además, llegó un momento en el que los materiales de trabajo se iban agotando y tampoco podía salir a recorrer más espacios abandonados para reflejarlos en mis obras. Por tanto, tuve que recurrir a mi archivo y también empecé a centrar mi mirada en los objetos que estaban almacenados en mi estudio.

Finalmente, la exposición pudo inaugurarse el pasado 18 de junio er aquí], pero yo no he podido acudir personalmente como tenía planeado, aunque mis dibujos han viajado por mí hasta la Ciudad Eterna. Ahora, un paseo por el parque me parece todo un acontecimiento, y valoro mucho más las pequeñas cosas que antes no daba tanta importancia.

Peñarroya recuperado © Mar Hernández Riquelme

Cuando pasen cien años y alguien retrate ese espacio vital tuyo, ¿cómo te gustaría que lo reviviera? «Me da un poco de vértigo pensar en ello, pero al menos creo que mientras mi obra esté colgada en las paredes de alguna casa yo seguiré en la memoria de alguien y, a su vez, seguirán presentes los espacios y objetos que suelo representar»

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