Fabiola Padilla

Mixología versus psicología
Fotografía: Azucena San Martín

Fabiola Padilla (San Miguel el Alto, Jalisco, 1988) es de esas personas a las que el destino parecía tener reservada una oposición y una plaza fija en algún juzgado mexicano hasta que —por fortuna— su espíritu indómito dijo ¡no! Poco después nuestra protagonista se sorprendía a sí misma creando una serie de cócteles inéditos, tan espectaculares como excitantes. Sociable y carismática, Padilla es hoy una de las grandes mixólogas de América, una mujer con carácter que suma adeptos desde el primer trago. Su agenda es compleja por lo que aprovecharemos este encuentro en Bekeb (Semilla), su querida coctelería en San Miguel de Allende —ultrarecomendada por The New York Times—, para hacernos con alguno de sus secretos profesionales y, de paso, entender la mezcla perfecta que impulsa su pasión y su estilo de vida. Por cierto, Fabiola corrobora que los que están bajo el influjo del alcohol siempre dicen la verdad aunque a veces, advierte, «es mejor no escuchar».

¿Quién es Fabiola Padilla?
Una mujer emprendedora, valiente y creativa a la que le gusta tomar riesgos y lanzarse a la aventura. No acepto un no por respuesta. Tuve una infancia muy feliz en San Miguel el Alto, en Jalisco, y crecí rodeada de una naturaleza maravillosa. El hecho de vivir en el principal Estado productor de tequila de México hizo que me interesase desde muy joven por este mundo.

¿Cómo llegaste a la mixología?
De la forma más inesperada. Estudié derecho y ejercí de abogada en Nueva York, allí fue donde me enamoré de los bares y la coctelería. Un día me propuse trabajar en un bar y di con una oferta. Me aceptaron y empecé desde abajo, absolutamente. Poco a poco, fui encontrando una vocación que se transformó en pasión: descubrí que era más feliz detrás de una barra. Después me convertí en embajadora de marcas mexicanas en Estados Unidos hasta que acabaron contratándome en Diego, la coctelería del Hotel Public de Nueva York —creada por Ian Schrager, coautor del mítico Studio 54—, y de ahí salté a Cosme, el restaurante del chef mexicano Enrique Olvera en Manhattan —número 23 de The World’s 50 Best Restaurants—. Así hasta que tuve la oportunidad de abrir mi propio bar, Bekeb —en la azotea del hotel boutique Casa Hoyos, en San Miguel de Allende—, del que soy dueña y señora.

Fabiola Padilla en acción en Bekeb (Semilla), su coctelería-paraíso en el rooftop de Casa Hoyos, uno de los hotelitos con más encantado de San Miguel de Allende © Eugenia Tinajero (@adstinajero)

¿Dónde has probado el mejor cóctel de tu vida?
Elegir el mejor me resulta muy difícil, lo que más me gusta es probar tragos clásicos en su lugar de origen. Por ejemplo, una experiencia irrepetible para mí fue cuando pedí un Singapore’s Sling en el Hotel Raffles; estaba sola en Singapur después de haber viajado por toda Asia.

«Dejarme llevar por la dinámica de tirar los cacahuetes al piso y tomar un Singapore’s Sling en el lugar exacto en el que se creó hace más de cien años me resultó impresionante»

Otro de mis mis drinks favoritos son, sin duda, los que disfruto en el bar Attaboy, en el Lower East Side de Manhattan. Allí no hay carta, por lo que el bartender es el encargado de elegir lo que vas a tomar dependiendo tus gustos. Una maravilla.

¿Cuál sería el momento clave de tu vida, ese que lo cambió todo para siempre?
Imagino que todo el proceso que tuve que afrontar para abrir mi propio bar. Fue todo un desafío en el que tuve que aprender a gestionar situaciones que jamás había imaginado. Todo eso me hizo crecer hasta llegar a la mejor versión de mí.

¿Qué hace única a tu coctelería?
Que me implico al máximo. Me gusta hacerlo todo desde el principio: exprimo los jarabes, creo mis propios hielos, busco o cultivo mis propias hierbas aromáticas…

«Para mí, lo más importante es respetar la esencia del cóctel y no bajar nunca la calidad para reducir costes»

¿Qué es para ti el éxito?
Saber disfrutar de la etapa en la que te encuentras, del momento. No es el dinero ni el poder. Es sentirte pleno y amar lo que haces.

¿Lo mejor y lo peor de tu trabajo es… ?
Lo que más me gusta es la gente, ver la reacción del cliente y que se interese por lo que está tomando. Y lo que menos, con diferencia, cerrar y limpiar el bar. (Risas). Gajes del oficio. (Risas).

Lavender Sour —ginebra, crema de violeta, Cocchi Americano (vino aromatizado), limón y lavanda— y a volar de la mano de Fabiola Padilla © Bekeb_sma

¿Cómo ha cambiado la mixología en estos tiempos de pandemia?
Creo que se ha abierto una gran oportunidad para ser más creativos. Todo el sistema de comercialización, tal y como lo conocíamos, ha cambiado. Yo me impuse la misión de crear una carta de cócteles a domicilio. Siendo positivos, ha sido una buena oportunidad para experimentar y crear nuevas mezclas.

¿Volveremos a brindar como antes? «Creo que no va a existir una normalidad como antes, pero con el tiempo lograremos convivir y disfrutar tomando cócteles de nuevo, claro que con las precauciones necesarias»

¿La verdad está en el alcohol?
Yo creo que sí, el alcohol quita penas y desinhibe. La gente, cuando tiene alguna copa de más, dice cosas que preferirías no escuchar. Me ha tocado ser más psicóloga que mixóloga. (Risas). Tengo la teoría de que los que se sientan solos en la barra de un bar, yo lo hago, buscan conversación y que el bartender les dé buenos consejos para sus vidas.

¿Te han tratado de ligar mientras sirves?
¡Millones de veces! (Risas). Bueno, al menos lo han intentado. Es muy común.

«Cuando estás detrás de una barra adquieres cierta posición de ventaja, de liderazgo, sobre el cliente»

Si las personas ya están algo entradas en copas pueden llegar a confundir tu amabilidad con un coqueteo, pasa a menudo. Yo a todo el mundo lo trato con mucho respeto y nunca entro en el juego.

Fabiola Padilla: made in México © Valeria Alonzo

¿Cuál es tu proceso para crear un nuevo cóctel?
Pura inspiración que puede empezar por una fruta, una flor o un destilado. Siempre que pruebo o huelo algo lo relaciono automáticamente con sabores con los que podría mezclarlo. Es como una paleta de colores; todos combinan, solo tienes que encontrar la manera de dar con el equilibrio. Uno de mis cócteles más populares, el Green Sunset —a base de tequila, sake, albahaca, limón y tuna verde (higo chumbo)—, lo creé cuando regresé de Nueva York y volví a probar la tuna verde; ahí recordé lo mucho que me gustaba esta fruta e, instantáneamente, empecé a imaginar todo tipo de combinaciones con ella.

¿Dulce o salado?
En comida diría que dulce. En bebida no podría elegir entre dulce o salado porque me gustan mucho los cócteles clásicos, como el Negroni, el Manhattan o el Old Fashion. 

¿Confiésanos algo que casi nadie sepa de ti?
Que siempre estoy descalza, me encanta sentir la energía que se recibe de la tierra.

¿Cuáles son tus planes a medio y largo plazo?
A medio plazo, lanzar una firma de sombreros y montar otro bar en México o en Nueva York. A largo plazo, seguir creciendo laboralmente y enfocarme aún más en sacar adelante mis ideas. Lo que no me veo es casada y con hijos.

¿Cuál es tu lema de vida? «La perfección no existe, siempre hay algo que mejorar»

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Me voy a una cabaña en las afueras de San Miguel porque lo que más me gusta es estar en contacto con la naturaleza. Me encanta leer novela histórica, pero también me fascina viajar.

Si te dieran a elegir servir el evento de un famoso, ¿a quién te gustaría prepararle tus cócteles estupendos?
Lo tengo muy claro: a Angelina Jolie.

Historia, diseño y buen gusto © Casa Hoyos

¿Con qué playlist te gusta trabajar?
Me gusta la música instrumental, alternativa o ambiental. Mi playlist está en Spotify y se llama The Sound I Need by Bekeb.

Si ganaras un viaje a cualquier lugar, ¿a dónde irías?
A Hawái, es el lugar del mundo al que más ganas le tengo; probablemente sea mi próximo destino cuando podamos viajar con normalidad.

¿Eres fiestera?
¡Sí, claro! Vivo de esto y soy muy sería con mi trabajo, pero después de cerrar mi bar siempre me gusta ir a otro lugar a tomar algo, aunque sea un ratito. Prefiero una coctelería a un antro (local de ocio), pero aquí, en San Miguel, no hay mucho donde elegir. (Risas).

De no haber sido mixóloga, ¿qué te hubiera gustado ser?
Sin duda, estaría en el mundo de las relaciones públicas. Me encanta conocer gente nueva. Todas las personas que se cruzan en tu vida, aunque sea cinco minutos, te aportan algo, bueno o malo; son piezas que contribuyen a armarnos como si fuésemos un rompecabezas.

Fabiola Padilla: una mirada, una visión © Azucena San Martín (@madeinchena)

¿Cuál es tu mayor logro hasta la fecha? «Que se me reconozca como mujer innovadora en la industria de la mixología a nivel internacional»

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