Almudena Ariza

Ariza Breaking News
Dibujo: Ignacio Lobera

De pequeña iba para concertista de guitarra clásica pero unas ondas de radio interfirieron en su frecuencia —que siempre ha sido constructiva, elegante y gaditanamente alegre— hasta apoderarse por completo de ella. Por eso se hizo periodista, por eso y porque tiene un don muy especial —heredado de su madre, que a su vez lo recibió de la suya y así hasta el origen de los tiempos—: sabe contar historias como nadie.

Atravesó el umbral de Televisión Española por primera vez hace ahora treinta años cuando el mismísimo Jesús Hermida, enfrascado en la tarea de encontrar nuevos rostros, le lanzó el siguiente desafío durante un casting: «Cuéntame una historia».

A partir de aquel preciso instante —en el que, obvio, triunfó—, Almudena Ariza (Madrid, 1963) ha cubierto de forma impecable ataques terroristas —como el de las Torres Gemelas—, guerras —como las de Afganistán e Irak—, grandes catástrofes naturales —como los tsunamis de Japón e Indonesia o los terremotos de Turquía, Irán y Haití—, hambrunas, campañas electorales y crisis de toda índole a lo ancho y largo de este loco mundo. Volamos hasta París para conocer mejor a esta ‘grande dame’ de la comunicación.

Dibujo: Ignacio Lobera

París, Francia. ¿Qué está siendo lo más estimulante de tu presente corresponsalía?
Lo más significativo es que he cambiado sustancialmente de ritmo. Mi vida profesional ha sido muy intensa siempre. De los primeros años cubriendo guerras, terremotos, crisis humanitarias o políticas en todas partes, asumiendo todo tipo de breaking news; a la época como corresponsal en Asía-Pacífico que fue increíble: la realidad China, reportajes en Corea del Norte, el tsunami de Japón… tres años en los que no paré. Y luego, Estados Unidos, con casi siete años en Nueva York, que arrancaron con la campaña y la victoria de Trump, a la que sucedieron tantísimas noticias, porque EE UU es un campo extraordinario de información. Y ahora aterrizo en París y todo es como más slow. Estoy saliendo de un, digamos, proceso de adaptación porque la intensidad a la que estaba acostumbrada ha bajado considerablemente. Y también estoy redescubriendo Europa. Tengo la impresión de que el mundo va a dos velocidades y de que nuestro continente va más despacio. Echo de menos el dinamismo de las sociedades asiática o norteamericana. Me ha costado un poco, pero ya estoy reconectando con el art de vivre parisino. París es una ciudad maravillosa y con una oferta cultural impresionante. Estoy disfrutando, pero echo de menos la intensidad informativa.

Acaban de concederte el XVII Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara (otorgado por la Universidad de Málaga junto a Diario Sur y la Fundación Alcántara) a tu trayectoria profesional, basada en la calidad y el rigor. Tienes un selecto número de distinciones, como la Antena de Oro 2010 (que concede la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España) o el Premio Iris 2011 (de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España). ¿Los premios, de vez en cuando, vienen bien?
Hombre, sobre todo porque las madres se llevan unas alegrías estupendas. (Risas). Para mi madre es como si se lo hubieran dado a ella, satisfacción total. Mis hijos y mi marido están igual. La gente que te quiere, los amigos de los que igual hace tiempo que no tenías noticias, te llaman supercontentos. Los premios pueden ser bastante aleatorios: ¿por qué a mí y no a otro? Pero, en verdad, estoy muy contenta y lo agradezco mucho. Siempre es bonito que se acuerden de ti.

¿Qué te llevó al periodismo?
Yo era una niña muy inquieta, pero nunca se me pasó por la imaginación ser periodista. En mi imaginario infantil me veía haciendo cosas singulares, pero no sabía bien cuáles. Era una niña creativa que estudiaba música, de hecho, mi sueño era ser concertista de guitarrista flamenca. Mi familia es andaluza, gaditana, y en casa siempre se ha cantado y bailado, había mucho arte. Como yo nunca quería dormir la siesta, mi madre, un verano, cuando estábamos en el pueblo, en Los Barrios, habló con un señor, Manuel, que era el enterrador. Manuel era analfabeto y un buenazo, y tocaba la guitarra de maravilla. Venía a casa por las tardes y me daba clases. Se había inventado un método cifrado, porque no sabía música, y me enseñó a tocar todos los palos del flamenco. Yo quería entrar en el conservatorio y estudiar guitarra clásica para ser concertista.

Cuando aprobé la selectividad estaba un poco perdida. Quería irme a México a estudiar guitarra, pero en casa no estaban dispuestos. Un día, escuchando la radio, que es algo que siempre me ha encantado, oímos —estaba con mi abuela— que en Radio Algeciras buscaban gente para hacer prácticas. Entonces mandé una carta, una carta laaarga contando mi historia. (Risas). Me llamaron, hice una prueba y nunca más se supo. (Risas). Pasó el verano, volvimos a Madrid y van y me llaman para decirme que me han seleccionado. Por hacer la historia corta, como dicen los americanos: me enamoré de la radio y la guitarra empezó a quedar en un segundo plano. Con el tiempo volví a Madrid, estudié Periodismo, entré en la Cadena SER, estuve en informativos y en programas. Hice de todo.

«Mi escuela es la radio, allí aprendí lo primordial: la capacidad de improvisación, los recursos a la hora de contar bien una historia, la entonación, todo. Siempre digo que la mejor escuela que hay es la radio»

En 1989, con 25 años, entras en Televisión Española. ¿Recuerdas ese primer día? ¿Cómo era TVE hace treinta años?
Llegué a TVE con, creo, una muy buena escuela gracias a la radio, pero, claro, no sabía nada de televisión. A mí me llamó Jesús Hermida —que era un comunicador extraordinario, pero también daba mucho miedo (risas)— para hacerme una prueba de cámara. Hermida no era fácil, pero también era un animal de la comunicación, un tipo excepcional. Llego a la tele, a la única tele que había, y eso fue como entrar en Hollywood. Espero una cola, me pasan y entro en un estudio gigante en el que solo había un taburete alto. Y allí estaba él, Hermida en persona. Entonces, muy amablemente, me pidió que me sentase y que le contase una historia, la que yo quisiese. Y ahí gané porque soy buena contando historias, como lo es mi madre y como lo era mi abuela. Tenemos esa habilidad. 

A las pocas semanas me llamaron y me dijeron que Hermida me quería en su equipo. Estaba a punto de estrenar Diario Noche, el primer informativo de autor con opinión, interpretando los hechos al estilo americano. Hermida era un visionario y esa época fue realmente moderna, mucho más que ahora. Yo solo daba las noticias, no opinaba, opinaba él, pero lo mejor fue que me dijo que yo no iba a usar el autocue —el aparato que va unido a la cámara en el que lees las noticias—. Y yo, como no sabía ni lo que era, contesté: fenomenal. 

«Me acostumbré a no leer las noticias. Estudiaba lo que tenía que contar y lo contaba. Eso sí, los primeros días me temblaban las piernas como no te puedes imaginar, solo comparable a los nervios de las noches de Reyes Magos cuando era pequeña. (Risas). Así empecé en la tele»

Relevo en Nueva York @almudena.ariza

Y sigue siendo tu principal seña de identidad: Almudena Ariza cuenta lo que ha ocurrido sin memorizar, sin leer, simplemente transmites lo que ha visto y vivido.
Voy a hacer un comentario, quizá, sorprendente, pero yo lo único que pretendo es que me entienda mi madre. (Risas). Mi madre es mi fan número uno, como debe ser. (Risas).

«Hace años, mi hija llegó a preguntarme que a qué hora era el Telediario. (Risas). ¡Por favor! Pero mi madre siempre está ahí, como una roca»

Por eso siempre me empeño en que lo que yo explique lo entienda perfectamente ella. Tenemos la obligación de que se nos entienda porque trabajamos en un servicio público. Yo me esfuerzo mucho en entender las cosas muy bien. Me hago muchas preguntas y hasta que no tengo todas las respuestas no paro. Esta misma mañana, muy temprano, me han llamado desde Madrid para pedirme una crónica sobre las reacciones en Francia al Acuerdo de Bruselas. Primero tuve que entender yo toda la letra pequeña del acuerdo que, créeme, no es fácil. Solo cuando yo lo he tenido claro puedo pasar a contárselo a los demás.

¿Qué técnicas usas?
No memorizo, eso es ridículo. Suelo dividir la noticia en cuatro o cinco puntos y, por descontado, siempre sé cómo voy a empezar y cómo voy a terminar. Es el mejor consejo que me dio Alfredo Urdaci y es muy cierto; lo sigo al pie de la letra. Mi objetivo es ser lo más cercana posible al espectador.

«No me interesa ser un busto parlante, ni emplear ese lenguaje solemne que usan muchos periodistas heredado, por contagio, de los políticos; el lenguaje de madera, como yo lo llamo»

Te puedo asegurar que mi madre no ha entendido la explicación que hoy ha ofrecido Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, sobre el Acuerdo de Bruselas. Los periodistas tenemos la obligación de desentrañar el lenguaje artificial de los políticos y, sobre todo, huir de él.

En estos treinta años en TVE has vivido todas las etapas y todos los colores. ¿Cuál es el quid de la cuestión para mantenerse al margen —permíteme la expresión— del politiqueo?
Trabajar, trabajar y trabajar. Trabajar y hacer bien las cosas. El politiqueo sobra, no beneficia en nada. La gran mayoría de los trabajadores de TVE son excelentes profesionales que lo único que quieren, siempre lo han querido, es poder trabajar bien. Pero, bueno, de tiempo en tiempo aparece alguien por encima que pretende ponernos el pie en la cabeza.

«En TVE hemos tenido varias etapas grises en las que no se ha permitido que el talento de los trabajadores de la casa brillase como debía»

Las decisiones deben ser estrictamente profesionales y no de otro tipo.

Circulan leyendas sobre TVE según las cuales, tras un cambio de Gobierno, los periodistas afines al signo contrario acaban relegados en una redacción B perdida al final de algún pasillo y sin tarea alguna. ¿Ocurre?
A ver. En TVE ha habido etapas muy oscuras, eso es cierto. La gente que en TVE y recurre a este tipo de tácticas no suele durar. El oportunismo no funciona en TVE. Fíjate en Ana Blanco y en otros tantos que llevan toda la vida. Los profesionales más valorados son los que siempre se han mantenido al margen, sin subirse a carros oportunistas, son los que han brillado por su trabajo y su esfuerzo. Los que suben o bajan en función del color político no son tan buenos profesionales. Es lo que yo creo.

«Los que llevamos ya muchos años en TVE estamos por encima de los politiqueos, nuestra única bandera es hacer bien nuestro trabajo. Mi ley es dormir tranquila»

¿Qué es el miedo para Almudena Ariza?
Cuando estás en medio de situaciones extremas, duras, no tienes más remedio que distanciarte, como hace un cirujano. La empatía está ahí, sufres cuando ves la desgracia de otro ser humano, ya lo creo, pero hay que tomar distancia porque si no todo eso te acabará matando. He visto cosas horribles. En el tsunami de Indonesia lo pasé fatal, fue durísimo, con cientos de cadáveres tirados en las calles, con restos humanos por todas partes. Y con el terremoto de Haití, igual.

«Para mí el miedo es que le pase algo a mi familia, a la gente que quiero»

Hace años, en otra entrevista que tuvimos el placer de hacerte, estando tú cubriendo precisamente el tsunami de Indonesia, extrajimos el titular: «Mamá, ¿y si te matan?». ¿Ha sido muy duro conciliar lo profesional con lo personal?
Lo más duro ha sido la presión social, no la de mi entorno. Mi pareja en ese momento era, y es, una persona maravillosa, un periodista que me entendía perfectamente y nunca hubo problemas; si yo salía de viaje él se ocupaba de los niños. Mis padres y mis suegros nos echaban una mano si los dos teníamos que viajar. Lo que sí he notado, y mucho, es la presión social. Por ejemplo, volvía de una guerra y, por lo que sea, me hacían una entrevista y la pregunta inevitable era: ¿qué haces con tus hijos cuando te vas a las guerras? Y yo les respondía: ¿y esta pregunta porque nunca se la hacéis a mis compañeros hombres que también tienen hijos? O las mamás del parque, con retintín: «Hombre, Almudena, ¡cuánto tiempo sin verte!»; notaba perfectamente el reproche en plan «eres una mala madre» en sus tonos.

Debo confesar que el fondo de mí misma tenía una especie de remordimiento con forma de duda: ¿estaré educando bien a mis hijos?

«Lo que siempre he querido transmitirle a mis hijos es que tú puedes ser madre o padre, pero también debes tener tu propio proyecto como persona: yo soy madre, soy periodista, soy amante, soy compañera, soy runner… soy muchas cosas»

Cada vez que vuelvo de un viaje vengo cargada de experiencias y vivencias únicas que, de una forma u otra, voy a volcar en mis hijos. Si hubiese renunciado a todo y me hubiese limitado a ir al parque con mis hijos —y respeto de forma absoluta a quien lo hace por convencimiento— habría sido una persona amargada y eso es lo que tendría para mis hijos: amargura.

Ahora que son mayores, hemos hablado sobre todo esto muchas veces. ¿Cómo veíais que mamá estuviera fuera de casa dos meses cubriendo las secuelas de un terremoto? Y los dos me dicen: «Bien, estábamos fenomenal».

«Mis hijos no han tenido ningún problema con mi profesión. Desde muy pequeños aprendieron a asumir sus responsabilidades, a hacer sus deberes y a sacar buenas notas. Se hicieron autónomos muy pronto. Estoy muy orgullosa de ellos»

¿Cuánto tarda Almudena Ariza en hacer una maleta?
Nada. Poquísimo. Puedo salir de casa en cinco minutos. Alguna vez he metido la pata bastante, las cosas como son. Cuando el terremoto de Bam, en Irán, me dije yo muy alegremente: desierto, calor. Y nada, me monté una maleta con cuatro trapillos. No imaginas el frío que hacía por las noches. Lo pasé fatal. Casi me da un telele. (Risas).

¿Qué es para ti un avión?
Me encantan los aviones y los aeropuertos, me producen fascinación desde pequeña. Ver gente que va y viene, gente de ninguna parte, gente de todas partes. Para mí una escala de cuatro horas se convierte en una bendición, disfruto muchísimo curioseando por las tiendas —en algunos países te llevas sorpresas estupendas—, leyendo, observando a la gente e imaginando sus vidas. Los aviones, para mí, son lugares superproductivos; siempre dejo cuestiones para resolver en los aviones o para informarme a conciencia sobre la realidad del destino hacia el que me dirijo.

El pasado diciembre fuiste propuesta como directora de los Servicios Informativos de TVE, nombramiento que posteriormente rechazaste. ¿Qué pasó?
Yo estaba muy ilusionada con ese proyecto, realmente creía en él. Soy consciente de que RTVE necesita una transformación profunda y también de que dentro de la casa hay gente muy válida que ahora está desencantada. El tiempo de pasar pantalla, como en los videojuegos, ha llegado. Hace falta una revitalización y hay que cambiar muchas estructuras. Yo creía en el proyecto y lo asumí con una ilusión y una energía increíbles. Hubo un referéndum interno en el que mi candidatura salió adelante, pero por una mayoría que consideré baja. Puse en la balanza lo que me iba a proporcionar el cargo y las contrapartidas. Lo que me motivaba era poner en marcha un nuevo proyecto e ilusionar a la gente, movilizarla. Pero si en ese viaje no me acompañaba la gran mayoría de los compañeros nada iba a tener sentido.

«Estar en un despacho por estar y tener poder por tenerlo no me interesa»

Almudena Ariza, 56 años muy bien contados ©ignacio.lobera

A raíz de la pandemia, ¿no ha habido un exceso de miedo, por no decir de terror, en las noticias? Pones un ‘Telediario’ y se te quitan las ganas de comer.
No lo sé. Ha sido todo realmente difícil. Nos hemos enfrentado a algo nuevo y excepcional. Creo, sinceramente, que todos nos hemos equivocado un poco en estos meses: los políticos, los científicos, los investigadores, los periodistas… Todos deberíamos hacer nuestra propia autocrítica. Pero lo cierto es que nadie hasta ahora se había enfrentado a una crisis de estas dimensiones. No sé si habremos transmitido miedo, pero lo cierto es que lo que estaba pasando fue muy dramático. En Francia, igual que en España: hospitales saturados, falta de respiradores, ancianos muriendo en las residencias, muertes no contabilizadas… Y yo me decía: ¿esta es la segunda economía de Europa? En cualquier caso, creo que ahora la información está bien ajustada.

Has sido profesora en la Universidad Francisco de Vitoria, el Instituto Oficial de Radio y Televisión y el Máster de Radio y Televisión de la Universidad Juan Carlos I. ¿Qué tipo de profe es Ariza?
Creo que la profe Ariza es de las majas. (Risas). Cuando yo estudiaba, en la Complutense, no teníamos demasiados profesores que fuesen profesionales del medio, eran más bien teóricos e intelectuales. Yo estudiaba y trabaja a la vez, por lo que tenía una idea bastante realista de la profesión. A mis alumnos siempre les he explicado las cosas con ejemplos prácticos de mis coberturas, las dificultades a las que tienes que enfrentarte, la vida real del periodista.

«Me enamora dar clase y estar con la gente joven, siempre lo he vivido como un intercambio enriquecedor. Los jóvenes te ayudan a estar en el presente. Lo hecho de menos, la verdad»

¿Tienes alguna pesadilla recurrente?
Sí. (Risas). Mi pesadilla tiene gracia. Bueno, gracia porque no pasa de verdad, claro. Durante muchos años me encargué de presentar los boletines horarios de la radio, los de las horas en punto. Mi pesadilla es que estoy en la emisora, en Radio Madrid, y suenas los pitos horarios y yo no estoy sentada delante del micrófono. (Risas). ¿Las razones? De todo tipo. Me he dormido, la impresora no funciona, estoy atrapada en un atasco o en la cafetería comiendo con alguien. (Risas). Ahora tengo una versión de la misma pesadilla, pero con los directos de la tele; me dan paso desde Madrid y yo: ¡uy! ¿pero de qué tenía yo que hablar? (risas); o que me dan paso y me cambian de tema y me preguntan sobre algo de lo que no tengo ni idea. Seguro que si le consultase a un experto en sueños me encontraría la explicación. (Risas).

¿Cómo te ves de mayor?
Me gustaría tener una caravana y dar la vuelta al mundo a mi ritmo. No sé cómo lo financiaría, quizá contando historias, no sé, ya veremos. La cantidad de herramientas que los periodistas de hoy tenemos a nuestro alcance es un auténtico lujo. El concepto podcast, por ejemplo, me fascina. Me veo comunicando y contando historias hasta el final de mis días. Solo espero tener bien la cabeza para seguir activa y llena de ilusiones.

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