Fran Zaragoza y Guille Marraco

Depaart al rescate
Fotografía: Ariadna Sánchez-Albornoz

En estos tiempos convulsos en los que hasta Miguel Bosé parece haberse alineado con Trump y Bolsonaro poniendo un poquito en duda —solo un poquito— la presente pandemia mundial calificándola de «gran mentira de los gobiernos», lo único que tenemos claro es que —prudencia y frases para quedar bien al margen— el cuerpo nos pide fiesta: ya sea en formato patrón del pueblo, megafestival o rave. No, no nos hemos vuelto locos ni vamos a liderar desde aquí una revuelta contra las recomendaciones de Fernando Simón, simplemente vamos a imaginar que todo ha pasado y que volvemos a las buenas/malas costumbres de antaño. Para ello, tiramos de agenda y contactamos como los amigos de Depaart —Fran Zaragoza (Madrid, 1988) y Guille Marraco (Madrid, 1989), creadores de Fluido y Tortilla, las fiestas electrónicas más cool de la capital del reino, al margen de ser dos afamados DJs de proyección internacional—. Las cosas claras y el techno oscuro.

La historia de Depaart es una parábola sobre la pasión por la música house de vanguardia, una etiqueta de manga muy ancha en la que caben otros hashtags tan atractivos como techno, electrónica, disco o indie dance. Fran Zaragoza y Guille Marraco se conocieron organizando fiestas en el campus de la Complutense. Se cayeron bien, unieron esfuerzos y empezaron a convocar fiestas de esas que, por una razón u otra, nunca se olvidan. Como el destino también les ha dotado con el don de la creatividad, empezaron a componer su propio repertorio porque «si te limitas a mezclar los discos de los demás —afirman— no estás aportando nada».

De Madrid al cielo pasando por los clubes más sofisticados del orbe cercano: Pontoon (Ámsterdam), Kater Blau (Berlín), Jasna 1 (Varsovia), Heart (Ibiza), B 018 (Beirut), Z’Ille Becah (Mauricio) o La Terrrazza (Barcelona) se han llenado de su energía hasta altas horas de la madrugada. Así se escribe la, aún joven, historia de Depaart, un colectivo que arrancó como sello discográfico en 2012 de la mano los productores Georgeous & Moliner.

¿Qué hacen un nutricionista (Guille Marraco) y un periodista (Fran Zaragoza) reconvertidos en DJs?
GUILLE MARRACO_ Siempre hemos estado vinculados a la música. Antes de conocernos, Fran tocaba en Búltur, que es una banda de indie rock madrileña estupenda, y yo he estudiado música y guitarra. Nos incorporamos a Depaart en un momento en el que Georgeous & Moliner querían hacer crecer el sello incorporando a nuevos artistas y empezando a organizar fiestas. Luego Georgeous & Moliner, por distintos motivos, decidieron emprender otras aventuras y nos dejaron a nosotros al frente del invento. 

¿Para vivir de la música electrónica hay que saber componer, producir, ser promotor de tus propios eventos, DJs y lo que se tercie?
FRAN ZARAGOZA_ En las primeras etapas, por supuesto. Más adelante, si te conviertes en una estrella, la cosa cambia. Nosotros aún estamos en cierta fase underground, que nos encanta, en la que ejercemos de artistas y de promotores. Las fiestas, a parte del dinero que puedan generar, te ayudan a crecer y a hacerte un nombre. Es parte del proceso.

Guille Marraco y Fran Zaragoza son Depaart y los responsables de dos de las sesiones electrónicas más cool de Madrid: Tortilla y Fluido © Ariadna Sánchez-Albornoz

¿Cómo os conocisteis?
GUILLE_ Montando raves en la uni. (Risas). Estudiábamos en facultades vecinas y, a través de amigos comunes, acabamos coincidiendo y montando fiestas en Periodismo.
FRAN_ Empezamos en 2010 montando fiestas para treinta personas y, en nada, estábamos organizando historias para más de trescientas. Yo era el encargado de organizar la fiesta de graduación de mi promoción y Guille dijo, venga, pues sumo la de mi facultad a la tuya. Así montamos nuestro primer evento en la sala Coyote, en Moncloa. Resultó tan bien que el dueño nos animó a organizar otras. Y así nació Blackout, nuestra primera sesión oficial. Después vinieron Sunday, Depaart, Tortilla, Fluido… No hemos parado.

Como músicos, ¿qué aporta cada uno de vosotros a Depaart?
GUILLE_ Es un fifty-fifty. Cada uno trabaja desde su casa y, en paralelo, vamos arrancando y dando forma a nuestras ideas. En ocasiones, yo empiezo algo y Fran lo acaba, y al revés; o directamente uno se lo guisa y se lo come solito y acaba poniendo sobre la mesa lo que ha compuesto. Lo que más mola es que trabajamos con nuestros equipos sincronizados y cuando uno cierra un proyecto el otro puede abrirlo desde su ordenador y aportar algo. A Fran le encanta mandar de golpe una batería de ideas y luego deja que pasen dos meses sin volver a ellas. (Risas). Bueno, la verdad es que yo hago lo mismo. (Risas). Vamos pivotando, pero al final siempre llega el día en el que nos centramos y nos ponemos a cerrar en serio, y ahí resolvemos de un tirón. Siempre llevamos los portátiles encima. No solemos grabar en estudios profesionales, pero si hace falta los alquilamos.
FRAN_ Con el ordenador se puede hacer todo. Nuestra evolución dentro de la composición y la producción ha sido digital desde el primer momento. Desde que empezamos, hace más de diez años, somos cien por cien digitales porque es una forma de producir que —y esto ya no es discutible— proporciona unos niveles de calidad muy altos.

«La democratización digital es brutal, cualquier chaval con un portátil puede hacer un temazo impresionante. La creatividad está al alcance de todos. Ya no hacen falta grandes inversiones en equipos y estudios para hacer buena música»

¿Entonces, vuestro modus operandi es caótico o disciplinado?
GUILLE_ Yo diría que hemos convertido el arte llegar al último día con la lengua fuera en toda una disciplina. (Risas). Seguimos los deadlines que nos marcamos, peleamos por ajustarnos a nuestros calendarios, tratamos de profesionalizarlo todo al máximo, pero eso no quita para que entreguemos siempre todo el último día. (Risas). Es nuestro principal encanto.

Se conocieron en la uni preparando sus respectivas fiestas de fin de carrera, decidieron unir esfuerzos y lo que debería haber sido otro mogollón made in la Complutense acabó convirtiéndose en la mejor de las raves © Ariadna Sánchez-Albornoz

Hoy todo el mundo es DJ, pestañeas y aparecen cuarenta nuevos djs en Instagram, vas a cenar a casa de tus padres y tu cuñado se ha hecho DJ. ¿Se ha vuelto más difícil que nunca destacar?
GUILLE_ La escena está saturadísima. Normalmente, antes de llegar a entender de qué va este negocio —tarea que exige su tiempo–, muchos de los aspirantes tiran la toalla. Existe como una especie de frontera psicológica que es la de los tres años, la mayoría de la gente no la sobrepasa. Llegan a ese punto, ven que han conseguido más bien poco, venden el equipo y fuera.

«Esto es una carrera de fondo. Hay que ser humilde con uno mismo y no engañarse. El hecho de pinchar un tema tras otro —temas compuestos por otras personas— no significa demasiado; así no vas a llegar a ningún lado, más allá de los tres o cuatro favores que te puede hacer un amigo con una sala»

Un DJ tiene que crear su propia música, tejer una red de seguidores, darse a conocer organizando sus propias fiestas y, al final, crearse una identidad sonora. Si consigues reunir todos estos ingredientes no es tan difícil. En cualquier caso, hay que trabajar mucho y duro.

FRAN_ En nuestro caso, la clave está en que hemos sabido aguantar con ilusión y energía mientras aprendíamos cómo funciona el negocio.

«La mayoría de la gente se pone a pinchar y piensa que se va a comer el mundo, pero luego se da cuenta de que, como en todo en la vida, no basta con ser bueno, hay saber moverse y hay que saber —y esto es lo más importante— venderse»

Nosotros mantenemos intacta la misma ilusión de cuando éramos unos chavales.

GUILLE_ De lo que más orgullosos estamos es de no habernos quemado.

¿Ser dos es una ventaja a la hora de mantener vivo el ánimo?
FRAN_ Sin duda, por todo. Es una ventaja a la hora de componer, de producir, en las sesiones, en los viajes… Tener que viajar con el promotor de turno, que normalmente no conoces de nada, puede llegar a ser muy incómodo. Si no eres una persona a la que le encante socializar puedes llegar a pasarlo realmente mal.
GUILLE_ Lo único malo de ser dos es que los beneficios hay que repartirlos. (Risas).

¿En qué templo de la electrónica os gustaría pinchar?
FRAN_ Cuando descubrí la escena de Berlín me quedé muy impresionado, fue un shock positivo enorme, me impactó muchísimo. Estando en la sala Kater Blau me dije: me encantaría pinchar aquí algún día, y años más tarde lo conseguimos. Y si hablamos de algún local en el que aún no hayamos trabajado… me fliparía poder hacerlo en el Panorama Bar, también en Berlín.
GUILLE_ Yo últimamente sueño mucho con grandes festivales, la verdad. (Risas). Nos hemos consolidado en la escena de los clubes pequeños —que nos encantan y en los que queremos seguir pinchando—, pero sí es verdad que, en este momento, con toda la cantidad de material propio que tenemos y con el nuevo directo que hemos diseñado, me encantaría darlo todo en el formato live de los grandes festivales.

¿La pandemia os ha alterado muchos planes?
FRAN_ Bastantes, pero más allá de los bolos y las fiestas que habíamos puesto en marcha, lo peor es que nos ha roto el ritmo, nos ha frenado en un momento profesional y personal estupendo. Pero no pasada nada, es lo que hay.
GUILLE_ Ha sido un mazazo, pero lo positivo es que hemos canalizado todo ese excedente de tiempo hacia la producción. Antes vivíamos con cargo de conciencia por no dedicarle más horas a componer, ahora esa cuenta está saneada. También oyes historias de colegas que se han quedado bloqueados y no han sabido digerir lo que estaba pasando. Afortunadamente, nosotros nos hemos adaptado bastante bien.
FRAN_ A nivel creativo, estos meses han sido estupendos para Depaart. Hemos escrito más de una veintena de temas, no hemos parado. Últimamente nos llaman mucho los sonidos retro, los acabados sucios en plan ochentas y noventas.

¿A quién admiráis?
GUILLE_ Nos encantan el sonido de Pional (nombre artístico de Miguel Barros, productor y DJ madrileño), que es de lo mejorcito que hay en España, y por supuesto el de AFFKT (Marc Martínez Nadal, protagonista de influyo_ el 26/06/2020), que directamente se sale de las estadísticas, está a otro nivel. Y muchos más, como John Talabot, Henry Saiz, Simon Garcia… En España hay buenísimos DJs.
FRAN_  La verdad es que hay muchísimo donde elegir, la oferta es apabullante.

«Fíjate en los festivales que ahora han descubierto el filón de los DJs, sobre todo porque se ahorran en bandas una pasta que no veas. (Risas). La electrónica está en un momento imparable»

Fran y Guille: dos DJs muy satisfechos de su artillería © Ariadna Sánchez-Albornoz

¿Hasta dónde os gustaría llegar con Depaart?
GUILLE_ Lo más importante es que sigamos construyendo nuestro propio sonido para poder ofrecer grandes directos, tenemos que llevar al máximo nuestras capacidades, aprender a controlar hasta el más mínimo elemento de la composición para conseguir lo que más nos gusta: hacer bailar a la gente. Estamos muy orgullosos de nuestra artillería.

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