Màxim Huerta

Modos de sobrevivir a la política

Cerca de cumplir los 50, Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) analiza para influyo_ su presente —marcado por el lanzamiento de su octava novela, ‘Con el amor bastaba’ (Editorial Planeta)— y su pasado, del que asegura arrepentirse de un montón de cosas. De sus planes de futuro desvela que quiere lanzarse a escribir teatro porque, calcula, la literatura tendrá en su vida más peso que el periodismo. Gran admirador de Ana María Matute y Juan Ramón Jiménez —coleccionista ediciones singulares de ‘Platero y yo’—, el que fuera ministro exprés de Cultura en el Gobierno de Pedro Sánchez sostiene que su paso por la política «fue un episodio importante» del que guarda pocas fotografías y ningún rencor.

Lector analógico, devoto de la disciplina, que no de la inspiración, soñaba con ser maestro de escuela, acepta que «la vida es más perder que ganar» y afirma que no le da miedo envejecer, «pero sí que envejezcan los demás». Amante del folio en blanco y del lienzo por estrenar, nuestro exministro favorito sostiene con contundencia —mientras observa sus acuarelas— que lo único que sobrevive a todo y a todos es la cultura. De ahí que defienda sin miedo la idea de que los españoles deberíamos ser más franceses y enorgullecernos más de lo nuestro.

¿Máximo o Màxim?
Los dos. Mis amigos me llaman Max, en mi familia me llaman Maxi, la gente que me conoce bien me llama Màxim, y Máximo es mi nombre de pila, así que lo que queráis, me da igual. 

Acabas de publicar tu octava novela, ‘Con el amor bastaba’. ¿El amor es lo único imprescindible?
En la novela, como es ficción, sí, con el amor bastaba; es la reflexión, con forma de lamento, que el protagonista se hace al final de sus días. Creo que todos tenemos algo de este protagonista porque, aunque los caprichos nos sienten bien , la felicidad real, al final, está en la gente que nos quiere.

En ‘Con el amor bastaba’ hablas de un niño que puede volar. ¿Qué superpoder te gustaría tener?
En la novela, volar equivale a sentirse libre y eso es algo que todos hemos deseado en algún momento de nuestras vidas. Yo también. Todos, cuando éramos niños, hemos soñado con volar porque hemos querido ser libres. Si yo pudiera elegir un superpoder sería tener la capacidad de hablar todos los idiomas del mundo.

Próximo a unos estupendos 50 años, Màxim Huerta sabe que «la vida está para vivirla».

¿Podríamos afirmar que eres un comunicador nato?
Diría que sí. La capacidad de comunicación es algo que nos define como individuos. Escuchar y hablar, para mí, es una de las cosas más importantes que hay en la vida. He estudiado italiano, inglés, francés y valenciano, claro.

«La comunicación es algo que siempre he perseguido y que forma parte de mi ADN»

En la novela hablas también de odio y mentiras. ¿Tiene algo de autobiográfica?
Creo que parte del éxito de esta novela es que todo el mundo puede verse reflejado en ella. Todas las novelas de todos los escritores tienen algo de autobiográfico, incluso Los santos inocentes de Miguel Delibes; él también tenía un pájaro como la milana bonita que caminaba a sus pies. Todos los autores dejamos parte de nosotros en nuestras novelas y personajes.

«Uno escribe de lo que ve, de lo que escucha, de lo que vive»

Al final, tus novelas se componen de lo que te rodea y, de una manera u otra, siempre hay algún reflejo autobiográfico, aunque sea involuntario. 

¿Has podido digerir ya tu paso por el Ministerio de Cultura?
Hace dos años de todo aquello, ha pasado mucho tiempo desde aquel episodio que, sin duda, fue muy importante en mi vida. Apenas conservo unas pocas fotos de aquellos días.

¿Qué queda después de tomar la decisión de dimitir a la semana de haber jurado el cargo: frustración, sabor amargo?
No, queda un episodio en el que hubo mucha ilusión y mucho sentido de la responsabilidad que se vio frustrado porque la vida nunca va como uno quiere.

«Mi paso por el Ministerio de Cultura se ha transformado en un recuerdo, en un gran momento que formará parte de mi anecdotario cuando sea un señor mayor»

¿Te imaginas haber sido Ministro de Cultura durante la covid-19?
No. No es algo en lo que haya pensado, la verdad.

Seamos sinceros, ¿alguna vez has pensado, a posteriori, «de la que me he librado»?
Honestamente, no. No me planteo ese tipo de cábalas, ni me monto películas de ficción pensando en cómo habría gestionando yo el Ministerio de Cultura durante la pandemia. Lo que sí puedo asegurar es que lo estaría digiriendo con la misma ilusión y responsabilidad con la que acepté el cargo. Eso lo juré y lo juro. 

¿La gestión de la cultura tiene arreglo?
Sí, lo tiene. Deberíamos querernos más y sentirnos más orgullosos de nuestra cultura, porque es lo que nos define y nos enmarca como país: somos nuestra gastronomía y nuestro sabores, nuestra moda, nuestras fiestas y bailes, nuestros artistas, nuestros museos, nuestros sonidos…

«La cultura nos sobrevivirá. Deberíamos hacer como los franceses y enorgullecernos más de lo mucho que tenemos dejando a un lado la negatividad que producen el rechazo y el desdén»

Nos moriremos, se morirán los que pelean, los que prefieren enfrentarse, los que odian, y dará igual porque la cultura nos sobrevivirá a todos.

Fue Ministro de Cultura del Gobierno de España del 7 al 14 de junio de 2018. «No me planteo cábalas del tipo ‘que habría hecho yo como ministro durante la pandemia’. Lo que sí puedo asegurar es que estaría digiriendo el Ministerio con la misma ilusión y responsabilidad con la que acepté el cargo. Eso lo juré y lo juro», afirma rotundo.

Hablando de los que se enfrentan, ¿qué tal se te habría dado pelear con Vox en la arena pública?
Cuando acepté el Ministerio de Cultura no lo hice poniendo condiciones o esperando librarme de esto o de lo otro. Así que habría peleado lo que hiciese falta. Acepté plenamente trabajar para la cultura y el deporte de mi país sin pensar en nada demás.

¿Echas de menos el mundo de la televisión?
Bueno, de vez en cuando sigo haciendo televisión. No soy un adicto al medio, ni como espectador ni como profesional. He trabajado veintitrés años en la tele, en informativos, en magazines, como enviado especial, como corresponsal, haciendo entrevistas… y estoy muy contento de todo lo que he hecho, incluso de aquello que en su momento pudiera resultar ridículo. Todo forma parte del curriculum y de la vida.

«Me están ofrecido algunos proyectos para volver a la televisión, pero no han llegado a convencerme del todo. Hacer por hacer no vale la pena»

La llegada de la pandemia se llevó por delante tu programa de Televisión Española ‘A partir de hoy’. ¿Decepcionado?
El programa se canceló durante la pandemia y, como quien dice, no tuve tiempo ni para darme cuenta. Cuando se tomó la decisión de suspenderlo ya no estábamos trabajando en él, yo estaba en casa pintando acuarelas. Lo cierto es que tuve cierta sensación agridulce, pero con la pandemia ya encima lo vi como algo inevitable; además, coincidió con la promoción de esta novela así que, de veras, casi no me afectó ese parón.

¿Qué tal se te da ganar y qué tal perder?
En la vida hay que acostumbrarse, sobre todo, a perder. Todos creemos que nos merecemos ganar, que nos merecemos todas las victorias, todos los premios, todo lo bueno, pero como dice el entrenador de Rafa Nadal a lo que hay que acostumbrarse es a los reveses de la vida. La vida es perder… familiares, amigos, amores, trabajos, facultades físicas…

«Si la vida es perder, lo que hay que hacer cuanto antes es acostumbrarnos a gestionarlo todo de manera racional. En la vida perdemos más que ganamos»

En la carrera de Màxim Huerta, ¿qué tiene más futuro: la literatura o el periodismo?
Para mí tiene más futuro la literatura porque es lo que siempre he hecho, escribo y leo por herencia materna directa. Mi madre compraba libros y novelas constantemente. La literatura forma parte de mi escenario. Aunque haya trabajado en televisión, yo soy periodista y los periodistas vivimos de la palabra. Muchísimos escritores han sido antes periodistas: Larra, Delibes, García Márquez… Yo también. Creo que hay cierto complejo en la profesión, porque demasiados periodistas miran mal a los periodistas que escriben. Mi recorrido natural es seguir escribiendo. Que de vez en cuando hago un programa… pues feliz de divertirme y de hacerlo, pero siempre tendré la próxima novela en mente. Disfruto muchísimo con todo el proceso que conlleva un libro.

¿Qué habrías sido si no te encantase escribir y comunicar? «Maestro de escuela, que es lo que de verdad yo quería ser. La educación es una de las vocaciones más bonitas y necesarias, junto con la medicina»

Si te dan a elegir, a la hora de escribir, ¿qué prefieres inspiración o disciplina?
Disciplina. Y si una novela no tiene el alma que querías hay que seguir pelando. Hay que seguir observando la vida, escuchando conversaciones, viviendo… La disciplina en la pandemia me ha hecho escribir mucho. Escribir era la única manera de no estar en casa. Me educaron en disciplina.

«Creo que si hay disciplina la inspiración llega. Siempre»

¿Tienes fantasmas confesables cuando te enfrentas a la página en blanco?
La página en blanco no me da miedo. Al contrario, me excita mucho. Me pasa igual con un lienzo. No siento vértigo, sino ilusión.

«Mis fantasmas son otros, no están en la escritura. Y de los otros no voy a hablar, son personales» (Risas)

¿Lees libros físicos o en formato digital?
Físicos. Me han regalado tres libros digitales, pero nunca los he llegado a encender. No sé si seguirán funcionando, ni siquiera sé cómo funcionan.

«Soy de libro en papel y de ir dejando en las puertas o en las bibliotecas los que ya no leo»

¿Qué libros te han cambiado la vida? 
Moby-Dick, Olvidado rey Gudú, Platero y yo… ¡Uf! ¡Muchos! Platero y yo es un libro que siempre estuvo en mi mesita de niño. Fue un regalo de mi madre y ahora soy coleccionista de ediciones diferentes y en diferentes idiomas. Y luego, claro, está Ana María Matute a la que siempre he admirado mucho. El hecho de recibir el Premio Primavera de su mano me proporcionó una de las mayores alegrías de mi vida.

¿Te arrepientes de algo?
Pues de un montón de cosas. Creo que no volvería a hacer ni la mitad de las cosas que he hecho desde la infancia, o si las hiciera, las haría de otra manera, aunque supongo que entonces ya no sería yo. Y hablo de lo personal y de lo profesional. Por ejemplo, no habría estudiado Periodismo sino Filología. De todas formas, reconozco que no le doy demasiadas vueltas a ese baúl.

Con el amor bastaba (Planeta) es la última novela de Màxim Huerta.

Estás cerca de los 50. ¿Cuál es tu asignatura pendiente?
Cinco meses me quedan. (Risas). Me gustaría escribir una obra de teatro. He escrito mucho microteatro, pero no una obra. Verónica Forqué y Lolita me lo han dicho. Sé que mi asignatura pendiente es el teatro. Lo tengo en mente, pero aún no sé si debo adaptar uno de mis libros o escribir una historia nueva.

¿Cómo te ves de mayor? «Me veo igual que ahora: escribiendo, viajando, cambiando de casa y estando pendiente de lo que más me gusta: mi pueblo, mi playa y mis amigos. No creo que cambie mucho»

¿Te da miedo envejecer?
No. Me da miedo que envejezcan los demás. A mí me da igual, podría morirme mañana, no tengo ningún miedo. Pero perder a los demás… eso sí que me da mucho miedo. 

¿Qué te hace inmensamente feliz?
Estar tranquilo, que me salga bien una acuarela, cerrar un libro y quedarme un ratito en silencio. Ver la respuesta de mis lectores, llamar a mi madre y que me diga que está bien, comprar un billete para irme de viaje…

«La vida es eso, vivir»

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