Aitor Marín

De exhumaciones y disparates
Fotografía: Ximena y Sergio

¿Qué se puede esperar de un cincuentón alcohólico llamado Víctor Vaporús que acaba involucrándose con una periodista de Interviú obsesionada con destapar a un grupo de fanáticos que pretende resucitar a Franco? Un buen rato de lectura —con forma de novela disparata, absurda y emocionante— fruto de la febril imaginación del periodista Aitor Marín (San Sebastián, 1967).

‘Conspiración Vermú’ (Suma de Letras) es el primer libro de Marín, responsable de edición de ICON, la revista mensual masculina de El País. El autor asegura que tiene muchas más historias rondando por su cabeza, pero con lo que le ha costado acabar esta no tenemos demasiado claro si podremos leerlas algún día. Afortunadamente, la exhumación de Franco el pasado octubre le obligó a pisar el acelerador para terminar su ópera prima.

No hay que tenérselo en cuenta, el hombre ha trabajado en sitios bizarros como Noticias del Mundo, el histórico semanario de papel en el que hacía entrevistas a niños murciélago y se atrevió a publicar —con pruebas aportadas por un guarda de seguridad— que la periodista Nieves Herrero era extraterrestre. «Su madre no me lo ha perdonado», musita bajando la mirada. ¡Criatura!

¿Por qué te hiciste periodista?
Porque quería ser arquitecto o dibujante de cómics, pero no servía ni para lo uno ni para lo otro. Estudié periodismo en Pamplona, en la Universidad de Navarra, porque me parecía una carrera más o menos llevadera y cómoda. Lo cierto es que el Opus Dei no me ha dejado demasiado poso en mí. (Risas). Cuando entré en mi primera redacción el asunto empezó a engancharme.

Fuiste redactor jefe de Interviú, nos ponemos a tus pies. ¿Qué es lo más bizarro que pasó por tu ordenador en ese tiempo?
Estuve dos años allí. Como persona informada que me considero, llegué a la redacción de Interviú bastante acojonado, todo hay que decirlo. (Risas). Me tocaron las oficinas de la calle O’Donnell, las míticas; aquello era como viajar en el tiempo, con las paredes decrépitas y un póster enorme con la portada de Marisol desnuda (de septiembre de 1976) presidiéndolo todo.

«Estar en Interviú era como formar parte de ‘Cuéntame’, alucinante»

Allí pasaban cantidad de cosas y todas eran tan raras que no sabría por dónde empezar. Una de las situaciones más locas que viví, un viernes —día de cierre de la revista—, fue que nos llegó la historia de Ana Obregón y los miamis. Supuestamente, Ana Obregón había contratado a los miamis, que eran unos matones, para darle una paliza a Jaime Cantizano, vete tú a saber por qué. (Risas). Cada portada de Interviú tiene su propia historia rocambolesca detrás. A mí me tocó negociar bastantes con algunas chicas del momento, como Sofía Cristo o concursantes de Gran Hermano.

Interviú (1976-2018) fue una revista contradictoria: por un lado, ofrecía periodismo de investigación bastante serio y, por otro, chicas en pelota…
Tenía su razón de ser. El planteamiento de (Antonio) Asensio cuando lanzó la revista, a finales de los setenta, era sencillo: saquemos mujeres desnudas para vender muchos ejemplares y ser económicamente independientes y así poder publicar los temas de investigación que queramos.

«Pero luego la sociedad cambió e Interviú dejó de tener sentido»

¿Cómo nace la historia de ‘Conspiración Vermú’, tu primera novela acabada y (aplauso) publicada?
Imagino que mi paso por Noticias del Mundo, el semanal satírico en papel del que formé parte a mediados de los noventa (antecedente disparatado de El Mundo Today), tiene algo que ver. En aquella época le dábamos vueltas sobrenaturales a la actualidad con titulares del tipo: Luis Roldán desaparece en el triángulo de las Bermudas o ¡Confirmado! Nieves Herrero es extraterrestre, (risas), y algo de todo eso me quedó. Llevo dentro lo sobrenatural. (Risas).

«Con ‘Conspiración Vermú’ he intentado explicarme a mí mismo cómo fue posible que, cuarenta y cuatro años después de la muerte de Franco, siguiera existiendo un sitio como el Valle de los Caídos para mayor gloria del franquismo»

Si eso no es sobrenatural ya me dirás tú qué lo es. (Risas).

El periodista Aitor Marín, de 53 años, consiguió enderezar su carrera tras practicar —no sin pseudónimo— periodismo sobrenatural y paranormal © Ximena y Sergio

¿Encontraste muchas historias rarunas en torno a Franco mientras preparabas la novela?
Por supuesto. No hay nada como internet para documentarse fidedignamente. (Risas). Di con muchas teorías, difíciles todas de encontrar a la primera, como que en la zona del Valle de los Caídos fluyen energías sobrenaturales o que Franco tenía un asesor en materia de esoterismo llamado, dicen, Corintio Hazá.

¿En serio?
Sí, sí. Supuestamente, Corintio Hazá, el malo de mi novela, existió. Lo dice internet, no me lo he inventado yo. Se supone que Hazá fue el que le sugirió a Franco que usase el víctor como símbolo de sus hazañas. Dicen en internet que lo inventó el propio Hazá, pero no es verdad porque es un símbolo de origen romano que las universidades españolas ya usaban en el siglo XIV. Dicen también que había una bruja por ahí a la que el generalísimo consultaba bastante.

«Hay muchas historias paranormales en torno a la figura de Franco, pero a mí la que más me fascina es que durmiese con el brazo incorrupto de Santa Teresa en la habitación. Conclusión: no te fíes demasiado de internet» (Risas)

La idea de resucitar a Franco —principal motivación de los malos de Conspiración Vermú— está a la altura de J. J. Abrams devolviéndonos al emperador Palpatine. El 24 de octubre de 2019 tuvo lugar la exhumación del dictador. ¿Te maldijiste a ti mismo por no tener acabada la novela en esas fechas?
¡Qué sí la tenía! Confieso que la he ido escribiendo al tran trán, aprovechando sobre todo las épocas en las que he estado más liberado profesionalmente. Un año antes de la exhumación empezaron los debates —todos acalorados— y ahí tuve que pisar el acelerador, porque si la novela salía más tarde no tendría demasiado sentido. Así que en diciembre de 2018 conseguí terminarla y en torno a abril de 2019 firmé con la editorial. Fue Penguin Random House quien decidió sacarla en enero de este año, pero vamos, que apareció en el momento perfecto.

La resurrección de Franco, en la novela, estaba prevista para el 23 de febrero 1981, aprovechando el revuelo del golpe de Estado de Tejero, pero todo salió mal y tuvieron que esperar a la coronación de Felipe VI. ¿Te has reído mucho escribiendo Conspiración Vermú?
Sí, claro. Quiero creer que la novela es divertida y que te puedes pasar un rato majo con ella.

¿Se te ha quejado algún bisnieto sin pazo o algo así?
(Risas). No, yo creo que están más preocupados buscando nuevo destino para las próximas vacaciones.

También está el personaje de Patxaran, un joven de la izquierda radical vasca a la que Víctor Vaporús, tu protagonista, conoce en un psiquiátrico de Miranda de Ebro y al que quiere sacar de allí para salvarle la vida. Como donostiarra que eres, ¿necesitabas ajustar cuentas con la etapa dura del conflicto vasco? 
El principio de mi juventud coincidió con todo eso y no fue fácil. Al margen de vernos envueltos, mil veces y sin querer, en manifestaciones y follones de los teníamos que salir corriendo, estaba el tema de las casas, con discusiones fuertes que acababan en familias divididas. Fue un coñazo, la verdad.

«Los vascos, por salud mental, necesitábamos pasar página. Creo que hay una voluntad generalizada en la sociedad vasca de ser generosos para poder mirar hacia adelante»

Faltan años para poder olvidarlo todo, pero vamos por el buen camino.

A ver cómo te lo explico… © Ximena y Sergio

Lo que está claro es que Aitor Marín domina el absurdo y el disparate, dos características muy arraigadas en la literatura y la idiosincrasia española. ¿Quién son tus autores de favoritos
¡Muchos! Aunque no sea español, déjame que mencione a Robert Louis Stevenson, porque es el maestro absoluto a la hora de plantear una aventura. La isla del tesoro es una maravilla, por eso —en sincero homenaje a Robert Louis— le he tomado prestado algún recursito narrativo. (Risas). Me encantan también todos los autores que han escrito sobre las terapias de grupo, como Chuck Palahniuk, en El club de la lucha, o David Foster Wallace, en La broma infinita. Por no habla de Ken Kesey y Alguien voló sobre el nido del cuco, porque ahí he ido a saco a saquear. (Risas). Y, por supuesto, Eduardo Mendoza, que es el auténtico maestro del humor surrealista y absurdo, pasando por Gila e Ibáñez, otros dos genios absolutos.

¿Eres de los que tienen que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro?
No, qué va, soy muy vago para todo eso. No tengo hijos. Tuve un limonero en casa, pero se me secó. Lo único que sí, como periodista, siempre he tenido la ilusión de escribir un libro.

«Después de toda una vida contando las historias de los demás no viene mal pararse y contar una propia»

Volvamos al periodismo antes de que desaparezca. Tras Interviú dirigiste dos revistas masculinas… para heterosexuales (estamos en 2020 y hay que puntualizar): Man y Maxim. ¿Crees que hoy día se podrían editar, siempre con sus chicas medio desnudas en portada?
No, además, ya no son necesarias, no tendrían sentido. En internet tienes todo lo que quieras encontrar. Reconozco que, a veces, miro hacia atrás y me chocan algunas de las cosas que publicamos. Lo curioso es que no éramos una redacción de diez machirulos granulientos viendo porno a todas horas, también había mujeres con voz y voto y a todos nos parecía que lo que hacíamos era lo que había que hacer. Era otra época y ni unos ni otros teníamos la sensibilidad que tenemos ahora. A veces nos vemos y lo comentamos. Afortunadamente, aquel tipo de sociedad quedó atrás.

¿Cómo ves el periodismo? ¿En qué punto estamos?
¡Uf! Estamos en la absoluta confusión. La transformación digital, por fin, ya está hecha, pero ahora que se quiere cobrar por los contenidos resulta que no se da la misma calidad que se daba en papel. Nosotros mismos nos ponemos el listón muy alto con los muros de pago, pero, claro, lo que no se puede es seguir poniendo trampas en internet para que la gente pinche en tu web si detrás no hay calidad real.

«La gran batalla del periodismo ahora es la de la credibilidad, por encima de la comercial, tan necesaria para sobrevivir. No sé cómo se resolverá, pero tendrá que conseguirse, porque periodistas e información veraz van a hacer falta siempre»

Hablemos por favor de ese otro gran hito en tu carrera: el descubrimiento del niño murciélago en una cueva asturiana. ¿Quién te puso en la pista del chaval y cómo reaccionó él al verte?
(Risas). Sobre la pista nos puso la revista americana Weekly World News, que es la que había levantado la liebre y cuya versión española éramos nosotros, los de Noticias del Mundo. Yo debía tener 25 años, el niño murciélago alguno menos. El pobre se asustó más al verme a mí que yo al verle a él. Una historia dura la suya. (Risas).

¿Cómo lograste, después del niño murciélago, retomar las riendas de tu carreta y acabar en un periódico serio como El País? 
Manteniendo el rigor y las normas del medio. Y, bueno, entre tú y yo, no firmando con mi nombre en Noticias del Mundo. (Risas).

Diversión garantizada by Aitor Marín © Suma de Letras

Conspiración Vermú’ es tu primera novela terminada, ¿cuántas inacabadas andan rondando por ahí?
Tengo cinco ideas en el aire, pero estoy un poco paralizado, no sé muy bien por dónde tirar. Espero aclararme pronto. 

¿Tienes un plan B por si todo se va al carajo?
Hace poco me compré un ukulele, estoy aprendiendo a tocarlo por si hay que bajar al Metro. Hombre, si me fuese bien escribiendo novelas tampoco me importaría. (Risas).

0%