Pelayo Díaz Zapico

Un sireno en un ordenador
Fotografía: Papo Waisman

Cuando tienes más de un millón de seguidores en redes sociales y eres el it boy de tu país la gente te observa, pero no te conoce. Esta es la entrevista número 50 de influyo­_ y —como el número— ha quedado redonda. Gracias Pelayo Díaz Zapico (Oviedo, 1986) por creer en este proyecto. Tu cabeza, perfectamente amueblada, nos ha hecho entender todo lo bueno que ocurre en torno a ti. ¡Vamos!

¿Cómo fue la infancia del pequeño príncipe Pelayo?
Fui un niño superfeliz, pero también es verdad que fui muy travieso y muy inquieto y que siempre tenía la sensación de no encajar. Cada vez que empezaba un nuevo curso me proponía hacerlo todo bien, llevando los deberes al día y lo que hiciera falta, pero por una razón u otra se me iba de las manos. Me distraía. Mi imaginación volaba demasiado, siempre estaba con la cabeza en otro sitio, jugando o dibujando. Era un niño creativo. En una ocasión, las monjas llamaron a mis padres para decirles que tenían que ponerme gafas, y mis padres: «Pero si el niño ve bien»; y ellas: «No, no es eso, es que hemos pensado que si le ponen unas gafas con un poco de graduación estará más tranquilo». Flipante.

¿Qué querías ser de mayor?
¡Astronauta! Me encantaba todo lo relacionado con el espacio, el futuro y la tecnología. Mis padres solían apuntarme al concurso de dibujo para niños que convocaba la Feria de Muestras de Gijón y un año el tema fue: ¿qué quieres ser de mayor? Pues nada, fuimos a Gijón y gané dibujando un sireno dentro de un ordenador. (Risas). Es decir, debía tener muy claro que quería ser un sireno y dedicarme a algo relacionado con la comunicación. (Risas). Fui mal estudiante, pero nunca tuve miedo a expresar mis sueños ni a dejar volar mi imaginación. Fantasear es importante, incluso de mayores.

Pelayo Díaz, 34 años perfectamente amueblados © Papo Waisman

¿Ser de Oviedo imprime carácter?
Ser de Oviedo mola todo. Los carbayones tenemos una actitud ante la vida que, yo creo, se nos ve a distancia. Crecer en Oviedo, en una familia como la mía, rodeado de mujeres muy fuertes y con mucho carácter, todo un matriarcado, te confiere una personalidad. Oviedo es una ciudad que, aunque sea pequeña, es muy inspiradora. Cuando era niño había muchas tiendas de moda con firmas estupendas y alta costura a las que iba con mi madre. Así empecé a descubrir quienes eran los buenos diseñadores, las grandes firmas.

«A Oviedo llegaban muchas cosas estupendas de otras partes del mundo y eso me abrió mucho los ojos. Había algo más fuera de casa»

¿Cómo te independizaste? 
Cuando aprobé la selectividad, que fue algo que hice porque mi madre me lo pidió encarecidamente —intuyendo yo que no me iba a servir para mucho—, pedí permiso, hice las maletas y me fui a Barcelona. Necesitaba un respiro. Hay demasiada presión sobre la gente joven. Una cosa es que acabes los estudios y otra muy diferente es que sepas lo que quieres hacer con tu vida.

«Les dije a mis padres: no os preocupéis porque de verdad voy a hacer algo con mi vida, pero ahora necesito tiempo»

Yo intuía por donde iban a ir mis tiros, pero antes necesita ponerme a prueba. Tenía mucho caos en la cabeza: mi orientación sexual, mis amigos, mi futuro… Necesitaba un break. Mis padres lo entendieron, me ayudaron a encontrar un piso compartido en Barcelona y me dijeron que me tomara mi tiempo, que visitara museos, que conociera gente y que no era necesario que trabajase. Pero me puse a entregar currículos y a la semana siguiente estaba en el corner de Carolina Herrera de El Corte Inglés vendiendo bolsos. Necesitaba encontrarme, pero no quería vivir del cuento. Y así empezó mi vida adulta, con 19 años recién cumplidos.

Tus padres molan.
Mucho, y yo a cambio siempre he intentado ser un hijo responsable. Nunca tuvieron que ir a buscarme a ningún sitio por estar borracho como una cuba o por haberme peleado o algo así. Siempre supieron en todo momento dónde estaba y con quién. Soy un hijo del que fiarse. (Risas). Siempre intento ser honesto.

Londres. ¿En qué te cambió para siempre?
A los tres meses de estar en Barcelona me ofrecieron ser el mánager de una tienda del Paseo de Gracia. Y, dije, guau, qué responsabilidad, pero sobre todo pensé, si me ato ahora, con 19, luego me va a costar mucho volar. Seguía teniendo mis sueños. Así que di las gracias de corazón a todo el mundo y me fui a Londres. Apenas hablaba inglés, no tenía amigos allí —bueno, conocía a una chica— pero, sobre todo, estaba incomunicado, porque no existía whatsapp, internet era algo arcaico y, por descontado, no había móviles inteligentes. Pertenezco a una generación que creció dibujando con rotuladores y jugando al cascayo (nombre asturiano de la rayuela) y que luego tuvo acceso a todo lo nuevo.

«Cuando llegué a Londres la vida era analógica, existía internet, sí, pero no estaba esa megacadena de gente con la que puedes sentirme acompañado y a salvo en cualquier lugar del mundo a través del móvil»

Me fui con una mano delante, otra detrás y dos maletas a ver qué pasaba. Mis padres vinieron un fin de semana a ayudarme a encontrar casa y luego: Londres y yo. ¡Felicidad absoluta!

¿Qué te empujó a estudiar en la Central Saint Martins, probablemente la escuela de moda más importante del mundo?
Antes de instalarme en Londres pasé por Oviedo y allí hice un trato con mis padres, con la ayuda de mi hermana (Natalia). Nos sentamos todos en la mesa y ella dijo: «Yo soy ortodoncista porque vosotros quisisteis que lo fuera, pues ahora Pelayo va a hacer lo que yo quiera». (Risas). Y entonces mi hermana me mira y me dice: «¿Tú qué quieres hacer?». Y yo, guau, ole mi hermana: pues quiero estudiar moda en Saint Martins.

«Y entonces mi padre me dijo: ‘¿Quieres estudiar moda? Bien, perfecto. Hacemos un trato —mi padre es constructor y quería que yo me quedará en Oviedo aprendiendo el negocio familiar como él lo había aprendido de mi abuelo—, vas a Londres y te preparas para entrar en Saint Martins, pero si no te cogen vuelves a Oviedo y empiezas en la empresa’. Trato hecho»

Me fui a Londres, estuve un año aprendiendo inglés, preparando mi portafolio y haciendo contactos —siempre he sido un buen relaciones públicas—. Me presenté y me admitieron. Fue uno de los días más emocionantes de mi vida, tenía a toda la familia esperando al otro lado del teléfono. Me emociono al recordarlo. Los sueños del niño pequeño que era un poco desastre empezaban a tomar forma.

Un it boy que nunca se entendió con las monjas del colegio © Papo Waisman

¿Qué es el estilo? ¿Se nace con él o hay que construirlo?
Ambas cosas. Puedes nacer con él, pero una persona inquieta a la que le guste el arte, el cine, la literatura, viajar… acaba teniendo estilo.

«El estilo no tiene nada que ver con lo caros que sean los muebles de tu casa o las marcas de tu ropa. El estilo es lo que eliges»

¿Qué aprendiste trabajando en la firma Alexander McQueen?
En Saint Martins tienes que hacer un año de prácticas en una firma y tienes que escribir un diario con la experiencia. Un día estábamos en clase y llegó alguien y dijo que en Alexander McQueen necesitaban a una persona. Nadie se ofrecía, porque Alexander McQueen tenía fama de sitio complicado. Y entonces, aquí Pelayo, levantó la mano y dijo: yo quiero, yo quiero, porque Alexander McQueen y John Galliano son los dos genios por los que yo puse mi mirada en Saint Martins. Los dos salieron de allí.

Esa misma tarde fui a hacer la entrevista. Llegué nerviosísimo. Llovía a mares. Llevaba un portafolio que era más grande que yo. Entré por aquella puerta sintiéndome muy pequeño. Entonces bajó un chico punky, con media cabeza rapada, una cresta estupenda y un montón de pendientes y piercings, miró mis bocetos y… nada, no mostró especial interés.

«Me fui a casa caminando tan tranquilo, un poco decepcionado, claro, y antes de llegar suena el teléfono y me dice el punky —Stephan— que tenía que estar allí al día siguiente a las ocho y media en punto de la mañana»

No te puedes imaginar todo lo que me pasó por la cabeza. Yo, que veía las colecciones de Alexander McQueen en mi PC, en Oviedo, iba a formar parte de aquella empresa. Entré como asistente, el asistente más feliz del mundo.

Tienes un ángel de la guarda, ¿lo sabes, verdad?
Sí, lo tengo clarísimo.

Saltemos a Madrid. ¿Qué aprendiste de David Delfín como jefe y como persona?
David fue, es, la mayor inspiración de mi vida, la persona que más me ha aportado, en todos los sentidos: laboral y sentimentalmente. Siempre me entendí con él, desde el principio.

«Teníamos una conexión muy especial. Todo encajaba. Todo funcionaba»

Nos hicimos amigos porque estando en Saint Martins nos pidieron realizar una colección pensando en nuestra marca favorita, y la mía era David Delfín. David se enteró y nos hicimos amigos, y la amistad fue creciendo y creciendo hasta que llegó un punto en el que nos miramos con otros ojos. Nos ayudábamos en todo. Me ofreció mi primer trabajo tras graduarme y todo fluyó del modo más natural. Yo me encargaba del diseño de los accesorios y él del prêt-à-porter, que era donde más disfrutaba.

«Siempre hablamos el mismo idioma y me enseñó que lo más importante de la vida eran el deseo, el interés, la humildad, la alegría y el fervor. Por eso llevo tatuadas esas cinco palabras»

Un buen amigo le enseñó a Pelayo Díaz que lo más importante de la vida es el deseo, el interés, la humildad, la alegría y el fervor, palabras que lleva en su piel © Papo Waisman

Le mandamos un beso muy grande a David. ¿Qué ha sido más difícil para el it boy español que eres: llegar o mantenerse?
Las dos cosas son difíciles. Todo depende del ángulo desde el que se mire. Imagino que para algunas personas lo que yo he conseguido es nada y para otras ser yo sería lo más. Tengo otro tatuaje que dice: You’re nowhere —estás en ninguna parte—, es decir: quiero seguir peleando por mis sueños y recordarme a mí mismo que me queda mucho por hacer.

«No quiero creerme nada. No estoy en una cima. Yo aún no he llegado. Me queda muchísimo por hacer»

Eres un influyente de referencia, más de un millón de personas siguen tus andanzas. ¿Cómo es tu relación con las redes sociales: obsesiva, relajada, mitad y mitad?
Va por etapas. Efectivamente, he llegado a sentir que si no posteo, si no subo nada, si no genero tráfico, es como si no estuviera trabajando.

«Y luego, por otra parte, también es cierto que las redes sociales tienen algo negativo, porque si no estás demostrando a todo el mundo, todo el rato, que estás haciendo algo más interesante que ellos es como que desapareces y eso es agotador»

Agotador porque no siempre puedes estar haciendo cosas fantásticas —es imposible estar haciendo siempre cosas fantásticas y quien eso haga creer miente—. Hay que saber mirar Instagram con espíritu crítico: no todo lo que reluce es verdad, la vida también tiene partes aburridas. Instagram se nos está yendo un poco de las manos. Para mí era una especie de diario visual en el que contaba mi día a día, pero ahora se ha convertido en un negocio, y aunque eso no tiene nada de malo, ha perdido un poco de lo que más me gustaba: la parte lúdica y sin pretensiones.

«Te lo juegas todo en los dos segundos que la gente puede dedicarle a mirar una foto. Ahora todo va demasiado rápido en Instagram»

Los mundos de la moda, la televisión, las redes sociales… a priori, dan la impresión de que lo que prima es el «tanto tienes, tanto vales», el «estás o no estás». ¿Has experimentado en alguna ocasión, quizá en algún momento profesional bajo, que gente en la que creías te daba la espalda?
Fíjate que creo que es al revés: creo que alguna gente te da la espalda precisamente cuando brillas. Cuando te va mal es cuando más te llaman para que se lo cuentes y así ellos contárselo a terceras personas. (Risas). Mira, si algo bueno tengo yo, creo, es que no llevo una libreta con los nombres de las personas que me han dado la espalda o me deben dinero. (Risas).

¿Cuántos amigos del alma se consiguen en la vida?
Tres.

Has llegado a desfilar en dos ocasiones para Dolce & Gabbana en Milán. ¿Qué tal se te dio?
Eso fue algo muy inesperado y gratificante a la vez. En el colegio yo era el enano marica perdedor. No estoy diciendo que me hicieran bullying, y si me lo hicieron respondí con la misma moneda, que tonto no era. No he sido una víctima, pero los niños pueden ser, son, muy crueles —ser niño es muy difícil—. Retomo. Cuando me llamaron Domenico y Stefano para que desfilase para ellos no me lo podía ni creer. Yo llevaba diez años yendo a Milán para ver sus pasarelas y comentarlas en mi micromundo de influencer. Pero ahora me querían a mí, no para la primera fila, me querían para estar arriba. No me lo podía creer, literalmente.

«Y entonces el chico de Oviedo, enano, marica y perdedor, pisó la pasarela de Milán. (Risas). ¡Uf, se me pone la piel de gallina! Lo mejor de todo fue que me volvieron a llamar y repetí la experiencia»

En 2018 diseñaste una colección sin género para la marca española Shaheko. ¿Te gustaría volver a diseñar moda o fue una aventura pasajera?
No, no. He diseñado y diseño muchas colecciones, pero la mayoría no llevan mi nombre. La última, para The Extreme Collection, se presentó este mismo septiembre en Madrid es Moda; es la segunda que hago con ellos y ahora estoy empezando la tercera. Ejerzo de free lance para muchas marcas.

«Prefiero colaborar a tener mi propia marca, así exploro con mucha más libertad y sin el agobio que supone tener que pagar nóminas»

David siempre decía que a lo que menos tiempo podía dedicar era a diseñar porque siempre estaba más agobiado por tener pagar las facturas. Eso se me quedó grabado. Una marca te roba la vida. Ahora no me interesa, quizá más adelante sí.

Pelayo se define como un hombre «terrenal y centrado». Lo es © Papo Waisman

¿Quién te pone los pies en la tierra?
Mi familia y mis amigos. De todas formas, déjame que diga que me considero una persona bastante terrenal y centrada. Aunque esto no quiere decir que vaya a dejar de soñar.

¿Por qué te quiere la gente que te quiere? ¿Cuál sería ese rasgo encantador de tu personalidad que solo conocen los que te tienen cerca?
Supongo que la mayoría de la gente tiene una imagen de mí por lo que ve en la tele, en las redes sociales o en las entrevistas. Es como un muro, un personaje, porque todos tenemos que protegernos.

«Del muro para adentro, Pela, o Pelayín, es el de los amigos, el de la familia y el de los que se han tomado la molestia de tirar el muro abajo»

¿Cómo te ha cambiado la pandemia? ¿Te da miedo el futuro?
No, porque estoy convencido de que todo lo que va a venir va a ser mejor. Y si no es mejor es porque todavía no hemos terminado el ciclo.

«La pandemia nos ha obligado a recapacitar y a replantearnos muchas cosas. Tenemos que salir de esta con la lección bien aprendida. Lo básico y fundamental es no hacerle daño a nadie e intentar ser lo más felices posible»

No quiero sonar en plan iluminado, pero hay que trabajar, amar y perdonar. Hay que ser buenas personas.

Love is love in any language. ¿Te preocupan los repuntes homófobos que está habiendo en Europa? 
¿En Europa? ¡En España! No te cuento lo que me encuentro en la bandeja de entrada de vez en cuando porque paso de darles voz, pero me llega cada joyita que fliparíais. Está habiendo un retroceso muy grande. No está todo hecho. Hay que reforzar la educación en este aspecto muchísimo, no podemos relajarnos. Yo hablo abiertamente para que la gente joven gay que lea esto sepa que no están solos, que todos lo hemos pasado mal, pero que se sale y somos felices.

«A mí, de pequeño, me faltaron referentes que hablasen sin metáforas. ¿Eres homosexual? Tranquilo, vas a ser feliz, porque no eres menos que nadie»

Aunque eres joven eres también todo un señor casado. ¿En qué te ha cambiado el matrimonio?
En nada, la verdad. El matrimonio no te cambia, si te cambia es que la cosa va mal. El matrimonio es una celebración del amor, una fiesta.

El día más feliz (¡Disney, deberías toma nota ya!) © La Dichosa (publicada en Kate Loves Me)

¿Cuéntanos por favor la historia de las coronas con las que os casasteis Andy (McDougall) y tú? ¿Qué significaban? 
Las coronas fueron un guiño a la película que Disney todavía no ha hecho. (Risas).

«Seguimos esperando la película de Disney en la que dos príncipes o dos princesas se enamoran y se casan»

Fue nuestro humilde guiño a este tema pendiente. No es que quisiéramos ir de reyes, vaya.

Llevas el nombre del primer monarca astur. ¿Cuál sería el próximo territorio que quieres conquistar?
Siempre hay pequeños territorios por conquistar en el amor, en la amistad, en el trabajo y dentro de uno mismo. Me gustaría tener hijos. Andy y yo somos muy felices. Tener hijos es el siguiente objetivo.

¿Si tuvieras que ponerle un hashtag a tu presente, cuál sería? #starover #volveraempezar 

No hay que volver a donde lo dejamos antes de la pandemia, hay que emprender un nuevo camino, porque nos estamos cargando el planeta. Hay que cambiar. Ahora o nunca.

La corona de Pelayo © La Dichosa (publicada en Kate Loves Me)

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