Paco Clavel

"Con un puntazo"
Fotografía: Carolina Kowarik

Paco Clavel (Iznatoraf, Jaén, 1949), el artista poliédrico antes conocido como Francisco Miñarro López, es (todo) un personaje digno de adoración al que —a diferencia de los santos, que prefieren que se les conquiste primero por la peana— hay que escanear empezando por el corazón. Porque Paquito Clavel, más allá de icono patrio —suyos son el cutrelux y el guarripop—, es una buena persona con una mente privilegiada que juega magistralmente con las palabras para decir lo que piensa —sin censuras— rubricando cada idea con un golpe de genialidad.

Su vida es de luz y de color, pero también arrastra sombras y tristezas, como la muerte de su pareja de toda la vida. Republicano convencido, no hay nada que valore más que su libertad. Quizá por eso no se ata demasiado a nada, ni siquiera a la Movida madrileña, de la que fue arte y parte junto con cuatro gatos extravagantes más.

Paquito, el ácrata, llega puntual a nuestra cita. Luce con elegancia sin igual un impermeable de plástico reflectante —tipo bombero— diseñado para él por su amiga Ágatha Ruiz de la Prada. Habla, canta, apostilla en inglés y —de vez en cuando— pide ser encarrilado porque su universo es infinito en anécdotas y momentos alucinantes y tiende a perderse en él. Irrepetible.

Primera pregunta: ¿de dónde salió tu Clavel?
La primera en la frente. Fue algo espontáneo. Estábamos Luis del Campo —el que fue mi compañero— y otra gente del conservatorio, aquí en Madrid, de risas. Yo no tenía intención de dedicarme ni a la música ni al mundo del espectáculo, para nada; pero parece ser que yo ya era todo un espectáculo. Así que me lie, o me liaron, y aquí estoy. He tenido varios nombres. El primero fue Bob Destiny, en honor a uno que trabajaba en la compañía de Torrebruno, uno de los principales, no te vayas a creer. Entonces Luis —Luigi Da Campo— y yo montamos un dúo; el tocaba el piano y yo canturreaba. Luis era el reservado —muy interiorista él— y yo, todo lo contrario, el aparatoso; así que decidí ponerme el nombre de una flor… española… voladora… Clavel. Y Luis se puso Jazmín; así que pasamos a ser Clavel y Jazmín. Pero qué bueno, qué bueno, qué bueno / Saber que tú sientes lo mismo que yo, Conchita Bautista, un respeto. (Risas). 

[*] A lo largo de esta entrevista, Paco Clavel sentirá, varias veces, unas irrefrenables ganas de cantar. Venga o no a cuento, lo transcribiremos.

Paco Clavel, inventor de la boa republicana y el ladrón de un quilate © David Sagasta Mora

Naciste en Iznatoraf, Jaén, pero te criaste en Valdepeñas, Ciudad Real. ¿Cómo fue tu infancia? ¿Qué tipo de niño eras?
Iznatoraf, en árabe, significa castillo del camino. Yo he conocido a varios árabes, todo hay que decirlo. (Risas). Cuando yo tenía un año mis padres se fueron a Valdepeñas y yo me quedé con los abuelos, con los sugar daddies. Yo iba y venía, de ahí que sea un hombre de mundo desde temprana edad. Torafe, que es el nombre cariñoso que le damos al pueblo, es muy bonito, muy precioso, y al estar en lo alto de un cerro tiene mucha personalidad interior. De pequeño se te queda todo en la mente.

«Mi abuelo era republicano, un republicano convencido que llegó a capitán y estuvo en el frente de Italia. Y luego, claro, mucho mogollón de represalias»

Mi abuela Laura, que para mí ha sido como otra madre, era una mujer muy auténtica, muy popular y prácticamente analfabeta. Mi abuelo, intelectual, y mi abuela, casi analfabeta. Maravilla de pareja. Mi abuela tenía una sensibilidad muy especial, siempre estaba cantando y era muy divertida. Tuvo ocho hijos, las cosas no eran fáciles, pero nunca dejó de ser una persona vital. Sobreviviré / Buscaré un hogar / Entre los escombros de mi soledad

Mis recuerdos de Torafe están muy conectados a la naturaleza, a los olores, a la tierra. Yo era un niño especial, muy para adentro, pero siempre con un puntazo, que conste. (Risas).

¿Y luego te convertiste en el moderno de Valdepeñas o eso vino después?
Ser moderno es lo más antiguo que hay. (Risas). Yo siempre he sido muy imaginativo, supongo que al haber sido un niño retraído me viene de ahí.

«Crecí rodeado de muchas mujeres, en un mundo muy femenino de crochet, petit point, jerséis… todo muy conjuntado, vaya»

Yo siempre he conectado con la sensibilidad femenina, más que con la masculina. It’s a fact.

¿Cuándo pasas de niño interiorista a niño exteriorista?
En Torafe siempre me vi como un raro. En Valdepeñas, siendo ya teenager, empezaron a aflorar cosas: tenía mi puntito en el vestir; adaptado a la época, no te vayas a creer. Lo de las bragas y la minifalda vino mucho después. (Risas). Tenía un punto elegante. Yo soy así, cutrelux.

Paco Clavel prefiere que la vida sea una tómbola de luz y de color © Raquel Miñarro

¿Qué estudiaste?
Yo estudié la vida. (Risas). Estudié en Ciudad Real, interno, como tanta gente. Eso me marcó mucho. Valdepeñas, entre el vino y tal, era más alegre; pero Ciudad Real era como Siberia y además estaba allí el obispo prior de las cuatro órdenes militares. Paparaparaparapapá (imita una trompeta). Muy fuerte todo.

«Fueron cuatro años en los que viví en un ambiente militar en el que todo eran prohibiciones, pero los curas no perdían el tiempo porque a los más guapos, a los que tenían tipazi, bien que los magreaban. A mí, no sé por qué, n

Era un ambiente horroroso para un niño. Todo forbiden y mucho cantar en gregoriano. Soy un niño de posguerri total. Y ya ves lo estupendo que estoy para haber nacido en los ochenta… como artista. (Risas).

Y te fuiste a Londres…
Pues sí, decidí que tenía que empezar mi etapa postmilitar. Me fui a Londres a romper con todo. Trabajaba para sustentarme y pagar mis cositas. Pero hay que decir que antes había aprendido mecanografía y taquigrafía en Valdepeñas, y se me daba muy bien.

«Me puse las maripilis que no veas. Cuando llegué a Londres yo ya estaba preparada para la vida moderna, era la secretaria perfecta»

Pero mi primer trabajo en London fue en The Royal Automobile Club, que no era un club de putas, aunque pudiera parecerlo. (Risas). No, no me dediqué a ofrecer servicios especiales. Acabé allí porque había otros chicos de Valdepeñas trabajando. Y nada, así empezó mi fascinante carrera como camarero de serie B… o Z. Trabajaba por las mañanas y por las tardes estudiaba inglés en el St. Patrick’s College, no te vayas a creer, que tengo mi título y todo. (Risas).

¿Qué te queda de Londres?
Londres fue mi salvación porque yo ya tenía claro que necesitaba romper con todo. España me asfixiaba. Conocí a gente divina como, por ejemplo, a Andy Warhol. Yo captaba cosas y, no sé muy bien cómo, acaba en los sitios en los que había que estar.

«A la Warhol lo conocí en una exposición —menos mal que era gratis— relacionada con su película ‘Lonesome Cowboys'»

Iba mucho a la filmoteca para ver las películas que aquí estaban prohibidas, pero no en plan intelectual, más bien como colegiala. (Risas). Colegiala, colegiala / Colegiala no seas tan coqueta / Colegiala ven dime que sí

Exposiciones, libros, ropa… un poco de todo. Me hubiese gustado ser un poquito más puta, pero nunca me ha dado por ahí. (Risas).

¿Cómo era Madrid cuando aterrizaste?
Combativa. Aterricé con mi título de inglés y me puse a dar clases en el barrio de Salamanca a las maripijas; siempre he caído muy bien a las maripijas porque se me da muy bien comunicarme. Creo que caigo bien en general. Y, bueno, Madrid, pues me puse en plan reivindicativo… un poco, bueno no: un mucho. Me pringué a nivel político y entré en un coro en el que cantábamos cosas revolucionarias y de barrio. Mi mundo giraba en torno al conservatorio.

«Y empecé a conocer a mucha gente, como a Joaquín Sabina, que es un gran amigo y siempre estaba diciéndome: ‘Paco, te voy a hacer una canción’. Y aquí sigo, esperándola» (Risas)

Con Ana Belén, igual; nos conocimos en la primera fiesta del Partido Comunista, o en la segunda. Ella cantaba La Muralla y yo Cachito, cachito, cachito mío… (Risas). Es que siempre he sido muy cabaretero, pero en plan divertido.

«Las barbudas flipaban conmigo, se quedaban alucinadas»

A ver, es que yo nunca he querido trascender. Mi puntazo siempre ha sido libertario, anarquista, en plan ácrata Ruiz de la Prada o como quieras llamarlo. (Risas).

De la España gris a la del «lo tengo rubio» o cómo demostrar que Paco Clavel ha sido testigo de esta y todas las épocas © Carolina Kowarik

¿Encontraste por fin tu sitio?
Sí. Esa etapa fue muy importante porque conecté con la gente del conservatorio y, sobre todo, porque conocí a Luis (del Campo), que fue mi pareja durante más de treinta años.

¿Cómo nace el personaje de Paco Clavel?
Pues la gente izquierdosa me vio en un bar que, creo, no está lo suficientemente reivindicado: La Aurora, en la calle Andrés Borrego, en Malasaña, donde se reunía la gente diferente.

«Por allí andaban Almodóvar, Las Costus, Wyoming, Cristina Almeida… la izquierda. Allí fue donde empecé y donde tuve mucho éxito porque, claro, todo hay que decirlo, la militancia ya estaba un poco hasta el moño de ‘La Muralla’ de Anita» (Risas)

Yo ofrecía petardeo del bueno y la gente alucinaba por un tubo. Hacía cabaret pop y lo mismo te cantaba el Bella Ciao que luego un disparate. De ahí pasé a Libertad 8, Rockola, la Vía Láctea… Éramos hippies, pero con un punto.

«Yo no quería ser famoso, pero inevitablemente mi talento se impuso»

¿Por qué incorporas la copla y la revista a tu repertorio si siempre has dicho que eres de alma rockera?
Bueno, porque soy rockero pero todo eso también me gustaba. Yo siempre he sido muy arrevistado. Cuando las modernas, entre comillas, no sabían quiénes eran Zori, Santos y Codeso o Addy Ventura —la de «lo tengo rubio»— yo ya era fan. En Valdepeñas siempre me escaqueaba para ir a ver lo poco que pasaba por allí: que venía el Dúo Dinámico, allí estaba yo; que cantaba Dolores Abril, en primera fila.

«Y luego estaban los teatrillos de varietés con aquellas jamonas que se hinchaban de tocino. ¡Killerío puro!»

En el establishment de la Movida cada uno ocupó un rol. ¿Cuál fue el tuyo?
Yo nunca he sido de petits comités. Yo soy amigo de todas y a todas las conocí en su momento, en su salsa. El mío llegó de la mano de Yayo Aparicio y La Vía Láctea, recién inaugurada. Allí iba todo el mundo, y a El Sol, y a El Escalón.

«Pero éramos cuatro gatos, no te pienses que la Movida eran multitudes en plan ‘Los diez mandamientos'»

Nos movíamos mucho, y no solo por el centro, también por los barrios.

¿El concepto cutrelux lo tienes registrado? Mira que la crisis que viene va a ser muy gorda y se va a poner de moda por narices.
¡Qué se atrevan a quitármelo! Cariño, no se va a poner de moda porque siempre ha estado de moda.

«Los bajos fondos nunca pasan de moda»

Virtuoso global y muso de otros creadores —como Ágatha Ruiz de la Prada o el fotógrafo y artista digital Kiko Alcázar— así es Paco Clavel © Kiko Alcázar

¿Tienes un sexto sentido?
¿Un sexo sentido? No, no creo. A ver, tonta no soy, me defiendo y voy tirando. Hay una canción preciosa, La Tanguista, de Pilar Colorado —a quien llegué a conocer—, con la que me identifico y dice —advierto que es políticamente incorrectísima—: De mi pueblo he venido / a Madrid a pendonear / a acostarme con los tíos / y dejar de currelar / No quiero saber de vacas / y de cerdos, ni hablar / Me gusta más el ambiente / propio de la gran ciudad / Yo soy La Tanguista / soy la puticlista de este cabaré / Soy un monumento / que según los hombres / lo hago muy rebién. Ese disco estuvo prohibido en todas las emisoras. Obviamente yo lo tengo y ¡repetido!

«Los setenta y los ochenta fueron muy locos. Pasamos del gris al ‘lo tengo rubio'» (Risas)

Por cierto, esto te va a quedar un poquito largo ¿no? Es que veo que traes tres folios de preguntas ahí en la tableta y solo has pasado uno…
Un poco, sí.
Bueno, no pasa nada, luego tú lo reduces y pones: «Paquito Clavel nos dijo hola y adiós». (Risas).

¿Has tenido épocas malas de dinero?
Yo es que no le tengo mucha afición al dinero, lo justo y basta. No soy maripesetera. Solo tengo una cartilla con tres o cuatro millones y ya, ¿para qué quieres más? (Risas).

¿Y alguna época de abundancia? Tu contrato con la CBS —cuando la CBS era lo más de lo más— tuvo que ser interesante, ¿no?
Uy, qué dices, pero si ahí tuve que pagar yo. (Risas).

¿Te da miedo el futuro?
Me da miedo que no nos dejen vivir. Que si el mundo se acaba, que si vamos a morir. Que si me miras y yo salgo corriendo por si me cae un escupitajillo.

«Lo que tenemos que hacer es mantener la cabeza un poco más fría para no quedar totalmente abducidos por todo lo que nos están diciendo. Hoy puedes salir, mañana no puedes; hoy quiero maquillarme, pues hoy no dejan… ¡Horrible!»

¿Cómo es tu casa?
Normal, un poco guarri, como todas. No soy de andar fregando, me gusta más pintarme las uñas. Acumulo muchas cosas, eso es verdad, pero el grueso del mogollón lo tengo en la casa de Pastrana que compramos Luis y yo. Era la carpintería del pueblo. La arreglamos lo justo —sin mariconadas— y a disfrutarla. Me da un poco de pena cada vez que voy, la verdad.

Como artista absolutamente polifacético y divine que eres: ¿en qué terreno te sientes top-top?
En todos, porque conecto muy bien con la gente. De la que venía me han parado unos chicos de Bilbao. «Oye, Paco, tómate una cerveza con nosotros». Ay, me encantaría, pero he quedado con una amiga periodista. Y entonces es cuando me gusta tomar la iniciativa. Ah, de Bilbao, ¿y en qué calle vivís? Y se quedan locas. Ah, sí, la conozco. ¿Y en qué número? Y ahí ya las dejo muertas. Alucinan.

«Pero sí, la gente me quiere y es muy respetuosa conmigo»

Ahora has vuelto a la sala Maravillas de Madrid. ¿Por qué deberíamos ir todos a verte?
Porque ofrezco mis grandes éxitos, ¿te parece poco? La gente joven me conoce, o les sueno de algo. La clave está en que si tú tienes algo que comunicar acabas llegando a quien sea. Lo mezclo todo: canciones del rojerío, folclóricas, mías… 

Portada realizada por Fabio McManara para el disco La vida es un cabaret (2015) de Paco Clavel, reedición en formato extendido del disco Duets (1994).

Solo una pregunta de política: ¿qué piensas de los señoras y señores de Vox?
Los eludo en todos los sentidos. No me interesan. Solo espero que no me pongan una maribomba. (Risas).

«Aunque, ahora que lo pienso, también tengo muchas fans entre las señoras de collares. Ay, no sé, un lío»

Sigues en Radio 5 con tu programa ‘Extravaganza’. ¿Qué te da la radio? 
Extravaganza son pildoritas en las que presento canciones, las llevo haciendo desde hace mil años, desde antes de que fundaran Radio Nacional. Siempre he sido muy adicto a la radio porque puedes estar entretejiendo una rebeca y escuchando a la vez. (Risas). Empecé a hacer radio en Valdepeñas, siendo muy jovencito, gracias a mi buen amigo Matías Sánchez Carrasco, que era el director. Hacíamos un programa de debate musical enfrentando estilos y luego la gente elegía el ganador.

«La radio es divina porque no hay que maquillarse para ir»

La vida es alegría y es tristeza. ¿Cuánto has tenido de cada?
Somos una mezcla de todo. No soy una persona de naturaleza depresiva, pero ocurren cosas en la vida que te marcan y te llevan a la depresión y el abatimiento. Cuando Luis murió tuve que superar muchísimas cosas, pero sobre todo que, de golpe, me encontré solo.

«Teníamos una vida encauzada, nos entendíamos perfectamente, nos divertíamos muchísimo juntos. Y de repente todo eso, es un pispás, se fue»

Y, nada, al día siguiente no puedes tirar del Hoy no me puedo levantar. Soy positivo y tengo sentido del humor. Salí adelante. Y también hay que asumir que en toda existencia hay una recta final.

Has conocido el amor verdadero. ¿En qué consiste?
Uy, esta pregunta es como de fotonovela. (Risas). Pues, no sé, es la vida la que te encuentra y aparece una persona y va y te quiere.

«Yo no soy promiscuo, aunque la gente imagine lo contrario, en absoluto. Nunca me han gustado los ambientes de aquí te pillo, aquí te mato»

No soy de braguetas como algunas de mis amigas. No daré nombres (Risas).

Arreglado pero informal: un día cualquier en la vida de Paquito Clavel © David Sagasta Mora

¿Qué es lo mejor de tener 70 años?
¡Pero qué dices! No creo que te hayas atrevido a ir a Torafe a ver mi partida de nacimiento, ¿o sí? Mmm. Permíteme que lo dude. (Risas). La edad no importa, hay niños de 8 años que son unas viejas.

¿En qué sigues siendo un auténtico desastre a tus 70 añazos?
No soy nada adicto al teléfono. Soy de mensajes cortos, del tipo: «Hola, espero que estés bien. Devuélveme mi dinero». Y ya. Tengo grandes amigos, como Juan Sánchez —diseñador adscrito al mítico estudio creativo de Juan Gatti— y mi hermano Plácido, que me resuelven todo tipo de papeletas. Y con las redes sociales me ayudan varios amigos.

«Si ves mi móvil alucinas, es de narcotraficanta. Creo que es el primer Nokia que se inventó»

¿Cuántas entrevistas te habrán hecho en la vida?
Muchísimas, me gustan las entrevistas, además, creo que doy juego. (Risas). Yo también he hecho algunas, como a mi adorada Françoise Hardy para un programa que tenía en la SER, La flor de la canalla. Lo mejor de este mundillo nuestro es que conoces a gente maravillosa, como Mari Carmen Santonja y Gloria van Aerssen, las Vainica Doble, que acabaron siendo dos de mis grandes amigas. Y también conocí a la ídola Patti Smith y a David Bowie.

A Bowie lo conocí en Prado del Rey. Estaba grabando un programa para Televisión Española y yo andaba por la radio con mis vinilos. Jesús Ordovás me dio el soplo, me planté en el plató y le ofrecí un disco a Bowie para que me lo firmará —el primero del montón que llevaba—, que resultó ser de Rod Stewart y, claro, Bowie puso cara de horror, en plan quién es este loco, pero luego le entró un ataque de risa.

«Me cogió el montón de discos y se puso a elegir él, y se quedó con un single que yo llevaba con la canción del anuncio de Barbie Superstar. Pues va la Bowie y tacha la palabra Barbie y, debajo de Superstar, pone su nombre. ¡Será cabrón! (Risas). Hoy es una de mis joyas favoritas»

Paco Superstar Clavel: un mundo mágico de colores con la inestimable ayuda de Ágatha Ruiz de la Prada © Kiko Alcázar

Cuentan las crónicas que también fuiste un gran apoyo para Mecano cuando empezaban.
Yo no descubrí a Mecano, pero estábamos en la misma discográfica y les apoyé en todo lo que pude. Hay libros sobre su carrera en los que me reconocen el apoyo. Nacho siempre me llama en los cumpleaños.

«El verano de 2019, cuando Nacho reapareció en el Sonorama, me llamó para invitarme a cantar. Y yo, feliz, claro, porque esperaba que me diese ‘Mujer contra mujer’, pero me endilgó ‘Maquillaje’. ¡Qué cabrón el Nacho!»

Otro de mis grandes amigos del alma fue Germán Coppini (líder de Golpes Bajos), que murió el día de Navidad justo un año después que Luis. Otro palo horrible. Y otro personaje crucial en mi vida, antes he hablado de él —pero no lo suficiente— es Juan Sánchez, que era la pareja del gran Bernardo Bonezzi. Juan es hoy un imprescindible en mi vida, un tío con un coco impresionante.

Siempre has estado muy vinculado al mundo de las galerías de arte. ¿Cómo fue aquel experimento llamado la Tate Gallery por el que andabas rondando?
La Tate Gallery, en la calle Augusto Figueroa, fue un bombazo a finales de los noventa. Por allí andaban Tino Casal, Las Costus, Pablo Pérez-Mínguez, Fabio McNamara, Meloni (un amigo de Tino al que llamábamos así porque tenía la cabeza muy grande) y yo mismo, entre otros sucedáneos. Fue lo más, era muy alternativa; alternativa de alterne, claro. (Risas).

«El nombre tenía un doble sentido: Tate de chocolate y Tate en homenaje a la Tate Modern. Pero a los de Londres no les gustó que les homenajeáramos tanto y nos denunciaron»

Creo que el último evento de la Tate fue una noche de San Juan en la que quemamos cuadros dentro y de todo. (Risas).

De la serie influyo_: «Mentes bien amuebladas» © Carolina Kowarik

¿Por qué la gente quiere tanto a Paco Clavel?
No lo sé, la verdad. Pero sí, lo noto en cuanto pongo un pie en la calle.

¿Te arrepientes de algo?
Ay, no. Yo esas cosas no. I’ll never be Maria Magdalena. (Risas).

¿Si pudieses hablar con tu yo de 18 años qué le dirías? «Consejos vendo, para mí no tengo. No sé, le diría: sé feliz. Do it!»

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