Nancho Novo

Alimento para el alma

Para algunos, muchos, es ese cavernícola que hizo reír a tanta gente sobre las tablas durante diez temporadas consecutivas. Para otros, el it boy de Médem, el humorista de ‘El Club de la Comedia’, el Manuel de ‘Raquel busca su sitio’ —¿te la hemos recordado, verdad? De nada— o el guitarrista de la banda Los castigados sin postre. El talento multidisciplinar de Nancho Novo (La Coruña, 1958) es innegable, tanto que es capaz de ponerse delante o detrás de las cámaras y sentirse igual de a gusto. 

Actor y director, Novo muestra estos días sus habilidades en su segunda faceta con ‘Bendita Sanidad’, una parodia satírica de poco más de diez minutos que forma parte del Festival Sanidad por Bandera organizado por la mítica sala madrileña Microteatro y la ONGD Anesvad. Se trata de la séptima edición del ciclo ‘Por los demás’ de Anesvad, que llega especialmente marcada por la presente crisis planetaria y se convierte en todo un alegato —innegociable— a favor del derecho a la sanidad pública.

Nancho Novo escribe y dirige Bendita Sanidad, una de las ocho mini obras que pueden verse en Microteatro (C/ Loreto y Chicote, 9) —hasta el 4 de octubre— dentro de una programación que reivindica el derecho a la salud y a contar con una atención primaria reforzada y robusta, al tiempo que visibiliza nuestra vulnerabilidad ante un problema sin fronteras como el de la covid-19. La obra, que gira en torno a cómo la sanidad se está convirtiendo en un artículo de auténtico lujo, se estrenó en streaming durante el estado de alarma y ahora, por fin, puede disfrutarse con las estupendas interpretaciones de los actores Ana Batuecas y Julián Salguero. La premisa es clara: si la sanidad se paraliza, se paraliza todo.

Y es que el confinamiento le ha servido a Novo para pasar más tiempo con su familia, pero también para dar total libertad a ese huracán de creatividad multidisciplinar que tiene lugar en su cabeza. Nancho, que también es músico, ofreció conciertos gratuitos todos los martes a través de Instagram y representó El cavernícola para sus seguidores. También realizó tres obras para Micro en casa —adaptación online del concepto Microteatro durante el confinamiento— y aún le sobró tiempo para escribir una comedia titulada La navaja de Ockham. Todo ello, asegura, en los ratos libres que le dejaban los críos. Como para preguntarse ahora cómo hemos aprovechado nosotros el tiempo.

¿Cómo llegas al Festival Sanidad por Bandera?
Creo que es la tercera edición en la que colaboro con ellos, y estoy encantado porque escribo mucho teatro y disfruto mucho haciéndolo. Esta obra la montamos telemáticamente con los actores durante el confinamiento y la estrenamos en streaming a través de Micro en casa. Ahora ha llegado el momento de llevarla a la sala esperando que no nos encierren otra vez y que la gente pueda ir a verla. Estas iniciativas son necesarias siempre, más allá de la pandemia.

«Aquí solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, pero hay sitios en los que truena todos los días. Hay mucha gente que vive en la precariedad y en la ausencia total de medios, y está bien recordarlo porque nos sentimos el ombligo del mundo»

Nancho Novo o cómo convertir la defensa de la cultura en una suerte de sacerdocio.

¿Qué has querido contar o denunciar con ‘Bendita Sanidad’?
La obra es una sátira hacia aquellos países que no tienen una sanidad gratuita como España, algo que espero que mantengamos aunque la tendencia parezca ser despojarnos de ella.

«Nosotros nos hemos dado cuenta, más que nunca, de lo privilegiados que somos por tener una sanidad pública y lo que la obra refleja es cómo, en países como Estados Unidos, si tienes algún problema de salud te va a suponer el sueldo de toda tu vida»

Bendita Sanidad es una parodia satírica sobre un hombre que quiere operarse y todo le cuesta un riñón. La obra también transcurre en África y trazo una comparativa entre cómo solventa un problema sanitario un occidental al que le pasa algo allí y cómo tiene que hacerlo un nativo. Estos son los niveles en los que se mueve la historia, con mucho humor de por medio. El humor es lo único que aligera las cosas duras.

«En poco más de diez minutos reivindicamos una sanidad pública universal y gratuita para todos»

Has dirigido a los actores vía streaming, ¿crees que el teatro en casa ha llegado para quedarse?
Yo creo que es un formato interesante. Igual para una obra de teatro larga sería más difícil mantener la atención, pero el microteatro sí encaja en este tipo iniciativas. Lo cierto es que la respuesta de Micro en casa estuvo muy bien porque luego establecíamos coloquios con los espectadores. Me pareció una excelente idea y me encantaría que siguieran haciéndolo porque para obras de pequeño formato funciona muy bien.

¿Cómo te enfrentas ahora a esta etapa de incertidumbre?
Me enfrento a lo que viene con un poco de resquemor. No miedo, pero sí mucho respeto porque ya está aquí lo que se preveía con la llegada del frío, la vuelta al trabajo y los colegios, que los rebrotes puedan llevarnos de vuelta al principio.

«Me sigue pareciendo raro cruzarme con la gente por la calle y sentir que cada peatón es un potencial enemigo»

¿Cómo crees que va a afectarnos la pandemia como sociedad?
Yo creo que esto de ver potenciales bombas de relojería en la gente con la que te cruzas va a generar desconfianza entre los seres humanos. También pienso que lo de la mascarilla se va a instalar incluso si conseguimos ponerle fin a esta pandemia.

«Vamos a dejar de ver raros a los japoneses que llegaban al aeropuerto con la boca tapada y acabaremos yendo al mercado con la mascarilla como algo habitual»

Ana Batuecas y Julián Salguero, protagonistas de la obra Bendita Sanidad, escrita y dirigida por Nancho Novo, actualmente en cartel. Entradas en Microteatro (C/ Loreto y Chicote, 9 – Madrid).

¿Y a la cultura?
Pues peor aún. Nosotros vivimos de lo que trabajamos, y por no tener no tenemos ni ertes. Si dejo de trabajar no cotizo, ni compro, y con los teatros al treinta por ciento no es rentable para muchas compañías. Miedo me da que con las nuevas medidas que se empiezan a tomar en las ciudades nos vuelvan a cerrar los teatros. En la cultura está la cosa muy complicada. Mira los conciertos, que apenas se hacen. La sala de Microteatro está apostando por esto del teatro seguro, recortando aún más el aforo —en lugar de quince entran seis personas— y reduciendo el número de pases, también han puesto mamparas de metacrilato que separan a los actores del público, te toman la temperatura antes de pasar, hidrogeles por todos lados, hay máquinas de rayos ultravioletas para desinfectar después la sala, etcétera.

La viabilidad de todo esto depende mucho de que la pandemia se acabe pronto. Me gustaría creer que la ciencia médica está tan avanzada que tendremos una vacuna fiable a principios del año que viene, pero hay gente que lo pone en duda porque se están saltando muchos protocolos de seguridad para ir más rápido.

«Espero que la vacuna llegue pronto porque si no, no vamos a morir de covid, vamos a morir de asco y de miseria»

¿Cómo puede la cultura ayudarnos a sobrellevar esta situación?
Hay que reírse más. Reírnos siempre está bien, pero reírnos para contar cosas serias. Bendita Sanidad, por ejemplo, sirve de toque de atención sobre la importancia de no perder el privilegio que supone la sanidad pública. La cultura —que, personalmente, no me molesta que la llamen entretenimiento— es fundamental para un país porque es el alimento del espíritu.

«A los que tachan a los artistas de superfluos, esos que dicen que somos un sector prescindible, me gusta recordarles que si no fuera por la música que han escuchado, las películas que les han gustado o los libros que les han hecho soñar, no serían nadie y no soportarían esta vida»

No solo de pan vive el hombre. El hombre vive de un alimento espiritual que es el que damos nosotros, los putos artistas. Durante el confinamiento se ha hecho más visible que la personalidad del ser humano se forja no solo con lo que has aprendido o estudiado, también con aquello que ha sido tu hobby, lo que te ha hecho moverte, esa canción que te ha hecho vibrar, el grupo que admiras, el cine que te ha hecho reflexionar…

«Todo esto es fundamental para el alimento espiritual del ser humano. Y no debemos olvidar que nosotros, los artistas, somos los que damos de comer. Suena muy pretencioso, pero es así»

¿En qué otros proyectos estás trabajando ahora?
Tengo una obra de teatro que se quedó interrumpida por la pandemia y que estamos empezando a retomar. Se llama Trigo sucio, de David Mamet, y acabamos volver a la gira. También estoy grabando series que se estrenarán el año que viene como Ana Tramel, de Roberto Santiago, o La cocinera de Castamar, de Tatiana Rodríguez. En ello estoy, y dando gracias. Ahora mismo, solamente haciendo teatro no se puede sostener nadie económicamente. Imagínate que me pilla la pandemia haciendo únicamente El cavernícola. Horror.

¿Te sientes más cómodo como actor o como director?
Yo me considero actor, y por extensión escribo y dirijo cosas. Me siento cómodo en ambos lados. Cuando te dirige otra persona tienes una serie de preocupaciones y de alegrías diferentes a las que experimentas cuando diriges.

Si pudieras elegir ese papel de tus sueños cuando todo esto pase, ¿cuál sería?
Uno de mis sueños es interpretar algún día El Quijote. Es un personaje que tengo metido en la cabeza desde siempre, no sé si por aquello de ser alto, delgado y medio manchego. (Risas).

Quizá por ser alto, delgado y medio manchego, el sueño pendiente de Nancho Novo sea interpretar al ingenioso hidalgo Don Quijote.

¿Cómo sería tu versión del Quijote postpandemia?
No he pensado en ello, quizá ya no tan tradicional y clásica como imaginaba.

¿La pandemia ha cambiado en algo tu esencia?
Bueno, igual suena un poco fuerte, pero yo siempre me he tomado mi profesión como una especie de sacerdocio. Creo que, como decía antes, somos un poco conductores de almas, y me tomo este componente de una manera muy sacerdotal.

«Soy el oficiante de un ritual al que la gente acude para entrar en una especie de catarsis. En este sentido me sigo sintiendo igual»

¿Cómo te gustaría que fuese el mundo cuando todo esto termine?
La verdad es que… el mundo no tiene remedio. (Risas). La clave está en mejorar un poco tu mundo, tu día a día. Pero sí, me gustaría que en el entorno en el que vivo la cultura estuviese más valorada, que se tuviera nuestro trabajo un poquito más en consideración. Y ya si entramos en cosas utópicas e ideales, me conformaría con que solo una de las personas que viniera a verme cada día al teatro encontrase un poco de alivio en su vida o un motivo para reflexionar gracias a lo que yo hago. 

A lo largo de las diez temporadas consecutivas que estuvo en cartel El Cavernícola viví momentos muy especiales. Desde una persona que vino a ver la obra como última voluntad cuando le quedaba poco tiempo de vida, a parejas que tuvieron un hijo a partir de la noche que salieron del teatro, pasando por otras personas que se hicieron pareja después de ver la función juntos.

«Tengo anécdotas para dar y tomar, pero lo que más me gratifica es que he hecho reír a mucha gente. Y eso me hace sentir que, de alguna manera, me he ganado mi cachito de cielo»

[*] Súmate a la campaña ‘Sanidad por Bandera’ aquí.

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