Manolo Caro

Sí quiero más dramas en mi vida

Y de repente ‘La Casa de las Flores‘ irrumpió en nuestras vidas y el mundo se enamoró de todos y cada uno de sus personajes y sus bombásticas tramas. En el fondo, la serie enganchaba porque ofrecía todos los elementos que se esperan de un show contemporáneo al tiempo que —casi sin darnos cuenta— rendía homenaje a las temperamentales premisas de la telenovela clásica.

El artífice de ese éxito planetario, Manolo Caro (Guadalajara, Jalisco, México, 1985) —propietario de una mente privilegiada y un espíritu jocosamente positivo— se enfrenta ahora al veredicto de su primer drama-drama, un cambio de registro sin red con trasfondo franquista por el que deambula lo mejorcito de aquí y de allí: Carmen Maura, Cecilia Suárez, Ernesto Alterio, Mariola Fuentes, Alejandro Speitzer o el estratosférico bailarín Isaac Hernández. En ‘Alguien tiene que morir‘ (Netflix), Caro sorprende y atrapa —mucho—, lo que a nosotros nos sirve de excusa perfecta para conocer más y mejor a ese niño criado en un rancho que soñaba con ser arquitecto —lo es— hasta que el cine lo atrapó para siempre.

¿Contento con el resultado de ‘Alguien tiene que morir’?
La verdad es que sí, muy contento. Es un proyecto que anhelé mucho y que, a la vez, me imponía mucho respeto porque es la primera vez en diez años de carrera que no hago comedia. He hecho teatro, cine, televisión… pero siempre bajo el paraguas de la comedia, que es un género en el que me siento muy cómodo. Alguien tiene que morir ha supuesto todo un reto y estoy muy, muy contento con lo que hemos logrado.

De la comedia al drama sin anestesia. ¿Necesitabas este cambio de registro?
Absolutamente. Después del éxito de La Casa de las Flores se me hacía muy raro pensar en otra comedia para el siguiente proyecto, pero todo se dio para que no fuera así y me lancé a un nuevo género y a un nuevo formato de tres capítulos.

España, años 50. Pleno apogeo de dictadura de Franco. Una sociedad opresora, gris, de vencedores y vencidos, de rencores y sentencias como «que inventen otros». ¿Cuán arduo te resultó el trabajo de investigación?
El contexto histórico, en este caso, es importante como trasfondo de la trama aunque, inicialmente, yo había escrito un drama familiar a secas. La posibilidad de situarlo en España y en esa época vino después y me pareció superinteresante. Ahí fue cuando me junté con Fernando Pérez, que es un gran guionista que ha trabajado en series como Arde Madrid o Aída.

«Empezamos a investigar cómo la atmósfera de la época y la dictadura podrían influir en los personajes, pero sin perder de vista el conflicto interior de la familia protagonista. El contexto social influye, sin duda, pero el drama está en la familia»

Manolo Caro y los suyos en Alguien tiene que morir (Netflix). ¿Quién dirías que la palmará primero: Carlos Cuevas, Cecilia Suárez, Carmen Maura, Ernesto Alterio, Isaac Hernández, Mariola Fuentes, Alejandro Speitzer o Ester Expósito? Ver para saber © Netflix

¿Cuándo se rodó ‘Alguien tiene que morir’? ¿Os afectó la pandemia?
No, la rodamos entre octubre y diciembre del año pasado. Nos libramos por los pelos.

«Justo cuando terminamos de rodar empezamos a escuchar que algo anda mal por China, pero ninguno éramos conscientes de hasta qué punto iban mal las cosas por allí»

Como fan confeso que eres, entendemos que dirigir a Carmen Maura habrá sido un gran aliciente para ti. ¿Cómo fue vuestra conexión?
Increíble, la verdad. Nos hemos reído mucho y hemos compartido muchas anécdotas. Tener en el equipo a una institución como Carmen Maura es un gozo porque, además, ella es amorosa y muy divertida.

Ha sido también la primera vez que diriges a Alejandro Speitzer [protagonista de influyo_ el 13.08.2020]. ¿Qué tal se trabaja con el actor mexicano del momento?
Es la primera vez que dirijo a Alejandro detrás de una cámara, pero ya habíamos hecho teatro juntos. Alejandro es de mi familia creativa; además, coincide que los dos estamos ahora viviendo en España y eso nos une mucho porque siempre viene bien tener cerca a alguien de tu país. Alejandro es muy joven y está llevando muy bien su carrera. Tiene un gran futuro por delante.

Isaac Hernández: bailarín milagro y actor con imán casi a la fuerza © Netflix

Háblanos, por favor, de ese otro prodigio adscrito al reparto que es el bailarín mexicano Isaac Hernández, estrella del English National Ballet y premio Benois de la Danse —concedido por la Asociación Internacional de la Danza de Moscú— o lo que es lo mismo: Mejor Bailarín del Mundo en 2018. ¿Te costó mucho convencerle para que formase parte de ‘Alguien tiene que morir’?
¡Mucho! Me costó, me costó. Isaac no lo tenía claro porque su disciplina artística es otra, aunque vaya muy de la mano de la interpretación. Le expliqué que si no aceptaba el papel tendría que cambiar gran parte de lo que ya había escrito porque me iba a resultar imposible encontrar a otro bailarín mexicano de su talla. Casi que le coaccioné. (Risas).

«Pero, sobre todo, mi argumento fue que este personaje lo había escrito pensando en él. Le puse entre la espada y la pared. No había otra. Tenía que aceptar. Y aceptó, ¡imagínate el alivio!» (Risas)

Tenerle a bordo ha hecho de este viaje algo mucho más maravilloso.

Y, por supuesto, no podemos dejar de mencionar a la otra gran protagonista de la serie: Cecilia Suárez —a.k.a. Paulina de la Mora forever—, tu musa. ¿Cómo os conocisteis?
Cecilia y yo nos conocemos desde hace muchísimos años, veinte o más. Yo soy muy amigo de un primo suyo que nos presentó. En aquella época yo ni sabía que quería ser director. Éramos muy jóvenes.

«Cecilia Suárez fue la persona que me apoyó y me animó a escribir y a estudiar cine»

Yo empecé a dirigir mis primeras obras de teatro y hacer mis primeras películas y ella siempre estaba ahí, apoyándome. Hasta que un buen día decidí escribirle a ella una historia, que fue Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando. Nos fue muy bien con esa película, viajamos muchísimo, y aquí seguimos. Siempre es un placer trabajar con personas a las que quieres muchísimo. En México nos aman como pareja, siempre quieren vernos juntos. Cecilia es como mi hermana.

Cecilia Suárez —en versión franquista—: hermana y musa de Manolo Caro © Netflix

¿Le costó mucho hablar un castellano neutro en ‘Alguien tiene que morir’?
¡Mucho! Yo no quería que su personaje imitase a una española a la hora de hablar, quería que se percibiese el esfuerzo de una mexicana que ha luchado muchísimo por integrarse en una cultura que no es la suya a costa incluso de renunciar a su propia esencia. Se lo hice pasar bastantente mal, espero que no me lo tenga demasiado en cuenta. (Risas).

Manolo Caro es uno de los rompehielos de ese nuevo México lleno de talento. ¿Qué ha ocurrido para que tantos artistas, cineastas, diseñadores, creadores… eclosionéis al mismo tiempo?
Creo que somos una generación que tiene muchas ganas de cambiar las formas.

«México siempre será un país en constante ebullición y movimiento. Queremos pelear por nuestra propia identidad y liberarnos del yugo de tener tan cerca a Estados Unidos. Mi generación quiere desprenderse de eso, EE UU no puede seguir siendo el espejo»

Tenemos nuestra propia forma a la hora de contar buenas historias y, créeme, siempre lo haremos desde la honestidad.

Se te atribuye ser el padre, el creador, de la nueva generación de telenovelas. ¿Te gusta o te incomoda esta etiqueta?
Al principio pudo parecer un ataque a mi trabajo —La Casa de las Flores fue un éxito desde el principio y, bueno, siempre hay gente que disfruta atacando—, pero a mí nunca me molestó. Crecí viendo telenovelas, me encanta el melodrama, es parte de la cultura popular mexicana y latinoamericana.

«El melodrama es un género muy digno y si me consideran su reinventor pues yo… feliz»

¿Cuando te hiciste adulto?
Caramba con la pregunta. (Risas). Me hice adulto muy joven. Tuve un problema de seguridad siendo muy pequeño. Me secuestraron y lo pasé realmente mal. Ahí aprendí que nada es para siempre y que todo puede cambiar en un instante. Me hice mayor de golpe. Pero, dicho esto, también soy muy infantil en muchos aspectos.

Te criaste en el campo y estudiaste Arquitectura en el Tecnológico de Monterrey. ¿Soñabas con ser arquitecto?
Sí, es una gran pasión que vive dentro de mí. De hecho, sufro bastante por no haber ejercido nunca porque, por supuesto, acabé la carrera y fui muy feliz cursándola. Pero el cine se cruzó en mi vida en el último curso y me llevó por otros derroteros. La verdad es que ahora mismo me siento totalmente incapaz de diseñar nada, aunque todo sería cuestión de volver a la repasar los apuntes. (Risas).

Recién licenciado en Arquitectura saltas a la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. ¿Qué significó esa etapa?
Mi paso por Cuba tiene más que ver con un viaje emocional que con algo profesional. Aprendí mucho sobre cine, pero sobre todo aprendí cómo era la realidad cubana hace quince años.

«Me cuestioné muchas cosas, escribí mis primeras obras, pero sobre todo crecí como persona»

También podrías haberte ido a cualquiera de las más de veinte escuelas de cine de California…
Sí, ya sé. Bueno, estaba yo muy intenso en esa época. (Risas).

¿Te ha cambiado en algo el éxito?
Pues, supongo que sí, en algo me habrá cambiado.

«El éxito es algo naif y, por momentos, absurdo»

Me ha cambiado en que ahora me falta tiempo. A pesar de todo, creo que soy una persona muy organizada que encuentra momentos para estar con la familia y los amigos. Siempre estoy en los eventos importantes de mi familia, no me he perdido ni uno.

¿Vives entre Madrid y Ciudad de México? ¿Qué te gusta de Madrid?
Estoy muy contento en España, la gente me ha recibido muy bien. Me siento muy querido. Y también me sirve para echar de menos mi país y darme cuenta de lo maravilloso que es México. De momento me quedo en Madrid este año y el que viene.

A sus 35 años, Manolo Caro ha creado escuela y es el orgulloso padre de una gran familia artística © Netflix

¿Qué tal te llevas con Manolo Caro? ¿Has necesitado construir un personaje?
Sí, construirse un personaje es muy necesario para sobrevivir en esta profesión. Y, sinceramente, me llevo muy bien conmigo mismo. Me gusta estar en soledad —de hecho me encanta (risas)— y no tengo ningún problema a la hora de ponerme encima el personaje para ir a trabajar.

Además de tu trabajo, ¿qué da sentido a tu vida?
Bueno, a riesgo de sonar muy cursi: llegar a mi casa y estar con mi chico y con mis perros.

«Cuando eso ocurre, todo cobra sentido»

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