Félix Sabroso

Volver (sin haberte ido)
Fotografía: Jau Fornés

El teatro es su excusa perfecta para transitar entre proyectos cinematográficos y hacer de las esperas algo más llevadero. Domina como nadie el arte de poner buena cara al mal tiempo. Sabe de éxitos y fracasos, ergo entiende que los primeros adormecen y los segundos obligan a pelear hasta dar con lo mejor de uno mismo. Dentro de él arde la llama del entusiasmo con la misma intensidad con la que aterrizó en Madrid —hace veinticinco años— dejando atrás la eterna primavera de su isla interior.

Aunque su próxima película se esté haciendo de rogar, Félix Sabroso (Las Palmas de Gran Canaria, 1965) nunca se ha ido. Jefe de contenidos de ficción en Mediaset hasta hace dos días y guionista certero y muy solicitado —la serie del momento, ‘Veneno’, de Ambrossi y Calvo, tiene parte de él—, presenta ahora en Madrid ‘La última tourné’, una comedia adorable sobre la decadencia de una compañía de varietés y la necesidad de reinventarse. Bibiana Fernández, Manuel Bandera, Mario Vaquerizo y Alaska le acompañan en el viaje. Perdona bonita, pero Sabroso tiene mucho que decir.

¿Qué sabía Félix Sabroso del teatro de variedades antes de escribir ‘La última tourné’?
Entré en esa realidad de manera tangencial mientras me documentaba para Los años desnudos —película de 2008—. En el cine del destape de los años 70 había mucha actriz que procedía del mundo de las vedetes y las varietés. Siempre me llamó la atención que en un género tan popular se colasen elementos de la cultura pop que daban pie a cantidad de anacronismos. Eran gente con mentalidades muy modernas, pero con discursos rancios, probablemente porque tenían claro que su público era muy tradicional.

«Es como las folclóricas de este país, que son las más fachas y las más modernas a la vez» (Risas)

Todo ese mundo me ha parecido siempre muy divertido.

Siguiendo el esquema clásico de la obra que se estrena en provincias, gira por España y finalmente llega a Madrid, ‘La última tourné’ —por fin— levanta el telón en la capital el 21 de octubre, si la pandemia no lo impide.
Hemos tenido mucha suerte porque Alaska y Mario nos habían pedido parar en primavera y verano para poder cumplir con los conciertos de Fangoria y Nancys Rubias, así que siempre estuvo previsto acabar la primera parte de la gira en marzo de este año. Fue ofrecer la penúltima representación y nos confinaron; solo faltamos a la cita con Córdoba. Y, también desde el principio, estaba previsto retomar en Madrid en octubre. Así que, sí, milagrosamente hemos tenido mucha suerte.

Félix Sabroso ha escrito muchos capítulos gloriosos del último cine español, pero su mayor logro, quizá, sea contar con el cariño incondicional de gran parte de la profesión © Jau Fornés

¿Hay nervios o la función está ya perfectamente engrasada?
Bueno, Madrid siempre es imprevisible. Por un lado, Alaska, Bibiana y Mario cuentan con la ventaja de tener un público muy entregado aquí; pero, por otro lado, Madrid y Castilla, en general, suelen ser plazas más asépticas, menos expresivas. Los espectadores del norte y del sur son más entregados y amables que los del centro. Pero imagino que todo irá bien.

«Nos gusta mucho estrenar en Madrid porque aquí es donde compartimos nuestro trabajo con los compañeros de la profesión»

Bibiana Fernández, Manuel Bandera, Mario Vaquerizo y Olvido Gara parecen haberse convertido en los actores fetiche de Félix Sabroso —esta es la tercera obra que escribes pensando en ellos tras ‘El amor está en el aire’ y su secuela ‘El amor sigue en el aire’ (a la que se incorporaron Alaska y Mario)—. ¿Verdadero o falso?
El teatro es algo que me ha ido sucediendo mientras yo quería hacer otras cosas: películas, series, escribir… (Risas). Digamos que me ha salvado en las esperas, siempre terribles, entre proyectos. El teatro necesita nombres muy sólidos como reclamo para llenar el patio de butacas. Con Bibiana y con Manuel me siento muy cómodo trabajando porque les quiero y les admiro mucho. Luego se sumaron a la familia Alaska y Mario en un ejercicio que, en principio, fue voluntad del productor y a mí me acabó encajando muy bien. No hablaría tanto de fetichismo como de empatía, que tenemos y mucha. Ellos son más cosas que no soy yo, y yo soy más cosas que no son ellos. Me siento muy bien trabajando con los cuatro.

¿Has escrito estos papeles pensando en sus personalidades?
He escrito pensando en sus alter egos. Tiendo a complacer a los actores con los que trabajo porque al escribir las historias, inconscientemente, intuyo lo que les gustaría ser en el nuevo papel. Digamos que me gusta escribirles cambios de registro en los que sé que van a encajar.

«Se me da bien plantearles desafíos a los actores»

La última tourné llega al Teatro Calderón de Madrid el 21 de octubre. Aquí, el feliz autor, rodeado del elenco: Olvido Gara, Marisol Muriel, Manuel Bandera, Mario Vaquerizo, Cayetano Fernández y Bibiana Fernández © Jau Fornés

En ‘La última tourné’, Paca Castellón (Alaska) sale con un disfraz de enfermera sexy —en plan pin-up años 50— que dio pie a que lo tacharan de sexista y retrógrado. ¿Estamos viviendo la etapa más carca de nuestras vidas desde la Transición?
Yo creo que sí. Es un tema muy complejo que nos llevaría horas. No es solo la presente ola de conservadurismo, hay algo que a mí me deja mucho más perplejo y es que, al final, todo tiene que ver con los valores del mercado. Vivimos en un sistema perfectamente orquestado en el que se nos dice qué podemos hacer y qué no en función de parámetros comerciales y económicos, no ideológicos; y esa es la peor de las ideologías.

«Hoy todo es posible siempre y cuando genere dividendos»

El problema se agrava cuando las personas relacionadas con los contenidos se autoproclaman vigilantes de la tradición y deciden qué es lo más conveniente para no defraudar las expectativas del gran público.

¿Existe algo más vacuo que ser políticamente correcto?
No creo. Los creadores, los artistas, podemos llegar a ser grandes traidores porque también queremos sobrevivir y salir adelante; hay algo ahí del bufón que se adapta al rey. Aunque sea desolador, hay que seguir trabajando para comer, pero el romanticismo —imprescindible para la creación artística— siempre estará ahí. Pero vamos: políticamente correcto… su padre.

¿Qué es para ti un héroe?
Lo único que me parece heroico en estos tiempos es no perder el entusiasmo, no perder la fe. Todo lo demás se puede resolver, pero si pierdes la confianza en ti mismo todo se desmorona.

«La gente capaz de levantarse de cada palo que le da la vida y se reconstruye, y vuelve a recuperar la ilusión, y se inventa un nuevo proyecto… Esos son los auténticos héroes»

El otro día publicaste en Twitter que «cualquier cretino puede celebrar la ignorancia basándose en supercherías y teorías de la conspiración». Especialmente en Twitter: ¿las opiniones son como los culos, que todo el mundo tiene uno?
Exactamente. (Risas). Yo no creo en las teorías de la conspiración, pero el sistema —volviendo a lo de antes— está tan bien articulado que surgen inercias que nos arrastran —o lo intentan— en una misma dirección.

«Si la gente deja de leer, si deja de reflexionar, si lo que manda es el consumo y su ritmo frenético, es normal que involucionemos»

Es alucinante que, viniendo del siglo XX —en el que alcanzamos las vanguardias, elevamos el pensamiento y asistimos a la gran evolución de la ciencia—, salga ahora un señor y diga que las vacunas son peligrosas y que no nos las pongamos porque dentro van a meter un microchip. Eso o los que dicen que la Tierra es plana y se quedan tan contentos.

«El problema no es que haya descerebrados, el problema es que haya gente que los crea»

La vida no puede resumirse en una sentencia de Twitter. Pero, a este paso, vamos todos camino de convertirnos en idiotas. ¿Estoy resultando un poco depresivo? (Risas).

Para nada. (Risas).

Lo que me reconforta es pensar que la evolución humana es pendular, va y viene.

«Lo bueno de la presente ola de estupidez es que también hay muchísima gente en guardia»

A sus 55 años, Félix Sabroso mantienen intacta la llama de su entusiasmo © Jau Fornés

Se acaba de estrenar en plataformas ‘El tiempo de los monstruos’ (2015), tu primera película sin Dunia Ayaso, la que fue tu pareja y cincuenta por ciento creativo de vuestras primeras películas y series. ¿Qué te viene a la cabeza al oír ‘El tiempo de los monstruos’?
Efectivamente, es mi primera película en solitario y con ella dejé salir al monstruo de la caverna y me expresé con toda libertad. Es una película con muchísimas puertas de entrada. Habla del proceso creativo, pero también del miedo a defender el rol social que te ha tocado. Habla de muchas cosas que tienen que ver con mi forma de pensar. Es una película de la estoy muy orgulloso, sobre todo porque su camino ha sido muy azaroso —fíjate que se estrena en plataformas ahora, cinco años después de su estreno en salas—.

«Lo que más me mueve de esta película es la enorme fidelidad con la que me apoyaron las personas que se involucraron en ella, porque ni el casting —Javier Cámara, Antonia San Juan, Candela Peña o Carmen Machi, entre otros—, ni los productores, ni los técnicos cobraron nada»

No sé si fue por la película en sí o por apoyarme a mí en un momento clave, pero el caso es que todos estuvieron ahí de una forma espectacular. Han pasado cinco años y todavía se me ponen los pelos de punta al recordar todo el apoyo incondicional que recibí.

Empezaste a dirigir hace veinticinco años y en ese tiempo nos has regalado joyas como ‘Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí’, ‘El grito en el cielo’, ‘Descongélate’, ‘Los años desnudos’, ‘La isla interior’ o ‘El tiempo de los monstruos’. Nos consta que siempre tienes nuevas películas en mente. ¿Está todo muy difícil?
Yo soy muy alegre y muy positivo hasta que me sale el quejumbroso que llevo dentro. Mi gente está hasta las narices de mí porque me paso el día quejándome. (Risas). Estoy con varios proyectos a la vez. Es verdad que mi etapa en Mediaset —donde me contrataron como jefe de contenidos— me tuvo con la cabeza en otras cosas. Gracias a ese trabajo entendí cómo funciona el mercado desde dentro y, sobre todo, cómo cambia y evoluciona. Pero, claro, si estás analizando y supervisando contenidos no puedes rodar.

«Ahora he vuelto al mercado y tengo varios planes que avanzan favorablemente. Echo muchísimo de menos dirigir»

Por cierto, has coescrito el guion de un capítulo de ‘Veneno’, la serie española del momento. ¿Qué tal se trabaja con los Javis?
Muy bien. Veneno es una gran producción y, como tal, llega un momento en el que sus creadores necesitan apoyo. A mí no se me caen los anillos por estar dirigiendo una película un día y al siguiente estar trabajando como guionista para otras personas. Me obligo a ser versátil. Me encanta que los primeros que hayan pensado en mí al salir de Mediaset hayan sido dos chicos jóvenes como Ambrossi y Calvo.

«Los Javis tienen un gran talento para hacer verosímil lo inverosímil, construyen sus historias con mucha verdad y frescura —lo cual siempre se agradece— y dominan los recursos clásicos»

¿Qué queda de aquel chaval canario que llegó a Madrid hace veinticinco años con todas las ganas de comerse el mundo y de hacer buen cine?
Creo que mi entusiasmo sigue intacto. Cada vez que me involucro en un nuevo proyecto me entrego con la misma ilusión.

«Me entusiasmo como mucha facilidad»

Llegaste a Madrid y acabaste formando parte de algunos de los grupos de gente estupenda —estupenda de verdad— más apetecibles. Tu historial de anécdotas alucinantes vale su peso en oro. ¿Es Félix Sabroso un animal social con mayúsculas?
La verdad es que a Dunia y mí siempre se nos dieron bien las relaciones sociales, teníamos ese don. Siempre nos ha gustado la gente. Nuestra casa era un gran punto de encuentro y fuimos el nexo a través del cual se conocieron muchas personas, y sí que es verdad que hemos tratado con gente muy interesante.

«A ver, en algunas ocasiones me limité a ser un mero observador, como si fuera un señor que pasaba por allí. (Risas). Pero observando se aprende mucho, recibes mucha información privilegiada»

Gran parte de las mejores vivencias se las debo a Elena Benarroch, que es una mujer fantástica y muy generosa. De repente estabas en su casa cenando, no sé, con Bruce Weber, o Chavela Vargas, o Felipe González.

Uno de tus mejores amigos es Pedro Almodóvar. Él os produjo la película ‘Descongélate’ y la serie ‘Mujeres’. ¿Aunque no seas actor, eres un chico Almodóvar?
Tenemos mucha amistad y lo mejor de todo es que nuestra amistad está bastante al margen de la profesión. Evidentemente, veo sus trabajos y él ve los míos, pero lo que sucede entre nosotros es mucho más sencillo: quedamos para cenar o para ir al cine y nos lo pasamos bien.

La última tourné o cómo querer transformar una compañía de varietés en decadencia en otra de teatro serio.

Al margen del trabajo, ¿qué da sentido a tu vida?
El trabajo es bastante esencial, pero creo que a lo largo de mi vida me he convertido en ese tipo de persona que prioriza la relaciones con los demás como algo esencial. No sé cómo, pero me he convertido en el eje de un buen número de amigos y de mi familia. A veces cargo con responsabilidades que no me corresponden, pero, en general, me siento muy feliz en ese papel.

¿De los fracasos se aprende?
Imagínate. Yo acumulo bastantes más fracasos que éxitos. La gente recuerda siete películas mías, pero lo cierto es que he escrito treinta. Mi vida consiste en mover guiones. (Risas). Yo soy ese tipo al que, básicamente, todo el mundo le dice que no. (Risas).

«Del éxito se aprende más bien poco: ganas dinero y eso te permite afrontar otros proyectos, pero el éxito tiende a adormecer y no es amigo de la palabra evolución. Sin embargo, de los fracasos se aprende mucho, aportan información muy poderosa»

¿Cuándo se hizo adulto Félix Sabroso?
Los últimos años de Dunia —con su enfermedad y su muerte—, la muerte de mi buen amigo David Delfín y tener que reinventarme profesionalmente me endureció bastante. Maduré a empujones.

¿Pasa un día sin que te acuerdes de Dunia?
Jamás, ni uno. Lo que sí ocurre es que ha dejado de ser algo doloroso. Antes me dolía cada recuerdo, tanto que tuve que quitar las fotos. Pero ya no. La memoria es selectiva y ahora solo recuerdo nuestros grandes momentos juntos.

¿Qué tal te llevas con tu sombra?
¡Madre mía, qué pregunta! (Risas).

«No me importaría quererme un poquito más, tiendo a censurarme demasiado»

Estaría bien poder relajarme del todo.

¿Qué es lo mejor de tener 55 años?
Que te ayuda a relativizar y a poner las expectativas en el sitio que les corresponde. Y también que descubres cosas de ti que, oye, en el fondo no están tan mal. (Risas).

«Uno construye su vida en función de cómo quiere acabarla», Félix Sabroso © Jau Fornés

¿Cómo te ves de viejecito?
Pues mira, de joven siempre decía que yo sería un buen viejo porque me gustaba hacer cosas de viejo, como sentarme en un banco y ver pasar a la gente. (Risas). Pienso que uno construye su vida en función de cómo quiere acabarla. El que se pone hasta el culo desde joven es que quiere morir joven. Yo creo que estoy construyendo mi vida para tener una vejez más o menos amable. Me veo en una casa con muchos libros y con muchos amigos yendo y viniendo. Eso siempre.

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