José Ramón Patterson

Crónica de la última crónica
Dibujo: Ignacio Lobera

No se hizo periodista por vocación, lo que nos lleva a preguntarnos qué habría ocurrido si así hubiese sido, ya que sus crónicas a lo largo de los años en Televisión Española —intachables y perfectas— resultan difícilmente superables. Acostumbrado a batallar en la primera división de la información, ha ido por la vida diciendo lo que pensaba —siempre a la cara— a riesgo de granjearse la enemistad del último jefe de turno, ese que va y viene por nuestra radio y nuestra televisión públicas en función del color que gobierne. Nada de todo esto le ha importado demasiado porque siempre ha sido consciente de que, tarde o temprano, todo pasaría.

José Ramón Patterson (Gijón, 1958) es, sin duda, uno de los más grandes corresponsales que ha dado este país. Hoy hace balance de una vida profesional altamente satisfactoria guiada por el ánimo de aprender y conocer. Habrá quien piense que Asturias, su casa, es su último destino, pero no, nada más lejos de la realidad. Aún queda mucho mundo por descubrir y muchas coles —sí, coles— por cultivar.

Dibujo: Ignacio Lobera

¿De dónde viene el apellido Patterson?
El primer Patterson que llegó a Asturias, y del que se tiene constancia, lo hizo a mediados del siglo XIX. Era un ingeniero que vino del Reino Unido para montar la primera fábrica siderúrgica del valle del Caudal, en Mieres. El hombre conoció a una mujer de la zona con la que tuvo un hijo; no llegó a casarse pero reconoció al niño como propio y se volvió a Inglaterra.

Gijón. Barrio de Pumarín. ¿Cómo fue tu infancia?
Crecí en Las Mil Quinientas, un grupo de viviendas sociales habitado por gente humilde, trabajadora. Cuando se inauguraron, a finales de los 50, salieron hasta en el No-Do.

«Mi familia, mis padres y sus cinco hijos, vivíamos de un salario. Falta de todo y muchas veces en la tienda comprábamos fiado. Jugábamos en la calle y mi gran sueño era tener una bicicleta, pero como la situación en el barrio era muy similar a la nuestra nunca echamos nada en falta»

Tuve una infancia feliz, como la de cualquier niño de barrio en esa época.

¿Cuándo te hiciste adulto?
Pues la verdad es que no tengo yo demasiada constancia de serlo aún. (Risas). Veo la edad que tengo y no me lo puedo creer. (Risas). El calendario, las fotos y la televisión son los que se encargan de recordarme los años. Mi madre murió cuando yo tenía 19; mi padre lo hizo dos años después. Ahí empecé a comportarme como un adulto. Me casé muy pronto, con 22, y tuvimos a nuestra hija, Claudia, cinco años después.

«Todos esos momentos son jalones de la vida que hacen que te comportes como un adulto, pero fui llegando a los 40, a los 50, a los 60… y nunca me vi reflejado en esas edades, nunca me sentí como la gente mayor que fui conociendo» (Risas)

Pienso que el punto de candidez no hay que perderlo nunca.

Treinta y ocho años en Radio Televisión Española, los cinco últimos como corresponsal en Bruselas. José Ramón Patterson no se arrepiente de nada, pero no volvería a ser periodista. «Preferiría cultivar un huerto», apunta.

En tus redes sociales afirmas que eres «periodista por necesidad». Explícanoslo, por favor.
No llegué al periodismo por vocación. Soy periodista porque hay que comer todos los días. Podría decir que fue por amor, pero tampoco sería verdad.

«Una chica que estudiaba COU conmigo, a la que admiraba porque era muy liberal e independiente, me dijo que ella quería ser periodista y me preguntó que qué quería ser yo. Y le dije: ‘Periodista también’, sin tener ni idea de lo que era» (Risas)

Así que, tomada la decisión, ya no había vuelta atrás porque en aquella época, en una familia humilde como la mía, la alternativa a estudiar era ponerse a repartir butano.

¿Dónde estudiaste Periodismo?
En Madrid, en la Complutense. Empecé en 1975. La chica, dos amigos más a los que convencimos y yo nos subimos a un tren nocturno, amanecimos en Madrid, rellenamos la solicitud y volvimos a Gijón. Pero la carta con el «está usted admitido» no acababa de llegar. Así que el 31 de agosto de aquel año, el día en el que se acababa el plazo de solicitud para entrar en la Escuela de Ingenieros de Minas —que era lo que mi padre quería que yo estudiase— me disponía a ir hasta Oviedo para formalizar la matrícula cuando vi la carta de la Complutense en el buzón. Llevaba encima el dinero que mi padre me había dado para matricularme en Minas y me puse a dar vueltas a la manzana en la que estaba el banco donde había que ingresar el dinero para estudiar en Madrid. A las dos menos cinco en punto tomé la decisión, entré en el banco y me matriculé en Periodismo.

«En la facultad fue todo surrealista: huelgas, muerte de Franco, cierre de la universidad… (Risas). Pero me quedé en Madrid y acabé la carrera, a trompicones porque a partir de tercero empecé a trabajar»

¿Cuál fue ese primer trabajo?
Empecé a colaborar con La Nueva España, en Oviedo. Con lo que me pagaban, por decir algo, no me alcanzaba ni para los autobuses Gijón-Oviedo. Al poco tiempo empecé a colaborar también en la revista Sábado Gráfico y con la agencia de noticias Pyresa, que pertenecía a la Prensa del Movimiento, ambas en Madrid. El redactor jefe de Pyresa era el asturiano Lalo Azcona, que también presentaba el Telediario y tenía un programa en la radio, y —lo reconozco— si él veía que yo andaba un poco mal de dinero me encargaba algún reportaje extra. Lo bueno de esos reportajes es que se publicaban en todos los periódicos del Movimiento, que eran unos cincuenta repartidos por toda España. Mi padre, gracias a esa colaboración, empezó a valorar lo que yo hacía.

«Fue una gran época para el periodismo porque las noticias se trabajaban muchísimo más que ahora»

¿Quién te dio el mejor consejo profesional y cuál fue?
Más que de consejos hablaría de los grandes periodistas asturianos de esa época, que eran un gran espejo en el que mirarse. Hay una frase, bastante incorrecta, de un compañero mío —Gaspar Sobrino— que siempre me ha gustado como referente: «A follar que van a chocar los planetas». (Risas). Los planetas no han chocado, pero, mira, tenemos una pandemia planetaria encima.

En estas semanas se ha hablado mucho de ti tras tu adiós en Televisión Española. ¿Qué tal llevas la etiqueta ‘histórico periodista’? ¿No da un poco de grima convertirse en protagonista?
No me considero ni histórico, ni mítico, como he leído por ahí. En Bruselas estuve cinco años, pero mi carrera ha ocupado más de cuarenta años de mi vida. Entiendo perfectamente que cuando la gente que te ve todos los días en su televisor piense que llevas ahí toda la vida, sobre todo los más jóvenes.

«A mí no me interesa el protagonismo, soy muy luterano, pero cuando trabajas en televisión es inevitable»

Si trabajas en TVE en Bruselas —después de Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea— eres el español más conocido de allí.

«Es cuestión de tiempo: en tres meses nadie se acordará de mí y eso es algo que llevo con absoluta normalidad»

Ha transcurrido casi dos meses desde tu última crónica para TVE. ¿Por qué te ‘invitaron’ a prejubilarte?
Cuando me comunican que no voy a continuar en Bruselas no me dan otra alternativa, no me hablan de un proyecto que se corresponda con lo que yo he aprendido en mis treinta y ocho años en RTVE.

«Lo único que me quedaba era volver a mi puesto como redactor en el centro territorial de Asturias, pero con esa etapa ya cumplí»

No sería ningún desdoro volver a Asturias, ninguno en absoluto, pero eso ya lo hice. Tengo los suficientes años cotizados como para jubilarme anticipadamente, a los 63, y eso es lo que voy a hacer.

«Principales conclusiones: todo es efímero, disfruta de lo que tienes»

Para mí Bruselas ha sido el gran colofón, algo así como jugar en la liga de las estrellas, y estoy muy agradecido a RTVE por haberme dado la oportunidad.

Otro directo desde Bruselas de Patterson para intentar entender a la clase política. Difícil tarea.


¿Qué importancia real tiene en RTVE la experiencia, el conocimiento, esa plusvalía profesional que solo dan los años de impecable labor periodística?
No se valora absolutamente nada. Nada. Fui miembro del consejo de informativos de TVE durante casi ocho años y una de nuestras mayores peleas siempre fue que se cumpliese el estatuto de RTVE, que determina que a los trabajadores hay que asignarles un puesto acorde a sus conocimientos, capacidades y experiencia. No se hace prácticamente nunca.

«Cuando llega un nuevo director de informativos lo único que va a primar es colocar a su gente, sin importar que tengan nivel o no»

En el caso de los últimos meses, como quien ha llegado es alguien con un desconocimiento atroz de cómo funcionan los medios y los resortes internos de una empresa de comunicación pública, pues ya te puedes imaginar.

¿No te dieron ninguna explicación?
No pregunté, de igual modo que tampoco pregunté cuando me designaron por qué quitaban a mi predecesor. Tengo cierta sospecha de que puede deberse a desavenencias de hace años con gente que ahora está en las inmediaciones del poder.

Circulan leyendas urbanas sobre dobles redacciones en TVE: la redacción A, que brilla cuando gobierna la izquierda, y la B, que queda regalada al final de un pasillo; y viceversa. ¿Es cierto?
No solo es cierto si no que es comprobable. No voy a discutir cómo entra la gente en TVE, que se supone que debe ser por oposición, aunque muchos lo hagan por enchufe. Lo que importa al final es el nivel de competencia y rigor de cada uno.

Patterson: de Gijón para el mundo.

Aclaras en tu perfil de Twitter: «Cuenta personal: mis opiniones son mías». ¿Te han perjudicado tus opiniones?
No, yo creo que no. Lo que me ha perjudicado dentro de la casa es decir las cosas a la cara como siempre he hecho. Yo siempre he intentado ser franco para contribuir a que las cosas mejorasen.

«Y luego está que a la gente le molesta mucho que tengas memoria, y yo tengo muy buena memoria. Cuando alguien trata de reescribir la historia, pero tú estabas allí, las cosas se complican»

Inevitablemente, los periodistas —sobre todo los que os dedicáis a cuestiones políticas y económicas— vamos acumulando gente que no nos quiere bien por haber destapado sus chanchullos, sobre todo en el periodismo de proximidad. ¿Cómo está tu índice de enemigos?
Si te digo la verdad, no soy consciente de si tengo enemigos o no. Habrá que gente a la que caiga más o menos simpático, pero enemigos… no sé. En cualquier caso: no me interesan. Tengo muchos amigos, soy una persona cariñosa que expresa sus sentimientos sin problemas. Mis amigos están por encima de todo lo demás.

¿Qué nota le ponemos a los políticos españoles?
Generalizar no está tan mal como dicen. (Risas).

«Creo que la media que se me merecen los políticos en este momento, sobre diez —que era como nos examinaban a nosotros—, estaría en un dos. (Risas). No más. Están —absolutamente todos— ofreciendo unas muestras de desconocimiento, ineptitud e incompetencia que dan pena»

Están todos aferrados al poder de una forma vergonzosa. Aquí nadie habla de planes o proyectos de futuro. Eso de ser político para ofrecer un servicio público no saben ni lo que es. Solo quieren estar ahí y darle zurriagazos al otro.

«¿Cómo vamos a emplear los 140.000 millones de euros que nos va a dar la Unión Europea para inversiones productivas? Aquí nadie dice nada. Nadie tiene una buena idea»

José Ramón Patterson © Ignacio Lobera

Asturias. ¿Soñabas con volver?
Siempre quise volver hasta que empecé a viajar, física y mentalmente. Me gusta mucho la frase atribuida a Pío Baroja: «El nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo». Hay que salir de casa para valorar lo que tienes dentro. Me sacaron en el programa Asturianos por el mundo cuando estaba en Bruselas y al final, como a todos, me preguntaron: ¿Tienes ganas de volver? Y dije: ninguna. (Risas).

«Siempre supe que volvería, pero no soy demasiado de la cultura de la sidra. (Risas). Si hay que beberla se bebe y ya. Adoro mi tierra, pero el mundo es muy grande. Yo lo que quiero ahora es viajar todo lo que pueda y más»

¿Cómo sigue tu pasión por la música clásica?
Más cercana que nunca porque a mi mujer —la periodista Pilar Rubiera— la acaban de nombrar presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, de la que dependen la orquesta Oviedo Filarmonía y la Banda de Música Ciudad de Oviedo. Me toca ejercer de presidente consorte y yo encantado. (Risas).

¿Tienes alguna asignatura pendiente?
Profesionalmente, ninguna. Personalmente, viajar más y, en la medida de lo posible, hacerlo con mi mujer. Viajar abre el hambre de viajar.

¿Si volvieras a nacer volverías a ser periodista?
Si recordase que en mi vida anterior fui periodista, probablemente no. Nunca he sido un periodista vocacional.

«He peleado toda mi vida por trabajar ocho horas diarias. Nunca he creído eso de que el periodismo es un modo de vida, en absoluto»

Me gustó ser periodista, no me arrepiento de nada, pero si volviera a nacer —viendo en lo que se ha convertido el periodismo— preferiría ser un manitas. No sé, sería feliz teniendo un huerto, por ejemplo. Estos días todo el mundo me pregunta, ¿a qué te vas a dedicar? Y yo contesto: a mis coles, pero no por Bruselas, más bien por emular a Diocleciano, el primer emperador romano que dejó el poder para cultivar jardines y un huerto de coles —del que estaba muy orgulloso— en Dalmacia, en lo que hoy es Split, en el sur de Croacia. Mis coles son mi familia, mis amigos, mi tierra, mi moto, tocar el saxo, viajar… Todo está bien ahora.

Crónica de la última crónica.

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