Flora González

Energía positiva

«Soy feliz porque tengo buena salud y mala memoria». Con semejante declaración de intenciones queda claro que nuestra protagonista es de ese tipo de personas constructivas que saben que al río de la vida no conviene ponerle diques. Alegre, divertida y muy emprendedora, Flora González (Andújar, Jaén, 1985) lleva dentro el sol y la luz de su tierra. Para algunos es la chica del tiempo con chispa; para otros, una influencer que no se inventa falsas vidas perfectas y siempre dice lo que piensa — «si quiero soltar una palabrota la suelto» —, pero sobre todo es una periodista de raza —una gran periodista— que ha hecho camino entre Yo Dona, Vogue, GQ, Non Stop People, Telecinco, Cuatro y lo que venga. Positivismo en expansión.

¿Qué tal te llevas con las redes sociales?
Vivo en una lucha constante con las redes sociales, sobre todo con Instagram. La gente compra seguidores, compra likes y se inventa vidas y todo esto hace que diluya la credibilidad. Yo no vivo para influir a través de mi Instagram, prefiero divertirme enseñando a los demás lo que a mí me gusta que, básicamente, está relacionado con el mundo de la moda, de donde procedo. Para mí, las redes sociales son una forma estupenda de estar en contacto con la gente y siempre contesto a todo el mundo, ya sea a un señor de 70 años o una niña de 12. A ver, los mensajes inquietantes no los contesto. (Risas). Me entretiene, me proporciona información sobre tendencias y también me da un dinerillo, pero sobre todo me permite ser yo misma. Lo de ser políticamente correcta no va conmigo, si quiero soltar una palabrota la suelto, si quiero hablar en andaluz lo hablo y si quiero mostrar una marca la muestro y si no… pues no.

Flora González, 35 años y las ideas muy claras.

The Royal Society for Public Health —en un estudio entre británicos de 14 a 24 años— ha clasificado Instagram como la peor red social para la salud mental de los jóvenes, seguida de Facebook, Twitter, Snapchat y YouTube. ¿No debería darnos un poco de miedito todo esto?
Lo que cada vez me preocupa más es que hay demasiada gente que un día, por lo que sea, monta un pequeño drama y como le suben los seguidores al día siguiente va y monta otro, pero como no lo tiene se lo inventa.

«Cada vez veo a más gente perdiendo el norte y la perspectiva en Instagram»

¿Qué tal te llevas con los haters?
Yo tengo un problema —que juega en mi contra— y es que no acepto las críticas. (Risas).

«Podría tener el triple de seguidores si no bloqueara a todo el que me dice algo que no me gusta» (Risas)

Yo voy por la calle y no le digo a una señora: pues vaya pantalones más feos lleva usted.

¿Te ayuda alguien a la hora de generar tus contenidos?
Son cosa mía y los trabajo mucho porque también soy bastante exigente conmigo misma. Al haber trabajado en moda tengo la mirada educada, me gusta que cada foto esté cuidada, que haya un equilibrio de color y que predominen los tonos intensos.

«Cuando empecé en Instagram sacaba un paisaje bonito, una casa especial, un bolso chulo, pero nada, cero likes. Hasta que un día subí un selfie y aquello se disparó. Si a la gente lo que le gusta es verme pues salgo yo» (Risas)

¿Cómo te diste cuenta de que ahí había una posibilidad de transformar tu imagen en una fuente de ingresos?
Yo descubrí Instagram cuando me tocó llevar la cuenta de Vogue, donde trabajada, y como me pareció divertido abrí la mía. Cuando cambié Condé Nast por la televisión empecé a despegar, poco a poco. Primero las marcas te mandan regalillos para que las menciones y luego eso se convierte en promociones negociadas.

«Ahí me di cuenta de que existía un pequeño filón, pero yo Instagram no lo utilizo como fuente de ingresos, más bien es una herramienta para reforzar mi imagen de marca»

Mi idea es que si alguien está preparando un evento y busca quien se lo presente se acuerde de mí porque ha visto en mi perfil que soy divertida y dinámica. Instagram es una extensión de mi currículo.

De cómo hacer que Instagram sea una extensión de tu currículo. Flora González tiene las claves.

Pero, ante todo, Flora González es periodista y de las buenas (damos fe). ¿Por qué elegiste esta profesión?
Yo no elegí ser periodista, como tampoco elegí ser mujer o nacer en Andújar. Yo nací periodista. Es algo que venía dentro de mí. Con 6 años era la encargada de recoger los dibujos para el periódico del colegio, con 15 ya estaba en la radio y con 18 empecé a publicar en 20 Minutos y ABC. Yo de pequeñaja me ponía delante de la tele a darle las noticias a mis padres en plan: mañana en Andújar va a hacer calor. Cuando llamé a mi madre para contarle que empezaba a trabajar dando el tiempo me dijo: «No, si ensayado te lo tienes». (Risas).

Acabas periodismo en Sevilla y te instalas en Madrid. Hablemos un poco de tus diferentes etapas fijándonos en lo que cada una te ha aportado. ¿Que aprendiste en Yo Dona, el suplemento semanal femenino de El Mundo?
Aprendí a trabajar, porque en la universidad no te enseñan cómo funciona el mundo real.

«En esa etapa cometí algunos errores y me cayeron palos por todos lados, algunos merecidos, pero la mayoría no»

Al final, doy por buena esa etapa como parte del aprendizaje.

Y luego pasas a formar parte de la redacción de GQ, la mensual masculina de Condé Nast. ¿Qué tal te sentó el cambio de sexo?
Yo siempre había comprado y leído GQ, la adoraba. Un día que la estaba leyendo y andaba yo muy triste me fijé en la dirección de la revista y vi que estaba cerca de casa.

«Al día siguiente, sin cita ni nada, me planté allí. Alucinaron. Esperé un rato largo y al final me recibió el director, Javier Fernández de Angulo, un tipo grande. «¿Quién eres? ¿Qué quieres?». Y yo, pues nada, que me encanta la revista y que quiero trabajar aquí» (Risas)

Era junio y —cosas estar en el sitio justo en el momento perfecto— me dejó empezar sustituyendo a su asistente que se iba de vacaciones al día siguiente. Y así empecé, pero también escribiendo y publicando desde el principio. GQ siempre será la etapa laboral más bonita y emocionante de mi carrera porque tuve algunos compañeros maravillosos.

Inevitablemente, acabas entrando en la icónica Vogue. ¿Un sueño alcanzado o un párrafo más para el currículo?
Vogue era un sueño que, sinceramente, no me atrevía ni a soñar. Yo pensaba que para entrar allí había que medir dos metros, tener varios apellidos compuestos y vestir de alta costura.

«Aprendí mucho, mucho, mucho. Vogue me ha hecho indestructible» (Risas)

Si algo bueno tienen las revistas de estilo de vida es que dan acceso a personajes fascinantes. ¿A quién te maravilló conocer en persona?
¡Uf! Conocer a Roberto Cavalli fue un regalo porque es un hombre encantador y atentísimo. Fui a entrevistarle y acabó invitándome al cumpleaños de su mujer. Y también me encantó la energía de Jean Paul Gaultier, ¡quería venirse conmigo a la Feria de Andújar! (Risas).

Color y calor: principios básicos del libro de estilo de Flora González.

¿Los guapos lo tienen más fácil?
(Risas). Los guapos por dentro, que son los más complicados de encontrar, lo tienen más difícil porque, al ser buena gente, el resto abusa de ellos. Yo un día me planteé lo siguiente: ¿quieres ser una arpía o ser buena gente y seguir de buen rollo? Pues eso, buen rollo.

¿Cuánto tiempo le queda al papel, a los periódicos y revistas?
No lo sé, pero cuando tienes todo lo que necesitas de un medio en tu mano, en el móvil, es muy complicado que la gente vaya al quiosco y pida la versión en papel.

«Vivimos mirando pantallas»

¿Eres nomofóbica, es decir: eres incapaz de permanecer intervalos cortos de tiempo sin usar el móvil?
Absolutamente. Mi nomofobia es horrorosa, tengo que tener el móvil en el radar todo el tiempo.

Los influyentes tenéis un montón de ventajas con respecto a los periodistas clásicos, tan románticos ellos; entre estas destaca una maravillosa capacidad de adaptación al medio, a cualquier medio. ¿Cada cuánto te reinventas tú?
Constantemente, cada día. En mis diez años en Madrid he hecho femeninas, masculinas, semanales, mensuales, especiales, webs, televisión, redes sociales…

«Vivo fuera de cualquier zona de confort y en constante pelea contra el algoritmo de Instagram para que no me oculte. Es una lucha diaria»

Y un buen día la televisión se cruza en tu camino y te conviertes en la directora de moda del canal Non Stop People, de Movistar+. ¿Cómo fue ese paso?
En 2015, en menos de tres meses, mi mundo cambió por completo. Dejé Vogue, rompí con mi novio, cambié de casa y empecé a trabajar en la tele y, de repente, lo que yo hacía lo veían dos millones de personas. Demasiadas emociones juntas. Busqué ayuda, me apunté a terapia y me fue genial porque aprendí técnicas de relajación, a controlar el estrés y a proyectar mi carrera. A la tele llegué gracias a un amigo que me comentó que estaban montando Non Stop People. Esta vez solicité una entrevista formal, (risas), me presenté y Antonio San José —el director— creyó en mí. Así fue.

Flora González o la friki de las borrascas y los anticiclones.

Y, luego, sin previo aviso, pasas a formar parte de la redacción meteorológica de Telecinco y Cuatro. Para que nos aclaremos: ¿qué tienen que ver unos zapatos de Gucci con las nubes altas?
Son conceptos abstractos que necesitan ser traducidos al público general. (Risas).

«Soy comunicadora y comunico lo que haga falta»

¿Te has convertido en una experta en meteorología?
Sinceramente, sí. Es un mundo fascinante, muy guay. Soy una friki de las borrascas, las veo sobre el Atlántico y me pongo a elucubrar: ¿vendrán para aquí, no vendrán? Me chiflan. (Risas).

¿Cómo son los fans de Flora González?
Creo que hay tres grandes grupos: las jóvenes que me siguen por la moda, sobre todo chicas urbanas; la gente mayor que me siente como de su familia y me escriben cosas bonitas llenas de cariño, y luego estarían los que me quieren ligar. (Risas).

¿Qué es lo mejor de ser jiennense? «El aceite de oliva y la mala follá» (Risas)

Seré todo lo simpática que tú quieras, pero si te tengo que decir algo te lo voy a decir sin rodeos.

Antes muerta que perderte una Feria de Andújar ¿no?
¡Hombre! Es que las ferias de mi tierra son lo más: la de Villanueva, la romería de la Virgen de la Cabeza… Una pena habérnoslas perdido todas este año. 

¿Qué te dicen tus padres?
Están encantados. Yo creo que cuando salgo en algún programa se ponen todos guapos y bajan a la calle para que la gente les diga: “Acabo de ver a tu niña tele”. (Risas). 

Por cierto, tu padre fue modelo en París en los años 70. ¿Tu destino estaba escrito?
Mi padre trabajaba en una casa de alta costura. Las señoras iban a ver y a elegir diseños, y después de las modelos que los mostraban salían los hombres para ver si las clientas elegían algo para sus maridos. No era un modelo como hoy lo entendemos, pero sí, desfilaba en París. (Risas). Mi padre era tornero fresador y acabó formando parte del equipo de Jacques Cousteau como mecánico. Un verano le pidieron que posara con una de las cámaras submarinas para una publicidad —porque mi padre es muy guapetón— y una cosa llevo a la otra. A mis abuelos no les hacía ninguna gracia, las cosas como son.

Flora González o el lado bueno de las cosas.

¿Te han engañado alguna vez?
Me han decepcionado. Yo soy feliz porque tengo buena salud y mala memoria. (Risas). Si me han engañado no me acuerdo.

¿Cuál es tu sexto sentido? «Sé lo que le va a gustar a la gente. Y tengo un superpoder: como todo lo que quiero y no engordo»

¿En qué eres la mejor y en qué un desastre?
Soy superdesastre como amiga: llego tarde, soy un caos, se me olvidan las fechas… pero me lo perdonan porque soy leal y honesta. Y soy buena es ser muy optimista, siempre busco el lado bueno de las cosas.

¿Qué has aprendido durante la pandemia?
Que no pasa nada si paras. Desde que llegué a Madrid no había dejado de correr, como si el mundo se fuese a ir al traste si me paraba, pero no, no pasa nada cuando la ruedita del hámster se queda quieta.

En determinado punto fuiste protagonista de las revistas del corazón, ¿mejor olvidarlo?
Durante demasiado tiempo ponías en Google mi nombre y aparecía la relación con mi ex.

«Hoy tecleas mi nombre y solo aparecen temas relacionados con mi trabajo. Eso es lo que importa»

¿Qué te hace terriblemente feliz?
El sol, el calor y los desayunos largos. El verdadero lujo es levantarte a la hora que quieras y desayunar sin prisas.

¿Te da miedo envejecer?
Tengo un aspecto aniñado y durante muchos años quise parecer mayor para ganarme el respeto profesional y ahora, si pudiera, me quedaría como estoy. (Risas).

¿Qué quiere construir Flora González? «Una vida a su manera»

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