Cintia Lund

Esperanza synth pop
Fotografía: Inma Mariscal

Se crio en un bosque sueco entre ciervos y ardillas. Fue en un instituto canario donde pasó la edad del pavo. Y se hizo mayor caminando entre las luces y las sombras de los rascacielos de Nueva York.

Cintia Lund (Las Palmas de Gran Canaria, 1994) es la nueva esperanza del panorama musical español porque, sí, ella tiene talento —lo cual es digno de agradecer en estos tiempos en los que las discográficas disparan a boleo y presentan cada fin de semana quince nuevos ‘bombazos’ que acaban transformándose en humo—.

Lund camina a paso firme dispuesta a escribir una gran página en la historia del synth pop nacional. Debutó en inglés hace tres años, pero ahora —afortunadamente— también ha encontrado su voz en castellano. Y mola. Mucho. A mediados de 2021 verá la luz su segundo álbum y —por lo que hemos oído— calará. Llega para quedarse. Arriba la gente elegante, diferente e interesante.

¿Cintia era la típica niña que jugaba a ser cantante famosa?
En mi caso, la música siempre ha estado ahí, no recuerdo ningún momento en el que no estuviese. El otro día me recordaron en una entrevista que siempre me presentaba al Festival de la Canción de mi municipio, en Gran Canaria. Yo diría que la primera vez que me presenté tendría, como mucho, 7 años. La primera canción que canté fue Hace frío ya, que es la que se escucha al final de Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí versión de Ma Che Freddo Fa de la cantante italiana Nada—. Y sí, soy de vocación temprana, pero de típica nada. (Risas).

¿De quién eras la más fan del mundo?
Me encantaban las Spice Girls. (Risas). Supongo que no sueno muy original, pero lo cierto es que me chiflaban. En casa se escuchaba a Los Panchos, La Unión, Tina Turner y todo lo que ponían en MTV, cuando MTV era realmente un canal musical.

De Las Palmas de Gran Canaria para el mundo: Cintia Lund © Inma Mariscal

Apenas quedan programas musicales.
Y tanto. Mi última canción, Aquí en Madrid, está rotando ahora en MTV, pero hay que esperar hasta las cuatro de la mañana para cazarla en un programa que se llama Insomnia porque el resto del día solo emiten realities.

«Ahora mismo soy muy fan de ‘Los conciertos de Radio 3’, de RTVE, son buenísimos. Y menos mal que existen canales como YouTube o Vevo»

Sitúanos, por favor, en tus antecedentes familiares. Naces en Canarias y a tus tres meses la familia se instala en Suecia.
Mi padre es sueco y mi madre, cántabra. Pero en el fondo los dos son supercanarios. A mí se me da muy bien hacerme la sueca, tanto como la española, según me dé. (Risas). Vivíamos cerca de un pueblecito que se llama Hallsberg, en pleno bosque.

«Así pasé mi infancia: entre árboles, ardillas y ciervos»

Y, luego, vuelta a Canarias.
Sí, mis padres se separaron y todos regresamos a Canarias. La adolescencia y el instituto los pasé aquí. Estudiaba sueco para no perder el idioma y algunos veranos volvía a Hallsberg.

Con 18 años te instalas en Nueva York. ¿Cómo conseguiste dar ese paso siendo tan joven?
Acabé el instituto y tocaba decidir qué estudiar y yo elegí matricularme en la asignatura New York. En casa no estaban demasiado a favor, la verdad, pero de alguna forma logré convencerles. (Risas). Allí vive un tío mío con el que me instalé. Supongo que por eso me dejaron ir.

¿Qué querías hacer en Nueva York?
Probar suerte con la música y aprender inglés. Empecé a conocer gente, sobre todo a través de Facebook, con la que quedaba para ir a conciertos; así fui construyendo mi red de músicos y personas creativas e interesantes. Salía mucho por Brooklyn. 

¿Cuál fue tu primera aproximación profesional a la música?
Antes de vivir en Nueva York había pasado allí un verano en el que —y no me preguntes cómo me las agencié porque ni yo misma consigo entenderlo— tuve más de treinta conciertos repartidos por toda la ciudad.

«Creo que me hice todas las salas pequeñas de Manhattan, Queens y Brooklyn. (Risas). Ahí adquirí muchísimas tablas»

Imagen de Cintia Lund en Guíame, adelanto de su inminente segundo álbum: Aquí en Madrid. La artista canaria viste del diseñador García Madrid.

¿Dónde editas tu primer álbum, ‘New York Anthem’ (2017) —en el que encontramos joyas como ‘Red Velvet’ o ‘I’m Not a Hipster’—, en Estados Unidos o en España?
De Nueva York me fui a Estocolmo, donde grabé los doce temas que componen el álbum, y de allí me vine a Madrid, donde vivo y donde decidí ir a por todas. Aquí, dando un concierto, se cruzó en mi camino la gente de Subterfuge Records y con ellos lo publiqué.

«Digamos que aterricé en Madrid con el trabajo ya hecho, con el disco bajo el brazo»

Etiquetar a un músico actual en una sola dirección resulta ya imposible porque sois la consecuencia de cientos de influencias que mezcláis y volvéis a mezclar hasta obtener —los que sois especiales— algo propio. En ti detectamos una poderosa base techno, dream pop deliciosamente ingenuo, pinceladas psicodélicas y una preciosa voz, trasparente, que por momentos pueden llegar a ser muy rockera. ¿Cómo te ves tú?
Me encaja perfectamente todo lo que apuntas. Últimamente han estado definiendo mi música como synth pop y también me siento a gusto en esa etiqueta.

Los proyectos en solitario suelen ser más duros. ¿Quién te apoya en tu carrera de fondo?
Todo tiene sus ventajas y desventajas. Si yo tuviera una banda de mí dependerían muchas menos cosas, tendría menos responsabilidades, pero no podría tomar todas las decisiones, cosa que ahora sí hago. (Risas).

«Definitivamente, prefiero estar sola que para eso es mi proyecto»

Y tampoco es que esté sola, hay gente que me apoya mucho, como Fernando Díez Cabeza, que me ayuda con los vídeos y en ocasiones ejerce de mánager.

¿Alguna vez has estado a punto de tirar la toalla o eres de naturaleza positiva?
Tirar la toalla significa rendirse y fracasar. Para mí es impensable lo uno y lo otro. No seguir componiendo, no seguir tocando, son dos opciones que no entran en mi naturaleza. Es impensable. He tenido malos momentos, claro.

«Me he sentido mal, frustrada, sin ver un euro, pero no se me pasa ni por la cabeza dejarlo todo. Yo no tiro la toalla»

Lo mejor de una carrera en solitario es que las decisiones las toma uno mismo y si encima son acertadas —como en el caso de Cintia Lund—, mejor que mejor © Inma Mariscal

Hablemos de ‘Aquí en Madrid’, canción dedicada a la ciudad en la que siempre te sientes «a salvo». ¿Qué te empuja a componer este hit de atmósfera techno ochentera?
Madrid es el resultado de haber vivido en muchos sitios, la necesidad de encontrar un punto estable.

«En Madrid encontré mi discográfica, estoy alcanzando un montón de metas, tengo el apoyo de los medios y un espacio para mi voz y mi música a través de los conciertos que puedo dar»

Quería agradecerle a la ciudad todo lo que me está dando, por eso compuse esta canción.

¿’Aquí en Madrid’ es el adelanto de tu segundo álbum o una canción suelta? Desde que los artistas no os ceñís al esquema viejuno —álbum con sus correspondientes canciones estrella— los oyentes nos encontramos un poco perdidos.
Soy plenamente consciente de que igual estoy liando un poco a la gente. (Risas). Tras New York Anthem grabé dos canciones — Hook y Sangre en el museo de cera (versión de la original de Los Nikis)— que significan mi transición del inglés al castellano. Me costó encontrar mi propio sonido en español, pero ya lo tengo. Las canciones Guíame (publicada en abril de 2020) y Aquí en Madrid —en octubre— son el adelanto del segundo álbum, que verá la luz a mediados de 2021 y se llamará como la canción: Aquí en Madrid.

Y si un día te levantas y ‘Aquí en Madrid’ se ha convertido en el himno del Ayuntamiento de Martínez Almeida o en el de la Comunidad de Díaz Ayuso… ¿qué?
Pues mira, con la que está cayendo, cualquier ayuda sería buena. (Risas). La verdad es que la canción podría ser, perfectamente, el himno de la ciudad. A mí me parecería estupendo. (Risas).

Con la pandemia ha «aprendido a apreciar aún más lo que es la vida y el valor de esos pequeños detalles que tendemos a no valorar, como la libertad», apunta Cintia Lund © Inma Mariscal

¿Cómo ves la capital ahora mismo, a principios de noviembre de 2020?
Madrid da pena, está tristísima. Está tan apagada que no encienden ni el letrero de Schweppes, con eso te lo digo todo; queríamos sacarlo en el vídeo y no hacíamos más que ir y volver a Callao y siempre nos lo encontrábamos off. Y nosotros venga a preguntarle a los municipales que cuándo lo encendían, pero nadie sabía nada.

«Me da mucha pena porque Madrid no es nada sin sus bares, sus tapas y su ocio. Madrid era alegría y ahora mismo es algo muy triste»

¿Has sacado algo en limpio de esta pandemia?
Bueno, se supone que todos nos hemos encontrado un poco más a nosotros mismos, pero en mi caso fue dejar de estar encerrada y empezar a sentirme realmente bien, mucho más productiva. Espero no volver a pasar por un confinamiento. He aprendido a apreciar aún más lo que es la vida y el valor de esos pequeños detalles que tendemos a no valorar, como la libertad.

Tu imagen, exquisitamente cuidada, es sobria, fría e, indiscutiblemente, elegante. ¿Qué buscas al crear tu personaje?
No estoy creando un personaje. Cintia Lund es la persona con la que estás hablando ahora mismo y la que ves en la portada de un disco, en un vídeo o en un concierto. Es cierto que tengo un nombre artístico, pero ahí acaba el artificio.

«Yo lo que busco es sentirme cómoda, por eso no uso tacones. Me gusta ser práctica y elegante, de ahí que vista trajes de García Madrid, que son maravillosos. Mi peinado también es diferente, no lo lleva casi nadie en España. Me siento distinta y, claro, eso mola»

«Me siento distinta y, claro, eso mola», palabra de Cintia Lund, esperanza del synth pop patrio © Inma Mariscal

¿Cómo son tus puestas en escena? ¿Tienes dos registros: uno intimista y otro multitudinario?
Cintia no hay más que una. Me da igual tener delante a cincuenta personas o a cincuenta mil, me voy a entregar de igual modo. Con los tiempos que corren, cada concierto es un motivo de celebración, una auténtica victoria. Cada concierto tiene su magia.

¿Quién te dio el mejor consejo, ese que siempre tienes presente?
Tendría que pensarlo. No, mira, ya sé: consejos vendo para mí no tengo. (Risas).

¿Qué metas se ha marcado Cintia Lund?
Quiero ser feliz con lo que hago y llegar hasta donde la música me lleve. Y, para qué te voy a engañar, me gustaría vivir bien de la música.

«Yo no voy a tirar la toalla. Soy una tía creativa, original e imparable»

Cintia Lund, 26 años perfectamente amueblados. En la imagen, durante la presentación de la colección otoño/invierno 2020/21 del diseñador Manuel García de García Madrid, al que le une una gran amistad.

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