Willy Toledo

Equilibrio y aceptación
Dibujo: Ignacio Lobera

Guillermo Toledo (Madrid, 1970) es una persona de ideales constructivos que cree firmemente en lo que defiende y lo pelea aun a riesgo de perjudicarse. Sin embargo, la edad le ha descubierto la herramienta del sosiego y antes de emprender cualquier nueva cruzada, ahora, se lo piensa dos veces. Por descontado, nada de todo esto quiere decir que Robin Hood haya aparcado su arco y su flecha. Impulsor y protagonista de Animalario —aquella compañía de teatro valiente que triunfó agitando conciencias—, vuelve a los sets de rodaje españoles acompañando a Mateo Gil en un elegante thriller con forma de miniserie —‘Los favoritos de Midas’ (Netflix)— en torno a lo más sucio y detestable de este mundo: el dinero.

Dibujo: Ignacio Lobera

¿Cómo pasas a formar parte de ‘Los favoritos de Midas’?
Me enteré a través de Ana Sainz-Trápaga, que es la jefaza de casting de la serie. Me llamó, me comentó que el proyecto llevaba dos meses poniéndose en pie, que había llegado la hora de arrancar y que Mateo quería que yo interpretase a uno de los personajes. Entré como un guante. (Risas).

Esta es la primera vez que trabajas con Mateo Gil (coguionista de ‘Tésis’, ‘Mar adentro’, ‘Ágora’). ¿Cómo os conocisteis?
Nos encontramos en el rodaje de La lengua de las mariposas. Mateo era asistente de dirección, algo así como la mano derecha de José Luis Cuerda, y yo actuaba en la película. Hace más de veinte años ya. Luego nos fuimos volviendo a encontrar, pero mayormente de fiesta. (Risas).

Guillermo Willy Toledo —o la serenidad a los 50 años— es parte del reparto del thriller español del momento: Los favoritos de Midas © Netflix

¿Cómo es trabajar a las órdenes de Mateo Gil?
Antes que nada, quiero decir que yo soy fan de Jack London desde pequeño porque mi padre me regalaba sus novelas y esta historia, Los favoritos de Midas, está basada en una de ellas. Trabajar en una historia de Jack London versionada y dirigida por Mateo ha sido un regalazo, una alegría gigantesca.

«Fue empezar a trabajar y darme cuenta de que Mateo es una gozada porque conoce, respeta y disfruta como nadie dirigiendo a los actores. Nos da la importancia que yo creo que merecemos»

Es de esos directores que invierten mucho tiempo hasta estar completamente convencido de que los actores le han dado el máximo. Transmite confianza absoluta. Es un lujazo.

Interpretas a un inspector de policía superado por una serie de crímenes imprevisibles. ¿Cómo construiste tu personaje?
El primer referente que se me pasó por la cabeza fue Peter Falk interpretando a Colombo. Lo hablé con Mateo y le pareció bien porque también lo había imaginado, más o menos, así. Es un personaje tranquilote, veterano, con mucha experiencia en todo tipo de crímenes, que ahora debe enfrentarse a una situación completamente nueva. Empecé con mi particular homenaje a Colombo y luego construí mi propio personaje.

En los últimos doce años has hecho mucho teatro, pero poco cine en España. ¿Lo echabas de menos?
En teatro no he parado, afortudamente. He estado haciendo un teatro muy artesanal y muy libre en todos los sentidos. Cada vez somos menos en el teatro y más complicado sobrevivir. Estuve trabajando en Argentina. Allí hice películas como 27: El club de los malditos o la serie Psiconautas. Pero aquí: cero trabajos.

«Tras ‘Los amantes pasajeros’, de Almodóvar, formé parte de algunas producciones independientes, que es tanto como decir producciones del hambre porque nadie cobra»

Me involucré en proyectos como Historias de Lavapiés, de Ramón Luque, o Black is beltza, de Fermín Muguruza, porque me entusiasmaron. Pero, insisto, hay que comer. (Risas).

¿Qué hacemos con el nuevo mantra: el ser políticamente correcto?
Fíjate que quien ahora reivindica lo políticamente incorrecto es la extrema derecha. En las redes sociales, entrevistas y proclamas de Vox —y satélites— abunda lo políticamente incorrecto, que en esencia son ellos mismos. (Risas). Hay mucha gente, demasiada, cayendo en el paro, el hambre y la desesperación. La pandemia está precipitado el desastre, con miles de pequeños comercios cerrando todos los días. No podemos pasar por alto todo esto.

Willy Toledo y Luis Tosar buscan respuestas en Los favoritos de Midas a las órdenes de Mateo Gil © Netflix

Decir lo que uno realmente piensa suele traer problemas. ¿Hacer lo contrario es traicionarse?
Yo no me arrepiento de nada. De las cagadas he aprendido tanto como de los aciertos.

«Lo que sí he aprendido con los años es a elegir mejor mis batallas: ¿para qué ahí?»

En realidad, sigo siendo la misma persona y sigo defendiendo lo mismo que he defendido siempre. La experiencia vital te enseña que hay lugares a los que ni si quiera merece la pena acercarse.

«Sigo creyendo que hay que estar al cabo de la calle escuchando a la gente y olfateando la realidad para conocer de primera mano lo que de verdad ocurre»

Estudiaste en el Colegio Estilo, adscrito a las teorías educativas de la Institución Libre de Enseñanza —centradas en construir el carácter de los alumnos a través de la educación física, artística y moral con ideales de paz siempre en el horizonte—. ¿Qué te aportó ese colegio?
Fundamentalmente, amigos. Con el tiempo me di cuenta de que el sistema educativo de esa institución no era distinto, por autoritario, al de las otras de la época. Al menos esa es la impresión que yo me llevé. Alberto San Juan también estudió en ese colegio y él tiene un recuerdo completamente distinto al mío. Eso sí, hice cuatro buenos amigos con los que disfrute de la primera adolescencia como nadie. Eso es lo que me llevé de allí.

¿Qué te queda de tu etapa en Estados Unidos cuando empezaste a estudiar teatro?
Estuve en Athens, una ciudad pequeña de Georgia, en el sur profundo de Estados Unidos. Estuve allí del 85 al 86, una época en la que aún existían lugares para blancos y lugares para negros. Pasé un año realmente estupendo en el que conocí a gente maravillosa, empezando por mis profesores. Yo nunca me había llevado bien con ningún profesor, en mi vida, (risas), hasta que llegué a EE UU donde encontré a dos o tres bastante magníficos.

«Soy un enamorado de la cultura norteamericana, sobre todo de su música y de su cine»

Era esa época en la que todo lo que veías en la tele que molaba venía de América, así que poder vivirlo fue alucinante. Tenía 15 años y lo disfruté muchísimo. Luego, obviamente, habría que hablar de la otra cara de EE UU.

Y en EE UU decides que quieres ser actor. ¿Cómo te dio por ahí?
Mis padres me mandaron allí porque yo era muy mal estudiante y me tocaba repetir segundo de BUP.

«Básicamente, en aquella época mi objetivo era practicar la ley del mínimo esfuerzo» (Risas)

Me fui a EE UU con la idea de disfrutar la experiencia al máximo e intentar sacar notas algo decentes; ya se sabe que allí todo es bastante más fácil que aquí. Total, que en Athens había que elegir algunas asignaturas optativas en las que yo, obviamente, no había pensado.

«El primer día de clase me tocó sentarme al lado de un chaval que llevaba una camiseta de Jim Morrison y yo me dije: este va a ser mi amigo todo el año. Y así fue. Mi amigo había decidido apuntarse a drama, a teatro, y yo… pues me apunté con él. Así empezó todo, de la forma más fortuita»

Hablemos de Animalario (1997-2014), la compañía teatral fundada por ti, Alberto San Juan, Nathalie Poza y Ernesto Alterio. ¿Por qué se disolvió?
Por problema económicos. Como a tantas compañías, la crisis de 2008 nos dejó temblando. No podíamos hacer frente a tantos gastos como teníamos y acabamos acumulando una señora deuda. Para intentar solucionarlo pusimos en pie El montaplatos, de Harold Pinter, en la que actuábamos solo Alberto y yo para hacer algo de dinero y así saldar la deuda. Ese fue el momento crítico, luego todo el mundo empezó a hacer otras cosas y Animalario, simplemente, se desvaneció.

Luis Tosar interpreta a Víctor Genovés, un millonario víctima de una extorsión sin precedentes, en Los favoritos de Midas © Netflix

Animalario —junto a grandes autores como Juan Mayorga o Juan Cavestany, entre otros— protagonizó grandes momentos en la historia reciente del teatro español afrontando temas tabú nunca antes abordados sobre las tablas. Obras como ‘Alejandro y Ana: todo lo que España no pudo ver del banquete de boda de la hija del presidente’ (2003), ‘Últimas palabras de Copito de Nieve’ (2004), ‘Hamelín’ (2005), ‘Urtaín’ (2008)… ¿De cuál de todas estas funciones guardas un especial cariño?
Mis favoritas son El fin de los sueños, escrita por Alberto San Juan; Hamelín, de Juan Mayorga, y Alejandro y Ana, de Mayorga y Cavestany. Fue una etapa impresionante, diez años espectaculares en los que ofrecimos montajes muy potentes con llenos totales.

«Fue un etapa de una creatividad absoluta, explosiva, en la que nos lo pasamos muy bien porque éramos muy golfos» (Risas)

En 2013 —en vísperas de la invasión de Irak—, Alberto San Juan y tú presentasteis los Goya y el ‘No a la guerra’ se apoderó de aquella ceremonia. Cuentan las crónicas que el Gobierno de Aznar, a partir de aquella noche, prácticamente criminalizó al cine y a los actores españoles. ¿Cómo ves hoy todo aquel mogollón?
Fue un momento de inflexión. A partir de ahí empezó toda una campaña de desprestigio sobre los actores: que si titiriteros, apesebrados, subvencionados… Toda esa matraca que lanzaban desde los medios de comunicación, sobre todo desde lo más situados a la derecha —si es que hay alguno que no lo está—.

«Ahí empezó una guerra abierta declarada por el Partido Popular. Rondaban teorías de la conspiración sobre la trama de aquellos Goya y, en realidad, no había nada planificado más allá de un par de alusiones al tema y los cartelitos de ‘No a la guerra’, que fue una idea de última hora. La gente se fue animando sola y entre todos se montó una noche histórica, pero no había consignas»

El talentazo que había sobre aquel escenario, la energía, transformó el jolgorio en reivindicación. 

¿Qué tal te llevas con tus 50?
Están bien. Los 50 me han traído serenidad. Me he vuelto más casero, mucho más lector. Practicamente no salgo, no me interesa.

«Estoy en una fase pausada y serena, pero igual de mosqueado con lo que no funciona que siempre»

Si te decimos Twitter, ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza?
Inmundicia. (Risas). Inmundicia de la que participo, por cierto.

Willy Toledo, un tipo con corazón © Ignacio Lobera

Después de todo, ¿qué tal te llevas con Willy Toledo?
Hay conflicto. (Risas). La mayor parte del tiempo estoy contento y tranquilo. Lo mejor de tener 50 —antes no lo he dicho— es que cada vez te aceptas más; aceptas tus partes positivas —la bondad, la capacidad para querer— y tus gilipolleces.

0%