Kiko Alcázar

No sin mis filtros

En su carrera de artista digital en imparable expansión hay dos grandes momentos: el de la profesora rancia que le dijo que sus fotografías y su trabajo no valían para nada —y eso duele— y el del descubrimiento de Photoshop, ese programa que él ha transformado en herramienta absoluta para dar vida y color a todo lo que habita en su fructífera cabeza. Los artistas digitales están naciendo hoy y —aunque aún no cuentan con el respaldo de la crítica, tan analógica ella— han llegado para quedarse porque el futuro del arte es tan de ellos como del pincel y el óleo. Nuestro protagonista se llama Kiko Alcázar (Valls, Tarragona, 1977) y por su arte deambulan inocencia, fantasía, ironía, surrealismo y altas dosis de idealización. «Es un juego que a nadie hace daño». Por cierto, Lady Gaga le ama y tú también lo harás tras leer esta entrevista.

¿De dónde viene Kiko Alcázar?
Nací en Tarragona, pero me crie en Valls. Fui un niño normal, muy extrovertido y con bastante imaginación. Me encantaba dibujar a todas horas. Pertenezco a esa generación que todavía tenía pandilla y jugaba en la calle. 

¿Cómo y cuándo se manifiesta el artista que había en ti?
Fue un proceso bastante lento, atípico. Yo quería estudiar Bellas Artes, pero no pudo ser. Lo más parecido que me pillaba a mano era Historia. Aguanté un año. Lo dejé e inmediatamente me puse a estudiar fotografía.

Cósima Ramírez Ruiz de la Prada © Kiko Alcázar

¿Qué aprendiste en la escuela de fotografía?
Poco. Me matriculé, pero a los cinco meses tuve un problema serio con una profesora y lo dejé, lo cual agradezco porque fue el detonante que me empujó definitivamente a hacer lo que quería hacer. Con aquella mujer solo existía un punto de vista: el suyo. Nos pidió un trabajo y yo me centré en el Mazinger Z a tamaño real que hay en un parque cerca de Valls. (Risas). Mis compañeros entregaron unas fotografías muy profundas e intensas, todo muy oscuro, mientras que yo me dediqué a mi Mazinger Z y al color, todo muy pop.

«A la profesora no le gustó nada mi trabajo, lo descartó al instante. Empezamos a discutir en medio de la clase y como ninguno de sus razonamientos me parecieron consistentes cogí mis cosas y me fui dando un portazo»

Quiero que conste que soy una persona tranquila a la que es bastante difícil sacar de sus casillas. (Risas).

Hasta que unos años después, en 2003, se cruza en tu camino Adobe Photoshop, el programa de edición fotográfica desarrollado por los hermanos Thomas y John Knoll. ¿Te cambió la vida descubrirlo?
Totalmente. Estaba en un estudio fotográfico y alguien lo estaba usando y yo venga a hacer preguntas. Me dijeron, cállate y mira.

«No daba crédito con todas las posibilidades que ofrecía Photoshop»

Man and cats under Memphis Milano arc © Kiko Alcázar

Tu manejo del Photoshop va del cum laude al virtuosismo. ¿Eres de esas contadas personas de este planeta que dominan todas y cada una de sus funcionalidades?
Mmm… creo que sí. (Risas). Todo lo que sé lo he aprendido de forma autodidacta. Son años de trabajo.

«Empiezas quitando un grano o una arrugita y mira dónde puedes acabar» (Risas)

No es habitual encontrar artistas digitales que hayan sido capaces de llevar el uso de esta herramienta tan lejos.
Lo normal es que Photoshop se utilice para engañar al ojo idealizando una imagen. Yo lo que pretendo es llevarlo al extremo, al retoque masivo y a la creación de otras realidades. Y siempre sin dejar de divertirme.

Spider © Kiko Alcázar

En los últimos diez años, el retoque ha pasado de estar mal visto, de ser criticado y el centro de monótonos debates —en este país nadie aceptaba ser retocado para salir en una revista, pero la inmensa totalidad de protagonistas lo exigían bajo cuerda— a algo habitual y cotidiano gracias, en parte, a los filtros idealizadores de los móviles. ¿Qué ha ocurrido?
Que hemos aprendido a jugar con la realidad.

«Todos sabemos como somos, cuales son nuestros defectos y como es la realidad en la que vivimos. Entonces, ¿por qué no jugar con lo de siempre y ser diferentes? Idealizar no hace daño a nadie»

Muchos de tus personajes de hoy fueron protagonistas de la Movida madrileña, que no viviste. ¿Por qué esa añoranza?
Tengo cierta parte mitómana. Creo que todos los fotógrafos y la gente que nos dedicamos a la imagen la tenemos. Disfruto conociendo a gente que, de una forma u otra, me ha marcado. Me divierto mucho llevándolos a mi terreno.

Agatha Ruiz de la Prada © Kiko Alcázar

Una de tus musas indiscutibles es Agatha Ruiz de la Prada, como también lo es Cósima, su hija. ¿Vuestro respectivos mundos de fantasía y color estaban llamados a colisionar?
Nos conocimos a través de Paco Clavel por unas fotos que le hice a Paquito en las que iba vestido con ropa de Agatha. A ella le gustó mucho mi trabajo y me dijo que pidiese lo que necesitase.

«Mis imágenes son exageradas y viajan hasta los extremos, y eso a Agatha le encaja muy bien»

A partir de ahí empecé a fotografiarla tanto a ella como a Cósima. Gracias a Agatha he expuesto en París, en su tienda. La verdad es que las dos siempre se han portado genial conmigo. Nos llevamos muy bien.

Pop drama night © Kiko Alcázar

Instagram se ha convertido en el galerista de cientos de miles de artistas emergentes. ¿Es más difícil que nunca destacar hoy en día?
No me obsesiono con destacar o no, yo me centro en ser fiel a mí mismo.

«Llamar la atención en las redes sociales es muy fácil: basta con provocar o darle a la gente lo que quiere ver, pero eso es venderse»

Yo no me preocupo por los seguidores o los me gusta. Afortunadamente, sigue habiendo una línea que separa al influencer del artista. No me preocupa este tema.

¿Alguna vez has estado a punto de tirar la toalla o eres de naturaleza positiva?
Malos momentos siempre hay, pero nunca he pensado en dejarlo todo. A mí los malos momentos me ayudan a concentrarme y me motivan para hacer algo que vaya a más allá.

Pin up © Kiko Alcázar

Entre Instagram y Twitter atesoras seguidores de esos que le quitan a uno el hipo y la tontería: el mítico fotógrafo Marcus Leatherdale, el cantante Boy George, la que fuera editora de Vogue USA Grace Coddington o su alteza real Lady Gaga. ¿Cómo es posible?
Ni idea. (Risas). Un día te levantas y ves que tienes un nuevo seguidor en Twitter y resulta que es Lady Gaga. Y yo, claro: ¡no puede ser la de verdad! Pero es, es. (Risas). A los pocos días me empezó a seguir también Nicola Formichetti, su director creativo. Me siguen pero nunca me han dicho nada.

Cualquier día te piden una portada.
¡Uy, ojalá! (Risas). Eso sería muy grande.

Jellyfishes © Kiko Alcázar

Cuéntanos, por favor, cómo llegas a la exposición benéfica de la fundación Fight Aids Monaco y cómo fue ese momento en el que te enteras de que Alberto de Mónaco ha comprado tu obra —un retrato pop de Greace Kelly, su madre—.
Llegué a Fight Aids Monaco a través del actor barcelonés Manel Dalgó, que colabora con ellos como voluntario. A Manel —que hoy puedo decir que es un buen amigo— le gustaba mi trabajo y me seguía. Fue él el que me animó a presentar una obra. La última palabra la tendría la princesa Estefanía, que es la presidente de la fundación. Y Estefanía dijo que sí. Así que allí me planté. Cuando empezó la subasta la secretaría de Alberto de Mónaco me dijo que iban a por mi trabajo. Y así fue. Empezó en 1.500 euros y se vendió por 16.000.

«Así que, nada, ahora formo parte de la colección privada del príncipe Alberto» (Risas)

La Tate Modern distinguió en 2008 una de tus fotografías: ‘Trapecista con mono’. ¿Cómo llegas hasta la Tate Modern?
A través de un concurso al que me presenté sin esperar nada. Elegían a cien autores y nos presentamos más de quince mil. Salí elegido entre los cien y eso se tradujo en una exposición y un catálogo del que me siento muy orgulloso de formar parte. Fue otro de esos momentos que me motivaron mucho. Pequeñas recompensas que te da la vida.

Paco Clavel © Kiko Alcázar

¿Has sacado algo en limpio de la pandemia?
Que debemos recuperar la libertad que teníamos antes.

¿Te has marcado alguna meta?
Me pongo pequeñas metas, pasos a seguir, uno detrás de otros, pero no grandes metas.

«Lo mío es fluir y evolucionar»

Kiko Alcázar por © Kiko Alcázar

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