Ruth Iniesta

La soprano deseada

Protagonista indiscutible —junto al tenor Carlos Álvarez— del 30 aniversario del montaje de ‘La del manojo de rosas’ del Teatro de la Zarzuela, Ruth Iniesta (Zaragoza, 1985) — «Zaragozana pero de Madrid» — es el nuevo milagro de la lírica española, la soprano deseada. Como en las mejores historias, sus principios no fueron fáciles. Jugaba a ser Whitney Houston o Céline Dion, pero la realidad —lógicamente— le exigió estudiar y enderezar antes su maravillosa voz. Su primer acercamiento al ámbito profesional fue a través de los musicales de la Gran Vía. Mucho casting, mucho coro y poco protagonismo. «El público quiere ver gente alta y guapa», llegaron a decirle. Hasta que se hartó, al tiempo que el repertorio lírico —en plan aparición mariana— se materializaba ante ella. Sintió que su voz podía con el legado clásico y con mucho más y descubrió que existían nuevas emociones capaces de atravesar su ser cada vez lo interpretaba. También ha sido dependienta y hasta teleoperadora, pero eso lo dejamos para cuando hagan la película de su vida. La ópera y la zarzuela tienen ya una nueva estrella: larga vida a la Iniesta.

‘La del manojo de rosas’ no tiene secretos para ti. Hace años interpretaste —también en el Teatro de la Zarzuela— un papel menor, el de Clarita, y ahora, por fin, te has ganado el protagonismo al llegar a Ascensión. ¿Qué le ha dado Ruth Iniesta a esta Ascensión, esa señorita bien venida a menos y reconvertida en florista?
He intentado que mi Ascensión sea una mujer muy solar, muy positiva. Es una chica venida a menos, pero no por ello está amargada. Ha descubierto que formar parte de la clase obrera no está tan mal y apuesta por ser feliz. Es una muchacha noble que opta por ver lo bueno de la vida, es sencilla y, sobre todo, muy alegre.

Ruth Iniesta, 35 años, muchas tablas y una voz milagro, de esas de una entre un millón.

Tu compañero, el barítono Carlos Álvarez, cosechó el otro día un bis por su interpretación del ‘Madrileña bonita’ ante un público completamente entregado. ¿Se ha estrechado la relación público-artista tras la pandemia?
Carlos está en un auténtico estado de gracia. A pesar del velo al que nos obliga la presente situación —esa incomodidad evidente que está ahí: distancias, mascarillas y demás— hay algo especial en el aire. Hay mucha emoción en el ambiente.

«En el Teatro de la Zarzuela siempre me siento como en casa, pero está vez sí es cierto que algo más: hay mucho amor, aunque no podamos tocarnos o abrazarnos»

La gente no puede venir a los camerinos, pero nos está mandando mensajes preciosos a través de las redes sociales.

«Está habiendo mucha magia porque todos somos conscientes de que subirse hoy a un escenario es un doble privilegio»

Eres una soprano en franco ascenso que comenzó su carrera profesional en los musicales de la Gran Vía madrileña. Hubo un tiempo en el que obviaste esa etapa en tu currículo. ¿Por qué?
Era otro momento, pero ahora las cosas han cambiado. Me aconsejaron que ocultase mi faceta rock porque en el mundo lírico podrían verme como alguien procedente de algo inferior. Al final decidí no volver a callarme nada porque todo es aprendizaje y saber estar sobre el escenario. Me aconsejaron mal.

«Llevo subida a un escenario desde los 18 años, y no fue hasta los 24 cuando me decanté por la lírica. No me parecía justo renegar de seis años de mi carrera. Hoy defiendo todo lo que fui y lo que soy»

De los musicales de Gran Vía a los teatros clásicos. Todo es posible si se desea con fuerza.

¿Cómo te formaste hasta llegar a tu primer musical?
Por algún rincón de la casa de mis padres debe andar una casete de cuando yo tenía 3 años en la que ya cantaba. Yo siempre quise dedicarme a esto, pero la visión practica de mis padres me lo desaconsejaba. «De eso no se puede vivir», era la frase. Pero seguí insistiendo hasta que un buen día un tío me regaló un órgano eléctrico. Con 10 años conseguí que me apuntasen a danza, solfeo y piano.

«A esa edad quería ser cantante de pop. Aprendí de las mejores, de Whitney Houston y Céline Dion» (Risas)

Hasta que el profesor de solfeo me sugirió que dejase el piano para centrarme totalmente en mi voz. «Es lo tuyo», me dijo. Acabé COU, hice mi selectividad —por si acaso (risas)— y me dediqué a la lírica en el conservatorio.

¿Estudiabas y trabajabas a la vez?
Totalmente. Un día estaba en casa y oí la noticia de que empezaba un casting para el musical Sonrisas y lágrimas. Y allí me presenté tras buscar el sitio por internet. No me cogieron, pero tampoco me desmoroné. He ido alternando musicales con trabajos de dependienta, teleoperadora, telemarketing y lo que hiciese falta. (Risas).

«Mi primer musical serio, importante fue ‘We Will Rock You’, el homenaje a Queen. Tenía 21 años. Estuve dos temporadas y aprendí muchísimo»

Era una paliza, con días de dos funciones y cuando no eras la protagonista te tocaba estar en el coro. Era matador y maravilloso a la vez. Ahí nació mi actual familia de amigos.

¿Qué te da la lírica que no te daban el rock o el pop?
Toca otras fibras de mi ser. Descubrí un repertorio diferente que me abrió un abanico de posibilidad que mi voz podía abarcar. Eso y otra forma de hacer teatro, de poder saciar mi sed de contar historias.

«En el teatro musical no me daban papeles protagonistas por el físico, básicamente porque soy bajita. Me llegaron a decir que el publico solo quiere ver gente alta y guapa»

Me acomplejaron bastante, la verdad. Mi último musical fue Los miserables, pero no me daban protagonismo ni a tiros. Acabé quemadísima y me fui. Casualidades de la vida, en aquellos mismos días me llamaron de Sonrisas y lágrimas para una gira de verano y les dije que no. Ciao. Necesitaba emprender otro cambio y empecé a presentarme a todos los concursos de canto que se cruzaron en mi camino, sobre todo los del Teatro de la Zarzuela. Y así conseguí el papel de Carmela de La vida breve.

«Ese fue mi nuevo principio»

Ruth Iniesta y Carlos Álvarez, soprano y barítono, arte y arte, sobre las tablas del Teatro de la Zarzuela en el montaje que celebra el 40 aniversario de La del manojo de rosas, del célebre director de escena Emilio Sagi © Javier del Real

El director de escena Emilio Sagi [protagonista de influyo_ el 09.11.2020] cree firmemente en tus posibilidades y en tu futuro. ¿Adonde quiere llegar Ruth Iniesta?
No lo sé, la verdad. La vida me ha enseñado a cambiar. Lo único que tengo claro es que, por muchos planes que uno haga, la vida es quien decide por ti. Emilio me dio mi primer papel importante, el de Clarita, en mi primer Manojo de rosas. Sagi me ha abierto muchas puertas y algunas sin yo saberlo. Hice un intensivo en la Accademia Rossiniana de Pésaro y cuando lo acabé me enteré de que Emilio les había escrito una carta recomendándome vivamente. Aprendo muchísimo a su lado y le quiero mucho.

«Yo lo que quiero es dejarme llevar y seguir disfrutando»

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