Jorge Marazu

Camino de perfección

Sin llegar a los extremos de su más ilustre paisana, Teresa de Jesús, con aquello de «la única razón que encuentro para vivir es sufrir», Jorge Marazu (Ávila, 1986) ha sabido transformar la adversidad en virtud con forma de nuevo disco: ‘La gran belleza’ (Universal), doce canciones que son consecuencia directa de uno de esos momentos de la vida en los que hay que tener valor para dejarlo todo hasta encontrar el equilibrio que te guiará en la próxima etapa. Marazu posee una gran voz propia con la que viaja de la luz a la oscuridad y de la tristeza a la felicidad con verdad y elegancia. Ante él, dos grandes desafíos: vivir de la música —el presente da miedito— y conseguir que cuando se hable de Ávila sean al menos dos las personas que nos vengan a la cabeza —esto último, claro, es cosa nuestra—. Si la vida ha de ser un camino de perfección lo mejor será que nos acompañe la música de Marazu.

¿Ser de Ávila imprime carácter?
Cada lugar tiene su impronta, pero yo, en general, intento no ceñirme demasiado a los patrones estipulados, a los estereotipos. Supongo que los abulenses, por castellanos, somos más recios.

«Soy recio, pero también muy emocional»

¿Existe una escena musical en Ávila?
La verdad es que no mucho. Hay gente haciendo cosas interesantes, como Nacho Sánchez, premio Max de las Artes Escénicas. En los dos últimos años —hasta la pandemia— se percibía una mayor actividad, tanto en salas que programaban teatro como en bares que ofrecían conciertos. Hay un grupo de gente joven que sí se está moviendo.

Tenemos la sensación de que eres el primer y único músico abulense de la historia. ¿O nos estamos olvidando de alguien?
(Risas). La verdad es que no hay demasiados músicos abulenses. En los ochenta hubo un grupo de música folclórica que se llamaban Cigarra y se dedicaban a rescatar música tradicional. Y poco más.

El protagonismo de Santa Teresa os tiene a todos eclipsados.
Podría ser. Tener referentes tan potentes como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz hace que no nos atravamos a destacar. Es broma. (Risas).

Marazu: pasión intramuros de Ávila para el mundo © Universal Music

¿Cómo despertó el músico que había en ti?
De la forma más natural. Con tres o cuatro años mis padres me apuntaron a clases de música; recuerdo a la profesora como a un personaje sacada de un cuento de hadas, era magnífica. Nos enseñó a jugar con la música. Después pasé por la Escuela de Música de Medina del Campo y por el Conservatorio de Ávila, y todo eso unido a que mi padre era cantante de orquesta. En casa siempre ha habido música de todos los colores.

«En algún momento de mi adolescencia sentí la necesidad de componer, pero sin mayores pretensiones. Hasta que un buen día me di cuenta de que eso podría ser mi profesión»

¿Qué tenías a mano para componer?
En casa había una guitarra muy mala de un curso de CCC que había comprado mi padre y que nunca llegó a hacer. Esa guitarra fue el primer instrumento que agarré y del que saqué mis primeros acordes. Años después me regalaron una acústica, tardé mucho en contar que estaba componiendo.

¿Cómo te alimentabas musicalmente?
Quitándole las cintas a mis padres: Ketama, Manolo García, Revolver… Hasta que llega un momento en el que necesitas algo más, algo diferente. No era como ahora que tenemos internet y las plataformas de streaming.

«Lo que hacía era buscar en revistas como Efe Eme o Rolling Stone entrevistas o biografías de mis artistas favoritos para descubrir cuáles eran los grupos que les habían influido y luego localizarlos»

Investigaba y encontraba, y todo lo hacía muy apasionadamente. Con mis amigos no podía montar un grupo o compartir gustos musicales. El friki entre los míos era yo.

¿Siempre has sido apasionado?
Yo creo que pasión e inquietud son las palabras que mejor me definen. Me viene de familia. Las personas apasionadas lo somos para lo bueno —que siempre es lo mejor del mundo— y para lo malo —que siempre es lo más terrible—. En este sentido, asumo la vulnerabilidad que conlleva ser así.

¿Qué te ocurrió el 23 de junio de 2018, tras el último concierto de la gira de ‘Lumínica’, tu anterior álbum? ¿Qué es lo que no iba bien?
No fue cosa de un día. No me sentía bien desde hacía tiempo. Tocaba cambiar de fase y —como soy como soy— lo viví como una especie de Hiroshima. Había poner un punto y aparte. Necesitaba reencontrarme.

«Las cosas no iban mal, pero estaba perdiendo la ilusión. Por eso paré, para tomar distancia y verlo todo con perspectiva. No estoy diciendo que renegase de mis primeros trabajos, más bien fue que, de repente, me vi diferente»

Los grupos, la mayoría, a los diez o quince años se separan —los que no lo hacen son los que se convierten en mitos (risas)—, y eso fue lo que me pasó: necesitaba separarme de mí.

La gran belleza es el cuarto álbum de Marazu tras La colección de relojes (2012), Escandinavia (2015) y Lumínica (2017) © Universal Music

Esta necesidad de recogimiento interior te devolvió a Ávila —tras años instalado en Madrid— y a una cuenta corriente poco rumbosa.
Sí, volví a casa. Fue una decisión meditada, no la tomé a lo loco. Era consciente de que los ingresos caerían y de que tocaba entrar en una fase de austeridad.

«En cierto sentido, lo cambié todo para invertir en tiempo y poder trabajar tranquilamente»

Me puse una disciplina diaria para componer, diseñar portadas, imaginar vídeos y crear, en definitiva, mi nueva imagen.

‘La gran belleza’ (Universal) —resultado de la etapa que acabamos de comentar— es un viaje eléctrico en el que tu voz —cada vez más poderosa— recorre simas y cimas, luz y oscuridad. ¿Satisfecho?
Sí. Quería mostrar todo lo que soy. Si hay que bajar se baja al máximo, pero cuando toca subir hay que explotar lanzando fuego. Este disco es un viaje entre hostias emocionales, momentos dolorosos y estallidos de vida. La idea era darlo todo y no dejar a nadie indiferente. En este propósito me ha ayudado muchísimo Paco Salazar, mi productor.

¿Qué coordenadas deben alinearse para que puedas componer a gusto?
Lo que necesito es cierto equilibrio. Para mí la inspiración es un estado de ánimo, que no es ni tristeza ni felicidad. Cuando estás muy triste no puedes componer porque estás jodido, solo cuando empiezas a superarlo puedes hacerlo.

«Digamos que cuando mejor escribo es cuando alcanzo un estado de sensibilidad. (Risas). No sé explicarlo de otra manera. Si lo controlase del todo estaría todo el día produciendo»

Compones para artistas como Raphael, Miguel Poveda o Pasión Vega, entre otros. ¿Duele separarse de una canción?
Todo lo contrario, no duele nada. Es una satisfacción total y un galón que te cuelgas en la solapa. Tengo la suerte de componer para gente que admiro y, aunque no me dedique a ello de forma sistemática, es un orgullo. Es un desafío fascinante porque tienes que meterte en sus cabezas y dar con sus claves.

¿Qué pasó con la ‘no canción’ para Ana Belén?
Fue una situación muy dolorosa. Me llevo muy bien con David San José, el hijo de Ana y de Víctor, somos muy amigos. Hace cuatro o cinco años, le pasé una canción y le dije: David, cada vez que la escucho imagino a tu madre cantándola, no sé por qué, pero la veo e ella. La oyeron y les encantó, pero en ese momento Ana no tenía previsto ningún disco. Pasó un tiempo y, con un nuevo álbum en el horizonte, me llamaron para pedirme la canción pero, con todo el dolor de mi corazón, tuve que decirles que la acababa de grabar yo. La canción se llama 29 y forma parte de Lumínica (2017). Me pidieron otra, pero me pilló en pleno proceso de La gran belleza, superabsorbido, y no hubo manera.

«Le debo una canción a Ana Belén»

¿Cómo es tu relación con la fama?
Muy natural. Vivo en Ávila, la gente me reconoce —también porque fui futbolista y jugué en el Real Ávila (risas)— y todo es amable y respetuoso. No es lo mismo tener 18 que 34 años, ya no estamos en edad de que se nos vaya la pinza. (Risas).

Los 35 se dibujan en su horizonte. Definitivamente, Jorge Marazu ha entrado en la edad del equilibrio © Universal Music

¿Cuándo volverás a los escenarios?
Si todo va bien, a principios de año empezaremos una gira con toda la banda por varias ciudades. Antes de que acabe 2020 sacaremos un nuevo single del disco con una colaboración muy especial de la que aún no puedo hablar, pero prometo que va a ser muy especial.

¿A dónde quieres llegar?
El sueño ha ido cambiando con los años. Según está todo, me gustaría no perder la ilusión para seguir asumiendo retos y vivir impulsado por la certeza de que todo sigue yendo hacia adelante, pero sin obsesionarme por llenar plazas de toros o festivales.

«El negocio está complicado. El reto es seguir avanzando, sacar buenos discos con el apoyo y la logística necesarios y poder vivir de la música. Ya no se trata de querer ser una estrella»

Eso es lo que quiero, seguir en esto, paso a paso, y llegar al mayor número de gente posible para compartir mis pasiones.

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