Josemaría Passalacqua

Supercaligráficoespialidoso
Fotografía: Diana Martín

A sus cuarenta y todos, Josemaría Passalacqua (Buenos Aires, 1971) es el calígrafo de protocolo por excelencia de este reino, país al que llegó hace ahora dos décadas por un amor que resultó fallido y en pleno boom de las .com. Virtuoso del trazo y la escritura, este —como él dice— «artesano al servicio del lujo» ha hecho que la imperfección perfecta de sus manuscritos sea objeto de deseo entre las víctimas del fashion system, las altas esferas y la gente con muy buen gusto.

Defensor de la singularidad y la personalización —siempre a caballo entre la rutina del amanuense y las exigencias digitales—, nuestro protagonista afronta con pasión cada papel en blanco a la hora de depositar sobre él una palabra, una frase o un texto —y sin importar que haya que replicarlo una, diez, cien o mil veces—. Passalacqua se confiesa solitario, obsesivo y caótico. Esta es su historia y estas son las causas y las consecuencias de sus mutaciones.

De profesión, calígrafo. ¿Qué línea trazaste para llegar hasta aquí?
Mi abuelo y mi padre eran ingenieros de profesión y calígrafos por afición. Sin buscarlo, rompí ese molde para quedarme con el latido. La técnica perfecta del primero y la personalidad del segundo dejaron en mí una impronta de la que no quise escapar. Eso sumado a ser hijo de los años setenta y ochenta, a los libros de ductus heredados y a mi carrera de Diseño Gráfico, cuando todavía se estudiaba analógicamente con profesores entusiastas. Todo eso me convirtió en un autodidacta en materia caligráfica, de forma silvestre primero y proyectual después, pero siempre espontáneo y muy manual.

Empezaste tu carrera en Buenos Aires, tu ciudad natal, y lo dejaste todo para venir a Madrid hace dos décadas. ¿Por qué aquel cambio?
Llegué a Madrid por el impulso de un enamoramiento fallido en pleno 2000, después de haber trabajado durante años como diseñador gráfico en Buenos Aires en estudios de diseño, agencias, empresas audiovisuales y editoriales.

Passalacqua o la vida a los cuarenta y todos © Jimena Cuerva

¿Qué te llevó hasta la caligrafía de protocolo?
El sitio de calígrafo de protocolo, al menos en España, estaba ocupado por gente con letra bonita a la que no se le pedía demasiado; cubría bodas y poco más. Los calígrafos historicistas y los de protocolo no se mezclaban, salvo en contados casos para algún trabajo muy exquisito. En esa etapa, yo solo usaba la caligrafía para aplicarla a algunos de mis diseños gráficos. La verdad es que no tenía ni idea de que pudiera dedicarme a esto en exclusiva y todo se materializó —cómo no— por casualidad.

«Cuando empecé en España fui una especie de bisagra entre la caligrafía historicista y la expresiva o contemporánea. Esa posición me dio la oportunidad de ofrecer algo diferente —en técnicas y formas— en el mundo del protocolo. Me hice muy versátil»

La caligrafía en diseño no tenía demasiado sitio porque, al encontrarnos en pleno estallido digital, era percibida como algo anticuado.

Llegaste en pleno boom de las .com
Sí. Y después de flirtear con ellas —con toda aquella euforia y tantísimo diseño corporativo— decidí que tenía que bajar el nivel de ansiedad e inestabilidad emocional que me ocasionaba el haber cambiado de país para ponerme a escuchar con calma lo que llevaba dentro.

«Me rompí para rearmarme y volver a lo manual y esencial, a esa pureza que siempre había estado conmigo»

Me pusé a caligrafiar como un loco, a probar, a frustrarme, a experimentar, a investigar y, sobre todo, a sorprenderme. Eso gustó a mis primeros clientes que fueron creciendo de forma exponencial año tras año y de boca en boca. Mi boom particular empezó hace doce años cuando todo empezó a ir más rápido al calor de las redes sociales.

Diez, cien o mil. Dependiendo de la urgencia del encargo —todos son para ayer— hay que dedicarle mucho amor a cada uno de estos tarjetones. Personalización y singularidad como lujo by @passalacqua_calligrappening

Tu nombre es refencia indiscutible en el sector del lujo. ¿Donde están tus principales clientes?
En líneas generales, trabajo para empresas y marcas asociadas a la moda y el lujo —como Hermès, Chanel o Loewe— creando piezas efímeras —invitaciones, tarjetones, sobres, sitting, etcétera—. Son encargos que cumplen una función complementaria de imagen corporativa. En los últimos años, el abanico se ha abierto y he tenido oportunidades sorprendentes. He ilustrado libros de fábulas con Bruno Ruiz Nicoli y Julio Jiménez Corral; he hecho un mural impresionante para Casa de América en Madrid fusionando a Gloria Fuertes con María Elena Walsh; he escrito a mano cuentos inéditos de Julio Cortázar; he desarrollado colecciones cápsula con Massimo Dutti y he colaborado con infinidad de diseñadores. También he creado, siempre a mano, logotipos para fotógrafos, cocineros, restaurantes, editoriales o exposiciones, y he escrito directamente sobre cuerpos humanos, prendas de ropa, objetos… La lista es larga.

¿Qué es lo que más valoran y lo que más encargan tus clientes?
El trabajo de protocolo es tan repetitivo que un calígrafo tradicional lo rechazaría.

«Yo encuentro mi vuelo en la caligrafía y —así sean diez o diez mil unidades y aunque me rompa la espalda— trato cada una de las piezas como si fuese única. Ese es mi valor: la personalización, la singularidad»

Nuestro protagonista se ve a sí mismo como «un personaje romántico atrapado en la contradicción entre el amanuense y las exigencias digitales» © Allen Bonilla

¿Cómo te llevas con las redes sociales?
Creo que me pasa lo que a todo el mundo, las odiamos pero son un mal necesario. No me considero paradigma alguno de nada. No las uso para expresar opiniones diarias ni para enseñar mi vida personal o social.

«Solo uso Instagram para dar visibilidad a los trabajos hechos y, a veces, para oxigenarme con imágenes significativas para mí»

¿Por dónde van los tiros en la caligrafía?
No hago mucho caso a las tendencias. Trato de conectar mi estado de ánimo con los materiales a utilizar —tipos de papel, tintas—, el encargo y el gusto del cliente.

«No miro mucho qué sucede a mi alrededor porque me volvería loco al asumir todo lo que no sé hacer. Intento ser paciente conmigo mismo, explotar lo que sé y explorar lo que no»

Disfruto mucho con esas pequeñas evoluciones que acaban convirtiéndose en algo más grande, pequeños detalles que, tarde o temprano, acabarán plamados en trabajos venideros.

Colaboración Navidad 2020 de Passalacqua con la Fundación Aladina contra el cáncer infantil @passalacqua_calligrappening

Hablemos de tus técnicas.
Como calígrafo de protocolo me siento muy cómodo con la plumilla, de trazo ondulante y modulado.

«Practico una escritura metódica y estable con exabruptos de gestualidad o —por el contrario— una escritura muy reglada, casi arquitectónica, donde la composición juega el papel principal»

¿Cómo es tu estilo?
Soy totalmente orgánico, adaptable y, como buen obsesivo, mis definiciones tienen tantos matices que ni yo conozco, pero lo que sé es que me gustan el ritmo, los gestos y las variaciones dentro de la repetición. Cuando se trabaja a mano, nada sale igual por más que escriba lo mismo.

Lo importante no es que te inviten a esa fiesta, lo sublime es que tu invitación la ha escrito Passalacqua @passalacqua_calligrappening

«Eso es lo que esperan de mí, una imperfección perfecta»

Lo mismo da que sea con pluma y tinta, rotulador, pincel o palos y escobas. Lo importante es que detrás de todo eso hay alguien que respira, que contiene, que late, que usa dedos, mano, brazo y cuerpo para escribir. Todo eso se percibe y hace de la caligrafía algo completamente humano.

¿Cómo ha evolucionad tu arte?
En mi caso, el autómata se ha transformado en un personaje romántico que vive en esa contradicción entre el amanuense y las exigencias digitales. Al calígrafo de protocolo, en mi caso, se le han sumado el diseñador y el artista. He aceptado mi caos hasta convertirlo en virtud.

Alerta roja @passalacqua_calligrappening

¿Alguna manía confesable?
Trabajo en casa, con luz focal fuerte —cada vez veo menos— y en soledad. El confinamiento es mi medio natural. Me concentro al máximo día, noche o fines de semana, dependiendo de la urgencia del encargo —todos son siempre para ayer—. Me gusta que la radio esté encendida, es mi principal toma de contacto con la realidad.

¿Qué hacemos con las grandes fiestas a las que la gente acude convocada por tu puño y letra?
Prefiero ser como la viejecita que bordaba para Gabrielle Chanel en su casita del campo. (Risas). Soy un tipo solitario, un Diógenes que vive rodeado de cientos de tintas y papeles; el típico tímido que parece un antipático.

«No doy clases, no escribo libros, no soy quién para sentar cátedra. Mi narcisismo queda satisfecho cuando al cliente le gusta el trabajo realizado»

¿La caligrafía es una profesión mutante?
Sin duda. Hay manuales para aprenderla, pero no sobre cómo aplicarla o para qué usarla. Eso me lo fui inventando a medida que pasaban los años y cambiaban las necesidades de los demás y las mías propias.

«Que nada nos impida soñar» para Harper’s Bazaar @passalacqua_calligrappening

¿Qué futuro le auguras a tu profesión?
Los calígrafos no estamos colegiados, sindicados, ni siquiera medio normalizados. Vamos todos por libre y por lo tanto la profesión está asilvestrada. Personalmente prefiero que siga así para que cada uno busque su disciplina de oficio con honestidad. En el siglo XX hay muchos ejemplos de profesiones y oficios que se mezclaron y que al principio andaban a la gresca. En el terreno que me compete, artistas, artesanos, arquitectos, publicitarios y algunos más que pasaban por allí parieron a los diseñadores gráficos. Al principio todo era espontáneo y luego se acusaron mutuamente de deslealtades hasta que lograron parcelarlo. Más tarde vinieron los ordenadores y los diseñadores fibrilamos porque en la copistería de la esquina hacían diseño bastardo hasta que volvimos a ordenarnos todos.

«Ahora vienen las tabletas gráficas que imitan a la perfección el trazo de un pincel, volvemos a entrar en crisis hasta que nos acostumbremos. Y así seguirá el ciclo, pero sobreviviremos»

Lo más probable es que @passalacqua_calligrappening provenga del Siglo de Oro y se encuentre atrapado en nuestra era al tomar una puerta equivocada en el Ministerio del Tiempo © Diana Martín

0%