Ana Alarcón

Emprende la llama que hay dentro de ti

¿Qué lleva a una psicóloga que trabaja en un departamento de recursos humanos a dejarlo todo para alistarse —profesionalmente— en una ONG? La certeza de saber que es mucho más constructivo ayudar a la gente a labrarse un futuro que echarla a la calle. Desde hace seis años, Ana Alarcón (El Provencio, Cuenca, 1979) es la responsable de los programas de emprendimiento en Acción contra el hambre y baraja con soltura términos como economía social, empleabilidad, inclusión e igualdad. Fruto de su esfuerzo y de muchas vueltas a la cabeza son varias metodologías —todas ellas novedosas en forma y fondo— para animar a dibujar un futuro mejor a personas en situación de vulnerabilidad, especialmente mujeres. Si estás en un mal momento, pero tienes una idea que crees que podría funcionar —porque late como una llama dentro de ti—, Ana Alarcón y su equipo te ayudarán. Ahora o nunca.

¿Qué hace una psicóloga como tú en una ONG como Acción contra el hambre?
Siempre me han interesado los temas sociales. Mis primeros trabajos fueron en departamentos de selección de personal y recursos humanos, pero no me gustaron demasiado. Me interesaban más las cuestiones de inclusión sociolaboral y empecé a virar hacia ese tipo de asociaciones y ONG. Ahí sí empecé a encajar, me gustaba mucho más el trabajo. De los temas de inclusión sociolaboral pasé a plantear proyectos de emprendimiento y así fue como llegué a Acción contra el hambre; ellos estaban empezando a abordar este tipo de proyectos más allá de los de cooperación y desarrollo que les habían caracterizado.

Imaginamos que para ayudar a emprender a los demás uno mismo ha de ser muy emprendedor.
Sí y no, depende de muchos factores. Siempre digo que se puede ser emprendedor de muchas maneras porque emprender no solo es montar un negocio. Cuando en Acción contra el hambre desarrollamos nuestros programas procuramos que sean muchas las personas que intervengan en el proceso, sobre todo para que haya riqueza de enfoques. Una persona que alguna vez haya emprendido tiene una experiencia concreta por su bagaje, pero eso también condiciona. Nos gusta que en el equipo haya muchas personas aportando diferentes puntos de vista.

«En el equipo de emprendimiento de Acción contra el hambre hay ahora mismo cerca de treinta personas con perfiles y experiencias muy diferentes. Eso es lo que pretendemos: ofrecerle a la persona que quiere emprender la mayor cantidad de enfoques posibles»

Un solo asesor, una sola opinión, no siempre es suficiente.

¿Cómo ves el actual panorama económico y social? ¿Estamos en una playa en la que la marea ha bajado inusualmente como aviso de un tsunami que va a arrasar con casi todo, sobre todo con los más desfavorecidos y la clase media?
Sí, pero yo soy de naturaleza optimista. Estamos viendo la ola venir y ahora es cuando tenemos que poner los medios para que el impacto sea lo menos traumático posible, para que no arrase con todo. No le voy a quitar gravedad a esta crisis, pero sí creo que hay muchas soluciones que están en nuestras manos y que debemos ir activando para evitar un golpe demasiado duro. Ahora mismo, ya se están movilizando ayudas, recursos, medios y programas para ir paliando toda esta situación.

«La gente con la que estamos trabajando, la que llega a Acción contra el hambre para que la ayudemos a emprender, se acerca a nosotros con valentía y espíritu optimista»

¿La misión de Acción contra el hambre consiste en asesorar o también hay un apoyo de índole económico?
Las dos cosas. Asesoramos, aconsejamos y también ayudamos con la parte económica y técnica. Tenemos acuerdos con distintas entidades para conseguir financiación para los proyectos con forma mayormente de microcréditos. Acompañamos a la gente desde que llega a nosotros con una idea hasta el final, les ayudamos durante todo el proceso. No acudimos en busca de financiación hasta que el proyecto no está completamente atado, hasta que el técnico asignado no constata que hay una posibilidad real de éxito. Si no llegamos a este punto no queda otra que quitarle a la persona esa idea de la cabeza. Es nuestro día a día.

Una sonrisa para afrontar el futuro. Ana Alarcón es la experta en emprendimiento y género de Acción contra el hambre.

Si nos fijamos en los sectores sociales que os piden ayuda, ¿qué es lo más inédito que os ha traído la pandemia?
En los últimos años los perfiles han ido cambiando. Normalmente, atendemos a muchas personas inmigrantes, sobre todo mujeres. Lo que sí hemos observado a partir de la pandemia es que ahora nos llegan muchísimas más mujeres que antes con un proyecto, pero la mayoría de las ideas que finalmente salen adelante son las propuestas por hombres. Otra tendencia es que cada vez nos llega gente más formada, con carreras y másteres; y muchos jóvenes, cada vez más.

«La gente joven de hoy tiene fama de no contar con demasiada iniciativa, pero en nuestro caso estamos detectando lo contrario. Nos llegan muchos jóvenes con ideas chulísimas muy vinculadas con temas de futuro, sobre todo de carácter medioambiental»

¿Hasta qué punto hay que blindarse el corazón —como miembro de una ONG que a diario comparte las duras situaciones personales de otras personas— para no llegar a casa hecho polvo?
Esto pasa muchas veces, sí. Nos llega gente con problemas muy gordos, muy complicados de resolver. Nosotros podemos llegar hasta un punto, pero hay límites a partir de los cuales ya no podemos hacer nada. Es parte del día a día, de tu trabajo, y así lo tienes que asumir.

«Hay problemas ajenos que no se te van de la cabeza y llegas a casa y sigues dándoles vueltas. La clave está en saber que vas a hacer todo lo posible —y un poco más— por esas personas»

El límite está entre lo que es posible y lo que no es posible.

También eres la responsable de género de los programas sociales de Acción contra el hambre. ¿Cuál es el principal objetivo por el que velar?
Estamos muy centrados en todo lo que tiene que ver con el empleo. Las estadísticas hablan claro y nos dibujan una gran brecha entre mujeres y hombres en cuestiones de empleo y emprendimiento. Los hombres emprenden más, y en empleo las mujeres acceden a trabajos siempre más precarios y con peores condiciones. ¿Por qué ocurre esto? Por todo el tema de los cuidados, que recaen mayormente sobre ellas: hijos, mayores, personas con discapacidades, etcétera.

«Empleamos mucha energía en hacer ver a las mujeres que no son menos capaces que los hombres a la hora de emprender, que todo se debe a una serie de prejuicios culturales y a las malas educaciones»

Nuestros programas son integradores. Hay una gran parte de sensibilización y mucho análisis: cuáles son los obstáculos y cómo se pueden afrontar.

¿España es un país solidario?
Sí, cien por cien, lo somos. Hay muchos datos que lo demuestran. España es un país que se vuelca ante una crisis, mucho más que otros países.

A la hora de realizar una donación todos nos enfrentamos a una gran barrera psicológica: a dónde irá a parar realmente mi dinero. ¿Cuán intachable es vuestra política de transparencia?
Tenemos una férrea política de transparencia. En nuestra web se pública absolutamente todo lo que hacemos con el dinero de las donaciones. Tenemos alrededor de cuarenta auditorías externas anuales y nosotros mismos contamos con nuestro propio departamento de auditorías. Es un proceso constante.

«Internamente, tenemos una serie de procedimientos para justificar cada euro, cada bolígrafo que se compra. Es la parte más latosa del trabajo, un auténtico infierno» (Risas)

¿De pequeña ya eras solidaria? ¿Siempre estabas pendiente de ayudar a las niñas y niños de la clase?
Un poco sí. (Risas). En la adolescencia tuve clarísimo que quería trabajar en algo que sirviese para ayudar a los demás. Me viene de fábrica.

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