Carlos Montero

La fórmula de la adicción
Fotografía: Jaime Olmedo

Imagínate que llegas a Madrid desde tu pueblecito orensano para estudiar cine y coincides con dos chavales estupendos con los que acabas compartiendo piso. Uno se llama Mateo (Gil) y el otro Alejandro (Amenábar) y los dos tienen un talentazo excepcional. No pasa nada porque —caprichos del destino— tú también lo tienes.

Señoras y señores, ante ustedes Carlos Montero (Celanova, 1972), uno de nuestros más grandes guionistas de televisión y, sin duda, uno de los de mayor proyección internacional; todo un experto en contar historias de institutos —las series ‘Física o química’ y ‘Élite’ son suyas— cuya progresión avanza en imparable ascenso bendecida por las hadas buenas de la calidad y la solvencia.

‘El desorden que dejas’ (Netflix) es su última creación, un thriller de ocho episodios tocado por esa gracia a la que todos aspiran y muy pocos alcanzan: conseguir crear una serie adictiva que no puedes dejar de ver. Querido Carlos, queremos más y lo queremos ya.

Otra serie con trasfondo de instituto firmada por Carlos Montero. Alumnos con problemas versus profesores con problemas. Nos llama poderosamente la atención el alto poder adquisitivo de los maestros de ‘El desorden que dejas’ (Netflix), todos con unas casas dignas de portada de revista de decoración. ¿Los docentes de Novariz —pueblo gallego imaginario en el transcurre la acción rodado entre Celanova, Allariz, Ribadavia y los cañones del Sil— ganan el triple que los del resto de España?
(Risas). Siempre pretendo que mis universos resulten confortables. No tengo ningún problema a la hora de subirle el estatus económico a mis protagonistas. Me gusta que parezca que ganan dinero, no tengo ningún problema con eso.

«Me he criado viendo series americanas en las que todos tienen casas estupendas y eso mismo es lo que quiero en mis trabajos. Prefiero que el realismo venga por otro lado, por la imperfección de los personajes, por su turbiedad, por cómo caen y se levantan y se vuelven a caer»

Cuando veo uno de esos telefilmes de sábado por la tarde en los que la protagonista tiene cáncer y una casa que es puro lujo pienso, vaya, pobre, tiene cáncer, pero también un casoplón. (Risas).

Inma Cuesta, Carlos Montero y Bárbara Lennie durante el rodaje de El desorden que dejas —esto sí que es física, química y lo que haga falta— © Netflix / Jaime Olmedo

‘El desorden que dejas’ es un thriller sin detective oficial en el que una profesora de literatura —interpretada por Inma Cuesta— recién llegada a Novariz se ve obligada a investigar la muerte de su antecesora. Al escribir la historia, ¿siempre supusiste que sería un thriller psicológico o el género se fue apoderando de la historia a medida que avanzabas?
Siempre tuve presente el thriller. Me gusta decir que es un thriller de personajes atrapados en un drama. Lo importante, más allá de la muerte que vehicula toda la serie, son los personajes y cómo les afecta todo lo que sucede a su alrededor. Al personaje de un policía o un detective, por ejemplo, no le permitiría que le afectase lo que ocurre a su alrededor.

«Me hacen mucha gracia esas series en las que los policías sufren todo el rato. Pero, por favor, ¡si es su trabajo!» (Risas)

No es creíble que empaticen tanto con la víctima de cada caso. No, no y no.

Carlos Montero es uno de los mejores guionistas de televisión de este país. Cuando escribes ‘El desorden que dejas’ —Premio Primavera 2016 a la mejor novela inédita en lengua castellana concedido por Espasa—, ¿lo haces pensando en una posible adaptación al cine o la televisión?
Sinceramente, no. Solo estaba escribiendo una novela. Lo que sí es cierto es que mi vertiente guionista siempre se impone cuando escribo, por eso resultó una novela muy dialogada, muy visual y con mucha acción. No la escribí pensando en una posible adaptación, pero está claro que mi forma de contar se impuso. No sé hacerlo de otro modo.

«Cuando la acabé y gané el premio Primavera surgió la posibilidad de adaptarla, aunque lo cierto es que al principio no me apeteció demasiado hacerlo. La novela era algo acabado y no tenía demasiadas ganas de volver a ella»

Pero me insistieron y acepté, sobre todo porque me había quedado con ganas de contar más detenidamente la historia de Viruca (fantásticamente interpretada por Bárbara Lennie), la profesora que aparece muerta. Por ahí tiré y por ahí acepté volver a este universo.

Carlos Montero o cómo tenerlo todo bajo control a los 48 años © Netflix / Jaime Olmedo

Eres uno de esos poquísimos casos en el que el novelista acaba dirigiendo la adaptación cinematográfica de su propia obra.
Sí, no es algo habitual. Soy un tipo raro. (Risas). Al final, inevitablemente, pesa más mi bagaje audiovisual que el de escritor. Como escritor soy un advenedizo. (Risas).

Pues ya tienes dos novelas: ‘Los tatuajes no se borran con láser’ y ‘El desorden que dejas’, ambas editadas por Espasa.
Insisto, llamarme novelista es muy osado. (Risas).

Si algo tiene ‘El desorden que dejas’ —además de obrar el milagro de ser una serie absolutamente adictiva, de esas que no puedes dejar de ver— es su espectacular reparto, con Inma Cuesta, Bárbara Lennie, Arón Piper, Tamar Novas o Roberto Enríquez, entre otros. ¿El casting es cosa tuya o vino impuesto?
La idea de Bárbara Lennie la tuvo Emma Lustres (Celda 211, El Niño, Quien a hierro mata), productora ejecutiva de Vaca Films y de la serie. Obviamente, yo quería a Bárbara, pero ni por lo más remoto pensé que ella pudiese aceptar.

«Yo a Bárbara la tenía en el Olimpo del cine de autor más estupendo, siempre metida en personajes de mil aristas. Nunca creí que pudiese aceptar esta serie, ni de coña»

Emma me dijo: «¿Cómo que no? Vamos a proponérselo». Bárbara leyó los tres primeros capítulos, me llamó para quedar, quedamos y dijo que sí. ¡Maravilla!

Arón Piper, tan vulnerable como seguro de sí mismo, representa como pocos a la nueva generación de actores españoles con talento © Netflix / Jaime Olmedo

Todos los actores están fantásticos, pero el nivel al que llega Arón Piper en esta ocasión es brutal. ¿Esperabais que su interpretación resultase la bomba que es?
¡Claro! Arón es uno de los mejores actores de su generación. Tiene una mezcla perfecta entre persona vulnerable, atormentada, y supersegura de sí misma.

«Arón Piper es una mezcla explosiva y va a dar muchísimo de lo que hablar. Va a tener una carrera absolutamente magnífica»

El acoso en las aulas es el otro gran protagonista de la serie, enfocado en este ocasión de los alumnos hacia los profesores. ¿Qué te llevó a hablar de esta otra realidad?
El bullying siempre ha estado ahí, pero en este caso la perspectiva cambia porque nos fijamos en el sufrimiento de los profesores; he hablado con muchos de ellos y la verdad es que te cuentan unas historias tremebundas. Aquí nos centramos en la historia de una profesora que llega a un pueblo y se encuentra con toda una manada de lobos que la amenazan desde el primer segundo.

Hablemos de ti. ¿Cómo era ese niño de Celanova, Orense, que un buen día descubre que tiene una especial habilidad para escribir?
Lo descubrí tarde. No fui un niño prodigio. Me gustaba mucho leer, eso sí. Mi tía Amalia siempre me regalaba novelas. Me gustaban mucho las películas y la televisión, pero sobre todo veía tele porque en Celanova no teníamos cine; cuando abrieron el videoclub fui uno de los primeros en apuntarme. Soñaba con ser director y formar parte de ese mundo. Me vine a estudiar Comunicación Audiovisual a Madrid y aquí empecé, poco a poco. Me atraía muchísimo todo lo que tenía que ver con las series de televisión, y eso que todavía no existía el concepto de serie de prestigio tal y como hoy lo conocemos.

«Tuve la suerte de que mis compañeros de generación —y de piso— fueron Alejandro Amenábar y Mateo Gil. Ambos me abrieron muchas puertas»

Entre que a mí me gustaba más la tele y que ellos ya habían comenzado a labrarse un nombre en el cine, opté por centrarme en las series para no competir. (Risas). Fue la mejor solución para evitar peleas.

El desorden que dejas transcurre en Novariz, una localidad ficticia que se alimenta de hermosos rincones orensanos robados a Celanova, Allariz, Ribadavia o los cañones del Sil © Netflix / Jaime Olmedo

Entrevistando a Mateo Gil [protagonista de influyo_ el 18.11.2020] nos comentó que trabajar junto a Alejandro Amenábar es como hacerlo junto a una apisonadora de talento, alguien que —sin pretenderlo— te acaba eclipsando, por lo que ambos optaron por separar sus carreras durante un tiempo. ¿Te ha ocurrido a ti algo parecido?
(Risas). Yo no he tenido que alejarme de ninguno de ellos porque yo ya estaba en otro terreno. Mi relación con ambos es estupenda precisamente por eso, porque no hay una lucha de egos entre nosotros.

Tu primer trabajo serio como guionista fue ‘Al salir de clase’ (1997-2002). ¿Qué aprendiste en esa etapa?
Era un guionista más, escaletista, para ser más concretos.

«Era la primera vez que me pagaban por escribir y lo recuerdo como una sensación de éxtasis total porque me parecía que me pagaban una fortuna»

Normal, venía de trabajar como camarero así que imagínate. Era como que me sobraba el dinero. (Risas).

Luego te enrolas en ‘El comisario’ (1999-2009).
Ahí aprendí muchísimo a la hora de escribir gracias a Ignacio del Moral (Cuéntame cómo pasó), Joan Barbero (El príncipe), Verónica Fernández (El Bola) o Aitor Gabilondo (Patria). El comisario fue mi gran escuela, la verdad. Después hice algunas cositas que no funcionaron hasta que apareció Física o química (2008-2011).

Por cierto, ¿estás involucrado en ‘Física o química: El reencuentro’, el regreso de la mítica serie de adolescentes creada por ti?
No. No tengo ni idea de lo que estarán haciendo porque no han contado conmigo. Ni siquiera me han llamado. Estoy muy enfadado con ellos. Me parece supermal. Aunque, mira, es una forma de hacer televisión que ya nada tiene que ver conmigo. Cuando ni siquiera tienen en cuenta al creador de la serie pues… Menos mal que ya no estoy ahí.

Bárbara Lennie en una palabra: ma-ra-vi-llo-sa © Netflix / Jaime Olmedo

Y un buen día se materializa la posibilidad de crear ‘Élite’, tu mayor éxito hasta la fecha y una de las medallas que con más orgullo luce Netflix España. ¿Cómo asumes eso de tener una audiencia potencial de 158 millones de espectadores en todo el mundo?
Pues fue algo maravilloso. Netflix me dio el poder total para estar en el proyecto desde el principio hasta el final —nos dio, a Darío Madrona y a mí—.

«Estuve presente en todo el proceso, de la elección de los actores al montaje final de cada episodio. ‘Élite’ es la primera vez en la que me sentí autor total»

En Física empecé a experimentarlo, pero con Élite lo conseguí por primera vez, y ahora con El desorden ni te cuento.

Tu trabajo está marcado por dos constantes: temáticas de institutos y crecimiento constante en calidad y madurez como realizador.
He pasado de contar historias de alumnos a historias de profesores. Con El desorden he encontrado un tono y un realismo mucho más próximos a mí; después de todo mi edad es la de esos profesores.

Actriz y director: confidencias entre planos © Netflix / Jaime Olmedo

¿Las plataformas de streaming han entrado en escena para sostener a la industria cinematográfica?
Indiscutiblemente. Menos mal que han llegado, sobre todo ahora que el panorama se ha vuelto del todo desolador como consecuencia de la pandemia. Tener a empresas tan potentes detrás apoyándote y distribuyéndote por todo el mundo es un auténtico lujo.

«El streaming nos ha cambiado la vida a todos»

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