Hernández y De la Llave

Emprender, sorprender, convencer
Dibujo: Ignacio Lobera

Si hay dos personas en este país que tengan interiorizados los conceptos comunicación y relaciones públicas esas son Elena Hernández (Madrid, 1970) y Adolfo de la Llave (Talavera de la Reina, 1969). Se conocieron hace casi veinte años para, poco después, fusionar sus caminos profesionales para siempre. Hoy son los orgullosos socios fundadores de Just Be Comunicación, una agencia boutique —caracterizada por generar grandes ideas— que cuenta con clientes tan potentes como Samsung, Calzedonia o Agatha Paris, entre otros.

Las marcas, las celebrities y los medios de comunicación no tienen secretos para ellos. Muchos de los eventos más espectaculares de nuestro país —esos que ves en todos los medios de comunicación y en las redes sociales— llevan el sello de esta pareja imbatible que siempre sabe lo que quiere y —lo que es mejor— cómo lograrlo.

Dibujo: Ignacio Lobera

¿Qué diferencia Just Be de otras agencias? ¿Cuál es vuestra principal seña de identidad?
ELENA HERNÁNDEZ_ El valor diferenciador de Just Be es que, cuando diseñamos un evento, cuidamos al máximo hasta el más mínimo detalle, de la localización al storytelling. Nuestro objetivo es producir lo que nosotros llamamos el ‘efecto wow’ y que todo sea muy coherente. Cuando asumimos un proyecto y nos pasan el briefing construimos historias que lo engloben todo. Creamos distintos ángulos editoriales para obtener una rentabilidad en relaciones públicas y en medios de comunicación. Nos gusta plantear un retorno de la inversión importante a la hora de presentar nuestras propuestas.

ADOLFO DE LA LLAVE_ Elena y yo tenemos puntos de vista muy parecidos. Cuando nos reunimos planteamos una lluvia de ideas en la que intentamos casar la marca con la que vamos a trabajar con nuestro estilo para conseguir ese ‘efecto wow’. Para nosotros, la localización del espacio del futuro evento es fundamental. Como agencia, hemos descubierto muchas localizaciones que han sido un éxito. Estudiamos su viabilidad para que el cliente se sienta fascinado y para que la gente y la prensa, cuando lleguen, se sientan en un entorno completamente diferente. A partir de la localización, empezamos a crear ideas y a mezclar.

«Somos curiosos por naturaleza, nos interesan muchas disciplinas y nos gusta reunirnos con gente que admiramos. Interconectamos a muchas personas para que aporten mundos diferentes y así, de esa mezcla, obtener una nueva realidad, algo diferente»

Elena Hernández y Adolfo de la Llave son Just Be Comunicación o cómo llevar las relaciones públicas a otro nivel.

¿Cómo es vuestra relación? ¿Qué os aportáis el uno al otro?
ELENA_ Somos complementarios en todo. Nos conocemos desde 2001, empezamos a trabajar juntos en 2003 y, desde entonces, no nos hemos separado. Cada uno tenemos un rol en la empresa y entre los dos encajamos todas las piezas.

«De cara a nuestros clientes, es bueno que seamos diferentes y, a la vez, que estemos muy compenetrados»

ADOLFO_ Elena tiene una capacidad de organización muy potente y yo, una vena creativa que ella siempre me potencia; luego —tras mucha discusión constructiva— consensuamos lo que es viable y lo que no. Lo que siempre nos ha unido es que ambos tenemos un gran sentido estético.

«Podemos afrontar un tema desde puntos de vista opuestos, pero al final siempre acabamos coincidiendo»

¿Cuándo supisteis que os querías dedicar a las relaciones públicas?
ADOLFO_ Yo estudié Periodismo en la Universidad de Navarra, pero cuando acabé me di cuenta de que no tenía contactos, no conocía a nadie que me pudiese echar un cable. Afortunadamente, di con la comunicación. Con los años fui descubriendo que esto era lo mío, pero he de decir que también ha tenido que ver mucho la casualidad. Lo bonito de este trabajo es que, a medida que pasa el tiempo, vas encontrándote con capacidades que ni tú mismo sospechabas que tenías. Los dos nos movemos en las relaciones públicas y en la comunicación como peces en el agua, es nuestro medio natural.

«Creo que aún no somos del todo conscientes del privilegio que supone acceder a tanta información gracias a estar en contacto con la gente más talentosa y creativa, gente que empieza o que lleva ya mucho tiempo en esto. Somos muy afortunados»

ELENA_ Yo estudié Publicidad y derivé hacia la comunicación. Lo bonito de nuestro trabajo es que vas sumando muchas experiencias. Cada día es distinto y siempre descubres a gente interesantísima.

«Esta profesión motiva constantemente y yo la vivo con mucha alegría porque cada día aprendo alguno nuevo»

Si no os hubieseis dedicado a esto, ¿cuál habría sido vuestro plan B?
ELENA_ La decoración. Me encanta imaginar universos, buscar un espacio singular y crear algo nuevo. También me apasiona la moda.

ADOLFO_ Creo que podríamos tener un plan B conjunto en el mundo de la decoración porque a los dos nos encanta. Cuanto más nos adentramos, más nos gusta, pero no en plan interioristas. A nosotros lo que nos divierte es la decoración efímera, buscar un espacio vacío y crear un mundo pasajero.

A sus 51 años, Adolfo de la Llave es uno de los contados profesionales de este país que mejor ha sabido llevar el arte de las relaciones públicas y la comunicación a nuevos niveles de virtuosismo

¿Qué hay que tener para dedicarse a la comunicación?
ELENA_ En primer lugar, hay que ser una persona muy social, un relaciones públicas nato al que comunicarse con los demás no le suponga ningún tipo de esfuerzo. Las relaciones públicas son fundamentales en este negocio. Es imprescindible la mano izquierda y mantener buenas relaciones con la prensa, sabiendo analizar cómo es cada persona.

«A esto se suma que estar al día de las tendencias es obligatorio. Hay que estar perfectamente informado de todo»

ADOLFO_ Ante todo, tienes que ser una persona inquieta y curiosa, tiene que gustarte mucho la gente y es imprescindible conocer cómo funcionan los medios.

«Un buen relaciones públicas es el que conoce un medio de comunicación por dentro como si trabajara en él»

¿Qué es lo peor de esta profesión?
ADOLFO_ Cuando eres el propietario de tu agencia lo que manda es el corazón y eso, en muchas ocasiones, te lleva a puntos de estrés porque uno tiende a ser más exigente que sus propios clientes.

ELENA_ Aunque suene raro: para mí no hay nada malo. Me encanta mi profesión y lo que hago. Cada día es diferente.

¿Cómo es vuestra relación con celebridades y periodistas? ¿Dónde están los límites?
ADOLFO_ Los límites tienden a mezclarse muchísimo, ya que con periodista o famosos pasas muchas horas trabajando y viviendo momentos muy especiales. Considero a muchos periodistas amigos íntimos porque me he educado con ellos trabajando y la amistad fue surgiendo de forma orgánica.

«Al final, todo esto va de coincidir con personas que sienten como tú. Vives experiencias extraordinarias y esos momentos únicos son los que te acaban uniendo. Sin embargo, hay que ser honestos y saber separar el trabajo de la amistad»

El mayor valor que puede tener alguien que trabaja en una agencia de comunicación es su honestidad.

ELENA_ El estar en contacto constante con celebridades y periodistas hace que quedes a comer, te eches unas risas y se cree cierta complicidad. Muchas veces eso se convierte en cariño y eso suele llevar a la amistad.

Elena Hernández, con 50 años, es una enamorada de una profesión que cada día le plantea nuevos retos y la oportunidad de conocer a personas fascinantes

Os desenvolvéis en el mundo de lujo, ¿qué es para vosotros el lujo?
ADOLFO_ Para mí es algo que tiene que ver con lo esencial. Al margen de las cosas bonitas, de la naturaleza, el lujo es tener tiempo y charlar con los amigos. Lo grandioso ya lo he visto.

«Llega una edad en la que por fin te aceptas y los demás también lo hacen, por lo cual el lujo es poder ser tú todo el tiempo»

ELENA_ Para mí el lujo es tener un trabajo como este, poder dedicarme a lo que me gusta, a lo que quiero. Poder compartir momentos con amigos frente a un buen un vino también es un lujo. Como dice Adolfo, es volver a la esencia, al principio.

¿Cómo os veis en unos años?
ELENA_ Yo me veo en una casa cerca del mar y la montaña, una casa en la que pueda tener un huerto y árboles frutales.

ADOLFO_ Yo me imagino en una casa rural divina, organizando comidas estupendas y decorando mesas hasta el último detalle.

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