Camilo Vásquez

Milagros en clave de off
Fotografía: Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

Cinco actores en la piel de cinco alter ego elegidos libremente: una chamana, una miss punki, una vedete de los 70, un político italiano y a una especie de Jesucristo Superstar obsesionado con el karaoke. Cada uno espera que algo suceda: un avance, un reinicio, una catástrofe, un ajuste de cuentas, una respuesta. Solo puede quedar uno.

Así arranca ‘La Espera’, puro teatro contemporáneo fruto del ingenio de Colectivo Fango, un grupo de disidentes que huye de la ansiedad implícita en la palabra comercial. Moviendo los hilos —pero siendo uno más— encontramos a Camilo Vásquez (Buenos Aires, 1977), madrileño desde los 25 años al que el viento de la creatividad ha llevado suavemente de la interpretación a la dirección teatral en clave de off.

¿Qué hace un bonaerense como tú en un Madrid apocalíptico como este?
Ahora mismo enfrentarme al ataque de nervios previo al estreno de La Espera. Levantar el telón es más complicado que nunca, demasiadas novedades y nuevas normas por culpa de la pandemia cada dos minutos. Vivo en Madrid desde finales de 2002, 18 años, así que ya soy medio gato. Salí de Argentina en la época del corralito. Quería seguir formándome como actor, estar cerca de mi madre —que ya vivía en España— y dejar atrás un poco los líos de mi país. La idea era estar aquí un par de años y luego volver, pero como que me olvidé. (Risas). La culpa fue de las cañas y las tapas.

El director teatral Camilo Vásquez (43 años) y el Colectivo Fango estrenan La Espera —del 27 al 31 de enero— en los Teatros del Canal de Madrid © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

¿Cuándo se despertó el actor que viajaba en ti?
Soy hijo único, mi familia somos mi madre y yo, y ella fue la que tuvo la luz de apuntarme desde pequeño a un instituto vocacional de arte. Por las mañanas iba al colegio y algunas tardes a Lavardén, un lugar maravilloso para niños y adolescentes en el que descubrí el teatro, la expresión corporal, la literatura, la música…

«Creo que luego mi madre se arrepintió un poco porque me tomé demasiado en serio lo de ser actor» (Risas)

¿Qué te encontraste al llegar a Madrid?
No conocía a nadie porque mi madre vivía en Vitoria. Me vine unos días para buscar una escuela de interpretación y recorrer la ciudad. Me conquistó totalmente, desde el primer instante tuve la intuición de que este iba a ser mi sitio. Hoy es mi casa, mi lugar en el mundo.

Colectivo Fango estrena La Espera en los Teatros del Canal, nueva creación escénica coproducida por el propio colectivo y los Teatros del Canal, en colaboración con el Teatro de La Abadía, Exlímite y el apoyo del Ayuntamiento de Madrid © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

Te apuntas a la academia Réplika y empiezas a buscarte la vida en el cine, donde consigues pequeños papeles —tipo empleado de morgue, traductor o regidor de teatro—, eso sí, en buenas películas como ‘Todos tenemos un plan’, ‘Las brujas de Zugarramurdi’ o ‘Truman’. ¿Afianzarte en el cine español te resultó especialmente complicado?
El teatro siempre me ha interesado más. Probé en el cine, también en series de televisión, pero el teatro siempre ha tenido un mayor poder sobre mí, me atrajo hacia él de forma natural. Ser actor implica una lucha enorme y yo, la verdad, me cansé de tanto pelear en ese terreno.

«Surgió la oportunidad de ayudar a unas actrices amigas a preparar sus papeles aportándoles notas y comentarios y eso funcionó muy bien»

Luego vinieron otros actores y luego otros. Parece ser que mis aportaciones ayudaban bastante. Y así, entre notas y notas, me convertí en director.

Un mesías, una chamana, una miss punki, una vedete de los 70 y un político italiano, son los protagonistas del montaje La Espera de Colectivo Fango © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

Tu carrera en la dirección arranca en 2012 con la obra ‘Leche’. Después vendrían otros montajes, como ‘Ustedes perdonen’, ‘Alas de cartón’ y ‘Transrealidades’, o monólogos como ‘Una puta mierda’ y ‘Periodo de reflexión’. ¿Qué recuerdas de ese volver empezar?
A Leche llegué para ayudar con mis ya clásicas notas (risas) a Eva Llorach, Ángela Boix y Ángela Villar; ellas se conocían porque habían trabajado juntas en Diamond Flash, de Carlos Vermut, y decidieron montar su propia compañía de teatro: Yo, erótica. Al final acabé dirigiendo la obra.

«Descubrí un mundo en el que quise quedarme, un trabajo que ejercía sobre mí un efecto de bálsamo sanador»

Si me hubiesen preguntado un año antes si me veía como director habría dicho que ni loco. (Risas).

¿Un director de escena es un actor al que no le gusta que le manden?
(Risas). Podría ser, a los actores no suele gustarles que les manden demasiado. En mi caso encaja, porque aunque sigo siendo actor, también es cierto que prefiero mandar a que me manden. Soy muy mandón. Es mi formula secreta para canalizar muchas cosas.

La Espera está protagonizada por los actores Ángela Boix, Trigo Gómez, Rafuska Marks, Fabia Castro y Manu Minaya y cuenta con la coordinación dramatúrgica de Sergio Martínez Villa © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

En 2016 fundas Colectivo Fango. ¿Qué os hace diferentes?
Para empezar, no queremos ser una compañía al uso. Nuestro punto fuerte es tener tiempo para crear, tiempo y paciencia, y eso solo lo consigues cuando funcionas como colectivo. Todos aportamos en cada fase del proceso creativo: investigación, laboratorio, ensayo, debates, producción, etcétera.

«Las obras las creamos entre todos. Hacemos lo que queremos, mantenemos la mente abierta y nos motivamos constantemente»

Ahora estrenáis ‘La Espera’ —obra que ejerce de cierre a la trilogía iniciada con ‘F.O.M.O. (Fear of Missing Out)’ y ‘Tribu’— en la que reflexionáis sobre la búsqueda de la identidad a través del tiempo.
F.O.M.O. habla del presente, de las redes sociales, del miedo a perder nuestra humanidad mientras miramos la pantalla de un móvil. Tribu se centra en los vínculos grupales, un viaje hacia lo primigenio, hacia nuestro origen como especie.

«‘La Espera’ es futuro y nace leyendo las reflexiones de San Agustín sobre qué es el tiempo»

Se planteó a cada actor qué es para él el tiempo y así empezamos a construir la historia.

La Espera cierra la trilogía que Colectivo Fango inició con F.O.M.O. (Fear of Missing Out) y continuó con Tribu © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

¿Hablamos de una espera serena o ansiosa?
Depende de cada uno de los intérpretes. En La Espera también hay humor y una construcción muy singular de los personajes; cada actor decidió qué personaje quería ser, una especie de avatar para hablar de su propia espera. Así, tenemos a una chamana, una miss superpunki, una vedete de los 70, un político italiano y a una especie de Jesucristo Superstar obsesionado con el karaoke.

«Cada uno espera algo diferente, pero todos están obligados a permanecer en un mismo espacio y a competir entre ellos mientras aguardan»

Como colectivo, ¿podéis vivir de vuestro trabajo?
Vivir del arte está complicado últimamente y más aún del teatro. Gracias al apoyo en cuestiones de producción de los Teatros del Canal, a las ayudas a la creación del Ayuntamiento de Madrid y a la colaboración del Teatro de La Abadía —donde tenemos un espacio permanente de trabajo desde hace un año—, podemos decir que durante todo el proceso de La Espera sí hemos podido vivir de nuestra profesión. Nuestro objetivo también es reinvertir todo lo que podamos en el colectivo.

«En general, todo en torno a esta obra ha sido como un milagro»

La Espera: ¿cómo contar aquello que no existe aún? © Danilo Moroni y Juan Carlos Toledo

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