Hacer lo que quieres hacer

Pablo Rivero
Fotografía: Romero de Luque
influyo_ © pablo rivero

[Publicado originalmente el 19 de junio de 2020]

Acaba de publicar ‘Penitencia’, su segunda novela, un ejercicio de humor negro aderezado con sorprendentes giros de argumento. Le hemos visto crecer en una especie de Show de Truman a la española y para muchos ha sido, es, el yerno perfecto. Pero este rubiales que pronto alcanzará los 40 es mucho más: un tipo sensato y sereno al que la fama no ha desestabilizado y al que le gustaría encontrar la fórmula para disipar la niebla de la crispación imperante.

El protagonista de ‘Penitencia’, Jon, es un actor que tras veinte años de éxitos ininterrumpidos en la misma serie de televisión decide dejarlo todo hastiado de los ‘beneficios’ de la fama hasta que su nueva vida —largamente acariciada y recién conquistada— se convierta en su peor pesadilla. Pablo Rivero (Madrid, 1980) insiste en que Jon no tiene nada que ver con él. Veamos.

¿Es tu novela Penitencia (Suma de Letras) un pequeño ajuste de cuentas con Toni Alcántara tras veinte años interpretándolo en Cuéntame cómo paso o, dicho de otro modo, tras 369 episodios?
No, en ningún caso. Cuando empecé a escribir Penitencia, como ya me pasó con No volveré a tener miedo (su primera novela), imaginé una trama inicial que atrapase y que pudiese gustar a alguien acostumbrado a leer novela negra. A partir de ahí construí los personajes y planteé una serie de acontecimientos, circunstancias y escenarios que fuesen a favor de la historia que quería contar. En este caso, el de un protagonista que necesita cambiar de vida, que quiere encontrar la paz en un lugar idílico —pero que al final se va a topar con un conflicto mucho mayor del dejado atrás—, me venía genial la figura de un actor huyendo de su fama. 

No es un ajuste de cuentas. Si yo me sintiera realmente así no podría haber escrito esta novela, estaría demasiado implicado. El personaje de Jon es muy diferente a mí. Él es mucho más mediático, un sex symbol nacional, trabaja con publicistas que le mueven la carrera, maneja cantidades ingentes de dinero… Jon es un actor a la americana y un tipo con una gran oscuridad interior. Y yo no.

Nos dejas más tranquilos.
(Risas). Ser actor me ha aportado muchas ventajas a la hora de crear el universo del personaje. Pero el hecho de que Jon sea actor no es trascendente.

Lo que está claro es que es alguien que huye de sí mismo.
Sí, hablo de algo muy universal: de lo difícil que es a veces aceptarse a uno mismo, de lo que proyectamos, de lo que la gente espera de nosotros, de cuando te construyes una personalidad y llega alguien y te dice: pero si tú no eres así… ¿qué estás haciendo?

Y luego estarán los giros de guion que planteas al más puro estilo novela negra.
A mí me encanta Hitchcock, sobre todo esas películas que se le daban tan bien en las que la vida, cuando menos te lo esperas, te pone a prueba y te lleva a situaciones límite. Algo que a cualquiera nos puede pasar.

¿Cuándo empezaste a escribir? «Llevo toda la vida escribiendo. Desde muy pequeño me encanta contar historias. A mis amigos los aterrorizaba con historias de miedo. Al hacerme mayor empecé a escribir relatos breves, guiones para cortos y películas. Por mi cajón siempre andan rondando tres o cuatro ideas esperando a que llegue su momento»

¿Y siempre será novela negra?
Sí, es lo mío. Lo que siempre intento es que haya humor y sarcasmo. Penitencia, por ejemplo, es muy irónica, tiene mucho humor negro. Tengo otra historia, en plan road movie, sobre el reencuentro de unos amigos con viejas deudas pendientes que se mueve más por la intriga; pero en literatura lo mío es la novela negra, es mi cultura.

¿Y con quien disfrutas tú leyendo?
Depende de la época, ahora me encantan dos franceses: Emmanuel Carrère y Pierre Lemaitre. Me encanta lo que hacen.

¿Has experimentado ya el látigo del don literario?
Con la primera novela, sí. Sufrí mucho porque me marqué una trama muy compleja y porque no conocía el oficio, los plazos. Ahora me lo he tomado todo de una forma bastante más relajada y hasta he disfrutado con el proceso.

Con su primera novela Pablo Rivero sufrió bastante («los plazos»); con Penitencia, la segunda, ha aprendido a disfrutar © Romero de Luque

Te robamos una frase de la novela: «Jon vivía como si no hubiera nada más importante que lo que dijeran de él”. ¿Has experimentado algo similar?
Reconozco que puedo pecar de eso en momentos concretos, como ahora que acaba de salir el libro, o cuando estreno una obra de teatro. Los primeros días estoy muy pendiente de lo que se escriba, de lo que se diga. Pero, la verdad, y en general, no me preocupa lo que se diga de mí. Vivo muy tranquilo. Me siento respetado.

¿Cómo es tu relación con las redes sociales?
No me van demasiado. Twitter no tengo, me da como miedo ese frenesí de todo el mundo empeñado en opinar, por ver quién dice la burrada más grande. Y tampoco sé muy bien cómo funciona, la verdad. Me gusta Instagram porque me encanta la fotografía, y estoy muy contento con la gente que me sigue porque todo está en una línea muy tranquila y normal. Además, me apoyan mucho como escritor, la gente me manda fotos con mis libros, me comentan detalles de la novela, lo que les gusta, lo que no. Bien.

Hablemos de WhatsApp. Hay una teoría que sostiene que es el nuevo foco del mal por la cantidad de malentendidos que genera la ausencia de tono, la esclavitud de los chats en los que no quieres estar, la avalancha de memes y fake news… ¿Qué tal te llevas con la reina de las apps?
(Risas). Yo prefiero los audios a escribir, al menos dejan menos margen a las malinterpretaciones. El problema es que todos vamos muy deprisa y, de repente, en nada tienes otros 45 mensajes, y no los lees todos, te vas al final y, claro, puedes meter la pata. Yo me salvo con los audios.

¿Cómo es tu fama? «Nunca he dejado de hacer lo que he querido por la fama o porque me fueran a reconocer«

La llevo peor cuando estoy rodeado de amigos o familia, cuando por ti se acaba molestando a los tuyos. Eso se me hace más pesado. Pero, sí, lo llevo bien. No tengo ninguna queja, la gente se porta genial conmigo, siempre es supereducada y apenas he tenido incidentes desagradables, y mira que llevo años.

¿Has llegado a tener un psicokiller particular?
Afortunadamente, no.

Todos somos contradictorios. Háblame, por favor, del nivel de tus contradicciones.
¡Uf! No me analizo tanto. (Risas). Siempre hay cosas que mejorar. Intento ser consecuente.

En la novela hablas de las ataduras comerciales de tu personaje, de un post al mes enviado por el publicista de turno al que no se le puede cambiar ni una coma, de regalos de marcas que hay que lucir… ¿Te has visto en situaciones similares?
Nooo. A ver, durante las promociones pueden surgir compromisos que no te apetecen demasiado, pero llevo ya mucho tiempo en esto y nunca me he casado con ninguna marca. Soy libre.

«En el mundillo de los actores había mucho encantador de serpientes y no era fácil encontrar gente noble a la que le importaras de verdad», piensa Jon. ¿A Pablo se la han jugado en alguna ocasión?
La verdad es que nunca me he sentido utilizado. A veces te ofrecen historias con las que te ilusionas y que al final se caen, pero en el fondo no es culpa de quien te las ofrece.

Como actor, ¿has tenido algún momento en el que quisieses dejarlo todo?
Tampoco. A veces te llevas chascos, proyectos que no salen como tú esperas, o que no alcanzan la repercusión que esperabas. Malos momentos, pero no como para dejarlo todo.

¿En qué eres terriblemente frágil? 
En lo familiar, en que le pueda pasar algo a alguien de mi familia. Y en los temas de la salud.

¿Y terriblemente fuerte? «En saber hasta dónde puedo llegar, en tener claras mis capacidades y mis límites. Ahora sé que cuando trabajas duro se consiguen muchas más cosas»

¿Eres nómada o sedentario?
Más bien sedentario. Como en casa, en ningún sitio.

¿Cuándo te hiciste adulto?
No podría hablarte de un momento concreto. Hace dos años viví un cambio importante y decidí alejarme un poco del centro de Madrid, de las fiestas, y centrarme en escribir. Desapareció cierta ansiedad y entré en un nivel mucho más sereno.

¿Cómo crees que te va a cambiar la pandemia?
En que estoy mucho más convencido que antes de que tenemos que cuidar el planeta, y en que hay que alcanzar un estado de bienestar que proteja mucho más a todos los que cuidan de nosotros. Se me han abierto mucho los ojos en lo importante que es la investigación. Esto solo ha sido un aviso. No somos los amos del planeta. Esto no va de poder comprar mascarillas o no, va de que los investigadores estén motivados y no desmoralizados. Va de tener a gente preparada que tome decisiones, preparada de verdad. En todos los ámbitos.

¿Qué te asombra actualmente?
Me parece increíble que haya que volver a pelear otra vez por derechos fundamentales. Los repuntes de racismo, xenofobia, homofobia… me parecen alucinantes. O que aquí, en España, vuelva la división entre rojos y fachas. No entiendo qué está pasando. Bueno, sí, quizá sea que los políticos tiran la piedra y esconden la mano. La gente tiene miedo y está muy irascible. Caldear los ánimos ahora me parece indecente, en ambos bandos.

¿Qué quieres construir? «Estoy en ello, levantando mi sitio para escribir mis historias, para estar en paz«

¿Qué tal llevas lo de ser el yerno perfecto de este país?
Bueno, no tan perfecto. (Risas). Al principio todo era muy perfecto y muy idílico hasta que los guionistas empezaron a desmontar al personaje para enseñar sus debilidades y carencias, que a mí me pareció muy bien. Lo que siempre he hecho es adaptarme y disfrutar del personaje. Toni es un tío con muchas aristas. Mola.

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