Perdón, valor y vida

Irene Villa

Esforzada. Emprendedora. Valiente. Estas son algunas de las muchas palabras positivas y optimistas que definen a Irene Villa (Madrid, 1978), una mujer que con tan solo 12 años ganó la partida a la muerte sobreviviendo a un atentado terrorista que le arrebató las piernas y tres dedos de una mano, pero no pudo quitarle su principal superpoder: la sonrisa.

Psicóloga, periodista, escritora, conferenciante, deportista de esquí adaptado y madre de tres hijos, Irene defiende a ultranza la humildad y aborrece la mentira; apuesta por el perdón —no por el olvido—; sabe lo que es empezar de cero una, dos y las veces que hagan falta, y asegura aceptarse tal y como es porque sus complejos sí se los llevó aquella bomba del 17 de octubre de 1991.

A sus 42 años, siempre decidida y enérgica, confiesa que varios partidos le han tirado los trastos para entrar en política. A todos les ha dicho que no porque, lamenta, ninguno representa aquello en lo que ella realmente cree: la unión y el consenso. Amante del amor y —aviso a navegantes— abierta a él, Villa aspira a seguir peleando por la coherencia. Lo que en ella ves es lo que hay.

Irene Villa ha demostrado en más de una ocasión que de todo golpe se puede sacar algo positivo, que de todo horror puede nacer una oportunidad. ¿Crees que podremos sacar algo bueno de esta pandemia?
Mi experiencia me dice que lo que no nos mata nos fortalece y que las cosas más inesperadas, e incluso injustas, dan buenos frutos.

«Los golpes de la vida te obligan a reinventarte y a descubrir una nueva versión de ti mucho más potente que la anterior»

Desarrollas una mayor resiliencia, te fuerzas a resetear y a desaprender. Esta pandemia nos tiene que hacer caminar con otra profundidad y encender nuestra luz interior para vivir en una nueva claridad.

A sus 42 años, Irene Villa sigue siendo un generador atómico de buenas vibraciones.

¿Cómo es tu presente?
Estoy más volcada en mis hijos que nunca. Ellos son mi pasión, mi alegría y mi luz. Estoy retomando conferencias, la mayoría online, y preparando mi vuelta al esquí en Sierra Nevada. Y, por supuesto, como todo el mundo, estoy deseando volver a la vida que teníamos antes.

Acabas de publicar ‘Los ochomiles de la vida’ (Espasa). ¿Qué mensaje lanzas en este libro y en quién pensabas cuando lo escribías?
El libro traza una metáfora entre los ochomiles de la montaña y los de la vida cuando sentimos frío y soledad, o cuando tenemos que sacrificarnos y autodisciplinarnos para salir adelante. A veces nuestro malestar procede de los enfoques erróneos con los que observamos la realidad. La culpa no es de la circunstancia, es de nuestro enfoque.

«Escribí este libro pensando en que deberíamos volver a ser un poco más niños, a responder de forma más expontánea, a vivir despiertos, a reencontrarnos con las cosas que de verdad importan y a enfrentar las dificultades como oportunidades»

Es importante desprenderse de las emociones negativas y abrazar más nuestra vulnerabilidad.

¿Cuáles dirías que han sido tus ochomiles?
La vida es una oportunidad y a mí me dio una segunda cuando con 12 años mi destino era morir. Luego he tenido otros ochomiles. La maternidad ha sido un ochomil maravilloso, como también lo han sido el deporte y las medallas que he conseguido en el esquí adaptado. Otro ochomil fue mi separación, porque nadie se casa para separarse; otro fue mi cuarto embarazo, que se malogró; otro fue una caída muy grave y otro una bacteria de quirófano que tuve tras una operación muy importante.

«Las estadísticas dicen que a lo largo de la vida experimentamos entre dos y tres acontecimientos traumáticos, yo en el libro hablo de cinco. Es lo que hay»

¿La vida te ha tratado mal?
¡No! En absoluto. Siempre digo que la vida es tan generosa que incluso lo malo aporta. Aprendemos a enfrentarnos a nuestras miserias, miedos y demonios.

«No hay que tener miedo a vivir, a lo que hay que tener miedo es a no vivir con intensidad»

Psicóloga, periodista, escritora, comentarista, conferenciante, deportista de élite y madre de tres hijos. Y todo con una gran sonrisa.

¿Cómo crece alguien que a los 12 años es víctima de un atentado terrorista?
Venciendo complejos a toda velocidad y a la fuerza. Mi complejo era ser muy alta y espigada y tener las piernas muy finitas. De repente, cuando ya no tienes piernas, lo que te queda es aceptarte tal y como eres, y pensar que no importa cómo te miren los demás.

«Me miraban con pena y compasión, y aprendí que lo importante era cómo me veía yo, y yo me veía con capacidad suficiente para empezar de cero»

Luego he comprobado que en la vida no solo se empieza de cero una vez. Aprender a hacerlo con 12 años está genial, te preparas desde muy pronto para que la vida te pare o te zarandee.

¿Cómo te explicaste lo que había sucedido?
De una forma muy natural y de la misma manera que se lo explico ahora a mis hijos. La clave fue mi madre cuando me dijo: «Esto es lo que hay y con esto tenemos que vivir toda la vida, así que elige entre sufrir y maldecir o empezar una nueva vida».

«A mis hijos les digo que no vale el ‘no puedo’ porque siempre hay una manera de lograr un objetivo. No importa las veces que te caigas, sino las que te levantas»

Ellos saben que hay que vivir y exprimir la vida porque es un regalo maravilloso, a veces demasiado fugaz.

¿Para avanzar hay que perdonar y olvidar? «Es muy importante saber perdonar, olvidar no»

No se puede olvidar porque es tu historia y eso sería una traición a tu memoria. Pero sí se puede perdonar.

«Creo que solo hay dos formas de mirar atrás, para agradecer o para perdonar. El rencor, el resentimiento, el arrepentimiento y la nostalgia son fuentes de sufrimiento»

Como deportista de esquí adaptado, Irene Villa acumula numerosas medallas.

Eres periodista, psicóloga, conferenciante, deportista de esquí adaptado…
Todos mis estudios tienen que ver con ayudar a la gente y están relacionados con la capacidad de resiliencia. Eso es lo que más me gusta.

«El deporte ha marcado mi vida porque poder sentirte libre en un cuerpo con discapacidad es indescriptible»

¿Te gustaría entrar en política?
Me han tirado los tejos varios partidos, pero no es lo mío. No me gusta la política ni me siento identificada con ninguna formación en concreto. Yo creo en el ser humano, en el progreso, en el consenso, en la unión, en la estabilidad y en la democracia.

«Ahora lo que se lleva es lo contrario: el enfrentamiento y la división»

¿Te has sentido utilizada en alguna ocasión por la clase política ?
Los políticos no pueden evitar hacerse fotos con quienes tenemos el calor del público y el cariño de la gente, pero utilizada no.

«A mí no me manipula ni mi santa madre» (Risas)

En su sexto libro, Los ochomiles de la vida (Espasa), Irene Villa nos invita a reflexionar sobre los enfoques erróneos con los que, en ocasiones, afrotamos la realidad.

Has leído o visto ‘Patria’, ¿qué opinión te merece esta historia?
¡Me encanta! El libro me encantó y me dejó tranquila. Me consta que hay víctimas (del terrorismo) a las que no les gusta porque dicen que equipara el dolor de la víctima con el dolor del entorno etarra, pero es que también hubo mucho dolor en ese lado, en el entorno de los asesinos.

«Nadie quiere tener un hijo asesino que se pase toda la vida en la cárcel»

Me parece que la visión de Fernando Aramburu es genial porque plantea una aproximación desde un punto de vista global. Y la serie es estupenda. Tuve la oportunidad de conocer a la actriz Susana Abaitua —que interpreta a Nerea, la hija del asesinado Txato— y le pregunté cómo era posible que todos los actores transmitiesen tanto y tan bien. ¿Y sabes qué me dijo? «Todos somos vascos y todos lo hemos vivido de una forma u otra». Por eso bordaron sus papeles.

«Ojalá que nadie vuelva a tener miedo, ni nadie guarde silencio, si alguien asesina»

¿Cuál es tu superpoder?
Mi sonrisa. La tengo tanto dentro como fuera de casa. Creo que una sonrisa lo cura y lo sana todo, además de facilitar mucho las relaciones. La sonrisa se contagia y alegra nuestros días. Es un superpoder que todos tenemos y deberíamos potenciar.

Irene, una niña valiente llamada a inspirar a miles y miles de personas.

¿Cómo has conseguido ser una persona tan querida e inspiradora?
Gracias. Yo solo sé que hablo con el corazón. A veces me han dicho que soy verdad, que soy coherencia, quizá algo de eso haya. No tengo miedo a mostrarme tal y como soy, no tengo máscaras. Ahora se lleva mucho lo de interpretar un papel.

¿Qué proyectos tienes entre manos?
En lo profesional, seguir dando conferencias y escribir. En lo personal, dedicarme a mis hijos todo lo que pueda y estar abierta a lo que tenga que pasar; tengo la impresión de que 2021 va a ser el año del amor. (Risas).

«Hace mucho tiempo que me separé y creo que ya estoy preparada para lo que tenga que pasar»

¿Qué no soportas?
La mentira, el engaño y la manipulación. Y lo que más valoro es la humildad.

«Me gusta la gente valiente que acepta sus túneles de dolor y transita por ellos para crecer»

¿Quién es tu principal inspiración?
Mi madre. Si yo soy optimista, ella me gana. Mi madre no solo es una mujer muy positiva, es una mujer absolutamente práctica.

¿Cómo es un día perfecto para ti?
Un día perfecto es aquel en el que hay amor, amor y amor, y niños, actividad y diversión con la gente que me quiere. Las emociones son los cimientos sobre los que nos construimos.

Irene Villa ante el año del amor.

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