Ante todo, un respeto

Mala Rodríguez
Fotografía: Universal Music
influyo_ mala rodríguez © universal music

[Publicado originalmente el 9 de junio de 2020]

Lo que son las cosas. Junto a la ilusión y el honor de contar con Mala Rodríguez (Jerez de la Frontera, 1979) en este arranque de influyo_ convivía, desde que acordamos la entrevista, cierto desasosiego. Inseguridad en estado puro. ¿Y si no le gustan las preguntas? ¿Y si le parecemos unos moñas? ¿Y si nos manda a freír espárragos? Quizá estas incertidumbres procediesen de no controlar demasiado los muchos estilos musicales que ella ha transformado en algo nuevo, creando una voz propia e insobornable. Mala es un icono, una mujer poderosa que ha hecho de la verdad desnuda —se dice pronto— su bandera y, desde luego, una adelantada a su tiempo. Ella, que fue la primera y que tiene dos Grammys, nos ha enamorado con la más insospechada de las dulzuras.

Felicidades por Mala (Universal), tu primer álbum desde 2013. ¿Se te ha hecho muy larga la espera?
No mucho. La verdad es que no he parado en todo este tiempo. Que no publique un álbum no significa que no esté haciendo muchas cosas. Lo que cuenta es no dejar de estar, y yo he estado sacando canciones nuevas y colaborado con muchos artistas. Pero por encima de todo, lo importante es vivir y tener un tejido de experiencias del que nutrirse para seguir componiendo.

Y, de repente, más de veinte años después del comienzo de tu carrera, vas y le das al nuevo disco tu nombre: Mala. ¿Por qué ahora?
Porque ya era hora. (Risas). He hecho un montón de discos y de canciones y nunca le había dado cariñito a mi nombre, que tantas cosas buenas me ha traído, la verdad.

Antes de hablar de las nuevas canciones hay que fijarse en la portada de Mala que es —en nuestra opinión— de lo mejor que se ha visto en años en este país. Un aula vacía y una «profesora» terriblemente sexy, abierta de piernas y de espaldas a la cámara. Nos surgen dos lecturas: «la educación sexual en España está fatal» o «aquí la maestra soy yo». ¿Por dónde van los tiros?
(Risas). Me encantan estas lecturas. No me había parado a pensar en lo que dices. Para mí era importante poner al público como protagonista, dejar sillas vacías para que los seguidores de Mala Rodríguez se sienten en ellas y mostrarme yo muy segura de mí misma, como mujer y como artista capaz de exponerse al cien por cien, de mostrar todo lo que es. Esta portada simboliza muchas cosas que he vivido, que he sentido; es como decir: estoy en un momento «cero complejos» con un toque hardcore. Es como yo, que lo que pienso lo digo y tiro para adelante.

Momento «cero complejos» con un tradicional «toque hardcore» made in Mala Rodríguez © Universal Music

La primera canción del disco, Nuevas drogas, habla de aprender a golpes, de no aferrarse al pasado, de no andarse con remilgos, de que no merece la pena imaginar demasiado el futuro. Entre otras palabras: ¿hay que vivir al máximo el presente?
Es lo único que tenemos. Cuando me miro al espejo es lo que veo. Antes no entendía así la vida, pero ahora sé que lo único que tenemos es el presente, y hay que disfrutarlo. Hay que respirar, sentir, saborear… Hay que descartar todo lo que nos hace sentir mal. Me lo digo a mí misma y se lo digo a quien sea: equivócate todo lo que haga falta porque no pasa nada. Eso es vivir.

Empezaste en los 90 y te lo inventaste casi todo mezclado, arriesgando y siendo tú misma. Te has ganado el sitio. ¿Te sientes una artista respetada? Lo decimos porque, quizá, nuestro país no es muy dado a mimar a sus artistas.
Yo sí, yo me siento bien. A mí lo único que me importa es hacer música que llegue a la gente. Dar un concierto y que se sepan las letras. Eso es lo que me vuelve loca de alegría porque ahí siento que he hecho algo, que el esfuerzo merece la pena. Entiendo que el respeto se gana cuando pasa el tiempo, que es el único que dice quién eres de verdad. Mi primer disco salió hace veinte años, que se dice pronto. Definitivamente, sí: me siento querida y respetada. Total.

Después de España, ¿cuál es el lugar del mundo que más quiere a Mala?
Siento mucho amor cuando voy a Colombia, México, Chile, Argentina… La verdad es que tengo mucho cariño repartido por el mundo. Mi público es lo máximo. Tengo muy buenas migas hechas en todo el mundo.

Rap, hip-hop, flamenco, latino, reguetón, funk… Cada nuevo disco de Mala Rodríguez es un compendio de mil cosas. ¿Qué hay de nuevo en este Mala?
No soy yo de analizar tanto, la verdad. (Risas). En el fondo hay una continuidad con mis discos anteriores porque mezclo muchos sonidos que para mí son referencia desde pequeña. Crecí escuchando ritmos latinos porque me crié con la música de un tío colombiano, y como vivía muy cerca de África también escuchaba emisoras argelinas de música raï o marroquíes, y en mi casa siempre estaba el flamenco, y el rock progresivo de mi tío Paco… Siempre me ha gustado mezclar y jugar, sobre todo jugar. Lo que sí te digo es que en este disco las historias son distintas porque he tenido otras vivencias. Creo que las nuevas letras están mucho más afinadas. Es un disco muy de Mala Rodríguez y muy diferente a la vez.

Y de repente aparece la canción Mami que —esperamos no equivocarnos— va a convertirse en un himno de amor puro, de amor perfecto que atraviesa el alma. ¿Has sufrido mucho componiéndola?
Es una canción que escribí pensando en mi madre y que dedico a todas las madres solteras. Yo vi como mi madre tuvo que sacrificarse para sacarme adelante. Fue muy difícil. Mi madre es un ejemplo de fortaleza y determinación que me ha ayudado muchísimo obligándome a no rendirme, a ponerme siempre las pilas. La verdad es que, qué voy a decir, me rompe el corazón cada vez que la canto. No sé de dónde ha salido Mami, pero viene de algún sitio muy puro.

En cierto sentido, Mala Rodríguez se ha convertido en un icono de mujer poderosa capaz de mostrar sus debilidades y de enfrentarse a ellas, un referente para otras mujeres, pero también para cualquier persona oprimida o sometida. ¿Si fueses Ministra de Educación la asignatura «respeto» sería materia obligatoria?
¡Me encanta la idea! De verdad. Sería superbonito.

«El respeto es la clave de todo, educarse en el respeto al otro. Y también pondría como asignaturas obligatorias: sinceridad, tolerancia y empatía. Seríamos una sociedad mucho mejor, más sana»

Pues ya tienes un voto…
¡Ay, ya! (Risas). Pero no me veo yo en política. No podría.

¿Crees que los políticos son capaces de crisparlo todo con tal de mantenerse en sus puestos?
Para mí la política es como el porno vejatorio, algo obsceno. Cuando oigo a políticos idealistas diciendo cosas bonitas me apetece creerles y pienso: te imaginas que lo que dicen sea verdad. Pero me temo que es un mundo muy oscuro en el que todo, tarde o temprano, se desvía.

¿Qué piensas de lo que está pasando en Estados Unidos a raíz del asesinato de George Floyd?
Qué todo es horrible. Desgraciadamente, el racismo existe, hay mucho racismo. En Estados Unidos y en España también. Es lo que hablábamos antes: todo se arreglaría con la palabra respeto.

«Cuando una persona se cree más que otra todo se viene abajo»

Lo que me reconcilia un poco con la humanidad es ver las protestas que está habiendo en todo el mundo. Me gusta pensar que todo ese movimiento va a calar sobre todo en la gente más joven, a calar de verdad.

A Barack Obama, 44º Presidente de los Estados Unidos, le gusta la Mala. Una vez compartió una playslist y allí estabas tú, animando sus bailoteos. ¿Te imaginas que Trump saca su lista y también apareces en ella?
(Risas). ¡Ay, dios mío! A mí me da algo. Le diría: Donald, hijo mío, saca el tema anda, saaaaca el tema. (Risas). La música tiene el poder de unir, pero qué bueno que me escogiera Obama y no el otro. Quita, quita.

¿Qué has sacado en limpio de esta cuarentena?
Pues que estoy rodeada de gente maravillosa y que en mi casa hay mucho amor.

¿Se han ido al traste muchos planes de promoción, vídeos, conciertos…?
Sí. Todo. Imagínate, nosotros los artistas trabajamos con agendas que se van creando con muchísima antelación, agendas de hasta un año con todo medido al milímetro, con muchísimo trabajo de producción. Nos ha partido por la mitad. Pero bueno, no pasa nada. Los conciertos ya los retomaremos el año que viene. Aquí, ahora, lo que hay que pensar es que hay gente que está pasándolo fatal y que hay que ayudar.

¿Qué es lo mejor de haber llegado a los 40 años? «Ay, no sé… ¿qué has vivido 40 años?» (Risas)

«Me gusta hacerme mayor, es muy guay», Mala dixit © Universal Music

¿Qué tal llevas lo de hacerte mayor?
Lo llevo bien. La verdad es que me siento muy bien. Ser mujer no es fácil porque siempre hay un pero, una frase que te condiciona. La presión en los medios de comunicación y en la publicidad es alta. No es fácil quedarse al margen de todo eso. Pero yo, ahora mismo, estoy disfrutando como nunca. Me ha costado, pero a partir de los treinta y tantos empecé a pensar, mira, que le den por c*** a todo. Me gusta hacerme mayor, es muy guay.

Has dicho que tu mayor talento es saber escuchar a tu corazón cuando escribes. Imagino que en ese proceso no sirven los paños calientes, ¿no?
El proceso de escribir es muy mágico. Yo lo que hago es sacar y sacar, y luego elijo y digo: esto me gusta, esto no. Es un ejercicio en el que hay que dejarse llevar y luego hay que saber separar lo que sirve de lo que no. Hay que quedarse con lo que de verdad conmueve.

Tener canciones con millones de reproducciones en una sola plataforma es algo que alegra, que agobia… ¿qué es?
Aunque te cueste creerme, yo no estoy pendiente de esas cosas. Yo vivo tranquila componiendo y dando conciertos, viéndole la cara a mi público. Cuando tienes un éxito desorbitado lo vives como una bendición, la verdad. Pero yo no estoy pendiente de eso. Lo que no puedes hacer nunca es quedarte dormido.

¿Cuál es tu lugar en el mundo?
No tengo un lugar. El lugar da igual. Lo que importa es que estemos bien con nosotros mismos.

¿Tienes alguna asignatura pendiente?
Sí, quiero aprender a hacer krav magá, que es un sistema de autodefensa muy guay. Tengo muchas asignaturas pendientes todavía, la verdad.

¿Alguna pesadilla recurrente?
Cuando era pequeña soñaba que una bruja me perseguía y yo quería salir de un sótano y ella me agarraba cuando subía por la escalera, ¡qué horror, me moría de miedo! Pero después de esa no he tenido más, afortunadamente.

¿Cómo te ves de mayor, cómo será la Mala en versión abuelita? «Me veo tranquila, con mis libros, con mi internet y con bien de wifi del bueno. (Risas). Me encanta perderme en internet y descubrir cosas nuevas. No hay día en el que no encuentre algo»

Oye Mala, ¿existe una Buena Rodríguez? No sé, una Mala de andar por casa que no conocemos. ¿Cómo es?
¡Nooo! ¡La de andar por casa es peor! (Risas).

No sé por qué, pero no te creo…
(Risas). Escucha, hazme caso, que la de andar por casa está loca perdida. (Risas).

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