Cero artificios

Gotzon Mantuliz
Fotografía: Gotzon Mantuliz
influyo © gotzon mantuliz

[Entrevista publicada originalmente el 8 de junio de 2020]

Desde muy joven, Gotzon Mantuliz (Getxo, 1988) ha querido aventurarse en la vida. Como buen vasco, hay mucho de conquistador en su naturaleza. Educado y emprendedor, necesita estar en movimiento, viajar y descubrir nuevos horizontes. Para subvencionarse sus periplos ha sido camarero, dependiente, pintor, diseñador gráfico y hasta guía de viajes en África. Diplomado en Enfermería, un programa de televisión centrado en hazañas extremas le cambió la vida. Lejos de bloquearse ante el tsunami de la fama, ha sabido subirse a la gran ola para surfearla con elegancia y decisión. Un tipo sano, noble, con mucho que decir.

¿Influyente se nace o se hace?
Quien te hace influyente es la gente. Imagino que en quien influye ha de haber cierto don innato, una predisposición, pero lo que está claro es que hay que trabajar duro. Yo me dedico a crear contenido y si echo la vista atrás, a lo que hacía hace dos años, veo que he dado un gran salto en calidad y en la profundidad de los mensajes. Hay que esforzarse mucho y hay que hacerlo sin dejar de evolucionar.

¿Cómo es tu relación con las redes sociales: relajada u obsesiva?
Sobre todo es disciplinada porque cuido en extremo cada contenido que subo. Pero por otra parte es bastante relajada, si una semana estoy más liado con otro proyecto y no subo nada no me agobio ni me siento culpable. Si, por ejemplo, suben o bajan los likes en una de mis publicaciones utilizó esa información como referencia para analizar qué ha gustado y qué no. Pero, vamos, que no me vuelvo loco.

¿Soñaste alguna vez que vivirías de esto? 
¡Qué va! Digamos que esta profesión sigue siendo muy nueva. Lo que sí me imaginaba era viajando por el mundo, viendo animales increíbles, navegando por el Amazonas subido en un tronco o siendo reportero de National Geographic. Cuando acabé Enfermería lo dejé todo y me fui a África a trabajar como guía. Volví con fotos muy chulas, empecé a subirlas y hasta hoy. No imaginaba a mí mismo en las redes sociales, pero al final, de una forma inesperada, son las que han dado forma a mi sueño.

Imagino que el programa de ETB El conquistador del fin del mundo marca el antes y el después de tu trayectoria. ¿Por qué te apuntaste?
Tenía 18 años, justo acaba de entrar en la uni (UPV/EHU), y anunciaron una nueva edición de El conquistador del fin del mundo, que era un programa que siempre me había llamado la atención por lo duro que era físicamente y, sobre todo, porque se hacía en Patagonia. Me lo planteé como una oportunidad única de hacer un gran viaje que yo no me podía pagar y para poner a prueba mis límites físicos y mentales.

¿Fue realmente duro?
Lo fue. Una cosa es verlo desde casa y otra bien distinta sufrirlo. Una cosa es imaginar cómo será pasar hambre y otra pasarla de verdad, o dormir sobre el hielo o bajo una tormenta. Las noches eternas, los tiempos muertos dentro del saco empapado… Lo más duro es saber que puedes renunciar a todo y volver a las comodidades, que si abandonas en tres horas estás en un hotel calentito y bien cenado. La batalla interior es brutal.

Vale, pero cuando las cosas se ponen muy feas os ayudan un poco, ¿no? «No, no, qué va. Te aseguro que lo que se ve es real cien por cien. Es un programa muy exigente que mucha gente abandona»

Y de pronto te haces famoso: ¿qué es lo que más te chocó?
El programa tenía mucho éxito en el ámbito del País Vasco, pero nunca imaginé la repercusión que podría llegar a tener. La mía fue una de las ediciones más vistas, un auténtico boom (más de medio millón constante de espectadores vieron la final durante las dos horas y media que duró el programa). Pasé de ser un perfecto desconocido a todo lo contrario. Al principio me agobió bastante, la verdad. Todo el mundo me paraba, me pedía fotos… y bien, porque la gente se acercaba con mucho cariño, pero reconozco que llegó a superarme.

¿Y hoy, como es tu fama?
No tiene nada que ver. Antes era el centro de atención de un, digamos, fenómeno fan. Hoy todo es más relajado, la gente que me conoce tiene otro perfil, más reposado. Son personas a las que le gusta lo que hago y lo comparten conmigo de una forma mucho más tranquila.

Tienes un libro publicado, escrito a medias con el periodista Gorka Larrumbide, Diario de un conquistador, sobre tu paso por el programa ¿Qué tal la experiencia?
Fue un parto, la verdad. Al principio estaba superilusionado y las páginas volaban, pero llegamos a un punto de atasco que parecía que aquello no se iba a terminar nunca. Menos mal que estaba Gorka tirando del carro. Hoy me siento muy orgulloso de haberlo terminado porque ahí están todas las vivencias y recuerdos de una etapa de mi vida increíble.

¿En alguna ocasión has sentido la tentación de dejarlo todo, de cerrar tus redes sociales?
No. Lo cierto es que, como te comentaba, lo llevo de una forma muy relajada. Me encanta la naturaleza, el deporte, compartir mis viajes y mis experiencias. No me siento obligado a subir un contenido diario. Nunca me he agobiado.

¿Qué dice tu familia al ver que te has convertido en un personaje influyente? 
No me ven así. Yo tampoco me creo influyente. Me veo más bien como una persona algo conocida, popular. Mis padres están contentos y orgullosos porque saben que soy feliz.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
Lo mejor que me da mi familia es que sé que siempre va a estar ahí.

Gotzon y Noa, una auténtica Braco de Weimar superstar.

¿Cuál es tu mensaje? «Pasión y respeto por la naturaleza y por otras culturas y formas de ver la vida»

Y ahora te has embarcado en otra aventura con el equipo del programa Zapeando, en La Sexta. ¿Qué tal la experiencia?
Tengo una sección semanal que gira en torno a deportes extremos, viajes y animales. Muy yo todo. Me costó dar el paso, no me vía sentado en la misma mesa con Dani Mateo, Anna Simón, Miki Nadal, Cristina Pedroche, Lorena Castell o Quique Peinado. Pero me atreví. Forman un equipo fantástico todos: dirección, guionistas, técnicos… y estoy aprendiendo un montón. Me lo paso genial.

¿Eres agradecido?
Sí, siempre. Soy muy consciente de que soy una persona afortunada que hace lo que le gusta. Es cierto que trabajo duro, pero también he tenido mucha suerte. Me siento superagradecido, la verdad.

Algún defectillo tendrás, ¿no?
¡Muchos! Sobre todo, soy una persona muy impaciente, cuando se me ocurre una idea o un proyecto pero se acaba alargando en el tiempo me pongo un poco tenso. Pero prometo que estoy ahí, intentando mejorar.

¿Cómo lleva tu perrita Noa ser la Braco de Weimar más famosa de España? «Noa es buenísima. Tenemos un vínculo muy especial. Es superpaciente para las fotos, yo creo que ya hasta le gusta posar. Es maravillosa»

¿Qué es Grey Ghost?
Es una marca que he lanzado con unos amigos centrada en correas y collares para perros. Fabricamos en España de forma sostenible, sin plásticos, y colaboramos con protectoras de animales.

¿Alguna causa más en la que creas?
Colaboro con todas las asociaciones que puedo, desde grandes, como Greenpeace, a proyectos más locales, como el de la recogida de plásticos en las playas de Vizcaya, reforestación, animales… Es mi obligación apoyarles y contribuir a su visibilidad.

¿Cómo crees que te va a cambiar la pandemia?
A mí me ha hecho reflexionar mucho. Llevaba ya casi dos años sin parar, enlazando proyectos. Creo que antes vivíamos demasiado deprisa desatendiendo a veces lo más importante, a los amigos, a la familia. Vivo a cien metros de unos acantilados espectaculares y no te puedes imaginar la de veces que me he perdido puestas de sol espectaculares porque tenía mil cosas que hacer. Solo espero que cuando volvamos a la rutina no nos olvidemos de estas cosas y que podamos compaginarlo todo. Eso y el respeto por la naturaleza. Ha sido un gran aviso.

¿Cómo os lleváis los más influyentes del país? ¿Tenéis algo parecido a club poder?
(Risas). A ver, yo vivo en un pueblecito de la costa vizcaína y estoy muy lejos de las fiestas y eventos de Madrid o Barcelona. Estoy más apartado. Pero sí es verdad que acabas conociendo a gente muy interesante con proyectos muy chulos, muy divertidos. Tenemos un grupete de amigos que nos dedicamos a esto y que viajamos bastante juntos en el que el están las hermanas Pombo, Teresa Andrés, Marta Lozano, sus parejas… Son geniales.

¿A quién admira Gotzon Mantuliz? «A la gente emprendedora que pelea hasta conseguir sus sueños»

¿Cómo te ves de mayor?
Espero seguir creciendo sin dejar de apoyar las causas en las que creo. Y me imagino en una casita en medio de la naturaleza cogiendo fuerzas para la próxima aventura. Quiero viajar hasta el final. Me he cruzado con aventureros muy mayores por el mundo y al verlos siempre pienso: ojalá acabe siendo como ellos.

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