Quien a hierro mata, a Hierro vuelve

Darío Grandinetti

Lo primero que llama la atención de Darío Grandinetti (Rosario, Argentina, 1959) es el poderoso atractivo de su mirada. A sus 61 años, esa edad perfecta en la que uno empieza a estar por encima del bien y del mal, advierte que su trabajo como actor no es su prioridad y que prefiere, cien veces más, ver dulcemente la vida pasar. Gracias a Grandinetti —y a Candela Peña— volvemos hoy con ilusiones renovadas a la increíble isla de El Hierro para dejarnos atrapar por el brillante giro de guion —gracias Pepe Coira por pertrecharlo— de ‘Hierro’ (Movistar+), esa gran serie española que no precisa fuegos artificiales para deslumbrar y que, en muchos momentos, nos sabe a National Geographic. Díaz, su personaje —narcotraficante de perfil bajo y aplomo alto— navega en esta nueva temporada entre la luz y la oscuridad. ¡Agüita!

¿Te alegró saber que habría una segunda temporada de ‘Hierro’ y que volverías a la isla?
Sí, claro, a todo el equipo. Al terminar la primera temporada, nos fuimos sabiendo que había muchísimas probabilidades de volver para hacer la segunda. La mejor prueba de que deseábamos volver es que la mayoría del equipo repitió, y el que no repitió fue porque no pudo.

Os tocó rodar en plena pandemia. ¿Resultó especialmente engorroso?
Los test PCR un poco sí, pero era entendible. Nos hicieron varios. Cuando nos tocaban exteriores el equipo de rodaje se reducía al mínimo. En El Hierro apenas se habían reportado tres casos y cuando nosotros llegamos ya se habían curado. Nos tocó una isla free covid.

De Rosario para el mundo. Algo deben tener los nacidos en esta ciudad argentina porque el número de talentos que proporciona no es normal: Fito Paez, Negro Fontana Rosa, Lito Hevia, Marcelo Bielsa, César Luis Menotti, Leo Messi, el Che Guevara y, por supuesto, Darío Grandinetti © Movistar+

Háblanos, por favor, de Pepe Coira, creador de ‘Hierro’, y de cómo esta serie llegó a tu vida.
Llegó a través de mi representante. Luego hablé con Jorge —hermano de Pepe y director— por teléfono, me contó el proyecto, me pidieron que grabara unas escenas en mi casa y entré.

«‘Hierro’ me pareció una serie muy atractiva desde el principio, cuando te la explican a grandes rasgos, pero cuando pude leer los guiones me entusiasmó»

Me he llevado muy bien con Jorge y tengo la casi certeza de que esta temporada es mucho mejor que la primera. La evolución de la trama es puro ingenio.

Díaz, tu personaje, es un narcotraficante cool, elegante y educado. ¿Cuál es el principal desafío que te planteó?
Desafíos siempre hay, claro. El personaje se concibió como un villano atractivo con el que se iba a empatizar. El mérito no es mío.

«Interpreté a un hombre perfectamente delimitado por los autores»

Me proporcionaron un material de trabajo muy rico, un caramelito lindo, vaya.

Grandinetti y la platanera/tapadera de Díaz en Hierro © Movistar+

Darío Grandinetti con el acento hace ya lo que quiere, ¿no?
(Risas). La única premisa que tenía que quedar clara es que Díaz no había nacido en la isla. Podría haber sido un madrileño o un venezolano, pero le tocó ser un argentino con más de veinte años viviendo en el mismo sitio.

«Lo que tuve que aportarle fueron ciertos modismos locales que, lógicamente, tras tantos años en El Hierro, el personaje ha adquirido. Lo mismo que les pasa a los gallegos en Buenos Aires» (Risas)

Después de dos temporadas trabajando en la isla, ¿cómo es tu relación con los isleños? ¿Te han propuesto ya ser hijo adoptivo?
(Risas). La relación con la gente de El Hierro es estupenda, muy buena. En esta segunda temporada, al volver, nos recibieron con mucho más cariño.

«Entras en un bar o en un restaurante y todo el mundo te comenta todo lo bueno que la serie está suponiendo para la isla»

De la pizzería favorita de la jueza Montes a las casas en las que rodamos —que ahora parece ser que se alquilan mucho mejor—, todos están encantados.

No es un equipo de National Geographic, son la gente de Hierro antes de la acción © Movistar+

¿Qué tal resulta trabajar con la jueza Candela Montes barra Candela Peña?
Genial, como comentaba todos repetimos en esta segunda temporada porque nos encantó hacer la primera.

«Ahora, además, se ha incorporado una nueva remesa de actrices y actores canarios fantásticos con los que el buen rollo ha continuado. En Canarias hay mucho talento»

Darío Grandinetti se acerca a los cien trabajos entre películas y series. Ignoramos si eres amigo de hacer balances, pero cuando echas la vista atrás y observas todo lo que has hecho ¿qué te viene a la cabeza?
Ni en mis sueños más optimistas me atreví a pensar que llegaría hasta aquí. Yo me propuse ser actor para trabajar, simplemente quería trabajar.

«No creo en los premios ni en las grandes audiencias. Lo que te da trabajo es el trabajo»

Sí me recuerdo en Rosario subiéndome a un tren para irme a Buenos Aires e intentar vivir de este oficio. Ni a palo me habría creído todo lo bueno que me ha pasado.

1979. Un joven Darío, a punto de cumplir 20 años, llega a Buenos Aires. ¿Qué queda de ese chavalín?
¡Uuuh! A ver, yo no me considero un actor vocacional. De chico no tenía claro nada. A veces escuchas a actores decir: “Yo a los 8 años tenía claro que quería dedicarme a esto”. Yo no, ni de broma.

«Yo hacía lo que hacíamos muchos: obras teatrales escolares, actuaciones en las fiestas patrias, cantaba un poco, tocaba algo la guitarra, pero lo que de verdad quería era ser futbolista» (Risas)

En serio. Cuando empecé en esto de la actuación no lo viví como el despertar de una vocación oculta; puede que algo de eso hubiese, pero desde luego no lo interpretaba así.

«Entonces empezaron a decirme que era natural, que era creíble, y lo cierto es que actuando me sentía cómodo porque me prestaban atención»

No siento que me muero si no actúo. Podría vivir sin actuar. Hay compañeros que dicen que no sabrían qué hacer sin el cine o el teatro, yo sí, perfectamente.

Díaz: narcotraficante de perfil bajo y aplomo alto © Movistar+

¿Qué te trajo a España?
Aterricé por primera en 1988 para hacer teatro en el Festival de Cádiz.

¿Dónde vives oficialmente?
En Argentina. Mi domicilio fiscal está allí. En España paso largas temporadas porque dos de mis hijos viven aquí, porque mi mujer es española y por trabajo, claro está.

¿Cómo es tu fama en Argentina y en España?
En España es muy llevadera y en Argentina… también. No soy Ricardo Darín. (Risas). En Argentina, cuando haces televisión y funciona, todo se potencia. Pero en mi caso todo es muy normal: voy al supermercado, a la librería, ando por la calle tranquilamente, vivo en mi ciudad, en Rosario, y la gente me saluda, pero nunca de una forma invasiva. Aquí en España, ahora con Hierro, me reconocen un poco más, pero todo es amable y normal.

¿En qué te has hecho superespañol?
Pues fíjate, en el aperitivo. Puede parecer una chorrada, pero es cierto. Las costumbres cotidianas, la cultura, hacen el ADN. Acabo de volver de Argentina, de hacer una película, y allí estábamos como aquí, instalados en un hotel, con mascarillas y en una especie de burbuja sanitaria. A la hora de comer nos ponían un gran plato principal, pero nunca un entrante o un primero.

«Al tercer o cuarto día hablo con el responsable del cáterin y le digo. ‘Por favor, tráeme un aperitivo, unas aceitunas, un poquito de queso, una cervecita, lo que sea’. En Argentina no saben lo que es el aperitivo y lo echo tremendamente de menos. Eso y el mus» (Risas)

En 2012 ganas un Emmy por tu participación en el programa ‘Televisión por la inclusión’. ¿Cuál era tu papel?
Era una serie de capítulos independientes centrados en los problemas derivados de la discriminación. Cristina Banegas, una estupenda actriz que salía en uno de los capítulos, y yo ganamos un Emmy. Los premios se dieron en un gran hotel de Nueva York y fue muy especial porque, tras recibirlo, tenías que atravesar toda la cocina para ir a un photocall. Al pasar por allí, donde todos los trabajadores eran latinos, nos dieron un aplauso maravilloso porque todos se sentían unos grandes discriminados.

Make-up moment © Movistar+

¿Cuál serían las tres películas que mayores satisfacciones—por encima de los premios— te han reportado? ¿Quizá ‘Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando’ (1997), ‘Hable con ella’ (2002) y ‘Rojo’ (2018)?
Sí, sin duda, y añadiría El lado oscuro del corazón (1992), de Eliseo Subiela; Darse cuenta (1984), de Alejandro Doria —mi primera película y un trabajo muy querido por mí—, y El juego de Arcibel (2003), de Alberto Lecchi —con Juan Echanove y Juan Diego—, una película que apenas tuvo repercusión, pero a la que todos los que la hicimos le tenemos mucho cariño.

«Y, por supuesto, ‘Hable con ella’, que fue mi abracadabra. Yo ya siempre seré un actor que trabajó con Almodóvar»

¿Te gusta ver tus películas?
No, muy poco. Hay trabajos míos que, directamente, no he visto. No lo digo en plan postureo. No me gusta verme. Anoche terminé de ver Hierro y detecté al menos diez momentos en los que yo repetiría mi escena. (Risas). Es inevitable.

«Veo una película mía hecha hace un año y pienso: con todo lo que he aprendido en este tiempo ahora lo haría distinto. La culpa de todo la tiene el madurar»

Da la impresión de que, al menos a día de hoy, el streaming y las plataformas de contenidos están salvando la industria cinematográfica.
Un poco sí. En este momento de reinicio están ayudando mucho y en unos meses se notará aún más. Todos hemos visto todo lo que hay a día de hoy en las plataformas. Hacen falta nuevos contenidos ya.

¿Te ha cambiado en algo la pandemia?
Imagino que sí. Hemos tenido mucho tiempo para vernos por dentro. Al principio de la pandemia hubo una especie de aluvión de mensajes de optimismo sobre cómo la gente iba a cambiar para mejor. La verdad es que yo siempre he sido muy escéptico con todo esto.

«La humanidad ya pasó por la mal llamada gripe española y después vino la II Guerra Mundial, y nada cambió, porque los miserables siguen siendo los miserables y las buenas personas seguimos siendo la mayoría»

El problema es que los miserables suelen ser los más poderosos. Lo bueno de todo esto es que nos ha ayudado a ver en manos de quién estamos. Si nos sirve para eso lo doy por bien empleado. Tenemos la herramienta del voto, usémosla con inteligencia y veamos quién ha hecho qué.

¿Cómo de fuerte fue el impacto de cumplir 60 años?
Los 60 me han llamado la atención, para qué mentir, pero hasta entonces solo me habían impactado los 30. A los 30 me dije, bueno, ya está pelado, (risas); ya has boludeado lo suficiente. Al año fui padre por primera vez y sentí que debía ser una persona un poco más madura. Empecé a asumir responsabilidades y eso me ubicó en otro lugar.

«A los 60 lo que uno ve es que el tiempo se achica, que todo va mucho más rápido»

Ahora que he vuelto a Rosario, a mi ciudad, el paso del tiempo se ha hecho mucho más evidente. Curiosamente, vivo en un edificio en el que trabajé cuando tenía 15 años y esa casualidad es como un recordatorio constante del paso del tiempo. Por otra parte, para hacer todo lo que uno ha hecho era necesario que pasase todo este tiempo.

«Tengo la casi certeza de que esta segunda temporada de Hierro es mucho mejor que la primera. La evolución de la trama es puro ingenio», Darío Dixit © Movistar+

¿Cómo es un día perfecto para Darío Grandinetti? «Un día en el que no haya que trabajar. (Risas). Un día para estar con mi mujer y con mis hijos. Estar todos juntos. Y si se suman los amigos, mejor que mejor»

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