La voz de tu conciencia

Paula Palacios

Hay temas incómodos que nos cortan la digestión cuando aparecen en el Telediario pero luego —no mucho después— olvidamos. Afortunadamente, en este mundo nuestro tan sobrado de injusticias, también existen personas como Paula Palacios (Madrid, 1983) dispuestas a pelear para que los demás no nos durmamos ante lo que no está bien. Los problemas cuanto más lejos de nuestro sofá se producen menos problemas parecen. Pero no es así.

Nominada al Goya 2021 a la Mejor película documental, ‘Cartas mojadas’ es una cinematográfica llamada de atención sobre lo que ahora mismo está pasando no tan lejos de nuestras confortables casas. Paula Palacios, experimentada documentalista de reconocimiento internacional —con el apoyo de Isabel Coixet— nos traslada hasta la ruta migratoria del Mediterráneo central con destino final Europa, nos adentra en la convulsa Libia y nos sube a bordo del barco Open Arms en una de sus misiones de rescate.

Palizas, violaciones, torturas, extorsiones… Si todo esto te pasase a diario, ¿no harías lo posible por huir? Ya te respondemos nosotros: sí, lo harías.

Madrileña de raíces valencianas. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Complutense y estudiante de cine en París. Experta en el mundo árabe y autora de más de 25 documentales. ¿Es Paula Palacios la no tan típica persona que siempre está dispuesta a dar la cara por los demás?
Supongo que sí. Todo está relacionado con los viajes que hacía de pequeña con mis padres. Mi padre es ginecólogo y nos llevaba a sitios bastante remotos en los que él hacía voluntariado. Desde pequeñita he visto muchas cosas. Tengo especial habilidad para relacionarme con los demás y para comunicarme en los lugares más raros que te puedas imaginar. Es donde mejor me desenvuelvo. Al hacerme mayor entendí las injusticias que había detrás de todos nuestros viajes. Y descubrí que podía combinar mi pasión por el cine con la realidad.

¿Cómo nace la idea de ‘Cartas mojadas’?
Llevo hechos más de veinticinco documentales, aunque en España se me empiece a conocer ahora. Sobre todo, trabajos para televisiones internacionales centrados casi siempre en temas de migración. Gracias a mis trabajos he podido comprobar el hastío que hay en la sociedad frente a estos temas. La gente me decía: “¿Pero de verdad vas a hacer otro documental sobre migrantes? ¡Qué rollo!”. Así que decidí que había que hacer algo diferente, que había que impactar de otra manera. Me propuse hacer una película bonita y global, cinematográficamente hablando, aunque la historia, en esencia, resulte dura. No entiendo cómo estos temas de desigualdad no pulverizan más a la sociedad.

«Cuanto más sé, cuanto más ahondo, más cabreada me siento. Mi objetivo es trasladar ese cabreo y esa indignación al público porque, nos guste o no, los seres humanos vamos de mal en peor»

Siguiendo el libro de estilo de Paula Palacios, ¿qué debe haber en tus documentales y qué no?
Para mí es muy importante que en la película haya una narrativa que evolucione. Me cansan mucho las historias planas, esas en las que te metes y no te llevan a ningún lado. Me gustan los documentales de observación y Cartas mojadas lo es.

«Me gusta que haya misterio, porque me apasionan los thrillers, y también que haya muchos primeros planos para que el espectador entre en la historia a través de ellos y decida qué pensar»

Paula Palacios, 37 años y un mirada esperanzada.

En el género documental puede haber un guion, unas líneas maestras de lo que se quiere contar, pero a la hora de la verdad es la realidad la que manda. De todos los momentos que nunca imaginaste que se te pondrían a tiro de cámara, ¿cuál te impactó más?
Nunca imaginé que, después de subir a bordo del barco de la ONG Open Arms o de hacer lo propio en una patrullera libia, iba a grabar la conversación por radio entre el guardacostas libio y el capitán del Acuarius, la otra ONG que aparece en Cartas mojadas. Ese momento completa perfectamente la película, la cierra de un modo perfecto.

«Esa fue la última misión y el último rescate del Acuarius, después de aquello nunca han vuelto al mar por lo que, en muchos sentidos, asistimos a un momento histórico impresionante»

¿Y que fue lo que más tocada te dejó?
La muerte de un bebé a bordo del Open Arms. Nunca pensé que llegaría pasar. Dimos el aviso, pero nadie llegó a tiempo. Había muchas personas en situación crítica. Si los militares italianos o alguien hubiesen llegado a tiempo probablemente el bebé seguiría con vida. Me impactó mucho y me dejó muy tocada durante mucho tiempo.

En la película hay una frase muy impactante: «Huimos de las catástrofes, pero muchas veces viajan con nosotros». ¿Nada tiene arreglo?
Las personas que huyen en estos momentos llevan consigo esa carga, pero por culpa nuestra. Tal y como está articulado ahora mismo el Mediterráneo —en el caso que nos ocupa— solo hay una opción: o me muero en el mar o me muero en Libia. Muy poquitos llegan a Europa, que es lo que Europa quiere.

«Por eso estamos financiando a los militares libios desde Europa, para que ellos mismos los devuelvan a tierra. Esa es la realidad. Pero, ¿quién no va a huir de esa realidad terrible?»

¿Te costó mucho convencer a Isabel Coixet para que fuese tu productora asociada?
No, no mucho. Como comentamos, no quería hacer un documental más, quería hacer algo muy cinematográfico. Por eso acudí a Isabel, porque es una cineasta con unos principios muy sólidos, siempre en lucha por los derechos humanos, y para que su sola presencia avalase este trabajo. El cine social también es cine. No todo el mundo lo tiene claro, pero lo es.

«Isabel (Coixet) me brindó su apoyo en el momento en el que más lo necesitaba»

Técnicamente, ¿cómo trabajas?
Siempre vamos dos personas, un operador de cámara y yo. En el caso de Cartas mojadas he contado con tres distintos, los tres fantásticos; uno en Lesbos y en París, otro en el Open Arms y otro en Libia, donde solo me dejaron entrar a mí y tuve que contratar a un equipo local. Yo siempre llevo mi cámara porque, como nos pasó en el Open Arms, puedes estar grabando en un lado y de repente empieza a pasar algo en la otra parte. En Libia conté con un asistente sobre el terreno que además ejercía de traductor; aunque yo hablo árabe, no muy bien, pero me defiendo.

¿Y si ganas el Goya, qué vas a decir?
En la película unos aparecen como buenos y otros como malos, pero para mí eso no es lo importante. El problema se llama Europa. Necesitamos algo que remueva nuestras conciencias y nos lance a las calles. Vamos por el buen camino, lo empezamos a entender. Antes de la covid-19 ya nos estábamos lanzando a las calles para detener el cambio climático; hemos aprendido que, por ejemplo, no hay que coger bolsas de plástico en el súper.

«Tenemos que asumir que podemos hacer mucho en el tema de las migraciones porque Europa somos nosotros»

Me está impactando mucho la gente joven que ha visto la película en cines y la comenta a través de las redes. Muchos están pidiendo que Cartas mojadas se vea en colegios, institutos y universidades. De hecho, estamos preparando una distribución educativa. Ya no vale decir que el problema es Europa porque Europa somos nosotros.

«‘Cartas mojadas’ es una película que habla de vivos y muertos. Tenemos que hacer presión para que deje de haber muertos»

Con Goya o sin él, ve a ver Cartas mojadas.

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