Cómeme el coño

Samantha Hudson
Fotografía: Gonza Gallego

Todo artista tiene un comienzo. En el caso que nos ocupa, el de Samantha Hudson a.k.a. Iván González (Magaluf, Palma de Mallorca, 1999) — «No nací en Magaluf, pero me parece un rollo explicarlo» —, somos testigos directos. No tiene la voz de Marta Sanchéz, pero sus letras son arte. Se ve a sí mismo como una cantautora dispuesta a abanderar la nueva canción protesta y eso, en estos tiempos tan plomizos y políticamente nauseabundos, nos encanta. Digna heredera de la Casa Real Queer —de Paco Clavel a La Prohibida pasando por Fabio McNamara— Samantha Hudson es todo un espectáculo. En influyo_ la adoraremos y apoyaremos hasta donde haga falta. Porque, después de todo, cada generación tiene sus leyendas.

Las tres samanthas más populares en Google ahora mismo sois: Samantha Vallejo-Nájera, tú y Samantha Fox. En este orden. ¿Qué tal te caen la una y la otra?
La primera, no muy bien. Samantha Fox me encanta desde siempre; se llevaba fatal con Sabrina y al final, mira, acabaron haciendo una canción juntas y tan amigas. Si estoy ahí, tan arriba en Google, es porque el patio anda muy mal y a poco que yo haga resalta.

«Cómeme el coño / Es muy divertido y superpráctico para el estrés / Cómeme, cómeme, cómeme el coño / Renta en el trabajo, es más útil que saber inglés / Cómeme, cómeme» by Samantha Hudson o el descaro de los 21 años © Felipe Longoni 

Te criaste en Magaluf, Mallorca. ¿Eres experto en balconing? Du sprichst Deutsch?
Imagino que habrás leído que me tiré desde un balcón en Sevilla, pero la verdad es que no me tiré, me caí porque iba hecha un cuadro. Es el punto álgido de mi carrera. (Risas).

«Y no, no soy experto en balconing. No me gusta repetir»

Magaluf es un barrio de Calviá que en invierno parece un pueblo fantasma. Alemán no hablo, lo que pasa es que como estaba obsesionada con ligar con los guiris aprendí a decir «te la chupo» es todos los idiomas que pude. (Risas).

«No me sirvió de mucho, además ahora soy célibe y casta»

Criarme en Magaluf, entre gogós y droga caníbal —la que hacía que la gente se volviese loca-loca y pegara mordiscos—, fue lo más. Me crie en el caldo de cultivo perfecto para ser como soy hoy.

¿Sigues en contacto con la profesora que te puso sobresaliente y te defendió frente al Obispado de Mallorca cuando, tras pediros a cada alumno realizaseis un vídeo que os definiese, tú presentaste ‘Soy maricón y me encanta la Iglesia / pero no me dejan entrar porque monto gresca / Siempre llevo top y minifalda, soy muy fresca / y se ve que a las monjas eso les molesta’?
La verdad es que no. Cuando grabamos el documental (Samantha Hudson: Una historia de fe, sexo y electroqueer —Filmin—, de Joan Porcel) intentamos contactar con ella para que hablase, pero no quiso salir. La pobre está ya harta con todo este tema. Normal. Como yo era menor, no me pasó nada, pero ella estuvo mucho más expuesta.

¿Y del profesor de religión que os señaló con el dedo?
Yo es que no sé ni quién es ese señor. Paso de su cara.

Entonces te instalas en Barcelona. ¿Por qué?
Pues en mi cabeza de tierna novicia yo lo que quería era triunfar y ser una megastar. Pero la verdad es que no estaba preparada mentalmente todavía. No surtió efecto. Aprendí cosas sobre mí, afiancé mi personalidad. Tenía 18 años.

¿Por qué acabas en Madrid?
A ver. Con lo del balcón mis padres se enfadaron bastante, normal. Yo estaba en Barcelona y me fui a Sevilla a una fiesta que me apetecía todo. Me hice amigo de unos chicos por Instagram y me ofrecieron su casa. Divino todo. Fue como de broma. Me puse a escalar la fachada para llegar a la casa de las vecinas de estos chicos porque cuando bajamos a la calle nos invitaron a tomar una copa. Pues nada, subí por la fachada, estuve diez minutos en su balcón y luego me tiré, porque bajar por las escaleras —en ese momento— no me apetecía.

«Estuve siete días hospitalizada. En realidad, no me di tanta hostia, porque era un primero y caí de pie, pero como iba con el tacón se me torció el tobillo y frené con la cabeza»

Entonces, claro, me fracturé el cráneo, me entró una burbuja de aire en el cabeza y esas cosas. Mis padres no me dieron opción: «Te vuelves a casa». Volví a Mallorca, trabajé seis meses en una pizzería, ahorré y me vine a Madrid. También sé lo que es ser una mujer esforzada y sufrida.

«Visto como me da la gana, socializo como Samantha y me tratan en femenino. Prefiero estar en medio y servir de campo de batalla para cuestionar todo lo que es el género», Iván González © Gonza Gallego

¿Siempre has sabido componer música o es un afortunado accidente que has sabido aprovechar?
Siempre me ha gustado la música, pero nunca se me pasó por la cabeza dedicarme a ella. ‘Soy maricón’, más que música, es performance. Por cierto, que la grabé con un piano de My Little Pony que encontré en internet. (Risas). No soy cantante ni sé cantar, pero canto y compongo. En casa siempre escuchaba a Putilatex —que a mí hermano le encantan— y luego empecé a descubrir a La Prohibida, Supremme de Luxe y a todo el travestismo musical del Madrid de principios de siglo.

«Se me ocurrían estrofas y las grababa con el móvil»

¿Cuánto tardas en componer una canción?
Poco. Me salen de golpe.

Hablemos de ‘Dulce y bautizada’ (Subterfuge), tu flamante hit en el que colaboras con Putochinomaricón a.k.a Chenta Tsai. ¿Qué habéis aportado cada uno a la canción?
Trabajar con él es un sueño. Antes de conocerle ya le valoraba como artista, es un músico excelente y estamos en la misma onda. A los dos nos gusta la canción protesta. (Risas). Somos cantautoras. En la colaboración todo fue muy natural, muy orgánico y progresivo.

 ¿Qué cuenta esta canción?
Habla de la vorágine de hipersexualización en la que todas estamos sumergidas, del venga a enseñar cuerpo en las redes sociales para parecer las más deseables del mundo. A mí todo eso me producía una angustia horrible. Ahora paso totalmente, me la refanfinfla. Tengo mi lívido más que dominada, y si me apetecen celibato y castidad, pues ¡arriba las monjas!

«Se trata de aprender a escucharse a uno mismo. Entiéndete, amiga. ‘Dulce y bautizada’ es una canción con mucho mensaje. Puedo ser tan gamberro como profundo» (Risas)

Pregunta muy seria: ¿te sientes rechazado por la Iglesia Católica?
Yo, hasta los 12 años, fui muy creyente. La religión no contempla a los gais, pero yo que soy gay sí la contemplo. La fe, como herramienta para afrontar conflictos, puede ser algo muy necesario. Creer que hay una providencia divina que te va a resolver los problemas, muchas veces, es la única solución.

«No estoy en contra de las religiones, siempre y cuando se actualicen. Pero, vamos, que a mí, ahora mismo, me da completamente igual la religión»

Compartes espectáculo con Paco Clavel —protagonista de influyo_ el 25.09.2020— en la Sala Maravillas de Madrid. ¿Qué significa Paquito para ti?
Cuando era joven, bueno, ayer, la madre de una amiga me dijo que me parecía mucho a Paco Clavel. Y yo, ¿quién? Me puse como loca a saber de él y me encantó. Reconozco incluso que imité un poco alguno de sus looks. El destino ha querido llevarme hasta Paco Clavel y estoy encantando porque le adoro.

«Paco Clavel caminó para que yo pudiera correr ahora. Hay un público que viene a verle a él y otro a mí, pero al final se produce una mezcla fantástica. Él es una leyenda»

¿Hormiga o cigarra?
Soy cigarra porque no he ganado aún como para ahorrar. Mi objetivo es comprarme una casa para tener donde caerme muerta.

«Tengo mucho trabajo, sí, pero también hay que decir que soy la más barata del panorama nacional. (Risas) Digo que sí por dos gomas del pelo y un chicle»

Luego tengo un problema, y es que soy un poco compulsiva con las compras. No sé, confío en que me va a ir bien. Estoy aprendiendo a ser prudente.

¿Las nuevas generaciones estáis más preparadas que las anteriores?
A ver, a los millennials, a los de la Generación Y, se les pinta como un fracaso, pero el problema es que son consecuencia de un contexto terrible por culpa de las generaciones anteriores.

«Los de la Generación Z, los míos, tenemos la suerte de que hemos nacido siendo muy conscientes del desastre que nos toca heredar»

Dispongo del privilegio de tener toda la información del mundo en mi mano, en mi móvil. Si a mí alguien me viene y me dice que por ser maricón estoy pecando, que estoy enfermo y que lo mío no es natural, entró en internet y veo que lo que dice es una mierda.

«Somos la generación con más conciencia social de la historia. Es lo que nos toca»

El tigre que vive en Samantha Hudson es cien por cien genuino © Felipe Longoni

¿Qué es lo peor de la gente mayor?
Hablar de gente mayor es un estereotipo que no sirve para nada. La edad no define tu espíritu. Yo, aquí donde me ves, he nacido para ser una señorona de los pies a la cabeza. Todo esto que estoy viviendo es un preámbulo y un simulacro para acabar siendo una señora estupenda. (Risas). Admiro mucho a los mayores, ser mayor no significa ser un coñazo. Respeto mucho, por ejemplo, la figura del ama de casa, no veo que sea nada machista ni opresor; opresor sería obligar a las mujeres a ser solo eso. Si lo eliges libremente es divino. Amas y amos de casa, ¡qué gran profesión!

¿Qué tal te las arreglas tú como amo de casa?
Divinamente. Comparto piso con un amigo de Mallorca y con otro chico, que se va ya, por lo que volvemos a conquistar el salón. Compro equilibrado, cocino bien —a mis amigos les encanta— y limpio mucho, tengo la casa resplandeciente. Mi fijación es limpiar los platos, no sé por qué.

¿Cómo andas de amores?
(Risas). Bien. No soy una persona muy sexual. Romántica tampoco porque nunca me he enamorado, no lo busco, creo que el amor llega sin buscarlo. Yo ahora me identifico como homosexual, pero por desgracia la deseabilidad de los hombres homosexuales está muy atravesada por el estereotipo masculino de gimnasio. Yo rompo con ese esquema y solo ligo con bisexuales o con heteros que se imaginan que soy una tía. No me genera problemas.

«Si algo tengo claro es que no quiero ser un objeto sexual. Mi felicidad nunca va a depender de la lívido que despierte en los demás»

¿Cómo es tu fama? ¿Te paran por la calle?
Sí, la verdad es que sí. Es algo que no entiendo demasiado bien. Me parece raro que alguien quiera hacerse una foto conmigo, pero me encanta, no me quejo. Yo nunca he sido fan fatal.

«Si Lady Gaga estuviese en la mesa de al lado me haría gracia, pero no me levantaría a pedirle un autógrafo»

¿Qué tal se lleva Samantha con Iván?
Iván es el nombre que me asignaron al nacer y ha derivado en lo que soy hoy. No hay dicotomías. Me encanta que me llamen de las dos maneras.

Samantha es una chica sin complejos atrapada en un mundo política y nausebundamente correcto © Gonza Gallego

¿Cada cuánto te reinventas?
Yo, si tengo un problema, me tiño de rubia. No hay gay sobre la faz de la Tierra que no se haya teñido al menos una vez de rubia. Yo soy rubia de corazón. Me reinvento cada día, quiero ser como Martín Martín. Hoy me levanto rockera, mañana señora del barrio de Salamanca, pasado Sandra Bullock. Hay que jugar. Y visto como me da la gana, socializo como Samantha y me tratan en femenino. Prefiero estar en medio y servir de campo de batalla para cuestionar todo lo que es el género.

«¿Qué es ser una chica? ¡Yo ya soy una chica! No necesito operarme ni encajar en ningún otro esquema. Es lo que hay»

¿Qué te dice la palabra mamarracha?
Me encanta. Es una palabra divertidísima y muy sonora. Ser tonta y absurda las 24 horas del día implica mucho esfuerzo.

¿Cuándo seas rica y millonaria nos volverás a dar una entrevista?
¡Claro! Soy lo que ves, no un personaje. Dudo mucho que cambie algún día.

¿Sabes que eres muy muy valiente?
Me sale así. Soy tan valiente como inconsciente, lo uno sin lo otro no tendría sentido.

Subterfuge dixit: «Samantha Hudson, la reina de los bajos fondos, regresa con Dulce y bautizada, un nuevo tema que recuerda a sus orígenes y rinde homenaje a la que fue su primera canción, Maricón. El lanzamiento viene acompañado de un videoclip dirigido por Fran Granada».

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