New Mexico

Alejandro Speitzer
Fotografía: Álex Córdova

[Publicado originalmente el 13 de agosto de 2020]

Nos encontramos con Alejandro Speitzer (Culiacán, Sinaloa, México, 1995) en un Madrid marcado por la casi total ausencia de turistas y una inclemente ola de calor. Al instante comprobamos —como en otras ocasiones en las que hemos creído en un talento emergente— que Speitzer transmite la inequívoca energía que solo generan los llamados a trascender. Él sabe que su carrera en el cine —profesión en la que se inició con 5 años— le tiene reservados grandes momentos de gloria, pero ahora lo que toca es seguir trabajando duro y conquistar nuevos horizontes, como el español. Todo llegará. Hoy analizamos su cabeza para concluir que, no solo está perfectamente amueblada, sino que alberga buenos y nobles sentimientos. Quédate con su nombre.

Corrígeme si me equivoco: tu primer trabajo como actor fue en la telenovela mexicana ‘Rayito de luz’, una especie de revisión del clásico ‘Marcelino pan y vino’. Tenías 5 años. ¿Cómo puede ser?
Así fue. Tengo 25 años y empecé a trabajar hace veinte ya. La verdad es que, desde ese momento, no he dejado ni un momento la interpretación. Todo tiene su explicación. Mi hermano mayor también es actor, desde chiquito estaba empeñado en serlo y no hacía más que decirle a mi madre que lo llevase a castings, quería salir en la televisión. Y lo consiguió. Un día, en una de sus pruebas, por casualidad, me vieron a mí y me cogieron. Y yo feliz porque mi hermano era mi referente, quería hacer lo mismo que él, le imitaba en todo. Con los años descubrí que esa también era mi pasión y encontré mi propia voz.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Has tenido que renunciar a mucho para llegar hasta aquí?
Me considero un tipo muy afortunado porque mi madre, que siempre ha estado ahí, al pie del cañón, se preocupó muy mucho de que sus hijos tuviéramos un mundo real más allá de la interpretación. Mi vida no solo se resume en que soy actor y ya está. Mi madre propició que tuviésemos amigos alejados de la interpretación y que fuésemos a la escuela como niños normales; es cierto, que, según los periodos, podía faltar más que el resto, pero el colegio y los compañeros me ayudaban con las tareas para no quedarme atrás. No me perdí nada de la infancia, al contrario, creo que conseguí bastante más. Desde muy joven he aprendido a ganarme la vida y he contado con muchas herramientas para crecer centrado. Maduré muy pronto y eso ha estado bien.

Speitzer interpreta en la serie mexicana El Club a un niño bien reconvertido en vendedor de drogas sintéticas. El negocio va de lujo hasta que a la puerta llama la cruda realidad con carita de narco y, claro, empiezan los problemas reales. © Netflix

¿Cómo te sigues preparando? ¿Cuál es tu nivel de autoexigencia?
Por ahí dicen que de nada sirve el talento si no lo trabajas y es muy cierto. Como actor pasa mucho. Conozco perfectamente mis capacidades, mis habilidades, y detecto a la primera mis vicios y debilidades.

«Hay veces que tienes la tentación de tirar de lo de siempre, porque vas a estar cómodo y sabes que va a funcionar, pero no, no hay que caer en eso porque no vas a estar bien, sencillamente vas a repetirte»

Siempre estoy estudiando y preparándome. Hace unos días terminé un seminario aquí, en Madrid, en el estudio de Juan Carlos Corazza. Me encanta estudiar y leer, siempre estoy leyendo, creo que es lo más importante.

Perteneces a una generación de jóvenes artistas mexicanos —que incluye a diseñadores, pintores, escritores, fotógrafos, músicos y todo tipo de creativos— que está mostrando al mundo un nuevo México, un México moderno y sofisticado. ¿Qué está pasando en tu país a nivel creativo? 
Yo veo muchas similitudes con lo que está ocurriendo aquí, en España, y creo que, en parte, se debe a la globalización. Un diseñador, por ejemplo, estando en Madrid o en Ciudad de México, puede hoy llegar hasta el último rincón del mundo. El talento, si existe, ya no se queda oculto. En el caso de los actores, las plataformas como Netflix, Amazon o HBO están ayudando muchísimo a sacar talento a relucir. Y, sí, es cierto, ahora mismo México es un hervidero de gente talentosa.

Tus dos últimos trabajos —’El Club’ y ‘Oscuro deseo’, ambas series para Netflix— ¿son la versión moderna de un culebrón? Lo preguntamos porque, aparentemente, no lo son, pero sí es cierto que algunas subtramas sobre celos y pasiones remiten a este género, eso y que las temporadas duran muchísimo, hasta 25 episodios en algunos casos.
Son series. (Risas). En su origen, las temporadas duraban precisamente eso, estaciones: todo el invierno, toda la primavera y así. El número de episodios puede llevar a confusión —aunque suelen durar poco más de media hora—, pero la calidad de la producción indica lo contrario.

La carrera de Speitzer empezó con la versión mexicana de Marcelino pan y vino hace cuatro lustros, cuando Alejandro tenía 5 años © Álex Córdova

Queda claro que, en vez de jugar en la liga de los galanes, la tuya es la división de los Gael García Bernal o los Diego Luna, ¿no?
(Risas). Yo juego en la liga que me toque. No me planteo más que lo que el personaje necesite. Si hay que seducir… seduzco, si hay que robar… robo. Pero, hasta hoy, nunca he ejercido de galán, (risas); y mira que me he hecho algunas novelas, pero por edad nunca me ha tocado ese rol.

Alejandro Speitzer es una persona comprometida que no teme a la hora de denunciar cuestiones como la corrupción policial en México, los feminicidios o los abusos de todo tipo. ¿No temes que esto pueda perjudicar tu carrera?
No, en absoluto. La cruda realidad está ahí y creo que todos deberíamos hacer algo desde nuestra trinchera.

«En el caso de los personajes públicos, la gente que llegamos a tantas personas, tenemos la obligación de darle voz a todas esas personas que no se pueden expresar o defender por sí solas. Creo que es lo mínimo que debo hacer por mi país, por México, para contribuir a construir un futuro mejor»

Speitzer en versión Oscuro deseo © Netflix

¿Cómo crees te ve la gente? ¿Cuál crees que es la imagen que se tiene de ti?
No sé… (Risas). Yo creo que me verán como un tipo muy afortunado que ama su trabajo, al que lleva dedicado la mayor parte de su vida. Creo que la gente conecta muy bien como mi proceso, saben que el éxito ha llegado tras el esfuerzo y la dedicación.

Tienes 25 años y, sin duda, estás en un momento físico pletórico. ¿Has decidido convertirte en un sex symbol o solo es coincidencia por tus últimos papeles?
¡Estaba, estaba! (Risas). Ahora ya no tanto. La gente me ve en Oscuro deseo y piensa que yo estoy así de cachas, pero no, es el personaje, pura exigencia del guion. Me supuso un buen número de horas extra en el gimnasio y levantarme todos los días dos horas antes de lo que acostumbro.

«Los actores trabajamos con nuestro cuerpo. A ver, que yo como bien y hago ejercicio a diario, pero no estoy, como dicen ustedes, tan mazado»

Entonces, ¿no estás construyendo un sex symbol?
No, ni de broma. (Risas). En mi siguiente trabajo, Alguien tiene que morir, de Manolo Caro (La casa de las flores) —en el que comparte protagonismo con Carmen Maura, Ernesto Alterio y Cecilia Suárez— tengo un papel completamente diferente. Interpreto a un niño, a un adolescente, y por ese personaje he tenido que bajar diez kilos. Yo solo soy actor.

Ernesto Alterio, Ester Expósito, Alejandro Speitzer, Carmen Maura, Mariola Fuentes, Carlos Cuevas, Cecilia Suárez e Issac Hernández, protagonistas de Alguien tiene que morir, la nueva serie de Manolo Caro tras La casa de las flores que se estrenará este otoño © Netflix.

¿Cómo es tu fama: agobiante o llevadera?
Bueno, lo cierto es que la gente me reconoce bastante, pero no lo vivo como un agobio; es algo que me hace sentir bien, siempre y cuando no invadan mi privacidad o se den situaciones incómodas. Me hace sentir bien porque lo entiendo como la respuesta a mi trabajo; si alguien quiere una foto conmigo es porque le gusta lo que hago. Es una recompensa muy linda.

Te pasaste parte del confinamiento subiendo vídeos en los que cantabas acompañado de una guitarra. ¿Eran canciones tuyas?
No, no, yo no compongo. Son canciones que me gustan. Y apenas toco la guitarra, me gustaría saber más, la verdad. Lo que de verdad me encantaría, profesionalmente, sería poder medirme con el teatro musical o con alguna película o serie musical. Estaría genial.

¿Estás en España por trabajo o vacaciones?
Un poco por las dos cosas. Por un lado, con la idea de abrirme puertas acá; ya he empezado a hacer algunas pruebas.

«Quiero abrirme paso aquí, reinventarme un poco y probar nuevos caminos. En ello estoy»

¿Cómo imaginabas España antes de conocerla y qué te encontraste realmente?
Vine por primera vez hace dos años para editar Me gusta, pero me asusta, película mexicana que produje y que montamos aquí con Nacho Ruiz Capillas (Los otros, Ágora), que es un profesional increíble. Conecté al instante con todo. Cuando entiendes el humor de los españoles, que son mucho más directos que nosotros, todo empieza a ser perfecto. Te enamoras para siempre. Nunca dejaré atrás ni a mi país ni a mi gente, pero amo España y quiero vivir temporadas aquí; me gusta como trabajan y lo que hacen. Me encanta España.

¿Qué nombres propios del cine español te interesan más? 
¡Todos! Hablarte de unos pocos sería muy injusto. Hay mucho talento España: directores, actores, guionistas… es sorprendente.

«El desafío que supone venir aquí y ganarme un hueco en el cine español me pone a cien»

¿En qué eres absolutamente mexicano?
En que para decir algo le doy demasiadas vueltas. (Risas). Decir algo tan sencillo como «no» me supone una pequeña eternidad. (Risas).

Lo cierto es que oírle decir a un mexicano «no» directamente es misión casi imposible. ¿Lo más parecido a «no» sería el «ahorita»?
(Risas). Endulzamos mucho, esa es la verdad.

¿Quién te devuelve los pies a la tierra?
La verdad es que nunca he llegado a perder el contacto, supongo que por la educación que he recibido. Pero si así fuera, definitivamente, sería mi madre.

«Nunca dejaré atrás ni a mi país ni a mi gente, pero amo España y quiero vivir temporadas aquí; me gusta como trabajan y lo que hacen», Álex Speitzer © Netflix

Se te ve un tipo exquisitamente educado. ¿Hay un caballero dentro de ti?
¡Ay, qué pregunta más complicada! (Risas). Creo que sí, al menos intento serlo. He crecido con una madre y un hermano a los que adoro y ellos son los que me han ayudado a construirme.

«Pienso que el haberme criado con una mujer me ha abierto muchos horizontes desde la sensibilidad»

No estoy diciendo que criarse con un hombre esté mal; yo adoro a mi padre, aunque no me haya criado con él. Educarme desde la sensibilidad femenina me ha hecho mucho bien.

¿Recuerdas el momento en el que te hiciste adulto?
Perfectamente. Fue el día en el que tuve que encargarme de firmar mi primer contrato de exclusividad con Telemundo. Tenía 18 años recién cumplidos.

¿Cuáles son tus placeres esenciales, esos que te hacen terriblemente feliz?
El amor, la comida de todo tipo y pasar tiempo con la gente que quiero. En resumen, compartir.

«Nada sabe tan bien como lo compartido»

¿Estado civil de tu corazón?
(Risas) ¡Enamorado!

¿Qué quieres construir?
He aprendido que siempre que planeo algo, siempre que planifico, luego nunca sucede lo que imaginé, jamás. Afortunadamente, suceden cosas mejores. (Risas). No sabría decirte cómo me veo de viejecito, pero sí me gustaría, llegado el día, poder afirmar que hice lo que quise hacer, que me entregué al cien por ciento. Eso y tener una familia.

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