La Thurman que llevas dentro

Carmen Ruiz
Fotografía: Cuco Cuervo

Con 24 años se enfrentó sin miedo a su sueño y hoy, dos décadas después, Carmen Ruiz (Madrid, 1974) es uno de los rostros más reconocibles del teatro, el cine y la televisión de nuestro país sin necesidad de protagonismos absolutos. Directa, rápida y de ideas muy claras, adora trabajar en equipo, pero no lleva nada bien las intermitencias que viajan en la letra pequeña de la interpretación. No le interesa estar de moda y en el bloc de notas de sus asuntos pendientes leemos que le gustaría hacer de mala malísima o dar vida a un personaje en una gran superproducción de ciencia-ficción o artes marciales, a lo ‘Kill Bill’, vaya. Nena, tú sí que vales.

¿Actriz se nace o se hace?
Ambas cosas. Aunque tengas mucho talento y aptitudes para la interpretación, sin formación y un trabajo riguroso no es fácil ejercer esta profesión. En mi opinión ser actriz significa formarte y saber un poquito de todo.

«Para mí ser verosímil y solvente tiene que ver con el talento, pero también con el trabajo que le eches y el cariño que le pongas»

A sus 46 años, Carmen Ruiz sabe que su supreproducción de acción aún está por llegar © Cuco Cuervo

¿Qué te llevó a dar el salto?
Aunque siempre me gustó la interpretación, no me lo planteé hasta los 24 años porque hasta entonces me parecía algo muy lejano, inalcanzable. Con 24 quise quitarme la espinita y me apunté a una escuela de interpretación, pero justo en ese momento Telefónica, que es donde trabajaba, me trasladó a Brasil. Tras aquella experiencia, que fue de lo más intensa en lo personal y en lo profesional, todo cambió.

«Mi cabeza hizo clic y decidí que tenía que ser actriz»

Y ahí empecé a compaginar mi trabajo como gestora de compras en Telefónica con mi formación en la escuela de Cristina Rota.

¿Los tuyos te apoyaron?
Tengo mucha suerte. Mis padres son una maravilla y se lo tomaron muy muy bien. Recuerdo que cuando dejé Telefónica —porque ya era imposible compaginar las dos cosas— mi padre me dijo: «Pelea por tu sueño ya que nosotros no hemos podido, pero ten presente que yo no tengo dinero para ayudarte con estudios caros». No criticó mi decisión. Al contrario. Valoran lo que hago porque saben el esfuerzo que me ha costado.

Mujeres (2006), de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, situó a Carmen Ruiz en la mapa de la interpretación © Cuco Cuervo

¿Por dónde empezaste?
Lo primero que hice fue participar en una función infantil amateur con un grupo de teatro de ingenieros agrónomos (risas), y donde realmente empecé a enfrentarme al público fue en el espacio La katarsis del tomatazo, allí fue donde comencé mis prácticas al mes de estar estudiando; estuve cuatro años cada fin de semana. Fue una experiencia muy guay que me enseñó a enfrentarme al mercado y a autogestionarme.

Al acabar la escuela monté con tres compañeros una compañía pequeña y actuando en la Sala Triángulo (hoy Compañía del Barrio) me vio Ana Sanz, que era la directora de casting de El Deseo, y me propuso hacer una prueba para la serie Mujeres ¡y la pasé!

¿Qué es lo mejor y lo peor que te ha enseñado tu profesión?
Lo más bonito, la importancia de la perseverancia y el trabajar en equipo.

«Lo clave no está en lo que haces con tu personaje. La clave está en ponerte al servicio de la historia, de tus compañeros y del director»

En el teatro sin el otro eres nadie. Lo peor es la intermitencia laboral, es desesperante; y eso que llevo ya muchos años ganándome la vida con mi trabajo, con algún que otro parón, pero afortunadamente pocos. Y la otra cosa que no me gusta demasiado es estar siempre sometida a examen. Da igual la edad que tengas o lo que hayas hecho, siempre hay que pasar un examen.

¿Has estado a punto de tirar la toalla en alguna ocasión?
Tanto como eso no, pero sí tuve una racha de un año sin trabajar en la que lo pasé mal. En esos momentos te entran las inseguridades y piensas: «ya no se acuerdan de mí, ya no quieren llamarme», y eso se transforma en miedo y vértigo y genera angustia. A día de hoy vivo de la interpretación, pero desagraciadamente no todo el mundo puede hacerlo. Es verdad que gracias a las plataformas de entretenimiento hay muchos proyectos en marcha, pero somos muchos actores.

Directa, de ideas claras y encantadora, esa es Carmen Ruiz © Cuco Cuervo

¿Cuál es el papel que más te ha dado?
Cada personaje me ha aportado mucho, no tengo uno favorito. Es difícil contestar a esta pregunta, así que me voy a quedar con tres. Con Julia, de la serie Mujeres —de Félix Sabroso y Dunia Ayaso—, que fue mi primer trabajo en televisión; con Marta, de la obra de teatro Bajo terapia —de Matías del Federico y Daniel Veronese—, y con Sandra de la película La vida inesperada—de Jorge Torregrossa—.

¿Alguna asignatura pendiente como actriz?
¡Uf! Me quedan muchas cosas por hacer, y muchas difíciles, pero como soñar es gratis… Me encantaría hacer una película de ciencia-ficción o de artes marciales en plan Kill Bill, ¡sería feliz! Y también me fliparía asumir un personaje tipo Glenn Close en Las amistades peligrosas, un perfil de mala, oscura, sibilina. ¡Eso me encantaría!

Trabajos a punto de estrenar, por favor.
Estoy grabando la tercera temporada de Madres, en emisión está Deudas y en el Teatro de la Abadía estaremos a partir de junio representando Ronejo, de Rulo Pardo, una historia de ciencia-ficción que plantea qué pasaría si alguien controlase nuestros sueños y los llenase de publicidad.

Para Carmen Ruiz no hay personajes pequeños © Cuco Cuervo

¿Qué tal se lleva eso de no ser siempre la protagonista?
¡Fenomenal! Para mí lo importante no es ser protagonista, sino tener la oportunidad de interpretar personajes bonitos e interesantes. No hay personajes pequeños, y a veces cuando tienes un papel secundario disfrutas mucho más del trabajo porque no tienes el peso del papel protagonista. No me quejo de nada, mi carrera está llena de personajes muy chulos.

¿Alguna superstición confesable?
Solo tengo una antes de salir a escena y es decirle a mi abuela Manolita, a la que le gustaba mucho el teatro: «Manolita, échame un cable». (Risas).

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