De Casa Real al tablao

David López Canales

Tras varios años ejerciendo el periodismo en modo asalariado —los últimos cinco como jefe de actualidad de Vanity Fair—, nuestro protagonista optó por la libertad del ‘freelanceo’ y empezó a vender sus historias al margen de horarios y esclavitudes de grupo. Aquella sabia decisión se traduce hoy en la presencia habitual de su firma en cabeceras como El País, El Mundo, Jot Down, elDiario.es, La Vanguardia, GQ, Esquire o Telva —dentro de nuestras fronteras—, y otras internacionales como Gatopardo, Newsweek, Society o Schweiz am Sonntag.

David López Canales (Madrid, 1980) es un perseguidor de historias, su curiosidad no sabe de límites y cuando tiene algo bueno entre manos no lo suelta hasta que consigue publicarlo. Si el espacio de la entrevista o el reportaje se le queda corto no tardará en acariciar la idea de un libro, esa gran alternativa para extenderse y profundizar a placer.

Le pasó con la vida de Monzer Al Kassar —que se transformó en su primer libro, ‘El Traficante’ (La Esfera de los Libros), que, como nos adelanta, probablemente se convierta en serie— y le vuelve a pasar ahora con ‘Un tablao en otro mundo’ (Alianza Editorial), su segundo ‘larga duración’ en el que relata el intercambio de culturas que se produjo a finales de los años 60 entre España y Japón gracias al flamenco.

¿Cómo se logra que Charles Manson te dé una exclusiva tras cuarenta años de silencio en la cárcel?
Siendo muy insistente, la perseverancia es una de las claves del periodismo. Le envié muchas cartas hasta que logré que alguien de su entorno me respondiera; a esta persona le seguí insistiendo durante un año y pico hasta que conseguí la entrevista.

¿Fue el personaje que más te impresionó?
No, porque no me autorizaron a hacer la entrevista en la cárcel, fue por teléfono y por teléfono siempre se pierden muchas impresiones, esas que solo se consiguen en el cara a cara.

«Sabes que estás hablando con un mito maldito del siglo XX, un icono de la cultura de masas, pero me perdí la experiencia de entrar en una de las cárceles más famosas de Estados Unidos, pasar los controles de seguridad y encontrarme con su mirada»

Me han impresionado más otros personajes.

David López Canales siempre estará donde haya una buena historia.

Como por ejemplo…
Disfruté mucho entrevistando a Francisco Paesa, el espía que entregó a Roldán, un señor mayor que está de vuelta de todo. Mantuvimos largas conversaciones y establecimos una muy buena sintonía que aún hoy mantenemos. En cierta ocasión me dijo que tenía una lista negra de enemigos; desde ese día, cada vez que notaba que alguna de mis preguntas le molestaba le decía: «¿Ya estoy en su lista negra, señor Paesa?». (Risas). Por suerte siempre me respondía: «No, aún no está usted en mi lista negra, señor López».

Durante cinco años fuiste el jefe de actualidad de Vanity Fair. ¿Cómo se combina la frivolidad con el periodismo serio?
Es la seña de identidad del medio. Vanity Fair trasladó a nuestro país la fórmula con la que encontraron el éxito en EE.UU.: combinar la parte más frívola de la alta sociedad neoyorquina o el star system con los reportajes de investigación y las grandes entrevistas. El secreto está en el equilibrio entre lo frívolo y lo serio. Personalmente, creo que la versión española quedó bastante equilibrada.

¿Cual fue tu momento estelar en esta revista?
Hubo varios, pero un momento muy bueno fue cuando sacamos todo el tema de Corinna y el rey Juan Carlos. Desde el principio apuntamos que no solo era una relación sentimental, que detrás había mucho más como el tiempo ha demostrado y sigue demostrando.

«Tuvimos mucha presión, tanto de Casa Real como del Centro Nacional de Inteligencia. Nos acosaron para saber qué información manejábamos y qué íbamos a publicar. Las insinuaciones para que no publicásemos estaban a la orden del día»

¿Las presiones existen?
¡Hombre, claro que existen! Más o menos sutiles, pero existen.

¿Se están derrumbando las estructuras del periodismo actual?
Creo que lo que se derrumba es el modelo tal y como lo conocíamos, pero por una cuestión puramente económica. Ahora no hay dinero en los periódicos, los periódicos no se venden y la publicidad digital no se paga igual, no hay recursos para dedicar tiempo a los temas que requieren profundidad.

«Vivimos un tiempo de cambio, de incertidumbre. La prensa en papel se extingue y el modelo digital no acaba de ser rentable»

¿Hacia dónde va el periodismo?
El periodismo ha sido lo mismo durante siglos: alguien conoce algo que sucede y lo cuenta; por tanto, el periodismo como tal no va hacia ningún lado. Otra cosa sería hacia dónde va el modelo, cómo se ejerce o cómo se trasmite el periodismo.

«Hablar sobre el nuevo modelo de periodismo sería algo muy aventurado, no creo que lo conozcan ni los grandes editores ni los propietarios de los medios de comunicación»

Seguro que a ti se te ha ocurrido algo.
Quizá los periódicos de papel deberían dejar de venderse de lunes a viernes para que la gente consumiese sus versiones digitales entre semana, reservando los fines de semana para ediciones en papel muy completas, con análisis, reportajes en profundidad, alguna revista o suplemento… No sé, es una idea que alguna vez hemos hablado entre compañeros.

A sus 40 años, David López Canales conoce bien el duro trabajo que implica toda exclusiva.

¿Qué te llevó a escribir tu primer libro: ‘El Traficante’?
Había hecho un par de reportajes sobre Monzer Al Kassar para Vanity Fair y me apasionaba el personaje. Me parecía que encerraba muchas historias, que había estado en medio de muchas intrigas y que a través de él se podían contar y retratar muchas facetas de nuestro mundo: las cloacas del estado, la guerra en Siria, el funcionamiento de la DEA o la CIA, la Marbella de la jet set… Al Kassar da para un libro y para una serie.

Volvamos al presente. ¿Por qué una historia sobre los flamencos que se fueron a Japón?
Siempre he hecho de todo y, como periodista, he tenido la inmensa fortuna de no especializarme en nada.

«No tengo ni idea de nada, pero puedo intentar hacer de todo» 

El flamenco siempre me ha atraído, lo escucho mucho e incluso toco un poquito la guitarra. Pensé que la historia del flamenco en Japón merecía ser contada porque, a priori, no había nada en la realidad que hiciera prever que dos mundos tan complejos y fascinantes, y tan diferentes y opuestos entre sí, pudieran encontrarse como lo hicieron. Me parecía una gran historia y las grandes historias hay que contarlas.

Un tablao en otro mundo: La asombrosa historia de cómo el flamenco conquistó Japón, un libro interesante de David López Canales © Alianza Editorial

¿En qué punto confluyen la cultura japonesa y la española?
La sociedad japonesa es una sociedad triste, influida por el budismo, que enseña a aceptar que somos transitorios, que todo es efímero y que hay que resignarse. En este escenario, el flamenco es la belleza dentro de lo trágico, las letras, los cantes, son pura belleza y pura tragedia.

«El flamenco es una forma de expresarse, de liberarse, y eso le viene muy bien a una sociedad tan reprimida como la japonesa. Lo admiran y, lo que es mejor, lo practican»

¿Los flamencos que se iban a Japón lo hacían como embajadores culturales?
Se iban para ganar dinero. En Japón se ganaba mucho dinero y esa era la principal motivación. También es cierto que algunos flamencos apreciaban especialmente la pasión de los japoneses y procuraron enseñarles y transmitirles la esencia de su arte como respuesta a su respeto y admiración.

Había dos formas de ir a Japón: para trabajar en tablaos seis meses o un año y ganar mucho dinero —todos eran grandes currantes— o como hacían los grandes maestros, que iban a los teatros, por temporadas más cortas de un mes o dos. Cuando hablo de maestros me estoy refiriendo a Antonio Gades, Paco de Lucía o Víctor Montes Serranito. Ellos llenaban los teatros, era otro nivel.

¿Se empapaban de alguna manera de la cultura japonesa?
No, en general iban, hacían lo suyo y volvían. También hay que pensar que era otra época en la que se desconocía totalmente la cultura japonesa y ni siquiera hablaban el idioma. Estaban muy asilados. Sí hubo casos de artistas como Cristina Hoyos, Tomás de Madrid o Manolete de Granada que encontraron en Japón una forma de trabajar, una disciplina, unas condiciones técnicas que aquí no existían, un respeto por las cosas bien hechas que a ellos les gustaba mucho y que les hacía volver una y otra vez para disfrutar de esa forma de enfrentarse al trabajo y al flamenco.

¿Y los japoneses que vinieron aquí a vivir flamenco?
En aquella España gris de finales de los 60 van y se presentan unos japoneses en Madrid y Sevilla y dicen que ¡quieren ser flamencos! Les llamaban los chinos y se reían de ellos. El flamenco es mundo muy cerrado en el que es muy difícil entrar, y menos para esta gente que no eran ni gitanos ni siquiera españoles. Pero le pusieron tanto empeño y tanta pasión que algunos de ellos se convirtieron en grandes maestros en Japón y alguno, como Shōji Kojima, incluso triunfó en España.

Si algo tiene claro David López Canales es que información equivale a poder. Otra cosa, claro está, es cómo la utilice cada uno.

Nos hemos quedado dándole vueltas a lo de Francisco Paesa, Corinna Larsen, Monzer Al Kassar y demás. ¿Las cloacas están rebosando?
Sí, hay una realidad que no vemos, pero está ahí; la reconocemos en el cine, pero no es ficción, existe.

«Un buen ejemplo sería el comisario Villarejo, un hombre que pertenecía al sistema y lleva a cabo operaciones más o menos éticas o legítimas. Una creación del Estado que en un momento dado se les escapa de las manos y tienen que ir a por él»

O la propia Corinna, que al principio nos la vendían como una amante más del rey Juan Carlos.

«Desde Zarzuela, literalmente, nos decían: ‘Es que el rey está encoñao con ella’, pero luego se descubre que tenían muchos negocios juntos y que Corinna sabía perfectamente dónde estaba la fortuna oculta del rey y cómo operaba para ganar dinero»

Este tipo de pesonajes, ¿valen más por lo que callan que por lo que cuentan?
Totalmente, se han hecho fuertes y poderosos acumulando información y aprovechándose de ella para conseguir lo que querían.

«Que tú tengas dinero da igual, siempre habrá alguien que tenga más que tú, pero si tienes información que nadie más maneja posees algo muy valioso que te puede hacer llegar a donde quieras»

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