Construyendo el País de las Maravillas

Valeria Vegas

[Entrevista #100 publicada originalmente el 28 de enero de 2021]

He aquí una mujer deliciosa y encantadora que —como todos— pelea a diario por construirse a sí misma. No hace mucho sorteaba obstáculos con forma de decepción mientras buscaba editorial para publicar las memorias que había escrito sobre Joselito-Cristina-Veneno, un personaje controvertido que encontró en la televisión tanta gloria como desesperación. Nadie quiso editar aquel libro —convertido ahora en best seller— que ya va camino de su sexta edición y que vio la luz gracias a dos palabras mágicas: valor y autoedición.

Superado el tsunami internacional de ‘Veneno’ (Atresmedia) —muy grandes Javier Ambrossi y Javier Calvo—, nuestra protagonista nos regala ahora un nuevo volumen llamado a ser lectura obligada cuando la historia de las siglas LGTBQ en España se transforme en carrera universitaria. Por si eso tarda, sugerimos que ‘Libérate’ (Editorial Dos Bigotes) sea leído ahora, ya que este glosario ordena los nombres propios de todas esas canciones, películas y personas —unas conocidas, otras menos— cuyas vidas y aportaciones son los cimientos de la cultura LGTBQ de este país. Un trabajo impecable e imprescindible.

Gracias Valeria Vegas (Valencia, 1985) por este libro y por llenar con tu luz nuestra entrevista número 100.

‘Libérate’. ¿Qué te empujó a dar forma a esta exhaustiva reivindicación de los pioneros LGTBQ?
La certeza de que admiro mucho a todos estos predecesores de nuestra cultura. Eso y el hecho de que no hubiese un libro que los reivindicase. Me gusta escribir pensando en lo que a mí me gustaría encontrar en una librería.

«El pasado no solo tiene que significar nostalgia, el pasado también es saber de dónde venimos para saber dónde estamos e ir mejor armados vayamos donde vayamos»

¿Cómo de complicado te resultó encontrar un nuevo camino literario tras escribir las memorias de La Veneno?
Necesité unos meses de desconexión para saber qué quería hacer, pero tampoco le di demasiadas vueltas. Vestidas de azul, mi ensayo sobre cómo los medios del cine habían abordado la transexualidad en España se materializó pronto.

De todos tus libros —‘Grandes actrices del cine español’ (2015), ‘¡Digo! Ni puta, ni santa: Las memorias de La Veneno’ (2016), ‘Vestidas de azul’ (2019) y ‘Libérate’ (2021)—, ¿cuál te ha dado más dolores de cabeza y cuál más satisfacciones?
Vestidas de azul y Libérate me han supuesto algún dolor de cabeza porque son los que más documentación han necesitado, mucha hemeroteca y mucho archivo; aunque, la verdad, el trabajo de investigación me resulta muy placentero. Cada libro te reporta un tipo de satisfacción.

El de Cristina me las está trayendo ahora, cuando ha llegado el reconocimiento gracias a la serie. La gente me dice: «Qué maravilla que hayas escrito la vida de una persona tan distinta y tan opuesta a lo que se supone que es un triunfador».

«‘Libérate’ me está dando muchas alegrías porque me está contactando mucha gente que aparece en el libro a la que no conozco personalmente para agradecérmelo»

Gente como la artista Christine Berna o Fama (Fernando Telletxea), el transformista de los 70 que sale en La muerte de Mikel, de Imanol Uribe. Son detalles que me alegran especialmente porque que esas personas se sientan bien reflejadas me proporciona una gran satisfacción.

Periodista, escritora, documentalista, guionista, comentarista y productora. Valeria Vegas o el arte de la bilocación.

Los y las protagonistas de ‘Libérate’ —citamos tu prólogo— «no siempre eran referentes perfectos estando lejos de las teorías de género y los argumentos actuales, pero, en pleno tardofranquismo, su posicionamiento en un país que se movía entre la ignorancia y la mala intención era más que suficiente». ¿Las nuevas generaciones LGTBQ son conscientes de lo duro que ha sido el camino para llegar hasta aquí o al haber nacido en una época más amable ni se lo plantean?
No, no lo son. Es algo palpable, y no lo digo en plan persona mayor que se queja de las nuevas generaciones. No son conscientes. Yo no he vivido la Ley de vagos y maleantes, pero sí he querido saber lo que significó.

«La generación actual, los hijos de internet, lo tienen todo muy a mano, pero si de repente se dejan las llaves dentro de casa se bloquean y te hacen una historia de Instagram con el drama en vez de buscar un cerrajero» (Risas)

Tienen un carácter combativo, eso es cierto, pero les falta un poco de conciencia a la hora de saber de dónde venimos. Creo que no son del todo conscientes de lo que son los problemas de verdad.

De todas las vidas que reivindicas en ‘Libérate’, ¿con cuál o cuáles sientes una vinculación más especial y por qué?
El caso de Francis (Vicente Vadillo), un transformista que muere porque un día se enfrenta a un policía en un cabaret de Rentería y este le pega un tiro. No puedo evitar pensar qué habría sido de su vida y de su carrera si eso no hubiese pasado, pero, sobre todo, ¡qué muerte tan injusta y tan silenciada!

«La muerte de Francis es nuestro propio Stonewall y nunca se ha reivindicado como debería. Su historia me sobrecoge»

¿Cuántos protagonistas has descubierto durante el proceso de investigación de ‘Libérate’?
Lo cierto es que los he tenido bastante claros a todos desde el principio. Llegué a tener un listado bastante amplio y luego fui filtrando hasta quedarme en las 97 entradas actuales. Al indagar me he reencontrado con personas como la italiana Dolly Van Doll, que llegó a España con 40 años —sin hablar una palabra de castellano— y consiguió triunfar como vedete, como ya lo había hecho en toda Europa, además de convertirse en empresaria de éxito que dio trabajo a mucha gente en los ochenta. Dolly, que sigue viva, tiene 88 años, ofrecía espectáculos privados en Cataluña. Siempre me pregunto hasta dónde habría llegado si ella hubiese querido tener mayor visibilidad. Nunca se sabe por qué, por ejemplo, a Esperanza Roy —que es una vedete cisgénero hetero y estupenda— tampoco se la ha tenido nunca demasiado en cuenta.

En ‘Libérate’, puntualizas, «hay ausencias más que justificadas porque este no es un libro de outing». Sin mencionar a personas concretas, ¿te da rabia no haber podido incluir a más de un nombre propio importante, de esos que todos tenemos en mente ahora mismo?
No, porque quien no quiere posicionarse, quien no quiere contar su vida, está en todo su derecho. Ahora bien, pienso que estas personas pierden más que ganan. Los nombres contemporáneos ya no van a abrir ningún camino, hay muchísima gente abriéndolos.

«Creo que las personas LGTBQ ocultas viven en una constante incomodidad, pensando que su forma de ser es algo ilícito que no se puede contar en público. Vivir así me parece un castigo»

El outing del que hablo en el libro hace referencia al pasado, a aquellos actores y actrices, como Antonio Ferrandis o Vicente Parra, que no decían cómo eran cuando realmente todo el mundo en la industria lo sabía. Y lo entiendo, no era su momento. En los años 60, 70 y 80 si contabas que eras gay te quedabas sin trabajo.

«Imagínate a Chanquete diciendo que era gay» (Risas)

Libérate es un necesario reconocimiento a las personas LGTBQ que abrieron brecha en España © Editorial Dos Bigotes

¿Cuál serían tus tres películas españolas imprescindibles por su valentía y aportaciones al moviente LGTBQ?
Imprescindible es La ley del deseo, de Pedro Almodóvar. Fue una película muy maltratada en su momento.

«No somos conscientes, pero en 1987 ya existían los Goya y ‘La ley del deseo’ no recibió ninguna nominación»

¿¡Cómo puede ser!? No fue una película entendida porque mostraba abiertamente amores homosexuales.

Cambio de sexo, de Vicente Aranda, al ser de 1976, me parece que está muy bien lograda. Recalco lo del 76 porque fue una época muy peligrosa para el cine español, que jugaba con películas de autor muy buenas, pero también con auténticas bazofias que solo buscaban morbo y sensacionalismo. Esta película —excelentemente interpretada por Victoria Abril— está muy bien medida y muestra perfectamente la problemática del colectivo trans. Sigue siendo una película estupenda.

La deuda, quizá, está en la temática lésbica. Las mujeres han sido mucho peor utilizadas por nuestro cine, siempre buscando el morbo masculino. Sin embargo, tenemos que hacer una excepción con la película Calé (1987), de Carlos Serrano, protagonizada por Mónica Randall y Rosario Flores. No es una película brillante, pero por lo menos rompió el cliché del morbo.

Hablemos del periplo de ‘¡Digo! Ni puta, ni santa: Las memorias de La Veneno’ cuando todas las editoriales rechazaban el libro y tomaste la decisión de autoeditarlo. ¿Te han llamado después esas mismas editoriales para intentar deshacer su infinita metedura de pata?
Me contactaron durante el confinamiento desde una de las editoriales más potentes de nuestro país, pero mira, no.

«Querían hacer cambios en las memorias de Cristina, empezando por la portada, la tipografía, etcétera, pero a mí lo que me apetece es que esta hija siga siendo de la misma manera»

Es un proyecto pasado y no le veo sentido a volver a hacer promoción. Entre 2016 y 2020 han pasado muchas cosas y ahora yo soy otra. ¡Digo! ya va por la sexta edición.

¿Les resultó muy duro a los Javis convencerte para transformar tu obra en serie?
En absoluto. Yo sabía que iban a hacer algo mágico, solo con su esencia iba a salir algo estupendo. Fue como cerrar el círculo de manera perfecta.

«Sé que ahora mismo Cristina estaría flipando»

Los Javis me contactaron en 2018 y he tenido que estar callada durante casi dos años, imagínate. Todo lo que a la gente le sorprende ahora a mí me suena ya como a Paleolítico.

«Lo que no supe hasta poco antes de empezar el rodaje es que querían introducir un personaje inspirado en mí»

Lola Rodríguez es Valeria Vegas en Veneno © Atresmedia

¿Qué tal se lleva eso de ser tan joven y que ya te hayan interpretado en el cine? ¿Te gusta la versión de ti creada por la actriz Lola Rodríguez?
Se me hace muy raro. Me gustaría que todo el mundo pudiese experimentar la misma sensación para que me entendiesen cuando digo lo raro que es verte en la pantalla.

«Me ruboriza muchísimo que me interpreten. Hay un momento en la serie en el que hasta me mencionan con nombre y apellidos y eso ya me bloquea del todo, me hundo completamente en el asiento»

Veneno me ha proporcionado muchas satisfacciones porque es un trabajo muy bien hecho. Es todo muy extraño. (Risas). Lola lo hace muy bien. Mis amigos de toda la vida me dicen: «pues tiene puntos de ti». Lola me ha preguntado mucho y siempre le he dicho que me interpretase libremente porque nadie nos iba a comparar. Pero sí, tiene puntos de mí.

¿Cómo reaccionaste la primera vez que viste ‘Veneno’ en imágenes?
Me emocioné mucho. Ya lo había hecho leyendo el guion, pero verlo es distinto: la música, las interpretaciones, el montaje… Me sobrecogió.

«Hay capítulos que me dejaron tocada durante varios días, tocada para bien»

Y ahora que la serie es un éxito internacional sin precedentes, sobre todo en Estados Unidos y Latinoamérica, ¿cómo lo digieres?
Me escribe muchísima gente a diario, de Estados Unidos, Chile, Argentina, México, Venezuela… Ven la serie con unos ojos más neutrales porque no conocían previamente a la Veneno como nosotros, que cada uno tiene su propia versión de cómo era ella.

Por cierto, ¿tu novio está tan buenorro como Tamar Novas, el actor que lo interpreta en ‘Veneno?
(Risas). Para mí está muy buenorro. (Risas). Pero no tienen nada que ver. Mi chico es pelirrojo. Un día quedé con Lola y nos encontramos con Tamar Novas por la calle. «Ay, yo hago de tu novio», dijo. Fue muy divertido.

Veneno es, sin duda, una de las tres mejores series españolas de 2020 y, quizá, la de mayor reconocimiento internacional © Atresmedia

En la lógica evolución de la terminología a emplear para definir correctamente a las personas, se ha creado un vocabulario de neologismos ciertamente complejo. ¿Te has liado alguna vez al manejar términos como cisgénero, intersexualiad, no-binario, disforia de género, género fluido, etcétera?
No me ha costado asimilarlos, pero no los pongo siempre en práctica. Me explico. Si optase por utilizar genéricos como nosotres o todes no llegaría a toda la gente a la que quiero llegar ya que, por suerte, tengo un altavoz para hacerlo. Me interesa más el contenido que la forma. Ahora me preocupa más contribuir a diferenciar entre condición sexual e identidad sexual. La antítesis de transexual no es heterosexual. La antítesis de heterosexual es homosexual, y la de transexual es cisgénero.

«No tengo ningún problema con los neologismos, pero tampoco me los impongo. Tampoco me gusta juzgar a la gente que no los aplica, todos tenemos que aprender. Estamos ante un momento muy nuevo y a la gente hay que darle tiempo para asimilar las cosas»

¿Existe mayor victoria que sacar la transexualidad de la prostitución como único modo de vida, como estigma?
La transexualidad está muy ligada a la prostitución, eso es así. La tasa de desempleo en la población trans es del noventa por ciento, altísima. ¿Por qué? Porque la gente no acepta un cuerpo que no le parezca normativamente femenino o que en el documento de identidad de estas personas no se vea reflejado el cambio. Hay que ser conscientes de que la prostitución está ahí y hay que entender sus circunstancias sin juzgar. Pero, poco a poco, cada vez vemos más transexuales en otros trabajos más allá de los medios de comunicación o el espectáculo, que serían las vías más recurrentes.

«Lo importante es que haya enfermeras transexuales, cajeras, directivas o chicas trabajando en agencias de viajes, que las hay. Esto no quiere decir que ellas sean mejores que las prostitutas, quiere decir que estamos avanzando en el cambio»

En la transexualidad contemporánea, ¿el estereotipo de la mujer hiperfemenina, la exageración física en ocasiones, sigue teniendo sentido?
Hay que entender que hay dos formas de llegar a ese físico. Unas veces es por simple voluntad propia.

«Si tú te gustas así, no necesitas la aprobación de nadie. Construirse a uno mismo también es un arte»

Otras veces se llega a ese físico porque se busca una aprobación de la sociedad imperante, una aprobación mal entendida que al final no siempre se consigue. Hay una búsqueda del cuerpo perfecto.

«Se podría teorizar mucho y quizá se esté llegando a modelos menos hipersexualizados, lo que a mí me lleva a una gran contradicción porque soy una fan absoluta de Pamela Anderson» (Risas)

¿La intolerancia hacia las identidades sexuales tiene afiliación política o tanto en la derecha como en la izquierda hay retrógrados?
Sí la tiene y muy clara. Es innegable que este país no habría avanzado en cuanto a libertades individuales si no llega a ser por la izquierda. La derecha siempre ha puesto infinidad de dificultades en todo: aborto, divorcio o libertades sexuales, como el uso de anticonceptivos, matrimonio igualitario, Ley de identidad de género, etcétera.

«La derecha le debe mucho a la izquierda porque también se divorcian, y mucho. Hoy están muy a favor de todo, pero hace dos días no lo estaban»

Hablemos de Valeria. ¿Qué tal se lleva Martínez con Vegas?
El cartero se lía mucho, el pobre. (Risas). Nos llevamos bien, somos la misma persona. Me gusta mucho que la primera letra del nombre coincida con la del apellido: Brigitte Bardot, Marilyn Monroe, Claudia Cardinale, Anabel Alonso, Loles León…

«Se me ocurrió Vegas, la ciudad del pecado, para hacer más sonoro el nombre, pero no hay dos valerias»

Valeria o el esplendor a los 35.

¿Te has llegado a cansar alguna vez de ti misma?
Claro, me pasa. Sobre todo por querer abarcar muchas cosas, por querer estar en muchos sitios a la vez y no poder lograrlo. No me canso de trabajar, me canso de no saber decir que no, aunque cada vez lo domino un poco más.

¿Cómo es tu fama? ¿Te ha cambiado en algo?
La fama te cambia. Lo noto mucho según el lugar en el que esté, incluso en la calle en la que esté. En la Gran Vía de Madrid me paran mucho —sobre todo gente joven—, pero dos calles más allá no me reconoce nadie. Es muy curioso. En Andalucía me ocurren cosas distintas porque desde hace dos años colaboro en el programa de Toñi Moreno, Un año de tu vida, de Canal Sur. La gente que me para en el sur son las señoras del supermercado.

«Me esfuerzo por no cambiar en nada. Me gusta sacar a mis perros con la cara lavada, una pinza en el pelo y en chándal, que ya sé que no está bien» (Risas)

No soy Madonna, eso está claro. Lo mío es muy de andar por casa y, además, yo también he pedido autógrafos.

¿Debería haber una asignatura en el colegio que se llamase Respeto?
Totalmente. Sería muy necesario. En la forma de ser de los españoles hay demasiadas faltas de respeto, es como si todo se pudiera decir y todo se pudiera opinar. No lo digo desde el resentimiento, lo digo porque he viajado y fuera no pasa lo que ocurre aquí. Si una persona liga mucho es una fresca, si no liga nada es monjil, palabra que ni existe en otros idiomas.

«Los españoles nos metemos en la vida de los demás demasiado alegremente»

Si hoy pudieras hablar con tu yo asustado frente a un mundo hecho al revés, ¿qué le dirías?
Le diría que tuviese paciencia, que potenciase su diferencia frente a los demás porque ser diferente es lo que te hace fuerte. Lo cierto es que todo eso lo he tenido claro siempre.

«Yo a las niñas raras de las películas de Tim Burton las dejo en parvulitos» (Risas)

Siempre he sido muy raruna y no lo hacía por provocar. Yo era el niño que se pintaba las uñas en el colegio y era feliz.

¿Qué te da miedo?
Cada vez menos cosas. Ya no le tengo miedo a la muerte; la he vivido muy de cerca con mi padre y ya no la temo.

«Me da miedo la gente loca con mayúsculas, los desequilibrados mentales. Contra eso no se puede hacer nada»

¿Qué te hace inmensamente feliz?
El anuncio de una paella para el domingo me tiene loca de contenta desde el día anterior. Saber que el mes que viene se estrena la nueva de Quentin Tarantino me hace feliz. Ir al mercado me hace feliz. Una canción que me encante me hace feliz.

«Soy simplona rozando lo infantil, un poco Alicia en el País de las Maravillas» (Risas)

¿Cómo te ves de mayor?
De mayor me veo rodeada de la gente que quiero. Me encanta estar sola, pero, de repente, necesito llenar la casa de gente quiero. Quiero ser una viejecita con salud que se pase todo el día contándole batallitas a los suyos.

Periodista, documentalista, ensayista, escritora, comentarista, productora… ¿Cuál será tu próximo proyecto?
Estoy guionizando un documental sobre Susana Estrada, el icono de los 70 que nos enseñó a perderle el miedo al sexo. Tuve la idea, Susana aceptó, Televisión Española la compró y aquí estoy yo delante del ordenador dándole a la tecla.

¿Te ha gustado ser la entrevista número 100 de influyo_? «Ha sido un honor»

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