El poder de la palabra

Ayoub El Hilali
Fotografía: Geraldine Leloutre

¿Qué hace un sociólogo-antropólogo catalán interpretando a un joven árabe necesitado de refugio en el contexto de los atentados de París de noviembre de 2015? Pelear a brazo partido para convertirse en uno de los mejores actores de nuestro país y dejar atrás los estigmas y los prejuicios inoculados por religiones, gobiernos y la historia misma.

Ayoub El Hilali (Barcelona, 1989) es un tipo formidable —a la par que seductor— con una cabeza bendecida por el sentido común y el amor hacia sus semejantes. Ahora estrena, junto a nuestra siempre adorada Cayetana Guillén Cuervo, ‘Puertas abiertas’ —de Emma Riverola—, una obra de teatro tan compleja como brillante que aborda el tema del terrorismo, los prejuicios y el odio entre humanos.

Larga vida a Ayoub El Hilali, un chico sensible y preparado que —es cuestión de tiempo— alcanzará las estrellas.

¿Qué impresión te causó ‘Puertas abiertas’, de la periodista Emma Riverola, la primera vez que leíste la obra?
Para hacer honor a la verdad, debo decir que la primera vez que la leí pequé de prejuicioso; caí en el mismo saco contra el que lucho a diario. La obra llegó a la oficina de mi representante y solo leyendo la sinopsis le dije que no, que no quería hacerla, que iba contra mis batallas personales. Craso error que tuve que reconocer poco después. Mi manager insistió: «Léetela, dale una oportunidad porque es un texto maravilloso y te va a encantar». Como un niño bueno, le hice caso y la leí con calma, página a página, hasta descubrir toda la sensibilidad que contiene. Llegué a la última hoja e hice eso tan difícil en la vida —solo comparable a decir te quiero— que es pedir perdón. «Perdóname, efectivamente tengo que hacer esta obra».

Ayoub El Hilali: 31 años peleando por un mundo mejor.

‘Puertas abiertas’ es una historia cargada de tensión y giros argumentales con el trasfondo de los ataques terroristas de noviembre de 2015 en París llevados a cabo por el autodenominado Estado Islámico. ¿Has tenido que enfrentarte a algún conflicto interior al asumir el rol del joven un árabe que encuentra refugio en casa de una francesa que vive sola?
Puerta abiertas es un texto, como el propio conflicto, nada sencillo de abordar. Es realmente complejo. Si buscáramos, encontraríamos una definición para terrorismo islamista, pero no para terrorismo cristiano o judío. Por eso estoy en esta representación, para ayudar a poner el debate sobre la mesa.

«Me tomo este trabajo como una oportunidad excepcional para cambiar el mundo a través del poder de la palabra»

¿Tus raíces marroquíes, el color de tu piel, tu nombre y apellidos, te han supuesto problemas en alguna ocasión? ¿Te han mirado como diciendo: ‘seguro que es terrorista’?
En los aniversarios de fechas clave como, por ejemplo, el 11-M, sí he llegado a sentirme especialmente observado y vulnerable. Sientes el miedo de los demás, la desconfianza. El miedo es algo universal, viaja en el ser humano; el problema llega cuando los miedos antagonistas se encuentran. Afortunadamente, en mi día a día, en mi entorno, en mi trabajo, nadie piensa eso. Otra cosa serían los encasillamientos en mi labor como actor; las probabilidades de que me llamen para interpretar papeles de árabe son altas, por no decir altísimas.

«Pero yo necesito volar, hacer de abogado defensor, de superhéroe, de arrantzale vasco, de seductor en una comedia romántica o de cualquier otro papel que se te pase por la cabeza»

Precisamente, has hecho mucha tele en series como ‘Pelotas’, ‘La que se avecina’, ‘La pecera de Eva’, ‘El Príncipe’ o ‘Madres’ y siempre de árabe. ¿Cuándo cambiarán las tornas en el cine español?
En El Príncipe, la serie que me puso en el escaparate, interpreté a un subinspector de la Policía Nacional, algo es algo. (Risas). Yo me he instalado en la senda de la palabra, que es la más poderosa, y en la de las liturgias sin estigmas. Poco a poco.

¿Cuáles serían, a tu juicio, los principales tópicos y prejuicios de los occidentales hacia el mundo islámico?
Todos los que la gente absorbe —dicho con todo el respeto— de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión. Los medios, los actores, todos, tenemos la obligación de no demonizar a un colectivo, a una comunidad. Es como si ahora en China les diese por hacer películas sobre España y el único argumento fuese la violencia de género. No puedes juzgar a toda una comunidad por un cero coma cero cero tres por ciento de sus individuos —el porcentaje lo he dicho a boleo—.

¿Y cuáles serían los tópicos y prejuicios del colectivo islámico hacia occidente?
Pues, a fin de cuentas, los mismos. Yo mismo no quise hacer ‘Puertas abiertas’ en el primer contacto, pero recapacité: voy a defender este texto, voy a defender esta palabra porque su sensibilidad y la mía son la misma.

«La gran batalla pendiente de la humanidad es vencer los prejuicios»

Ayoub El Hilali y Cayetana Guillén Cuervo, protagonistas de ‘Puertas abiertas’, bajo la dirección de Abel Folk, en el Teatro Español de Madrid © Geraldine Leloutre

Hablemos de belleza. ¿Qué has aprendido de Cayetana Guillén Cuervo [protagonista de influyo_ el 11.09.2020]?
¡Ay, qué maravilla de mujer! Cayetana es una profesional como la copa de un pino, una gran maestra, luchadora, trabajadora, culta, humilde, honesta…

«Solo tengo palabras de amor para ella y de agradecimiento a la vida por habérmela puesto en el camino»

Nos encanta conversar. Estoy enamorado de mi compañera, ¡absolutamente!

¿Y de Abel Folk, director del montaje, al margen de ser una de las más grandes voces de doblaje de nuestro país?
Abel Folk es un tipo muy grande que con ‘Puertas abiertas’ ha puesto en pie un gran montaje conceptual, muy contemporáneo, tan arriesgado como maravilloso. Abel tiene un talento y una empatía fuera de lo normal.

Hablemos de Ayoub El Hilali, catalán de raíces marroquíes. Cuéntanos la historia de tu familia.
Mi familia es gente humilde y muy trabajadora que intentó un futuro mejor en Libia —aunque por culpa de la guerra no pudo ser— y acabó recalando en Barcelona. I aquí estic jo, que sóc català cent per cent. (Risas).

Ayoub El Hilalo o un buen ejemplo de que las miradas transparentes no se pueden impostar.

¿Cómo explicaste en casa que querías ser actor?
Primero quería dedicarme al fútbol, pero un día me presenté a un casting para hacer de figurante en Fuerte apache, de Jaume Mateu Adrover. Me llevé a mi hermano pequeño y van y lo pillan a él de protagonista. (Risas). A mí me dejaron de figurante. Y nada, íbamos todos los días al rodaje y así empecé a enamorarme de la profesión. Una peli llevó a otra, hasta que decidí formarme y dejar de darle patadas a un balón. Como no teníamos muchos medios, me apunté a la escuela Forn de Teatre Pa’tothom (Horno de teatro para todos) y me especialicé en teatro como herramienta para el cambio.

«Desarrollé un trabajo de fin de grado que me becó la Generalidad y me llevó a actuar para los presos de todas las cárceles de Cataluña»

Me vine a Madrid y empecé a trabajar en el Teatro Lara. Luego empezaron a llegar las series y las películas.

¿Tu hermano sigue siendo actor?
No, mi hermano es Bboy, bailarín profesional de break dance. Se pasa la vida dando volteretas por el mundo y girando sobre su cabeza. (Risas). Hamza El Hilali, todo un artista.

Los actores siempre pendientes del teléfono por si sale trabajo. ¿Qué tal llevas la parte inestable de la profesión?
Siempre estoy en modo activo, siempre dispuesto. La interpretación es como las consecuencias de la pandemia, gente en paro o con subsidios o a punto de quedarse sin ellos, pero durante toda la vida. Estoy acostumbrado a entrar y salir de la inestabilidad, por eso también me especialicé en gestión cultural y he creado, junto a mi hermano, una asociación especializada en cultura hip hop con base en Lyon.

¿Dónde vives entonces?
Entre Lyon y donde me lleve la vida.

¿Qué estás construyendo?
Intento, cada mañana cuando me despierto, ser la mejor versión de mí mismo. Me gusta ser transparente, honrado, educado —me encanta la exquisitez de la buena educación—.

«Cada día quiero ser mejor persona. Así es como soy feliz»

«En noviembre de 2015, mientras las calles respiraban pánico, impotencia y perplejidad, en Twitter empezó a circular un hashtag: #portesouvertes. Muchos parisinos ofrecían su casa a los que habían quedado atrapados en alguna parte de la ciudad y no podrían regresar a la suya», Emma Riverola, autora de ‘Puertas abiertas’ © Geraldine Leloutre

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