Filosofía con pelotas

Carlos Cuevas

Atreverse a saber, atreverse a aprender, atreverse a descubrir. De eso va ‘Merlí. Sapere aude’ (Movistar+), la serie catalana orquestada por Héctor Lozano que no sabe de fronteras, solo de acogidas excelentes. En el epicentro de la trama, nuestro protagonista, un actor poderoso con un brillo diferente al que es poco probable que veamos arder en la presente hoguera de vanidades y futilidad.

Los últimos quince años de su existencia no ha hecho otra cosa que trabajar y fortalecerse como persona y como actor. Teniendo en cuenta que camina por los 25, podemos afirmar que el suyo es un caso aparte. Lluís Homar, Eduard Fernández, Juan Diego Botto, Daniel Brühl o Raúl Arévalo fueron sus referentes. Hoy Carlos Cuevas (Montcada i Reixac, Barcelona, 1995) es uno de ellos.

Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Arranca un nuevo semestre. Nos reencontrarnos con Pol Rubio. ¿Cómo ha madurado tu protagonista desde la última vez que lo vimos?
Ha dado un pasito más en la búsqueda de sí mismo. Está más cerca de saber quién quiere ser, pero aún le queda. En esta segunda temporada entra en juego una noticia complicada que hace que sus cimientos se tambaleen. Estrena una etapa en el que tiene que aprender a tomar decisiones difíciles, decisiones que afectarán a sus relaciones familiares y emocionales.

En esta T2 de ‘Merlí. Sapere aude’ entra en escena el VIH en versión años 20 de este siglo. Como actor, ¿te ha supuesto un mayor desafío interpretar a un Pol asustado y confuso?
El reto ha sido interpretar a esta persona en ese momento tan duro de su vida con la máxima credibilidad posible.

«El VIH es un tema que afecta a bastante gente y no queríamos faltar a la verdad ni molestar a nadie»

Pol se enfrenta a situaciones límite que nunca imaginó que viviría. Se lleva un susto de la hostia hasta que entiende que no va a morir. Aun así, nadie está preparado para recibir una noticia de este tipo.

Carlos Cuevas: 25 años sin tonterías © Originales Movistar+

‘Merlí. Sapere aude’ —spin-off de ese otro boom made in Cataluña que fue ‘Merlí’— está hecha con mucho amor por un grupo de profesionales que ha sabido hacer virtud de los recursos ajustados. Al margen de esta evidencia, ¿cuál crees tú que es la clave del éxito de la serie?
Que sus personajes no quieren ser ricos. (Risas). No, en serio. Veo otras series de ficción, nacionales o extranjeras, y lo único que quieren todos los protagonistas es ganar dinero, ya sea vendiendo droga, estafando a alguien o montando empresas pelotazo.

«Nuestra serie no va de eso, va de gente normal que no quiere ascender socialmente ni ser más rico que el de al lado, gente que solo quiere encontrar el sentido de la vida, su lugar en un mundo real»

Eres un actor de sobra conocido en Cataluña, por fin ya lo eres en el ámbito nacional y empiezas a serlo internacionalmente. ¿Qué te dice la palabra frontera?
No soy una persona que se ponga barreras. Si tengo la suerte de que me llamen para involucrarme en proyectos lejos de casa sería tonto si dijese que no.

El público de ‘Merlí’ se ha hecho mayor junto a Pol Rubio, protagonista del spin-off © María Heras – Originales Movistar+

Con 10 años empezaste a ejercer de modelo infantil. ¿Cuándo decides que quieres ser actor?
Empecé a actuar jugando. Hacía teatro en la escuela y de vez en cuando nos llamaban para ir un casting, y allí que nos íbamos todos los niños como locos, como quien va de excursión. En una de esas pruebas me eligieron para una película y hasta hoy. Fui poco a poco hasta que un día caí en la cuenta de que aquello ya formaba parte de mí, de mis rutinas. Durante cinco años trabajé en Ventdelplà (2005-2010), una serie de TV3 muy popular.

«Ahí descubrí que me encantaba formar de ese mundo, estar rodeado de gente mayor que trabajaba duro, actores estupendos que después del rodaje se iban a hacer teatro. Inevitablemente, quise seguir formando parte de todo eso»

Siempre has sacado buenas notas, muy buenas de hecho. Lo de ser otro niño actor que acaba convertido en juguete roto nunca fue contigo, ¿verdad?
Siempre he sido muy exigente conmigo mismo. También había un pacto en casa por el que si no sacaba buenas notas no me dejaban trabajar. Así que opté por no darles margen.

«¿Qué queréis? ¿Un diez? ¡Toma diez!» (Risas)

Si no sacaba diez en todas las asignaturas no podía ser actor. Nota media: diez © Originales Movistar+

¿Los guapos oficiales lo tenéis más fácil?
(Risas). No voy a mentir, no voy a sacar la vena falsa.

«Sí, los guapos lo tenemos más fácil para muchas cosas, (risas), pero para otras no, y da la casualidad que muchas de esas otras cosas a mí me interesan mucho»

Cuanto más indie sea una película menos guapos los quieren. Eso es así, pero yo quiero hacer cine alternativo. A priori, mi perfil encajaría más con productos mainstream, pero, insisto, solo a priori.

En tus dos últimos papeles — en ‘Alguien tiene que morir’ (Netflix) y ‘Merlí. Sapere aude’— interpretas a un gay atormentado y a un bisexual enamorado de un compañero de clase. ¿Te preocupa que te encasillen?
En absoluto. Mi trabajo consiste en ser fiel a mis personajes sin juzgarlos.

María Pujalte es Bolaño en ‘Merlí. Sapere aude’, ese tipo de profesoras que te ayudan a ser mejor persona © María Heras – Originales Movistar+

Los zetas sois la primera remesa de seres humanos que en verdad no teme a la sexualidad del otro. ¿Orgulloso de tu generación?
Sin duda, pero habría que afinar algo más porque esto pasa en burbujas y en círculos concretos. En las grandes ciudades es así, pero vete tú a un pueblo. En mi círculo, en el mundo del arte, por descontado que es así, pero aún quedan muchos prejuicios por combatir.

Por edad, formas parte de otra generación, la de los novísimos del cine español como, por ejemplo, Esther Expósito [protagonista de influyo_ el 24.04.2021], Arón Piper, Miguel Bernardeau, Itzan Escamilla…—. ¿Te sientes identificado con ellos?
Pues la verdad es que no. Todos me parecen estupendos y me alegra que les vaya muy bien, pero yo en el trabajo no me identifico por la edad, que estemos llegando a la vez no es suficiente para que nos identifiquemos.

«Es como si Ayuso y Pablo Iglesias, por tener los mismos años, tuviesen que tener la misma ideología» (Risas)

Has llegado al millón de seguidores en Instagram. ¿Era algo deseado o simplemente ha ocurrido?
Pues fíjate la importancia que le doy que he desinstalado todas esas aplicaciones del móvil. Si quiero subir algo lo hago a través del ordenador.

«No quiero que las redes sociales formen parte de mi día a día. Las uso como herramientas de trabajo, de promoción, y ya»

En general son algo que me decepciona, sobre todo por muchos de los discursos que circulan por ellas.

Pronto veremos a Carlos Cuevas en ‘Leonardo’, nueva serie sobre el genial Da Vinci en la que interpreta a Salai, discípulo predilecto del maestro con el que vivió 25 años. Si brillas… brillas © Originales Movistar+

Fiestas, dejarse ver, portadas… ¿Qué tal anda tu vanidad?
(Risas). Paso de todo eso, no me interesa nada.

«A fiestas habré ido a dos y lo hice medio obligado. Yo siempre estoy currando»

Cuando tienes que levantarte a las siete de la mañana para trabajar es mejor hacerlo descansado.

¿Serías capaz de fingir un romance de mutuo acuerdo con una actriz para subir tu popularidad?
¿¡Yo!? (Risas). ¡Qué dices! No, no, yo por ese aro no paso.

Observando tu filmografía da la impresión de que siempre has estado en racha, ¿o también sabes lo que es comerse el tarro esperando un trabajo?
He hecho trabajos que a lo mejor no eran lo que más me apetecía en ese momento, pero lo cierto es que me considero un privilegiado porque no he parado. No puedo ni debo quejarme.

Sabes lo que es formar parte de un éxito, pero también de algún que otro fracaso. ¿Qué tal se te dan estos últimos?
Son parte del viaje. La responsabilidad de un proyecto nunca es de una sola persona, tanto en los éxitos como en los fracasos.

«Los actores no somos dueños de los resultados, nuestro trabajo acaba cuando dicen corten»

¿Tienes un sexto sentido para saber si algo va a funcionar o no?
Sí. Cuando en el rodaje todo funciona, todo encaja, y encima te lo pasas bien ya has ganado, aunque luego el resultado no sea un éxito.

«Prefiero currar con buena gente que estar en una producción con ‘super-de-todo’. Créeme, a la larga compensa más»

Pol, Barcelona y el mar © María Heras – Originales Movistar+

Cuando se tienen 25 años y te dicen que vas a heredar un planeta enfermo y esquilmado, ¿qué se le pasa a uno por la cabeza?
Pues que todos los anteriores sois unos cabrones y que me apetecería ponerme a quemar cosas. (Risas). Nos decían: «si estudiáis mucho vais a tenerlo todo», y mira ahora: todos mis colegas tienen sus carreras y sus masters y ninguno llega a los mil euros.

«Las generaciones anteriores nos han engañado»

¿Cuál es tu principal causa?
¡Guau! Mmm… La justicia social. Intento, en la medida de lo posible, involucrarme en proyectos que aporten.

Vives entre Barcelona y Madrid. ¿Qué es lo mejor y lo peor de ambas ciudades?
Lo mejor y lo peor de Madrid es la gente: bien porque te acogen muy rápido y mal porque hay demasiada y todo el mundo quiere hacer vida social a todas horas. Y Barcelona, lo contrario: lo mejor es que es una ciudad tranquila y lo peor que si no formas parte de algún círculo puedes llegar a aburrirte; en Barcelona no es tan fácil entrar.

¿Cómo te llevas con Carlos Cuevas?
A veces me canso del actor. Me gusta ser muchas más cosas: hijo, hermano, pareja, colega… Soy bastantes cosas más que actor.

Aunque lo parezca, Carlos Cuevas no se muerde la lengua © Originales Movistar+
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