Sobreviviré

Aaron Lee
Fotografía: PABLO BARBATO

Todos conocemos al típico matrimonio encantador y enrollado que adora a los gais —¡divinos!— hasta el día en el que alguno de sus hijos les sale maricón. Gente de derechas, de extrema derecha, de izquierdas o de extrema izquierda tan guay que en el momento en el que su progenie les llega con un «soy homosexual» —o bi, trans o lo que sea que no esté en los papeles de la santa madre—enloquecen entrando en una espiral supina de intransigencia y cromagnonismo (cuánto daño puede hacer también la gente encantadora y enrollada, del resto ni hablamos).

La historia de Aaron Lee (Madrid, 1988) es una historia dura —durísima por momentos— con final feliz. Es la luz y el valor para no renunciar jamás a lo que uno es, por más palizas y vejaciones que te propine tu propia familia. Violinista virtuoso, empresario de éxito y escritor, Aaron Lee es también el protagonista de ‘Yo soy el que soy’, performance teatral autobiográfica y libro que, en muchos sentidos, le ha salvado la vida.

Si eres la típica persona quejumbrosa y coñazo lee esta entrevista, puede que te haga cambiar. Si no eres así —sabemos que no eres así— léela también.

Fotografía: Pablo Barbato

Empecemos por el final, ¿cómo se siente Aaron Lee ahora mismo?
Con mucha serenidad. Tanto el libro como la obra están yendo muy bien; el público, decididamente, está apoyando la función. Esa aceptación me reafirma en mis valores y en mis ideas. Los miedos que tenía antes de publicar se han disipado.

«Cada vez que salgo a escena a escenificar mi propia vida es como si me subiese a una montaña rusa emocional. Cada día me toca de forma diferente»

La idea de transformar tu autobiografía, ‘Yo soy el que soy’ (Letrame, 2020), en obra teatral surgió de forma accidental ya que, originalmente, se concibió como una performance de media hora para la presentación del libro. ¿Por qué cobró vida propia?
Cuando íbamos a presentar el libro teníamos claro que no iba a recibir demasiada atención por parte de los medios, así que pensé que si nos inventábamos algo diferente igual nos hacían un poco de caso. Creamos una presentación con piano y violín para interpretar la música a la que se hace referencia en cada capítulo. Miguel del Arco (uno de los cuatro fundadores del ahora extinto Pavón Teatro Kamikaze de Madrid) nos vio ensayar y nos dijo que le encantaba lo que estábamos haciendo y que nos cedía el teatro para presentar el libro. También nos recomendó que convirtiéramos todo aquello en una obra de teatro. Y así lo hicimos.

«Estuvimos en el Kamikaze desde mediados de enero hasta finales de mes, cuando el teatro cerró sus puertas. Fuimos la última representación»

Aaron Lee o cómo ser lo que eres sin engañarte a ti mismo. Agradecimientos: Only You Boutique Hotel (C/ Barquillo 21. Madrid. Tel.: 910 05 22 22). Fotografía: © Pablo Barbato

Tu historia —la de un gay que debe enfrentarse a sus padres para poder ser y existir— no es, evidentemente, ni la primera ni la última vivencia de sufrimiento y dolor relacionada con la homofobia. ¿Darle forma de libro, ahora de obra teatro, ha sido tu única manera de salir adelante, de sobrevivir?
Mi historia no es la más dramática, por supuesto; hay otras mucho más duras. El libro nació para mí. Fue un trabajo personal para poder cerrar una etapa vital que llevaba arrastrando desde hacía quince años. No fue una terapia, para eso ya acudí a un profesional. Necesitaba cerrar ese capítulo limpiamente para poner empezar el siguiente.

«Tenía que deshacerme de la mochila que me lastraba. Necesitaba encontrarme y escribir fue la herramienta más liberadora que encontré»

Para transformar mis escritos en libro tuve que sopesar mucho los pros y los contras. Era algo demasiado íntimo, se trataba de exponerme ante el mundo —a mí y a mi familia— de una forma muy visceral. Al final pesaron más los pros, como el poder ayudar a otras personas con mi testimonio.

«Esta obra va más allá del colectivo LGTBI. Trata de la discriminación, de la lucha por los derechos y libertades individuales»

Subir cada tarde al escenario del Teatro Infanta Isabel de Madrid y revivir tu dolor a diario, ¿no resulta terriblemente duro?
Lo es para todos nosotros (sobre las tablas encontramos a Gaby Goldman, director musical de la obra y pianista; Verónica Ronda, fantástica narradora de la historia, y al propio Aaron Lee con su violín). Los tres nos sometemos a un ejercicio de distanciamiento para no desmoronarnos, hemos aprendido a dar un paso atrás. Aun así, cada función es diferente, porque la obra está muy viva y nos lleva por donde quiere.

«Hay escenas a las que nunca me acostumbraré, como la del cuchillo (cuando el padre de Aaron intentó amputarle el pene por ser gay alegando que no le servía para nada) o la de la isla» (en la que estuvo retenido contra su voluntad hasta que se ‘curase’ de su homosexualidad)

¿Mantienes algún tipo de relación con tus padres?
No, ninguna.

¿Les consta que has escrito este libro?
No, no creo. Ellos volvieron a Corea en 2007. Quizá lo sepan a través de alguien de aquí, de la iglesia a la que íbamos, pero a mí no me han dicho nada.

Hoy lees esta entrevista con la historia de Aaron Lee y mañana, quizá, la veas transformada en serie de televisión. «Ni confirmo ni desmiento». Agradecimientos: Only You Boutique Hotel (C/ Barquillo 21. Madrid. Tel.: 910 05 22 22). Fotografía: © Pablo Barbato

Tus padres, por lo que nos cuentas, protestantes y muy tradicionales, son músicos; ella, pianista y él, director de orquesta. Cuesta asimilar que teniendo ambos una profesión artística y viviendo en un país, a priori abierto, como España ocurriese lo que ocurrió.
Aunque suene contradictorio, mis padres son artistas y, a su manera, progresistas. En su profesión han conocido a muchísimos gais y nunca tuvieron problemas con eso.

«Mis padres crecieron en la Corea de los años ochenta, en una época muy dura, y se trajeron a España los valores que les habían inculcado»

Llegaron siendo muy jóvenes, con 26 años, pero siguieron aferrados a lo que les habían transmitido. Se integraron bien, pero siguieron viviendo en su dualidad.

Para ‘curar’ tu homosexualidad, tu padre te dice que os vais los dos a Corea para que recibas clases de una virtuosa del violín. Sin embargo, al llegar no vais a la capital, rompe tu billete de vuelta, se queda con tu pasaporte (tenías 16 años, por lo que podía hacerlo) y te lleva a una pequeña isla entre Corea y Japón, la isla de Ulleungdo, en la que, literalmente, quedas retenido bajo su vigilancia, la de la iglesia local y la de todos los (pocos) habitantes del lugar, que reportaban a tu padre cada uno de tus movimientos. O dejabas de ser maricón o no salías de allí. ¿Cómo te las ingeniaste?
Fue como un gran hermano, un gran hermano tenebroso que duró seis meses. Mi padre estaba actuando a la desesperada, a lo bestia. Él es músico, pero se formó en una universidad teológica y procede de una familia de pastores protestantes de varias generaciones. En la isla mi inocencia se rompió para siempre.

«No tenía móvil, todo eran gritos y palizas. Diseñé una estrategia que consistió en llamar a mi madre para decirle que me había curado, que ya no era gay. Era eso o tirarme por el acantilado»

Volvéis a España, te armarizas para sobrevivir y terminas de forma brillante tu carrera de violín en el Conservatorio Superior de Madrid, hasta que tus padres te encuentran un disco que tenías escondido de La Terremoto de Alcorcón y caes de nuevo con todo el equipo. ¿Qué pasó a partir de ese momento?
Esperaron a que acabase la carrera y en ese momento deciden que nos vamos de España, que nos instalamos todos en Corea (Aaron tiene un hermano). Al ‘problema’ de ser gay se sumó que yo soy español: nací en Madrid, me crie en Barcelona y acabé mis estudios en Madrid.

«Pienso y siento en español y no me identifico con los valores del país de mis padres. Tenía 18 años y un dinero ahorrado. Encontré mi pasaporte y mi billete de avión —habían comprado ida y vuelta— y me fui»

Madrid. Volver a empezar. Empezar de cero. ¿Cómo te las arreglaste al aterrizar en Barajas?
Tenía un amigo que me acogió en el sofá de su casa. Empecé a trabajar de camarero (en el ya desaparecido Wagaboo de Chueca, de moda en los primeros años dos mil); luego, gracias a los idiomas, entré de dependiente en un Massimo Dutti y me alquilé una habitación en un piso compartido. La verdad es que no tenía ni idea de cómo funcionaba la realidad.

De la autoedición cuidada al éxito © Letrame

Y te conviertes en músico callejero frente a la Posada del Peine, junto a la Plaza Mayor de Madrid, en una esquina en la que encontraste una buena sonoridad para tu violín.
Sí. Tuve buenos días en cuanto a recaudación, pero también muchos malos por la lluvia, el frío y el viento. En el Metro también lo intenté, pero ahí la gente va con prisa y no deja dinero.

«Vivía de arroz y sopas de sobre»

Pero la vida te tenía, te tiene, reservadas cosas buenas. ¿Cómo fue el momento en el que te conviertes en el violinista más joven de la Orquesta Nacional de España?
La verdad es que no me lo podía creer. Fui a la prueba sin ningún tipo de pretensión. No esperaba nada de ese momento porque tampoco tenía ningún contacto dentro. La prueba se hace tras una cortina y me escogieron entre 350 personas.

«Pasé del infierno, del subsuelo, al paraíso. Me alquilé un apartamento y empecé a comer bien. Los seis primeros meses los viví con cautela, tenía miedo de que me echasen, pero eso no ocurrió»

¿Por qué dejaste el mundo de las orquestas (Aaron Lee también ha trabajado en la de Radio Televisión Española y en la de la Comunidad Valenciana)?
No era feliz. Es un mundo que quema mucho. Eres un mero ejecutante. No es algo creativo. Había ahorrado y aposté por crear un grupo de inversión inmobiliaria. La idea surgió estando en la orquesta: ¿qué pasaría si mis compañeros músicos invirtiesen de manera coordinada para tener una buena jubilación? Y así empecé. Los pequeños por separado no hacemos nada, pero juntos sí. Lo cierto es que no tengo ninguna formación en el mundo de los negocios.

«Asumo mi vertiente empresarial como algo creativo y bonito, que lo es»

Presides la Fundación Arte que Alimenta. ¿Qué hacéis ahí?
Queremos ser una pequeña ayuda para sectores vulnerables. Empezamos con niños, a través de becas-comedor, y seguimos con mujeres sin hogar y jóvenes LGTBI con problemas similares a los míos creando casas refugio y ayudándoles a formarse y a encontrar trabajo.

Aaron Lee: 33 años y una vida sin exceso de equipaje. Agradecimientos: Only You Boutique Hotel (C/ Barquillo 21. Madrid. Tel.: 910 05 22 22). Fotografía: © Pablo Barbato

¿Cuántas horas le dedicas al violín?
Cuatro o cinco al día.

¿Se verá ‘Yo soy el que soy’ fuera de Madrid?
Sí, vamos a girar por España y fuera también.

¿Perdonarás a tus padres? «Están perdonados. Tuve que aprender a perdonar para vivir mi propia vida»

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