Pop Art

Helena Toraño
Fotografía: Inés Toraño

[Entrevista publicada originalmente el 28.10.2020]

Vive inmersa en el pop. Es su forma de vida y su mejor medio de expresión cuando compone para Los Bonsáis —su grupo— o cuando pinta dulces escenas de veranos cantábricos en los que la existencia se entrega suavemente al arte contemplativo. Su intención artística es llevar al espectador hasta ese estado ideal que todos anhelamos en los momentos más tensos del camino.

Al primer golpe de vista, su obra transmite luminosidad, armonía en el color y calma en las composiciones, pero al observar detenidamente acabarás atrapado en mares agitados, bosques sinuosos y cielos envolventes.  

Helena Toraño (Llanes, Asturias, 1984) es una artista consolidada y serena que prefiere el equilibrio y la belleza que le proporciona su privilegiado rincón en el mundo al frenesí y la vanidad de cualquier gran capital. Sus logros presentes y su sólida trayectoria apuntan a futuros llenos de sorpresas. Son muchas las historias que habitan dentro de esta mujer que atrapa con el más poderoso de los anzuelos: el del talento.

¿Dentro de Helena Toraño habita una necesidad física de pintar? 
Absolutamente. Es una obsesión, si paso un día sin pintar me pongo de mal humor, aunque yo misma lo haya decidido, aunque lo que necesite sea descansar. Es como una condena. En lo único que pienso es en ponerme otra vez con los pinceles. Necesito pintar para encontrar el equilibrio, es mi truco para sentirme serena. Soy una persona muy sociable, me encanta estar con mis amigos, pero también necesito mis momentos de soledad. Pintar es algo muy íntimo que me permite estar conmigo misma y, a la vez, pensar en los demás.

Vayas donde vayas, ¿siempre encontrarás algo que pintar?
Sí, salir conmigo es un castigo. Me paso la vida sacando fotos con el móvil, apuntando detalles, tratando de memorizar todo lo que me llama la atención para luego trasladarlo a mis cuadros.

«Soy muy visual, observo el mundo desde un profundo sentido estético. Retengo aquellas imágenes que me generan emociones para luego trasladarlas al lienzo»

Helena Toraño o la vida en clave de pop © Inés Toraño

Tus obras son un canto al dolce far niente. Tus protagonistas —mayormente mujeres— escuchan música, leen o contemplan el paisaje por el simple placer de contemplar. ¿Por qué?
Pintar mujeres en momentos de galbana, de sopor al calorín de las tardes de primavera, es algo muy presente en mi obra.

«Frente al ritmo de vida actual, en el que cada día todo va más y más deprisa, quiero que quien contemple mis cuadros pueda detenerse, respirar hondo y disfrutar de calma y tranquilidad»

¿La calma es una de tus prioridades?
Yo soy muy nerviosa, soy hiperactiva hasta durmiendo, me paso las noches soñando compulsivamente, nunca duermo siestas y no paro jamás. Envidio esos momentos en los que veo a otras personas en calma.

«He llegado a la conclusión de que la temática de mi obra es, al mismo tiempo, mi oscuro objeto de deseo. Desearía disfrutar de calma, pero como nunca la consigo me desquito pintándola»

Explícanos, por favor, tu proceso creativo.
Cuando me enfrento a un lienzo veo una imagen y me planteo la composición. Todo tiene que estar diametralmente calculado. Me someto a un duro proceso previo de dibujo hasta que doy con el equilibrio de la composición, solo cuando lo encuentro me pongo a pintar. Y a partir de ahí me doy total libertad en el resto de cuestiones, como el color.

¿Sin una buena composición no hay historia?
Uno de los rasgos más característicos de mis cuadros es, precisamente, la intención narrativa. Mi trabajo siempre sugiere historias más o menos evidentes. Además, soy supercinéfila, me pego tremendos maratones de películas, por lo que el lenguaje del cine está muy presente en mis pinturas.

¿Ha influido la pandemia en tu arte?
Sí. En la serie que ahora expongo —en la Galería Gema Llamazares de Gijón— quería realizar una serie de cuadros relacionados con los recursos y el lenguaje cinematográfico.

«Cuando llevaba algunos cuadros ya pintados llegó marzo y, de golpe, me vi encerrada en casa. Hubo un momento en el que me pareció que lo que estaba haciendo era muy superficial, estuve bloqueada durante días hasta que di con lo que realmente necesitaba: salir de casa. Empecé a pintar aquello que no podía hacer: pasear, ir a darme un baño a la playa… Al final logré escapar, logré salir de casa a través de la pintura»

La crítica encuentra entre tus influencias a William Blake, Ronald Kitaj o David Hockney. También te comparan con Maruja Mallo. ¿Te encaja?
Sí, todos esos artistas me han influenciado, pero no siempre pictóricamente. Hay artistas cuya obra me influye, pero hay otros que me influyen por su forma de pensar o su trayectoria vital. Es el caso de Maruja Mallo que, quizá, no me ha influido técnicamente, pero si a través de su vida, que fue apasionante. Además Mallo es mujer.

«En el mundo del arte hay demasiados libros en los que no aparece ni una sola mujer»

Siempre intento buscar, citar y remarcar a alguna de esas muchísimas artistas que han existido —o existen— y me interesan.

La pandemia bloqueó su capacidad creativa hasta que se atrevió saltar por la ventana del arte para volver a pintar en libertad © Inés Toraño

Tus cuadros están protagonizados por mujeres. ¿Intencionalidad feminista?
Desde pequeña, siempre me han interesado más las historias creadas o protagonizadas por mujeres, quizá por eso cuando imagino un cuadro con una figura humana se acaba materializando una mujer. Me sale de forma natural.

«Tuve un profesor que decía que todo artista tiende a autorretratarse, así que puede que también se trate de sentirme yo parte de la escena»

En todo caso, y aunque mi trabajo no es reivindicativo, soy feminista y en mis últimos cuadros no aparece ningún hombre porque así lo he decidido. Entonces, sí: hay una clara intencionalidad. (Risas). 

¿Hay algún artista español contemporáneo que envidies poderosamente?
No soy una persona envidiosa, más bien suelo tender a ser muy fan. Me parece increíble lo que hacen Chechu Álava, Breza Cechini o Federico Granell. Me encantan Los Bravú —que además son unos personajes muy curiosos— y Juan de la Rica, compañero de Bellas Artes (en la Universidad del País Vasco) que pinta unos cuadros con un desternillante sentido del humor.

«Las redes sociales te permiten estar al tanto de lo que hacen otros artistas y me encanta dedicar tiempo a seguirlos porque su trabajo me parece muy inspirador»

¿La experiencia con el arte ha de ser directa?
No tiene nada que ver conocer una obra en redes que disfrutarla en persona. Puedes hartarte de ver obras en imágenes pero luego, cuando por fin las contemplas en directo, te impresionan muchas más cosas: el tamaño, las texturas, los colores que siempre son distintos… En la instantánea te haces una idea que no se corresponde con la experiencia real.

Hubo una exposición retrospectiva de David Hockney en la Tate Modern de Londres. ¿Pudiste verla?
¡Sí, fue impresionante! Los tamaños y, como te decía, las texturas: hay líneas que en las fotos parecen blancas, pero cuando las ves son amarillas, blancas o rojas, y eso genera una especie de vibración que le da movimiento al cuadro. Eso en las fotos no se puede apreciar. Sentir la fuerza de Hockney en persona fue una experiencia inolvidable.

¿Por qué la mar está tan presente en tu obra?
Criarme donde me crié hace que prados, montañas y mar sean el centro de mi universo artístico.

«Los verdes y los azules de Llanes y el oriente asturiano son los colores básicos de mi paleta porque también lo son de mi entorno, de mi infancia, del lugar en el que crecí. Todo eso es mi casa»

Es algo de lo que no me puedo separar. Cuando pinto interiores siempre intento incluir un cuadro, una ventana o una postal en la que aparezcan los árboles, el mar, el verde, el azul…

La artista pop Helena Toraño no cambiaría el privilegio de vivir en su tierra asturiana ni por todo el oro del mundo © Inés Toraño

Si nadie demuestra lo contrario: eres la primera artista que llena de luz el Cantábrico.
Pues si me pongo a pensar en otros artistas de temáticas similares diría que siempre tienden a tonalidades grisáceas o terrosas y yo, la verdad, no tengo nada que ver con eso. (Risas). Si hoy hubiera un Apocalipsis y todo se volviera oscuro yo seguiría pintando el Cantábrico con los mismos colores. En mis cuadros nunca está nublado. (Risas).

«Prefiero los mensajes esperanzadores y positivos, por eso la luz es tan importante para mí»

Compones y cantas en Los Bonsáis. ¿En qué se diferencian el proceso creativo musical del pictórico?
Mi mundo Bonsáis y el pictórico están superligados. Si ves uno de mis cuadros y escuchas una canción de Los Bonsáis hay una coherencia. La esencia es exactamente la misma. Hay cuadros que me inspiran canciones y al revés. Hacer música me ha servido para repensar mi obra y descubrir nuevos enfoques.

A sus 35 años, Helena Toraño defiende la cultura pop como instrumento para viajar más allá de la —por momentos— deprimente realidad © Inés Toraño

¿Qué es para ti el pop?
Alegría, despreocupación, color. Dicen que el pop es algo superficial, pero surgió como reacción al expresionismo abstracto, aquel movimiento con tanta carga psicológica y filosófica para élites intelectuales.

«La misión del pop es acercar el arte a todo el mundo, por eso a mí no me parece que sea superficial; al contrario, es un maravilloso canal para expresarte despreocupadamente»

Soy consciente de los tiempos que vivimos, pero a mí me basta con ver un telediario para saber que no quiero que mi arte vaya por ahí, que eso no es lo que quiero transmitir.

«Yo quiero que mi obra vaya más allá de la realidad y te permita evadirte. La cultura pop es ideal»

Los Bonsáis — ¡No quiero salir!

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