Heredarás la excelencia

Tomás Alía

Todo en Tomás Alía (Lagartera, Toledo, 1964) es pasión, una energía poderosa con la que ha puesto en pie infinidad de proyectos hoteleros, edificios de viviendas y obra pública en todo el mundo y que ahora canaliza hacia su nueva cruzada: salvar la excelencia artesana de nuestro país. Una aventura —tan romántica como necesaria— en la que este inimitable arquitecto e interiorista está consiguiendo implicar a grandes voces de nuestra cultura y los medios de comunicación.

Alía lleva la excelencia en las venas. Nacido en Lagartera, localidad conocida por sus bordados únicos, creció en una familia repleta de artistas y artesanos. Su madre —Pepita Alía, que en la actualidad tiene 90 años— se dedicaba a promocionar los primorosos trabajos de su pueblo en otros países, razón por la cual estos forman hoy parte de casas reales como la holandesa, la británica o la española. Tomás Alía, no sin orgullo, asume el legado familiar.

¿Cómo surge esta particular batalla por salvar la artesanía?
Hace unos años, por mi trabajo y mi vínculo con la artesanía, el Ayuntamiento de Talavera de la Reina me nombró Embajador Cultural de la Cerámica de Talavera y de Puente del Arzobispo. Mi compromiso era promocionar y defender esta artesanía incorporándola a mis proyectos y, sobre todo, difundiéndola.

«En 2019 conseguimos que fuera declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, todo un logro. Desde entonces no hemos dejado de trabajar y avanzar para que se reconozca toda esta maestría y excelencia. Esa es nuestra misión»

Paralelamente, fui nombrado embajador para España de la Michelangelo Foundation, dedicada a proteger la excelencia artesana en Europa y detectar los últimos focos de maestría.

«Artesanía hay mucha, pero maestros y excelencia queda muy poquita, están a punto de desaparecer»

Se impone un nuevo lenguaje, un nuevo humanismo. Del mismo modo que, por ejemplo, se ha hecho con la gastronomía a través del Basque Culinary Center, debemos ordenar y regular la formación y proteger estas señas de identidad tan fantásticas que aún conservamos.

Tomás Alía: arquitecto, interiorista y custodio de la excelencia artesana.

¿Cómo te las arreglas para compaginar esta labor con tus proyectos?
Trabajando duro. Ahora mismo tengo proyectos de hoteles en Canarias y en el País Vasco y sigo dando forma a bastantes viviendas.

«Además, estoy poniendo en marcha Casa Alía, una tienda online donde los artesanos van a poder vender una muestra representativa de sus piezas seleccionada por mí»

El objetivo es que vendan y lleguen a mercados internacionales; la artesanía solo sobrevivirá si los artesanos son capaces de comercializarla a través de plataformas como estas en las que la gente pueda enamorarse de sus trabajos y comprar. No solo se trata de vender, queremos mentalizar a la gente de la importancia de la manufactura y del valor histórico implícito en cada pieza.

«Cuando adquieres artesanía te llevas algo realmente exclusivo»

Room Mate Aitana (Ámsterdam) de Tomás Alía © Estudio Caramba

Si tuvieses que elegir un momento histórico, ¿cuál sería?
Preferiría hablar de un presente en el que asistiéramos a la llegada de un nuevo humanismo, de un nuevo Renacimiento.

«Me gusta revisar el pasado, pero proyectarme en el futuro»

El Renacimiento fue la época en la que los grandes mecenas apoyaban las artes decorativas, las bellas artes; su aportación fue decisiva para el desarrollo estético de la humanidad. Si hablamos de diseño industrial, confort y ergonomía, tenemos que referirnos al siglo XX, un periodo que ha hecho mucho por la humanidad y eso siempre me ha interesado. Y hoy estamos expectantes porque para admirar una etapa debemos antes reconciliarnos con ella; la pandemia ha supuesto momentos convulsos y lo que ahora tenemos que hacer es aportar y decidir cómo queremos que sea nuestra nueva forma de trabajar, nuestra forma de relacionarnos. Lo que decidamos ahora marcará nuestro futuro.

¿Cómo está afectando la pandemia al mundo del diseño y el interiorismo?
Está habiendo una revisión total de las bases, toda una revolución. En hoteles, los diseñadores estamos evitando los espacios comunes, como por ejemplo las zonas de bufet. En restauración, se apuesta ahora por crear burbujas en las que la gente se pueda relacionar de forma segura usando materiales que aporten higiene y sean de fácil mantenimiento. Y en cuanto a nuestras casas, lo mismo, porque hemos cambiado nuestra forma de trabajar y tendencias como el coworking o el teletrabajo son ya imparables. Todo está cambiando.

Tomás Alía decoró los 54.000 metros cuadrados y más de 200 salas del Palacio del Emir de Qatar, en Doha © Estudio Caramba

¿En qué te inspiras a la hora de trabajar?
En el entorno, en las necesidades del proyecto y en la gente a la que va dirijido. Si es un proyecto público tengo muy en cuenta la escala humana y el tipo de tribus urbanas que lo van a transitar. Si es privado, me inspiro en el cliente. Sea el proyecto que sea, nunca intento imponer mi criterio, prefiero hacer trajes a medida en los que primen las necesidades de quien me lo está encargando.

«Mi trabajo consiste en interpretar los sueños de mis clientes, moderarlos y ordenarlos»

¿Qué es el estilo?
El estilo, como la estética, es la personalidad, la impronta que uno deja. El mío es muy reconocible y camaleónico a la vez.

«En mi estilo conviven muchos estilos, reconciliados y en armonía»

Mi personalidad está muy ligada a la necesidad de investigar y a mi pasado familiar, a mi madre y a su vinculación con la artesanía. En definitiva, el estilo es esa singularidad que define a cada uno y le confiere maestría.

¿Qué es lo que más te divierte de tu trabajo?
El proyecto que más me divierte siempre es el siguiente. Cuando me encargan un gran trabajo, me apasiona analizar todas las necesidades del proyecto, su entorno y su finalidad. Me lo paso especialmente bien en la fase embrionaria, en la de las primeras ideas. Me motiva mucho también la fase de la obra, mientras que la parte decorativa me aburre un poco más, pero poco. (Risas).

Hotel Baobab (Gran Canaria) de Tomás Alía © Estudio Caramba

¿Quiénes han sido tus referentes?
Muchos clásicos, sobre todo del Renacimiento o de las vanguardias del siglo XX. Me ha interesado mucho la Bauhaus, ese movimiento de entre guerras en el que se analizaban el pensamiento y la idea y que realizó grandes aportaciones al estado de confort: convivencia, ergonomía, democratización del diseño… Admiro especialmente a Walter Gropius y a Vico Magistretti, los grandes diseñadores de la forma de vida actual.

Dirías que sí, sin pensarlo, a…
A un viaje —algún plan apasionante a nivel científico vinculado con el arte— y a unas prácticas de mindfulness.

Y no…
A cualquier proyecto que no me convenciese, que no fuese íntegro. También diría que no a un estilo de vida forzado donde imperasen las poses. La estética y la belleza son necesarias, pero desde la sencillez, no desde poses pseudoburguesas, pseudoaristócratas o pseudopalladianas.

«La retórica en el mundo de la estética me pone nerviosísimo»

‘Novia lagarterana’ (1921) de Joaquín Sorolla. Los bordados lagarteranos, junto a las cerámicas de Talavera y Puente del Arzobispo, encuentran en Tomás Alía a su mejor defensor y embajador © Museo Sorolla

¿Qué o quiénes te sorprenden día a día?
Me fascinan la gente joven y los maestros. Yo, como hijo de una maestra artesana y académica de 90 años, no puedo sentirme más feliz por haber conocido a otro gran maestro artesano llamado Cecilio Morales, de 99 años, que es el heredero de todo el legado de la pintura de la Fajalauza, la Fábrica de Cerámica y Azulejos de Granada.

«Me sorprende la savia nueva y me apasionan los maestros, que son custodios y guardianes»

Si volvieses a nacer, ¿repetirías el camino?
Sin duda, porque tengo una auténtica pedrada estética en la cabeza por mi madre, que fue la que me metió en este mundo. Mi origen está en Lagartera, nuestra raíz es de origen judío y somos los guardianes de 800 años de patrones estéticos y estilo de vida. Tengo tan dentro todo eso que tendrían que hacerme un reseteo mental absoluto para poder dedicarme a otras cosas. Aunque, la verdad, sería muy torpe haciendo otras cosas. (Risas).

Residencial Madrid de Tomás Alía © Estudio Caramba

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