Momento orquesta

Mario Vaquerizo
Fotografía: Jau Fornés

[Entrevista publicada originalmente el 19.10.2020]

La pandemia, muy a su pesar, le obligó a experimentar algo parecido a una película de ciencia-ficción en la que se sintió completamente atrapado. Superado el trance y tras un necesario ejercicio de reseteo para repensar el futuro, vuelve ahora en versión actor, una profesión que se cruzó en su vida por casualidad para hacer de su poliédrica carrera una realidad aún más inclasificable. Periodista, escritor, mánager, disc jokey, modelo, empresario, rockstar y, sobre todo, celebridad made in Spain, Mario Vaquerizo (Madrid, 1974) —the one and only— estrena en Madrid ‘La última tourné’, de Félix Sabroso, una comedia sobre la decadencia de una compañía de varietés —en la que interpreta a un coreógrafo mentirosillo, pero de buen fondo—, al tiempo que anuncia la vuelta de Nancys Rubias en modo orquesta. Vivir para ver.

¿Qué ha sido lo peor de la pandemia para Mario Vaquerizo?
Verme formando parte de una especie de película de ciencia-ficción que nunca pensé que me tocaría vivir. Al principio, el susto no te lo quita nadie; luego, poco a poco, empiezas a asimilar lo que ocurre a tu alrededor. Lo que peor que llevé fue no poder decidir por mí mismo. Me he dado cuenta de que soy una persona muy controladora, más de lo que yo mismo sospechaba. La falta de libertad me enervó mucho, aunque también es verdad que ahora echo la vista atrás y pienso que no fue para tanto. Lo más curioso es que me estaba planteando un 2021 sabático, pero que me impusiesen este parón un año antes me trastocó por completo.

Las primeras semanas del confinamiento fue muy divertido jugar a que te quedas encerrado en casa y te dedicas a ordenar los armarios, eso y ponerte al día con todas las series y películas pendientes. Pero llega un momento en el que acabas hasta ahí mismo de ordenar tanto armario.

La última tourné llega al Teatro Calderón de Madrid el 21 de octubre. Enzo Marini y Mario Vaquerizo no se parecen en nada. Bueno, sí, comparten idéntica pasión por las peluquitas © Jau Fornés

¿Para qué te ha servido el confinamiento?
Para replantearme bastantes cosas. No quiero decir que he sacado algo bueno porque ha sido horroroso y ha muerto mucha gente.

«Lo único que quiero es que esto se arregle de una maldita vez para que a todo el mundo le pueda ir bien. Yo no me puedo quejar porque sigo teniendo trabajo y eso, ahora mismo, es un lujo»

La pandemia me ha enseñado que soy más solidario de lo que pensaba, yo creía que solo me importaban mis seres queridos y mis amigos, pero no, me afecta bastante ver a tantas personas pasándolo mal.

«Con precaución, coherencia y siguiendo lo que nos digan los expertos: animo a que nadie se pare. Hay que tirar para adelante»

¿Ilusionado por el debut en Madrid de ‘La última tourné’?
Totalmente, sobre todo porque estrenamos en un teatro mítico como el Calderón por el que tantas obras de variedades como la nuestra han pasado. Y luego también por recuperar la tradición de hacer temporada en Madrid, como las compañías de toda la vida, durante seis meses.

«Estoy deseando ver el Teatro Calderón forrado con las fotos de mis compañeros y, por supuesto, con las mías» (Risas)

La gira por provincias ha sido extensa. ¿Cómo os habéis preparado para Madrid?
Antes de llegar hasta aquí hemos ofrecido ochenta representaciones —solo no pudimos cumplir con Córdoba por culpa de la pandemia—. A Madrid no llegamos vírgenes, pero, obviamente, hemos tenido que retomar los ensayos, volver a las lecturas de guion y repasar las coreografías. Los días que tenemos representación, Olvido y yo repasamos el texto juntos antes de salir para el teatro.

Mánager, cantante, DJ, modelo, celebridad… ¿Ser actor era otra de tus asignaturas pendientes?
¡Qué va! Nunca pretendí ser actor, la verdad. A mí la gente me reclama por ser como soy, por mi naturalidad, por mis excentricidades o por lo que sea. La cuestión es que un buen día nos llamó Félix Sabroso [protagonista de influyo_ el 09.10.2020], nuestro director, para actuar en un par de funciones especiales de El amor está en el aire, su anterior obra, y aquella colaboración navideña se acabó convirtiendo en un montón de veces más.

«Ahí descubrí que el teatro crea adicción y que subirse a las tablas es como estar en el escenario durante un concierto, pero con la dificultad añadida de que yo mis canciones las interpreto como quiero y el teatro te obliga a reencarnarte en una persona que poco o nada tiene que ver contigo»

En el teatro no hay improvisaciones que valgan.

Paca Castellón tampoco tiene nada que ver con Olvido Gara, ni siquiera con Alaska © Jau Fornés

Háblame de Enzo Marini, tu personaje en ‘La última tourné’. ¿De dónde viene y adónde va?
Enzo Marini se presenta como un coreógrafo italiano superimportante que ha trabajado junto a los profesionales más grandes de los setenta — Giorgio Aresu entre ellos—, pero en realidad se llama Lorenzo y es de Albacete. (Risas). El problema del pobre Lorenzo y de sus compañeros es que su compañía está a punto de desaparecer porque han entrado en los noventa y el teatro de variedades, la revista, ya no le interesa a casi nadie.

«Tratan de adaptarse a los nuevos tiempos a costa de dejar de ser ellos mismos»

Lorenzo sobrevive como puede y eso le obliga a ser un poco mentirosillo.

En cierta medida, Félix Sabroso escribe papeles para que los actores que los van a interpretar puedan ir un poco más allá en sus actuaciones. ¿Te sientes cómodo en el brilli-brilli de Enzo Marini?
Sí, me siento a gusto dentro de Enzo. Él es un poquito liante y yo puedo llegar a serlo. (Risas). Lo mejor de Enzo es que dentro de él también hay ternura. Las historias de Félix exploran el lado humano de los protagonistas, buscan entender qué lleva a las personas a ser como son.

«Mi Enzo es buena gente y yo intento serlo siempre»

¿Cómo te las arreglas para memorizar un texto tan largo?
Pues, cariño, trabajando. Trabajando mucho. (Risas). Eso y siguiendo el consejo de la gran Concha Velasco: “El guion hay que aprendérselo de memoria y cuando ya lo tienes es cuando puedes empezar a crear el personaje de forma orgánica”.

«Mi principal obsesión con Enzo Marini es que nadie vea en él a Mario Vaquerizo porque para eso ya me tienen a mí todos los días diciendo tonterías en televisión» (Risas)

Afortunadamente, siempre he tenido buena memoria. El teatro me ha obligado a enfrentarme a mí mismo para comprobar si seguía teniendo la memoria de cuando estudié la carrera, porque el tiempo pasa y las cabezas se van perdiendo. (Risas). Y sí, por ahora sigo teniendo buena cabeza.

¿Cómo están tus Nancys Rubias? ¿Cuándo sacáis nuevo disco?
Pues como todo ha estado cambiando tanto… Nuestra idea era haber hecho una gira de conciertos este verano y parar en octubre para dedicarme yo al teatro. Y Olvido, lo mismo con Fangoria. Ahora mismo, las Nancys nos estamos reseteando. Hemos decidido que 2020 no existe para nosotras. En abril del año que viene volveremos con una serie de canciones que ya estamos preparando.

«Ahora queremos ser como una orquesta. (Risas). El show se va a llamar ‘Orquesta Nancy’ o ‘Nancy Orquesta’ —todavía tenemos que decidirlo— y vamos a cantar versiones de los grupos que más nos gustan»

Hablemos de ‘Alaska y Mario’, vuestro reality, ahora que ha pasado el tiempo suficiente para poder calificar sus cinco temporadas como el divertido retrato generacional de un grupo de gente creativa —y un poco alocada— en el Madrid de los años diez. ¿Lo echas de menos? ¿Podría haber una sexta temporada?
Yo no diría que es un retrato generacional, más bien que es el retrato de un grupo de amigos dentro de un Arca de Noé muy particular. Lo hicimos porque nos apeteció.

«Mi vida está llena de regalos que van llegando y eso es algo que tengo que agradecer mucho»

Cuando nos propusieron hacer el reality dijimos automáticamente que sí porque nos divertían mucho la idea y el formato. No tuvimos ningún tipo de prejuicio porque nosotros mismos somos grandes consumidores de realities. Cuando lo veía tuve grandes momentos de autoafirmación, sobre todo por los amigos maravillosos que tenemos y por lo bien que nos lo pasamos. ¿Que si lo volvería a hacer? Pues yo sí. ¿Cuándo? No tengo ni idea. (Risas).

«Estoy muy orgulloso de ‘Alaska y Mario’ porque lo hicimos con mucha verdad y eso se nota»

¿Cómo se convence a Mario Vaquerizo para protagonizar un anuncio de champú?
Pues hombre, cariño, no tuvieron que convencerme, era cosa de sentido común. (Risas). ¡Con este pelazo que tengo! (Risas). Soy de los pocos hombres que confiesan que les gusta cuidar su melena y que si hay que hacerse un retoquito pues me opero y me lo hago. (Risas). No les costó nada convencerme. (Risas).

«Yo soy así. Habrá quien piense que soy un payaso —que también lo puedo llegar a entender—, pero esta es mi vida y yo la vivo así»

Todo el mundo que en algún momento ha trabajado contigo habla maravillas de tu profesionalidad y seriedad.
Es que hay que ser así. Yo trabajo de domingo a domingo, como aquel programa que tenía Belinda Washington. (Risas). He conseguido que todas mis aficiones se conviertan en mi modo de vida. ¿Cuál era mi afición de pequeño? Hacer entrevistas, pues me hice periodista. Ahora me divierte más ser mánager y todo lo demás. En el fondo, aunque no me creas, siempre he preferido estar en la parte de atrás y, sí, me gusta ser muy serio en el trabajo por respeto a todas las personas implicadas. No quiero presumir de esto. Lo hago y punto.

Una estrella de las coreografías en los setenta e íntimo de Gorgio Aresu, ese es Enzo Marini © Jau Fornés

Ahora que lo mencionas, ¿de quién sigues siendo mánager?
Básicamente, de Fangoria. Hubo una época en la que también lo fui de Dover, de Leonor Watling, de Elsa Pataky, de Silvia Superstar… Pero llegó un momento en el que, ya se sabe, el que mucho abarca poco aprieta. Me vi desbordado y decidí centrarme en Fangoria y en las Nancys planificando todos los lanzamientos y las giras. Y luego, ya sabes, colaboro en programas de radio y televisión y mil cosas más.

«Una mariquita inquieta, eso es lo que soy» (Risas)

Si hoy pudieras hablar con tu yo de 18 años, el que se montó el club de fans de Ana Torroja, ¿qué le dirías?
Yo no lo monté, pero fui uno de los primeros socios. (Risas). Y, mira, al final he acabado siendo amigo de Ana Torroja. Le diría: machote, quien la sigue la consigue. Es mi lema.

«Las cosas que se desean de forma sana siempre se acaban consiguiendo»

¿Hay muchas ganas de fiesta atrasadas o no?
Pues no te creas. Para mí una fiesta —ya antes de la pandemia— es estar en casa con mis amigos. Estar de fiesta es estar a gusto.

¿Qué tal te llevas con Mario Vaquerizo? ¿Te cansas alguna vez de ti mismo?
No, cansarme no. Me río mucho de él, tengo una gran capacidad para reírme de mí mismo. Me llevo bien con Mario Vaquerizo. Con el tiempo me he vuelto un poco más impaciente y eso hace que, a veces, me enfade un poco conmigo mismo.

«Pero también hay que entender que Mario Vaquerizo va por los 46 y empieza a tener manías de vieja» (Risas)

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