15-M: arte y utopías

Julia Ramírez-Blanco
Fotografía: LILI MARSANS

Hace ahora diez años, Julia Ramírez-Blanco (Madrid, 1985) —licenciada en Historia del Arte— se hallaba inmersa en la elaboración de su tesis doctoral (Utopías artísticas contemporáneas) cuando, de golpe, surgió el Movimiento 15-M. Pronto identificó que lo que estaba ocurriendo era una utopía real —de las llamadas concretas— y se puso a diseccionar sus estéticas. Entendió que el 15-M, más que con palabras, se expresaba con imágenes, instantáneas que hablaban de lo que se estaba soñando en las plazas.

Una década después, transcurrido el tiempo suficiente, decidió que el momento de acometer un análisis profundo de todo lo que se encontró y observó en aquel mayo de 2011 había llegado.

El resultado es el libro que acaba de publicar, 15-M: El tiempo de las plazas, un trabajo llamado a ser un referente para entender el movimiento que ha marcado el antes y el después en la historia reciente de España. Todo empezó en la Puerta del Sol.

¿15M: El tiempo de las plazas (Alianza Editorial) era un libro pendiente?
Los diez años del 15-M han sido la excusa para volver a un tema sobre el que ya había trabajado en mi libro anterior —Utopías artísticas de revuelta (Cátedra)— en el que dediqué un capítulo al movimiento de la Puerta del Sol. Tenía pendiente revisarlo desde una mayor perspectiva.

Julia Ramírez-Blanco es docente e investigadora en la Universidad de Barcelona. Historiadora y crítica de arte, su especialidad son las relaciones entre arte y utopía, cuestión a la que dedicó su tesis doctoral europea. Sus trabajos más recientes se centran en la intersección entre arte, imaginación social y activismo © Lili Marsans

Las superventas del  libro ‘¡Indignaos!’ de Stéphane Hessel, el movimiento antiglobalización, las protestas de la plaza Taksim de Estambul o la revolución de las cacerolas en Islandia, ¿se veía venir o el 15-M nos pilló a todos por sorpresa?
A posteriori es muy fácil decir que las cosas se veían venir. Es cierto que había una situación muy propicia en ciertos puntos del planeta, pero también es cierto que en otras ocasiones —con la misma oportunidad y circunstancias— no terminó de suceder.

«Así que no, yo no le arrebataría al Movimiento 15-M el componente de azar que tuvo porque hay cosas que no se pueden prever. El 15-M, además de por las circunstancias, surgió de una serie de acontecimientos azarosos e impredecibles»

En el aspecto ideológico, ¿tuvo alguna influencia el ascenso de la izquierda en Latinoamérica?
La gran influencia previa fue la primavera árabe. El ascenso de la izquierda latinoamericana sí que fue importante para un ciclo posterior, el ciclo de Podemos.

«La experiencia latinoamericana influyó mucho en unos jóvenes Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Me atrevería a decir que esa experiencia fue mucho más importante para ellos al crear Podemos que el propio 15-M»

¿Qué papel jugaron las redes sociales en el 15-M?
Indudablemente fueron importantes, aunque yo no creo tanto en esta hipótesis tecnológica. Algunos analistas sostienen que sin las redes sociales nada de esto habría sucedido, yo no estoy tan de acuerdo.

Hay una investigadora, Lina Khatib, que cuenta como en Egipto, durante la primavera árabe, se hizo una encuenta en la que la mayoría de la gente daba la misma respuesta: «Saldré si todos salen». En Egipto todo empezó de modo analógico, viendo que tus vecinos salían a la calle a protestar.

«Es fácil comprobar que son muchas las protestas digitales que no llegan a las calles, que simplemente se quedan en lo digital»

¿Cómo reaccionaron los medios de comunicación tradicionales?
El 15-M marcó el ascenso de algunos medios de comunicación, como Público, que se hizo importante gracias al movimiento. Además, asistimos a cierto relevo generacional gracias a un grupo considerable de periodistas que quisieron aproximarse a lo que estaba ocurriendo con la sana intención de entenderlo; mientras que los medios más masivos se mantuvieron en enfoques políticos clásicos, iban a las plazas y se limitaban a preguntarle a la gente por su intención de voto.

Ramírez-Blanco ha impartido conferencias en instituciones como la Universidad de Princeton, la Universidad de Columbia, el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, el Museo del Prado, la Warburg-Haus de Hamburgo o el Württembergischer Kunstverein de Stuttgatt © Lili Marsans

Arte, activismo y utopía. ¿Por qué optaste por esta línea de investigación?
Siempre me ha interesado la utopía como concepto que representa la idea de crear un mundo mejor. Como historiadora del arte empecé a preguntarme por el papel del arte en todo ello, sobre cómo se relacionan el arte y las utopías. De esta inquietud surgió mi tesis doctoral. Comencé a investigar a artistas que inventan ciudades, que experimentan relaciones humanas diferentes o crean arte habitable.

«Mis investigaciones persiguen ver qué mundos sueñan o tratan de llevar a cabo los movimientos sociales y cómo se expresan a través de las imágenes que generan. Digamos que exploro en el plano metafórico y poético de los movimientos sociales»

¿Existen las intenciones estéticas y artísticas premeditadas a la hora de transmitir mensajes políticos?
A veces sí, a veces no. En general, los mensajes tienden a apoderarse de un lenguaje estético. Por ejemplo, cuando todo el mundo lleva una camiseta del mismo color en una manifestación, en las llamadas mareas, se está tratando de emular el mar, y realmente llegamos a ver olas de color avanzando. En este caso hay una clara intencionalidad estética, entre otras cosas se trata de crear una imagen, una foto que salga en prensa y prolongue la repercusión de la protesta.

¿Cuál fue la estética del 15-M?
El 15-M fue muy imaginativo en este tipo de cuestiones. En el libro hablo de todo un ‘repertorio’ de nuevas formas de protestar. El uso del simbolismo y el humor fuero muy importantes.

«De la toma de una plaza a los escraches, pasando por rodear parlamentos o las intervenciones del colectivo sevillano de izquierdas Flo6x8, que ‘atracaban’ los bancos con su arte; entraban en una sucursal, se ponían a bailar flamenco y después desaparecían» (Risas)

Pasan los meses, el Movimiento 15-M levanta su campamento de la Puerta del Sol y comienza a integrarse en el sistema. ¿Fracaso o supervivencia?
Los movimientos ya no estaban tan activos en aquel entonces. Quizá por eso mucha gente se implicó en el proceso de experimentar con la vía institucional. Se imponen lógicas diferentes, profesionales, y se heredan firmemente cuestiones como la lucha por lo público o el feminismo.

15-M: El tiemplo de las plazas © Alianza Editorial

El actual declive de Podemos, la dimisión de Pablo Iglesias, ¿son consecuencias de un cambio en el modo de transmitir el mensaje?
No lo creo. Creo que la política institucional es diferente, tiene diferentes agentes, diferentes capas en las que todo es más complejo.

«Lo que no se debe hacer es partir del error de identificar el 15-M con Podemos, si lo hacemos volveremos a la ecuación que trataban de llevar a cabo algunos medios de comunicación cuando iban a las plazas y le preguntaban a la gente ‘y usted, ¿a quién va a votar?'»

El 15-M creía en la autogestión, en no delegar en instancias más altas o al menos delegar lo menos posible.

¿Qué nos ha dejado el 15-M?
El 15-M potenció los discursos políticos dentro del ámbito del arte. También ha obligado a todos los partidos a renovar su imagen, los líderes han rejuvenecido y ya no hablan solos desde un estrado, ahora lo hacen rodeados de gente como si estuvieran en una asamblea.

¿Puede la utopía entrar en el juego político?
La utopía puede entenderse como la representación ideal de un sistema. En ese sentido la realidad contiene el espectro de la utopía y se mantiene también gracias a ella.

«El capitalismo tiene su propia utopía, la que nos recuerda insistentemente la publicidad: recursos infinitos, ausencia de límites, felicidad al alcance de la mano… Es una gran utopía, pero admitimos ese relato como real; si dejáramos de hacerlo, si dejáramos de creer que todo es posible, el sistema caería»

Las utopías no son ni buenas ni malas, son la representación ideal de un sistema.

Desde 2018, Julia Ramírez-Blanco pertenece a la Society for Utopian Studies, agrupación norteamericana especializada en el análisis de utopías literarias y experimentales © Lili Marsans

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