Querer es poder

Lucy Lara
Fotografía: Vero Paredes

[Entrevista publicada originalmente el 2 de septiembre de 2020]

La infancia de Lucy Lara (Ciudad de México, 1961) fue complicada tirando a difícil. Soñó con ser actriz hasta que un día, en una audición, le pidieron que se desnudara y se vio obligada a asumir que aquello no iba a ser lo suyo. Luego, afortunadamente, se enamoró del periodismo y del universo fashion hasta convertirse en lo que es hoy: una de las diez personas más influyentes en la moda de su país. Autora de cuatro libros de éxito sobre empoderamiento femenino e imagen —el último, ‘Estilo y poder‘ (Penguin Random House), llegó a las librerías justo antes de la pandemia— es, además, una orgullosa madre soltera y una muy solicitada conferenciante.

En su impresionante trayectoria profesional se acumulan nombres de cabeceras míticas como Harper’s Bazaar, Glamour, Marie Claire, Elle o Vogue, revistas de alta gama en las que siempre ha dejado la huella de su exquisita personalidad. ¿Su misión? Pelear para que la experiencia en papel cuché encuentre su lugar en el nuevo escenario y apoyar el talento de los diseñadores mexicanos. Esta es la historia de una mujer valiente y delicada.

¿Cómo fue la infancia de Lucy Lara?
Extraña. Soy la pequeña de nueve hermanos en una familia muy numerosa. Con tres días de vida me infecté de pulmonía vírica, pero no lo supieron hasta cuarenta días después. Tuve una infancia repleta de enfermedades, doctores y cuidados, con varios momentos que me llevaron al borde de la muerte. Mi madre, que era una fiel devota de la virgen de Guadalupe, llegó a ir a la Villa de rodillas conmigo en brazos para pedirle por mí. Me costó mucho llegar a ser una niña sana, pero al final logré recuperar la salud física y, sobre todo, la mental. Ser una persona enferma durante muchos años te resta vivencias importantes, como jugar con tus hermanos bajo la lluvia; me limitaba a verlos por la ventana y eso me producía una tristeza infinita.

Recuerdo la parte de la comida con horror porque había muchos platos que no me gustaban y me castigaban dejándome en la mesa hasta que lo acabara todo; en más de una ocasión llegué a la cena con el plato del mediodía sobre la mesa. La mía no fue una infancia feliz, pero poco a poco fui agarrando las ganas de vivir. No iba mucho a la escuela por lo que académicamente tampoco iba bien. Cuando llegué a secundaria todo cambió y empecé a descubrir lo que podría ser la felicidad. Entiendo que hay mil maneras de pasarlo peor que yo, pero así fue mi experiencia: me sentía muy desgraciada y en más de una ocasión quise morirme.

¿Por qué te hiciste periodista?
Al principio, yo quería ser actriz. La moda siempre me ha gustado, pero nunca llegué a construir una proyección de mí dentro de ese mundo. Vengo de una familia de artistas con un hermano escritor, una hermana que se dedica a la música, otra que es pintora… Para mí lo natural era dedicarme a algo creativo, así que me pareció que la actuación era lo mío. Todo se derrumbó cuando quise empezar a estudiar en la Universidad Autónoma de México.

«Al hacer el examen de admisión, que conlleva varias pruebas de interpretación, me pidieron que me desnudara y no quise. En ese momento supe que la actuación no era lo mío»

Empecé a estudiar comunicación porque, siendo sincera, no sabía demasiado bien por dónde tirar; así que cursé la carrera en la Universidad Iberoamericana y ahí fue cuando empecé a enamorarme del periodismo y de las clases de guionización televisiva, gracias en parte a un gran profesor que hoy es mi compadre. Estuve escribiendo guiones durante mucho tiempo, incluso para el presidente de México, que en ese momento era Miguel de la Madrid, pero llegué a la conclusión de que estaba en el lugar equivocado, me faltaba la parte artística. Así que me fui a Los Ángeles a estudiar moda enfocándome sobre todo en el proceso textil. Y, de repente, se cruzó en mi camino la oportunidad de escribir para Vogue, primero como columnista y luego como editora de moda. Así empezó mi carrera como periodista. Nada estaba previsto. 

«Creo en la suerte, pero sin duda te tiene que encontrar trabajando»

A sus 59 años, Lucy Lara ha dejado de creer en la perfección, «No existe», para decantarse por la excelencia © Vero Paredes

¿Cuál fue tu primer contacto con la moda?
Con cinco mujeres en casa te puedes imaginar que conocía bien el tema. Mi madre siempre iba muy arreglada y tenía un gran sentido de la estética y de la moda. Desde chiquita, me gustaba mucho jugar con las muñequitas de papel que recortabas y vestías, pero como aquella ropa estaba anticuada, porque había sido dibujada en los años cincuenta, me dedicaba a inventar prendas nuevas con diseños actualizados que luego vendía a mis amigas. (Risas). Como era más pequeña y delgada que mis hermanas, en mi caso nunca funcionó el clásico de la ropa heredada. ¡Afortunadamente! (Risas).

Mi primera aproximación real a la moda coincidió con la preparatoria. En esa época tenía un novio con mucho dinero que me regalaba a todas horas ropa, zapatos y accesorios de diseñadores europeos. Para mí era algo increíble porque no estaba acostumbrada a eso. Ahí descubrí lo que era la calidad de verdad, la hechura, la presentación.

«En ese momento tuve la idea de montar una tienda de ropa con mi novio, llegué a plantear algunos diseños e hicimos varias pruebas, pero el romance terminó y la idea se fue con él»

En esa etapa empecé a devorar revistas de moda y fue cuando asumí que la ropa me fascinaba. Mi primer trabajo fue para Christian Dior, recibía el muestrario de Europa y aplicaba algunas modificaciones para que fuera del gusto de la mujer mexicana. Mi trabajo era como jugar con las muñequitas de papel. Más tarde caí en la cuenta de que con el periodismo casaba mis dos pasiones: la moda y escribir. Supongo que sin la suma de todo lo que he hecho a lo largo de mi vida no habría llegado a ser escritora que soy hoy, gracias a todo ese camino y a esas experiencias he podido viajar al interior del poder femenino.

La palabra «poder» está presente en el título de tus cuatro libros. ¿Todos llevamos dentro un potencial para destacar?
Sin duda. Yo empecé a escribir como terapia. Tuve un primer intento cuando vivía en Nueva York y me estaba divorciando; necesitaba expresar lo que sentía. Mi hermana me recomendó que escribiera todo aquello, pero no tuve fuerzas. Mi primer libro, El poder de la ropa (Editorial Océano, 2012), lo coescribí con el periodista y editor de moda Antonio González de Cosío. Ahí descubrí un panorama totalmente nuevo que me hizo crecer como profesional y como persona. Estoy muy orgullosa de ese trabajo porque aún sigue siendo un best seller y me dio la oportunidad de expresarme como yo era.

«Cuando diriges una revista tienes que acoplarte a su ADN, no hay demasiado margen de libertad, pero en un libro puedes decir lo que quieres sin pensar en si va a ser un éxito o en si va a ir fatal»

En mis libros hablo del poder que proporciona el sentirse relevante, seguro de uno mismo y válido, un poder que no depende de si eres hombre o mujer, rico o pobre. Mi propósito es claro: contribuir a despertar el poder que hay en cada uno de nosotros. Y yo también obtengo mis recompensas: la gente que me escribe dándome las gracias porque, de una forma u otra, mis libros les han ayudado. Me encanta escribir y tengo muchas ideas en mente a la espera de que llegue su momento, como la historia de la adopción de mi hijo.

¿Te ha resultado muy complicado compaginar el ámbito personal con el profesional?
Mi vida personal esta muy impregnada de la laboral porque, como me gusta tanto, lo que hago en mi tiempo libre acaba teniendo que ver con mi trabajo. Pero también es una prioridad estar con mis amigos, con mi familia —que es muy grande— y, sobre todo, con mi hijo Francisco. Me divorcié cuando él tenía 4 años y nuestra vida se complicó sobremanera. Al principio no fue fácil conciliar lo personal con lo laboral, sobre todo porque cuando diriges un medio de comunicación tienes que hacer frente a multitud de compromisos sociales y viajes con trasfondo comercial. Llegué a ir a China y volver a México en poco más de dos días, porque por encima de todo siempre ha estado él. Mi hijo, que es un amor, siempre ha apoyado a su madre. Los primeros años fueron complicados pero pronto supimos dar con la fórmula.

¿Qué es el mejor que has vivido hasta ahora?
Mi maternidad, es lo más bonito y lo más complejo que he tenido que confrontar. Todos los días aprendo algo y me pongo a prueba. No te das cuenta de la importancia de los padres hasta que tienes un hijo, ahí es cuando entiendes y valoras todo lo que ellos han hecho y sacrificado por ti y que, hasta que eres madre, no sabías apreciar. Yo he estado muy sola en esto y he evitado tener otra pareja para no incluir a una persona más a la lista de prioridades. Adoptar es lo mejor que me ha podido pasar.

Escritora y periodista, atesora cuatro libros publicados en los que analiza las claves de la autoconfianza © Vero Paredes

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
Hace rato estaba hablando con mi hermano mayor, que es un gran escritor y un hombre muy sabio, y me dijo: «Cuando vayas a escoger un trabajo imagina que es una mesa de tres patas, pero solo dos son necesarias para sostenerla. En el trabajo debes conseguir dinero, prestigio o placer, si logras dos de las tres patas ya has triunfado. Tres sería lo ideal, pero dos ya son más que suficientes».

¿Qué has aprendido en este tiempo de incertidumbre y confinamiento?
He aprendido a habitarme más. Estaba acostumbrada a un ritmo tan acelerado y con tantos asuntos pendientes que no tenía tiempo para mí. Ahora me encuentro muy bien. Claro que quiero salir, pero no me muero si no lo hago. He extrañado ir a trabajar a la oficina, el contacto con la gente y, por encima de todo, a mi hijo que está estudiando en Estados Unidos. 

¿Cómo ves el periodismo de estilo de vida en estos tiempos de pandemia?
Lo veo muy apaleado. En todo lo que tiene que ver con la moda, si el consumidor sufre, los anunciantes sufren y las revistas sufren. Como periodista observo que la calidad ha bajado ya que muchas empresas han reducido sus equipos al mínimo con tal de ahorrar. 

¿Cuánto tiempo le queda al viejo modelo periodístico?
Las revistas de papel han tenido un desencuentro con las nuevas generaciones porque no las valoran. Ahorita parecería que todo está disponible en un mismo dispositivo, pero no es así.

«Los que queremos que el papel persista luchamos por ofrecer calidad, calidad que nos distingue y que apenas se encuentra en la red»

Definitivamente, no se puede comparar lo que vemos en la pantalla como lo que vemos impreso. 

¿Hasta qué punto el mundo de las revistas femeninas se parece a ‘El diablo viste de Prada’?
Esa película nos ha hecho mucho daño porque nos ha estereotipado. En todas las revistas femeninas del mundo hay un clóset repleto de ropa y cosméticos, es lo normal porque su cometido es dar forma a muchas páginas en las que se presentan todas las novedades que generan el mundo de la moda y el de la belleza. En Nueva York trabajé para Time Inc., la editorial de revistas como InStyle o People (en español), y allí descubrí esa gran habitación repleta de productos cosméticos y ropa fascinante. Sobre el personaje supuestamente centrado en Anna Wintour, te diría que hay partes que son ciertas y otras que son pura fantasía. En cualquier caso, no se puede comparar lo que pasa en México con lo que ocurre en Estados Unidos.

¿Cuál es el motor que te hace que levantes todos los días?
Hasta hoy ha sido mi hijo, pero lo tengo que ir modificando porque él ya está construyendo su propio camino.

«El trabajo es una gran fuente de autoestima si estás en el lugar correcto»

¿Escribir bien, como alma, es un don o es algo a lo que todo el mundo puede llegar?
Hay gente que tiene el don, pero también hay personas que lo trabajan. Lo fundamental que debe de poseer todo escritor es la pasión; si tienes pasión y facilidad para escribir estás en el punto ideal. Yo al principio sentía que escribía ensayos escolares, pero fui cambiando el tono y, como en todo oficio, cuanto más practicas mejor lo haces. 

Eres una de las personas más influyentes de la moda mexicana, ¿cómo se lleva esa responsabilidad?
Con mucho orgullo y, lo confieso, quiero ser más influyente aún si eso acaba traduciéndose en que los mexicanos consumamos, apreciemos y paguemos mejor la moda local. Tenemos que preservar nuestro industria y nuestro talento. Si rechazamos la moda nacional no vamos a llegar a ningún lado. Quiero ser un agente que ayude a ese cambio. La moda mexicana apenas estaba emergiendo cuando llegó la pandemia, sumado a la desventaja de que nuestro competidor principal, ahí arriba (Estados Unidos), siempre tienen propuestas más baratas y efectivas en cuanto a producción. Tenemos un gran problema en nuestra industria ya que muchas materias primas son importadas, pero hay mucho talento que estamos obligados a apoyar.

«Como editora, llevo años luchando para que conseguir que nuestras firmas sean deseables, para que la gente las acepte y, sobre todo, las compre»

¿Qué define a la moda mexicana?
Que es única, la mires por donde la mires. Por una lado tenemos la parte artesanal, que debería ser catalogada como patrimonio cultural de la humanidad. Hay mucha gente que la usa de manera cotidiana, pero aún hay quien piensa que es algo demasiado étnico o que no favorece. La evolución de esa moda artesanal está siendo increíble, cada día descubro nuevas propuestas muy interesantes.

Hablemos entonces de nombres propios. ¿Quiénes son tus diseñador mexicanos favoritos?
Me apasionan Carlos Pineda, José Sánchez y Trista. Si hablamos de internacionales, me quedo con lo que fue Karl Lagerfeld y con Dreis Van Noten.

«Soy una buena persona con un carácter muy fuerte. No me resultó fácil aceptar que no todos van a quererte», Lucy Lara © Vero Paredes

¿Qué le dirías a tu yo de 18 años? 
Le diría que se preocupe menos y que disfrute más. He perdido demasiado tiempo intentando agradar y me privé de muchas cosas que debería haber disfrutado. La vida es muy corta y hay que aprender a gustarse a uno mismo. Soy una buena persona con un carácter muy fuerte. No me resultó fácil aceptar que no todos van a quererte. Ya no vivo intentando agradar, vivo intentando agradarme.

¿Cuál es tu lema vital? «Aceptar mi imperfección. Ser perfeccionista me ha servido más bien de poco. La perfección no existe. Lucho por ser excelente, es mucho mejor»

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