El universo en un jardín

Juan Pedro Sacedón
Fotografía: CLAUDIO CURIA

Esta es la historia de un niño que llegó al mundo en el seno de una familia de científicos puros. Todo era amor y cariño, pero el chaval no acababa de mostrar interés por seguir la brillante estela de padres y hermanos. Siguiendo su instinto, Juan Pedro Sacedón (Madrid, 1976) encontró su camino observando maravillado los milagros del reino vegetal, ese complejo y hermoso universo regido por principios y leyes propias. La observación derivó en pasión, alentada por la figura de unos tíos que —en su casa de La Alcarria (benditos veranos)— le transmitieron los conocimientos necesarios para que el huerto y el jardín siempre estuviesen sanos y contentos. Formado en la Escuela de Paisajismo Batres de Madrid, Sacedón —a través de su estudio— ha sabido construir, proyecto a proyecto, una carrera coherente cuya fórmula magistral combina —a partes iguales— poesía y equilibrio. Entramos en su jardín.

¿Cómo nace tu amor por flores, plantas, arbustos y árboles?
Siempre me han fascinado, desde muy pequeño. Me pasaba las horas, me paso las horas, mirando las plantas. Es un amor que me inculcaron mis tíos de La Alcarria; ellos me enseñaron a cuidar del huerto y del jardín. Nosotros vivíamos en Madrid y en la terraza de casa mi madre tenía sus plantas, plantas que yo cuidada y hacía crecer y crecer. Siempre me han fascinado.

¿Qué hay que tener para ser un ‘dedos verdes’?
Primero, curiosidad para acercarte a las plantas, para entenderlas y querer cuidarlas. Hay que observar y, sobre todo, hay que tener mucha paciencia. Cada planta reacciona de un modo en función de las circunstancias. Es importante tener una formación académica, saber cómo funciona su mundo, pero no es menos importante tu propia experiencia, desarrollar tu conocimiento.

«No hablo con las plantas, pero sí he aprendido a comunicarme con ellas»

La capacidad de adaptación de un ser vegetal es increíble; los animales nos movemos para sobrevivir, pero las plantas no pueden hacerlo. Esa capacidad de adaptación es brutal, incluso diría que es más poderosa que la nuestra.

«Las plantas son seres sabios»

Juan Pedro Sacedón: poeta vegetal © Claudio Curia

¿Por qué estudiaste paisajismo?
En casa todos son de ciencias, bastante frikis de hecho. A ojos de mis padres, yo siempre he sido el raro, el niño del jardín. «¿Qué va a ser de Juan Pedro?», se preguntaban. Hasta que encontré en el paisajismo la carrera que encajaba con mi vocación. Una vez dentro descubrí muchas más asignaturas interesantes de las que en principio imaginaba, como historia del arte o historia del jardín —con la profesora Consuelo Correcher, que nos enseñó a entender el jardín como una religión—.

«Cuando creas tu primer jardín es imposible que tu cabeza deje de imaginar otros, ya no puedes parar»

También hay materias un poco más complejas, como dibujo técnico o topografía, pero, en general, todo es muy interesante: botánica, ecología, ciencias medioambientales, urbanismo… En esencia, al margen de aprender a sacar adelante un proyecto, son unos estudios con un gran sentido humanista.

JPSacedón Paisajismo © William Tait

¿Qué paisajistas te inspiran?
Adoro el sentido poético del vacío como silencio de Fernando Caruncho, la elegancia y el equilibrio del maestro Luciano Giubbilei o el enfoque de lo salvaje y el ecologismo de Gilles Clément.

«Sobre todo admiro al gran maestro Leandro Silva Delgado, del que tuve oportunidad de aprender muy directamente en la restauración de su jardín en Segovia»

También me inspiro mucho en la obra de otros artistas, no necesariamente paisajistas. Me encantan las formas de Isamu Noguchi, el escultor y diseñador estadounidense de origen japonés que revolucionó la profesión, o los paisajes de Claude Monet. Siempre estoy yendo a exposiciones y leyendo todo lo que cae en mis manos sobre arte y jardines. Intento aplicar a mis proyectos todo esto de lo que me nutro.

«No hay nada más mágico que trasladar el estudio de color de un cuadro a un jardín»

Sacedón sabe que el universo cabe en un jardín © Claudio Curia

Tu estudio está en Marbella, ¿por qué?
Hace más de doce años que la vida me llevó hasta allí. Marbella es un lugar abierto a gente de fuera y hay mucho trabajo, pero no solo me circunscribo a esta zona. También he creado jardines en Gibraltar, Cabo Verde y, por supuesto, en Madrid, donde llevé a cabo el proyecto de la Vía Parque de Somosaguas para la Universidad Complutense. Ahora mismo estoy desarrollando varios proyectos entre Segovia, Guadalajara y Ciudad Real; y me acaban de encargar otro en Berlín que me hace especial ilusión.

¿Cómo son tus clientes?
Un jardín por encargo es un espacio con el que el cliente se tiene que identificar.

«El principal desafío pasa por casar la personalidad de quien te contrata con el espacio que te ha encargado crear»

Hay que dar respuesta a cuestiones como: cuál va a ser el uso de ese jardín, cuánto tiempo van a pasar en él, cómo van a disfrutarlo. Hay que indagar mucho porque la gente no siempre tiene claro lo que quiere: “he visto una foto en Instagram de un jardín que me gusta”, “he visto una película con un jardín precioso”, etcétera.

«Mi trabajo consiste en concretar esos sueños. Parto de sus ideas y aplico mi lenguaje y mi conocimiento hasta que aterrizo el proyecto»

Lo bueno de trabajar desde Marbella es que aquí se concentra un abanico de culturas realmente internacional. La mayoría de mis clientes —aparte de españoles— son ingleses, paquistaníes holandeses y, sobre todo, escandinavos.

Donde el jardín te lleve © Claudio Curia

¿Existen los encargos imposibles?
No, todo encargo es un reto, una hoja en blanco. Nada es imposible. Cada proyecto es diferente y te obliga a empezar de cero.

¿El paisajismo está sujeto a modas?
Yo no sigo las tendencias, no me fijo en lo que gusta hoy para replicarlo. Nunca me sentiré cómodo yendo a favor de la corriente o copiando. Creo que es mejor tener un lenguaje propio, una forma de hacer tu obra reconocible. Intento aportar algo diferente con cada trabajo. La tendencia ahora, quizá, son los jardines mediterráneos.

«Y luego están los jardines ecológicos que, más que una tendencia, son una obligación que te lleva a trabajar con especies adaptadas al entorno, con un régimen hídrico racional para conseguir un bajo mantenimiento»

JPSacedón Paisajismo © William Tait

¿Cómo concibes estos jardines tuyos que, en sí mismos, son pequeños universos?
Intento que cada elemento tenga su propio espacio y un sentido, como si fuesen palabras dentro de un poema.

«En un jardín todo tiene que rimar, incluido su propietario cuando lo transita»

A la hora de componer, me esfuerzo en que cada proyecto tenga su propia lírica, su ritmo; procuro que los elementos importantes, cómo los árboles, orbiten en armonía para proporcionar equilibrio. Para mí un jardín es ese espacio en el que encontrarse con uno mismo y en el que los vacíos —cómo en los claustros— son tan importantes como los elementos vegetales. Hay algo metafísico en todo esto desde el instante mismo en el que los componentes interrelacionan con el observador.

«Las personas damos sentido a los jardines al vivirlos, al formar parte de ellos. Esa es mi filosofía»

Juan Pedro Sacedón y los jardines para encontrarse a uno mismo © Claudio Curia

¿Con qué arquitectos sueles trabajar?
Con Francisco Martínez Galván, con el arquitecto de interiores Erico Navazo y con bastantes profesional de mi zona, como Francisco Guillén o José Ignacio Lafont. Me gusta trabajar con ellos porque colaboran y respetan mi parcela, y eso siempre ayuda a que mis proyectos sean una prolongación de la vivienda que están construyendo. Colaboro también con artistas, como Juan Manuel Quiñones, gran amigo y escultor con el que consigo dar forma a esos objetos que también van a aportar sentido a los espacios. Hace poco instalamos juntos un menhir enorme, de cuatro metros de alto, en un jardín. Sin las muchas capacidades de Quiñones no habría sido posible.

¿Existe una forma de entender el paisajismo exclusivamente española?
Totalmente. Las personas tenemos que ver con el paisaje que habitamos, con el clima, con la luz, con la vegetación y con el momento que vivimos, con el presente. Los más preciado de cualquier jardín español es el agua: las fuentes, las albercas, las acequias.

«El agua es nuestro bien más preciado y el elemento que mejor define el paisajismo español»

Los jardines españoles funcionan a modo de refugio del calor y la aridez exteriores.

¿Te agobia el cambio climático?
Claro, pero más me agobia la falta de concienciación generalizada y la escasa capacidad de reacción que el ser humano está demostrando.

JPSacedón Paisajismo © William Tait

¿Cuál es tu árbol favorito?
Me gusta mucho los alcornoques por la expresividad de sus troncos; las coscojas y las encinas porque se mantienen fieles a su esencia perenne y siempre se adaptan bien a los cambios. De los de hoja caduca me interesan sobre todo los que más marcan la estacionalidad, como el almendro por la desnudez de su alma y esa floración que desafía al invierno. También me apasionan los cerezos y los perales por la frescura de sus primaveras y sus espectaculares floraciones blancas. Y me parece muy interesante —por no decir imprescindible— que el jardín tenga granados o caquis porque llenan de color los otoños con sus frutos anaranjados.

Y si hablamos de flores…
Los lirios me vuelven loco. Me he pasado horas y horas en el Museo D’Orsay intentando descifrar cómo Monet fue capaz de componer sus campos de lirios oponiendo trazos de color cálidos y fríos. También adoro las rosas. Para un paisajista las vivaces y sus flores de estación son imprescindibles, esas manchas generan por igual contraste y emoción, serenidad y alboroto.

JPSacedón Paisajismo © Claudio Curia

¿Qué ocurriría si la vida te obligase a trabajar en una oficina frente a un ordenador ocho horas diarias?
Intentaría hacerlo lo mejor posible y supongo que tendría una plantita cerca del ordenador.

¿Qué hacemos con las flores de plástico? ¡Prohibirlas! (Risas)

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