Liturgias lisérgicas

Julián Villagrán a.k.a Asunción

Vamos por partes. ‘Rave’: fiesta ilegal consagrada a la música electrónica (si hay que pagar entrada no es una rave). ‘Parque María Luisa’: mítico jardín sevillano inaugurado en 1914 en honor de la infanta María Luisa Fernanda de Borbón. ‘EP’ (extended play): formato musical —recuperado y en boga— que agrupa en un mismo lanzamiento tres o cuatro canciones. ‘Asunción’: tía abuela de Julián Villagrán (Trebujena, Cádiz, 1973), nuestro protagonista.

Esta es la historia de un chiquillo gaditano criado en Sevilla que desde muy pequeño apuntó maneras de tímido irredento. Para no quedarse excluido en el obligado juego de la socialización, el joven Villagrán empezó a idear teatrillos con un amigo en los recreos y así ganarse el respeto del resto de la parroquia. Acababa de nacer un actor. Sin embargo —en paralelo y en la soledad de su habitación—, Julián soñaba con ser Mick Jagger frente al espejo. Actitud y presencia nunca le han faltado.

Profesional infatigable, con más de 70 trabajos en cine y televisión, hay un antes y un después en la carrera de Villagrán —para hacer honor a la verdad hay varios, pero este al que nos referimos es el más reciente—, su adorable recreación de Diego Velázquez en ‘El Ministerio del Tiempo’; un papel que ha conseguido situarle en la gran escena pública y nos ayuda a valorar mucho mejor su interesante trayectoria. Pero no estamos aquí para hablar del actor, estamos aquí para hablar de un músico con talento, carisma y mucho que contar. Si te gustan las guitarras poderosas, el techno hipnótico y la psicodelia provocadora quédate con su álter ego: Asunción.

22 de noviembre de 2019: nace oficialmente Asunción con la subida a las plataformas de streaming de ‘Doble filo’, tu primer embate en la música. ¿Qué tuvo que ocurrir para llegar hasta ese día?
Para mí, desde luego, fue un día histórico. Toda mi vida he tocado en grupos, desde chico. Con 12 años me encantaba el rock and roll.

«Me flipaban los Rolling, quería ser Mick Jagger. Alucinaba con su rollo y me pasaba las horas imitando sus poses frente al espejo de mi cuarto. Me imaginaba subido a un megaescenario ejerciendo de frontman» (Risas)

Con 16 años tuve mi primer grupo. Luego vinieron muchos otros, pero siempre me limitaba a ser uno más. No encontraba el arrojo para ser el líder, quizá porque no me sentía identificado con la música que hacíamos.

«Mi hándicap es que, pese a mi profesión, soy un gran tímido»

Asunción ha llegado para quedarse, que a nadie le quepa la más mínima duda.

¿Cómo encuentras tu camino en la música, tu voz?
Siempre he sentido que tenía mis propias ideas. En los 90 descubrí la electrónica y empecé a pinchar. Aprendí a programar cajas de ritmos y sintetizadores, y me lancé a experimentar con el ordenador. Llegué a hacer mis pinitos componiendo música para algunas películas, como la banda sonora de ‘Carlos contra el mundo’ (2002) —de Chiqui Carabante— , que también me regaló mi primer protagonista. Así que nada, empecé a trastear y a compaginar la música con lo que me da de comer.

«Hasta que un día me atreví a cantar por primera vez. Para cantar, más que una gran voz, hay que tener actitud y el arrojo suficiente como para lanzarse al vacío»

Poco a poco, el experimento fue tomando consistencia, hasta que llegué a un punto en el que me dije: esto lo tengo que grabar. Unos amigos me recomendaron La Mina, el mítico estudio de grabación de Raúl Pérez (por el que han pasado, entre otros, Pony Bravo, Niño de Elche, Novedades Carminha, Sen Senra, Kiko Veneno o Guadalupe Plata). Raúl ha sabido darle un empaque alucinante a las canciones. Asunción tómo forma.

¿Asunción eres tú o hay alguien más?
Soy yo. No hay nadie más. Me he montado mi propio estudio en casa y ahí lo hago todo.

¿De dónde sale el Asunción?
En mi familia hay dos figuras femeninas muy poderosas e importantes, la tía Asunción y la tía Conchita. Una era hermana de mi abuelo y la otra era su tía, es decir: mi tía abuela y mi tía bisabuela. Ellas vivían juntas muy a lo ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ (Risas). Mi madre, en parte, se crio con ellas y cuando íbamos a visitarlas yo siempre las veía como dos personas alucinantemente mayorcísimas. Estaban todo el día peleándose y reconciliándose. (Risas). Por circunstancias de la vida, mi hermana y yo vivimos juntos cinco años y teníamos esa coña, que éramos iguales que Asunción y Conchita. (Risas).

«Yo era Asunción, claro. De ahí viene el nombre, y también de que un día se me cruzó la imagen de la Virgen de la Asunción subiendo al cielo en medio de una rave. Se mezcló lo litúrgico con lo lisérgico» (Risas)

Julián Villagrán, de 48 años, o la necesidad de lanzarse al vacío sacando al frontman que llevaba dentro.

Asunción suena a los años ochenta y noventa, pero no con una intención revival. ¿Es así de sencillo, de auténtico, o hay premeditación y alevosía tras tu sonido?
Ha sido un parto complicado, pero no hay nada premeditado. Es lo que me sale al componer. Mis referentes son los ochenta, de Radio Futura a Parálisis Permanente. Y por supuesto me influye toda la electrónica de los 90.

Tus letras también remiten al Fabio McNamara más punzante.
¡Me encanta que digas eso! El trash y el punk encajan perfectamente conmigo. Tengo un ramalazo punkarra que sale solo.

Por fin has alcanzado tu viejo sueño de ser frontman.
Escribir canciones y, sobre todo, defenderlas sobre un escenario supone un auténtico salto mortal para mí, mucho más que ser actor.

«Llevo muchos años en la interpretación y ya tengo oficio, seguridad, pero cuando me toca salir a cantar lo que he escrito me siento absolutamente desnudo»

Aún estoy en vías de creérmelo del todo, pero si hay algo en lo que creo es que sé que tengo mucho que ofrecer. Me falta un poco de oficio aún, un poquito, para mostrar todo lo que soy capaz de hacer con un micrófono. Cuando interpreto hay un guion, un director, un productor; doy vida a la visión de otras personas y me siento acompañado. En la música estoy solo.

¿Cuántos conciertos has dado?
Llevo unas ocho actuaciones, no siempre en sitios pequeños; de hecho, la primera fue en Matadero; luego tuve otra importante en el Museo Thyseen y en la última, en Conde Duque, hubo un aforo bastante importante.

«A ver, que la gente se queda encantada; hablo más de todo lo que yo sé que aún puedo sacar, de todo lo que aún no he mostrado»

Definitivamente, ¿eres un músico atrapado en un actor?
Las dos inquietudes me vienen desde muy chico. En casa, con 6 años, escuchaba todo tipo de música, mi padre siempre estaba descubriéndonos cosas. En el colegio teníamos dramatización y me pasaba los recreos preparando teatrillos con un amigo para luego representarlos en clase. Así conseguía vencer mi timidez y ganarme el respeto de mis compañeros. Las dos aficiones han ido de la mano, pero indudablemente la que me da de comer es la interpretación.

Cuéntanos la historia tras ‘Rave in María Luisa’, tu nueva canción.
Mis canciones no dejan de ser parte ficción y parte vivencias propias. ‘Rave’ es la primera canción que escribí, hace ya diez años. Es una mezcla entre los botellones con mis colegas en el Parque María Luisa y las raves que nos montábamos en los 90.

«Casi todas mis canciones hablan de pedos pillados en raves» (Risas) «Pero prometo que me estoy quitando, lo estoy dejando» (Risas)

Portada de ‘Rave en María Luisa’ –segundo single del inminente EP de Asunción– disponible en formato flexi-disc transparente (edición limitada) © Discos Bora Bora

Tu anterior éxito, ‘Itinerario hetero’, es un puñetazo en el bazo de los cayetanos, tan de moda últimamente.
Esta canción me salió de golpe, de un tirón y con mucha rabia.

«Yo siempre he tenido una sensibilidad diferente, jugaba con las niñas a la goma y me llamaban mariquita —supongo que tendría mis amaneramientos—. Desde bien chico tuve que aprender a ocultar mi femineidad, de ahí nace esta canción, con la rabia y con las ganas de romper con todo eso»

Afortundamente, hoy vivimos un movimiento muy fuerte que reivindica lo que cada uno quiera ser más allá de los roles de género.

«Que nadie te encasille nunca en nada»

‘Itinerario hetero’: psicodelia con mensaje, killerío punk del bueno © Discos Bora Bora

¿En tu casa hay antecedentes artísticos?
Ha habido intentos. Mi padre, de joven, en los 60, tenía una banda en Trebujena, en el pueblo. Se llamaban Los Noctámbulos y él tocaba la guitarra eléctrica; hacían versiones de Los Bravos, Los Brincos, los Beatles y todo eso. Y a mi madre también le gustaba participar en teatrillos. Nunca se dedicaron profesionalmente a ello.

«En casa siempre había música y alegría. Hacíamos mucho el payaso. Todo eso me influyó, está claro»

¿Por qué te vienes a Madrid?
Estudié en el Instituto del Teatro de Sevilla, que pertenecía a la Junta de Andalucía, y ponía en pie unas producciones estupendas, con mucho presupuesto. En cuarto me cogieron como meritorio para uno de esos montajes, una ‘Yerma’ dirigida por Miguel Narros. Mi papel era el de ‘hombre de la romería 3’. (Risas). Cuando vinimos a Madrid a hacer temporada en el Teatro Lara lo vi claro y decidí plantar aquí mi campamento base. Tenía 24 años y de eso hace justo ahora 24 años.

Villagrán o el punky que (casi) todos llevamos dentro.

Eres un auténtico currante con más de 70 trabajos, que se dice pronto para tu edad. Formas parte de películas como ‘Astronautas’, ‘Azuloscurocasinegro’, ‘Bajo las estrellas’, ‘Extraterrestre’ o ‘Grupo 7’; o de series como ‘Al salir de clase’, ‘El comisario’, ‘Arde Madrid’, ‘La peste’ o ‘El Ministerio del Tiempo’. Literalmente, no has parado.
No me puedo quejar, la verdad. Después de la ‘Yerma’ que comentamos, trabajé muchos años como camarero mientras hacía mis pinitos. Participé en varios cortos mientras me iban saliendo papelillos en series y películas. Fui poco a poco, constante, hasta que pude dejar los bares.

¿Cuál fue el trabajo que supuso tu primer punto de inflexión?
El corto ‘Bailongas’ (2001), de Chiqui Carabante —que, aunque había estudiada en mi misma escuela, nos hicimos amigos realmente en Madrid—. ‘Bailongas’ se llevó todos los premios que te puedas imaginar, y eso nos ayudó a conseguir financiación para ‘Carlos contra el mundo’, que como comenté antes fue mi primer protagonista. Entre este corto y este largo se me abrieron muchísimas puertas.

Por cierto, necesitamos darte las gracias en nombre de mucha gente por tu adorable recreación de Velázquez en ‘El Ministerio del Tiempo’.
Me hace muchísima ilusión haber formado parte de esta serie y dar vida a un personaje tan genial como Velázquez. No sé si volveremos a grabar; en principio la última temporada iba a ser la tercera, pero luego hubo una cuarta. No nos han dicho ni que sí ni que no a la quinta. Ojalá llegue. Javier y Pablo Olivares —creadores de la serie— seguro que ya tienen en mente muchas nuevas historias.

«Podría estar interpretando a Velázquez toda la vida»

El adorable Diego Velázquez de Julián Villagrán forma ya parte de la historia de nuestra televisión © Globomedia / RTVE

Estás a punto de estrenar ‘Operación Camarón’, una comedia coral veraniega que promete.
Es un peliculón, comercial, divertidísimo y muy bien hecho. La película tiene un reparto estupendo y qué te voy a decir de Carlos Therón, que es un superdirector que ha vuelto a dar en la diana. Es la historia de un policía pringado que se tiene que infiltrar en un grupo de flamenco-trap para desmontar una red de narcotráfico. Es una película muy muy divertida.

¿Hasta dónde quieres llegar con Asunción?
Se me está yendo de las manos. (Risas). Asunción es una necesidad. Como actor tengo periodos largos sin trabajo; ahora vengo de siete meses sin hacer nada y cuando no hago nada me vuelvo mu’loco.

«La música es mi salvavidas creativo»

En muchos sentidos, la carrera de Asunción va encarrilándose sola. Ahora llega el EP, pero ya me están pidiendo el siguiente. Solo sé que tengo que tirar para adelante, que ya no hay vuelta atrás.

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