Periodismo por encima de todo

Marta Reyero

Fue, sin lugar a dudas, una de las protagonistas involuntarias que nos dejó esa nevada del siglo con nombre de origen griego que ¡oh, casualidad!— significa «aquella que ama la música». Tras caminar dos horas por la nieve nuestra protagonista consiguió llegar a su plató para —sin maquillarse ni uniformarse— hacer lo que mejor sabe hacer: informar.

Pero no es por eso por lo que hemos decidido sentarnos a hablar con Marta Reyero (León, 1965). Es hora de conocer a la persona que se encuentra tras de uno de los rostros más respetados de periodismo televisivo de nuestro país. Su carrera, impecable programa a programa, se escribe entre la Cadena SER, Canal+, CNN+ y Cuatro. Después de todo, ¿a cuántos periodistas conoces que hayan tenido un álter ego con nombre de guiñol?

Leonesa de nacimiento, criada en Asturias. Estudias entre Oviedo y Bilbao para terminar asentándote en Madrid, ciudad desde la que presentas ‘Cuatro al día’, el informativo de los fines de semana de Cuatro. Cuando te preguntan de dónde eres, ¿qué sueles responder?
(Risas). Yo me siento asturiana, pero realmente podría ser de San Diego, Kiev o de cualquier otro sitio. Lo que ocurre es que en Asturias he vivido esa parte tan importante de mi vida que se queda arraigada para siempre. Me refiero a la infancia, la adolescencia y la primera juventud. Así que no puedo decir que tenga allí mis raíces, pero sí la memoria sentimental.

Marta Reyero es, sin duda, uno de los rostros más respetados del periodismo televisivo de nuestro país.

¿Dónde te ves de aquí a cinco o diez años?
Yo estoy muy bien en Madrid, aunque al principio me costó. Al venir de una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce Madrid era un poco sinónimo de inmensidad. (Risas). No sé qué estaré haciendo dentro de diez años, la verdad.

«Puedo trasplantarme a cualquier condición, terreno o climatología. Me adapto a todo. Eso sí, si me plantease volver a Asturias sería a un pueblín, a algún rincón tranquilo»

En su momento cambiaste Asturias por Bilbao, que fue donde finalmente estudiaste Ciencias de la Información para especializarte en Publicidad. 
La verdad es que en aquellos años pasé por distintas fases. Siempre me habían atraído mucho la Filosofía y el Periodismo, pero después de tener una conversación con mi padre me di cuenta de que me interesaba mucho más la publicidad por todo lo que implica desde el punto de vista creativo. En aquella época ya entendía los anuncios como pequeñas películas, me llamaba muchísimo la atención e imaginaba como lo habrían hecho. Me licencié en Publicidad, pero la vida me ha llevado al Periodismo.

Reyero o la alquimia del ‘cero artificios’.

Cadena SER, Canal+ —donde llegaste a tener, junto a Hilario Pino, tu propio álter ego con forma de guiñol—, CNN+ y Cuatro. En estos 30 años has vivido multitud de cambios dentro del sector. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido?
Logicamente, he vivido todos los cambios tecnológicos, pero también muchos cambios a nivel humano. De la desaparición de la máquina de escribir al nacimiento de internet o las redes sociales. Una de las cosas que más me sorprendió en su momento fue que, de repente, cualquiera podía convertirse, de forma rápida y sencilla, en informador y sin un equipo de apoyo detrás. Puro vértigo.

¿Qué opinas de la presente tendencia en informativos que prefiere noticias llamativas que proporcionan audiencia sin importar la calidad de la información?
El problema es que en la actualidad vivimos sobreexpuestos a demasiados impulsos, a demasiada información. Es imposible retenerlo todo.

«Es muy difícil que te deje poso algo que no ha sido trabajado en profundidad, por eso nosotros siempre seleccionamos temas en los que se pueda ahondar»

Somos conscientes de que una pieza de televisión de dos minutos no puede competir con varias páginas de un periódico o de un suplemento, pero sí puede ofrecer la esencia de lo que está ocurriendo.

Marta Reyero ha desarrollado su carrera en varias de las mejores redacciones de este país.

Ahora que ya ha pasado un tiempo de Filomena y de aquellas imágenes tuyas —sin maquillar y con ropa de andar por casa— que fueron tan comentadas y aplaudidas, ¿volverías a hacer lo mismo?
Si me vuelve a sorprender otra Filomena y mi jefe me pide que por favor llegue al plató como sea —porque los coches no podían circular— a lo mejor me planteo salir de casa con otro tipo de jersey. (Risas). Pero por supuesto que haría lo mismo. Nunca en mi vida habría imaginado que me pudiera ocurrir algo parecido. (Risas). La verdad es que ni siquiera llegué a dudar, es mi trabajo. Lo único que tuve claro antes de salir de casa es que no se me podían olvidar las lentillas para ver bien las pantallas, pero nada más. Me da igual salir sin maquillar o sin peinar, solo lo sentí por mis compañeros de estilismo porque tuvieron que llevarse las manos a la cabeza. (Risas).

Fue un momento digno de aplauso.
Muchas gracias.

¿Volverías a la radio?
En la radio la profesión se vive de otra manera, la presión es diferente. En estos años he hecho alguna que otra colaboración con las que he disfrutado muchísimo, una especie de pequeños viajes en el tiempo.

«La radio es el medio en el que nací profesionalmente y en el que siempre me sentiré a gusto. La radio siempre me ha tratado muy bien y creo que yo he correspondido»

Ojalá llegue esa oportunidad antes de que el podcast u otro formato por inventar acabe con ella.
Yo creo que ocurrirá algo parecido a lo que ha pasado con la televisión. También se dijo que iba a desaparecer cuando surgieron otras opciones, pero hoy vemos que convive sin problemas con las plataformas que te permiten ver lo que quieras cuando quieras. Por eso creo que la radio tradicional no tiene que tener miedo de los podcast; en esencia, ambos formatos son lo mismo.

También me parece lógico que no todas las generaciones busquen lo mismo. Hay un perfil de oyente que va a seguir prefiriendo la radio de toda la vida, ese que quiere encontrarse cada día con Angels Barceló, Julia Otero, Pepa Bueno o Carlos Herrera.

«No me imagino a mi madre o a mi suegra buscando un podcast, pero mi hijo el otro día me comentó que estaba pensando en hacer uno»

Casi que tendrás que explicarle lo que es la radio.
(Risas). ¡No ha hecho falta! Le encanta escuchar Radio 3 o Rock FM. Le encantan artistas como Bowie o Wilco.

Alguien le habrá inculcado esa afición por la música. ¿Sigues siendo tan fan de Paul Weller?
Ya he perdido la cuenta de las veces que lo he visto en directo, pero al menos han sido diez. Y llegué a conocerle, tanto a él como a su padre. Me empezó a gustar cuando estaba en la universidad, aunque en aquella época, claro, le escuchaba en The Jam y The Style Council. Lo que siento con Paul Weller es una especie de fijación sana, me encanta porque es un artista que siempre se está reinventando y sabe rodearse de músicos jóvenes muy interesantes.

Marta Reyero o su Asturias, patria querida.

¿Cómo se despertó esta pasión por la música que hoy sigue tan presente en tu vida?
Ya de pequeña solía usar la paga que me daban mis padres para ir a comprar discos a una tienda de Oviedo que se llamaba Discoteca. Aquellos primeros álbumes eran de bandas como The Knack o Pink Floyd, que no era precisamente los escuchaba la gente de mi edad. Oía mucha radio de madrugada, como el programa de Radio 3 ‘Tris Tras Tres’ o el ‘El expreso de medianoche’, de Radio Asturias, que presentaba y dirigía Enrique Bueres, el que hoy es mi marido.

Teniendo en cuenta las ciudades por las que te moviste en los años 80 y 90, no sería de extrañar que hubieses formado parte de la escena mod o el Xixón Sound.
Creo que conozco a todos los músicos de esa época gracias también al trabajo de mi marido. Me acuerdo de artistas como Paco Loco o grupos como Australian Blonde, Doctor Explosion, Penélope Trip o Los Ilegales.

«De hecho, Jorge Martínez es mi amigo, ¡qué no me lo toque nadie! (Risas). Es alguien a quien quiero mucho, era el que le daba color a todo cuando íbamos a los locales modernos de Oviedo, lugares míticos como La Santa Sebe o Misa de 12. Jorge Ilegal es un tipo inteligentísimo, con un corazón enorme y un gran músico»

Y un día te dio por coger una guitarra…
Pues sí, empecé con diez años. Fui a clases, me juntaba con amigas, formamos el típico grupo del colegio. Ahora generalmente toco sola en casa, aunque estoy haciendo todo lo que está en mi mano para que mi hijo se anime a acompañarme. (Risas). 

Reconocemos que nos ha sorprendido mucho, y para bien, esta faceta tuya.
Las apariencias engañan. (Risas). No suelo contarlo, pero cuando estoy con alguien de confianza o coincido con una persona afín a mis gustos musicales entonces sale a la luz la Marta rockera. (Risas).

Elegancia y credibilidad, periodismo y rock’n’roll. Marta Reyero.

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