Una perra en armonía y libertad

Paula Ribó a.k.a. Rigoberta Bandini

[Publicado originalmente el 4 de diciembre de 2020]

Hagamos historia. 28 de febrero de 2020. Se publica ‘Too Many Drugs’, primera canción de una tal Rigoberta Bandini. Hoy —apenas cuatro singles después— sentimos la imperiosa necesidad de afirmar que estamos ante la más interesante aportación al synth pop nacional en el año más pandémico de nuestras vidas. Rigoberta no se llama Rigoberta, se llama Paula Ribó (Barcelona, 1990) y es una de esas personas fascinantes que bucea sin complejos en el océano de las referencias para —a través de su filtro creativo— ofrecer algo nuevo, genuino y genial. Ribó ya sabe lo que es el éxito, lo descubrió con veintipocos, al igual que el vacío que deja cuando se va. No es lo que busca en esta etapa. Ahora solo quiere hacernos llorar y bailar a la vez.

¿Cuánto tiempo necesitó Paula Ribó para poner en marcha el proyecto Rigoberta Bandini?
Un año, aproximadamente. Me dediqué a componer muchas muchas canciones destinadas a este proyecto. Entré en el estudio por primera vez en septiembre de 2019.

Rigoberta Bandini, ahora mismo, apenas suma cinco temas, pero bajo el brazo se percibe una madurez y un dominio absoluto del medio. ¿Cuándo se apoderó de ti la música? ¿Fuiste otra niña prodigio?
Va a sonar a topicazo, pero sí, compongo desde muy pequeña. Con 6 años entré en el coro del colegio. Recuerdo perfectamente la primera vez que descubrí la sensación de estar sobre un escenario y como ese momento me llenó completamente. Me pareció lo más de lo más, y sigue pareciéndomelo. De momento, no he encontrado nada que me llene tanto.

«Cuando empecé a componer no le daba mayor importancia, era algo que me salía de forma natural. Con los años me di cuenta de que no todo el mundo tiene esa facilidad, empecé a comprender que tenía cierta habilidad para canalizar mis pensamientos, para convertir mis emociones en algo especial»

Mis amigas del colegio recuerdan perfectamente que en los recreos me dedicaba a cantarles la última canción que había compuesto; siempre estaban en plan: «Toca la nueva». (Risas). Era algo de lo más normal.

«Lo gracioso es que nunca he estudiado música, soy autodidacta total»

La profe de música me apoyaba muchísimo y creo que esa sensación de estar agradando a los mayores con lo que hacía fue la que me animó a seguir adelante.

Rigoberta Bandini es la suma de Paula Ribó y un reducido equipo de incondicionales que la ayudan a centrar su trabajo. «Nunca he estudiado música, por eso a veces compongo en modo raro».

¿En tu casa hay algún antecedente musical?
Mi madre también es profesora de música y la familia, en general, es muy musical. Mi padre es un tipo muy creativo. Pero no, antecedentes musicales no hay.

¿De dónde sacas el nombre de Rigoberta Bandini? Por cierto, ya has empezado a eclipsar en Google a la buena de Rigoberta Menchú, la líder indígena guatemalteca Premio Nobel de la Paz.
Yaaa, tío, lo siento. (Risas). Cateta de mí que no sabía quién era esta mujer, con todo lo bueno que ha hecho. (Risas). La verdad es que detrás del nombre de Rigoberta no hay nada, fue una decisión absolutamente random.

«Podría haber sido Gertrudis, pero me dio por Rigoberta»

El Bandini es por el personaje de Arturo Bandini de las novelas de John Fante, del que soy superfan. Es como si el Bandini me estuviera esperando en el subconsciente.

¿Quién más está implicado en Rigoberta Bandini?
A la hora de componer estoy sola, soy yo. Después, automáticamente, entra en escena Esteban Navarro —mi pareja—, que es el Rigoberto de esta historia. (Risas). Fernando me ayuda muchísimo a tomar decisiones, a enfocar las canciones, a encontrarles su camino. Como no he estudiado música compongo bastante aleatoriamente. Hago cosas raras, como canciones sin estribillo. (Risas). Fernando no me castra ni me cambia las ideas, en absoluto; me ayuda a encontrar el mejor modo. Y luego está Fernando Yáñez, mi mánager, con el que llevo poco tiempo trabajando y que también es estupendo; nos entendemos superbien y es como de la familia. También cuento con el productor Stefano Maccarrone, que ha participado en varias de las canciones y ya forma parte del clan Rigoberta.

Y de repente, ¡boom!, lanzas ‘In Spain We Call It Soledad’ y te vuelves viral en tiempos de pandemia.
La primera canción, Too Many Drugs, funcionó genial —mogollón de gente empezó a seguirme y a etiquetarme—, pero con In Spain se desató la locura. La gente no para de etiquetarme. Está siendo todo muy emocionante.

Paula Ribó se convierte en actriz de doblaje de películas animadas con 7 años. ¿Cómo llega una niña de 7 años a un estudio de doblaje?
Mi hermana era la voz de Spinelli en La banda del patio. (Risas). Mi hermana me lleva cuatro años. La profesora del coro que antes comentaba componía jingles para publicidad y siempre estaba buscando niños cantantes. Un día, en el estudio en el que grababa, le pidieron por favor que les ayudase a encontrar voces de niños porque les habían encargado doblar La banda del patio. Mi hermana también estaba en el coro. La profe llevó a varios niños y, entre ellos, eligieron a mi hermana. Mis padres accedieron porque a ella, de repente, le hacía mucha ilusión todo aquello. Durante tres o cuatro años estuvo yendo cada viernes a grabar La banda del patio. Mi madre y yo la llevábamos, hacíamos tiempo y la recogíamos. Y a mí todo aquello empezó a fascinarme también.

«Cada vez que pasaba algún mayor le decía, sin ningún tipo de vergüenza, hazme un casting, hazme un casting. (Risas). Y por pesada me lo hicieron y me dieron la voz de Caillou y la canción de la serie. Muy fuerte todo»

¿El doblaje ha sido tu modo de vida hasta ahora?
Lo fue durante algún tiempo. Con lo que ganaba pude invertir en otros proyectos artísticos, como poner en pie algunos montajes teatrales.

También has escrito una novela, ‘Vértigo’. ¿De dónde nació esa necesidad?
La escribí en un momento de muchos cambios vitales que llegaron de golpe tras una ruptura de pareja. La mejor palabra que definía ese momento era el vértigo. Tuve la suerte de que mi amiga del colegio Marta Albert fundó Editorial Círculo y estaba buscando autores nuevos. Marta me ayudó mucho. Fue un proceso creativo muy bonito, muy especial. Ahora está a punto de salir la tercera edición, gracias en parte a que lo musical está funcionando muy bien.

Inquieta y creativa, Paula Ribó compone desde que era muy pequeña. ¿Su plus? Todas y cada una de sus canciones enganchan a la primera.

Tuviste un grupo, The Mamzelles. Cantabais en catalán y tuvisteis muchísimo éxito en Cataluña. ¿Qué aprendiste en esa etapa?
¡Todo! Éramos tres y teníamos 20 años. El primer disco (de los tres que lanzaron) lo produjo Miqui Puig .

«Aprendí los entresijos del mundo musical y que todo lo que sube baja. Tuvimos muchísimo éxito y luego no tanto. Por eso el proyecto Rigoberta me lo tomo con una filosofía totalmente diferente, por eso y porque tengo diez años más»

Ahora lo veo todo con muchísima más perspectiva.

‘Que Cristo baje’ es la tercera canción de Rigoberta. ¿Intentando recuperar la fe perdida o, directamente, intentando descubrir qué es tener fe?
Es intentar descubrir qué es tener fe. Todavía estoy explorando qué es Dios para mí, qué significa. Jesucristo es una figura histórica, un icono como Madonna, pero lo que hay detrás de esa figura aún lo sigo investigando. Para mí seguir buscando en esa profundidad es importante. Estoy en ello.

¿Te comes mucho el tarro o solo lo estrictamente necesario?
Me lo he comido mucho durante toda mi vida, pero ahora hace ya un tiempo que no tanto. Lo que sí me sigue pasando es que a veces veo la vida como si se tratase de una película. No puedo evitar salir de mí y verlo todo en plan espectadora. (Risas).

«No sé cómo explicarlo. A veces me flipo un poco, pero siempre vuelvo»

‘Too Many Drugs’. ¿Hubo demasiadas drogas?
Sí. (Risas). Para qué te voy a engañar. A ver, no he estado en un centro de desintoxicación ni nada de eso.

«He probado, como casi todos los de mi generación, que hemos crecido con las drogas de diseño de forma bastante normalizada. Hasta que me cansé»

Las drogas me abrieron muchísimas puertas y mundos, pero ya, son historia.

Si afirmamos que eres una especie de síntesis perfecta de este tiempo porque tu música es la consecuencia de mezclar imágenes y sonidos poderosos sin ningún tipo de complejo, ¿nos lo compras?
Lo que soy no es algo buscado. Cada canción es un viaje en el que voy probando nuevos caminos en plan prueba y error. Cuando encuentro un nuevo camino siempre es superemocionante.

«No tengo complejos porque no soy purista. Mis canciones son collages y voy metiendo lo que necesito en cada momento»

¿Eres una persona totalmente libre?
Lo intento. No siempre se puede. Soy cero conspiranoica en plan: somos lo que quieren que seamos. Yo me siento bien con lo que soy. Hace años llegué a sentirme no tan libre como un hombre para hacer lo que quisiese cuando quisiese. Pero ya no, ni de broma. Ahora, con 30 años, me siento más madura.

«No juzgo a la gente y no me juzgo a mí misma»

¿Qué te saca de quicio?
Que me digan lo que tengo que hacer. (Risas). Soy muy Tauro. Pero acepto bien las críticas, que conste.

‘In Spain We Call It Soledad’ rindes un divertido homenaje a Mónica Naranjo. Ella te ha dado like. ¿Os conocéis?
No, aún no, pero espero conocerla pronto. Hay gente que piensa que en ese momento de la canción es ella la que canta, pero no, soy yo que —está claro— no soy la mejor voz de España.

«La mejor voz de España es la de Mónica Naranjo»

¿Te da miedo volver a ser famosa?
Sí, un poco. No me acostumbro a recibir tantos mensajes por Instagram y estoy empezando a sentirme un poco desbordada. No puedo contestar a todo el mundo y eso hace que me sienta culpable. Me duele no poder agradecer a la gente todo su cariño.

Sabe lo que es conseguir el éxito para luego perderlo. Hoy no lo persigue, prefiere disfrutar con lo que hace.

Tus portadas y tus vídeos tiran del álbum y la videoteca familiar. Todo parece muy casero, pero está claro que no lo es, que hay un diseño de producción. ¿Qué imagen quieres trasmitir?
Quiero que mis vídeos transmitan algo emocional, hay mucha melancolía en ellos.

«La melancolía es un sentimiento que me interesa muchísimo y un estado en el que me siento a gusto»

Acabas de ser madre. ¿Te ha cambiado en algo?
Mucho y para bien.

«Ya no soy el epicentro de mi vida, lo cual está muy bien porque los artistas tenemos mucho ego» (Risas)

A nivel de gestión familiar todo está yendo perfecto, imagino que también por el momento covid. Me sorprende lo fácil que me está resultando conciliar la maternidad con mi vida de pareja y con mi arte.

Tu última canción, ‘Cuando tú nazcas’ —inspirada en ‘Dieron las doce’, de Mocedades, inspirada a su vez en la ‘Sinfonía nº 7, Segundo movimiento-allegretto’, de Beethoven—, habla del mundo que verá tu hijo cuando sea mayor. ¿Te agobia el actual rumbo de los acontecimientos planetarios?
Sí, me agobia mucho el tema medioambiental y me agobian aún más los teléfonos, el ¿hasta dónde vamos a llegar? Prácticamente, todos somos adictos al móvil. Me da mucho miedo porque el niño nos ve a todas horas con él en la mano y me pregunto cómo será su relación con ellos cuando se haga mayor. Yo quiero que juegue como jugamos nosotros. Me entristece pensar que pueda perderse todo eso, sobre todo porque él y los de su generación van a crecer marcados por la covid, por las pantallas y las videollamadas. Igual estoy siendo anticuada y todo esto va a ser lo normal cuando él crezca. Igual soy yo la que tiene que cambiar la forma de pensar.

¿Cómo es tu palacio real, ese en el que patinas por las habitaciones —como cantas en ‘Too Many Drugs’—?
Ese es mi palacio interior, mi casa de verdad es muy pequeña, créeme. (Risas). Yo estudié en un colegio de monjas, el Santa Teresa de Jesús, y hay un poema de ella que me marcó desde que lo escuché.

«Dice: ‘Mi alma es como un castillo, un castillo de cristal, donde Dios habla conmigo en el cuarto principal’. Cuando escribí la canción no pensé en Santa Teresa, pero ahora me doy cuenta de que sí hay una relación»

¿Este ha sido un mal-buen año para ti?
2020 ha sido un muy buen año para mí.

Arriba, ¡Rigoberta!

0%