Tradición en evolución

Los hermanos Cubero

Seguidillas, jotas y romances constituían su universo y en todas las celebraciones familiares acababan cantando piezas de música tradicional castellana; sin embargo, cuando crearon su primer grupo decidieron tocar bluegrass, música tradicional estadounidense. Nadie, ni ellos mismos quizá, entendía por qué cambiaron La Alcarria por los Apalaches y la mandolina por el banjo, pero lo cierto es que en ello siguieron hasta que se dieron cuenta de que ese estilo, de alguna manera, los limitaba.

Esa necesidad de libertad fue la que alumbró el nacimiento de los Hermanos Cubero tal y como los conocemos hoy: un dúo que ha roto barreras, que llama la atención con su mezcla de estilos folk norteamericano y castellano, que sorprende con un estilismo cuya modernidad estriba en vestirse como lo harían sus abuelos un día de fiesta y que asombra con su capacidad de convocatoria rodeándose en su último disco de amigos muy conocidos con los que compartir la libertad de hacer la música que quieren sin ataduras.

Además el público ha respondido con pasión a su propuesta y los ha convertido en una de esas bandas que suenan de boca a oído en Malasaña o el Primavera Sound y que ha logrado que los más modernos del barrio se desmelenen en sus conciertos cantando jotas a voz en grito.

De La Alcarria de toda la vida, pero vivís en Barcelona.
Sí, nos vinimos a Barcelona por motivos laborales en 1996; ya llevamos aquí  25 años.

¿Pesa más la nostalgia o el sentimiento de no pertenecer completamente a ningún sitio?
No sabríamos definirlo, ciertamente crecimos en La Alcarria y nos vinimos con veintitantos años, se extraña, pero no es nostalgia. Vamos a Guadalajara tres o cuatro veces al año.

«Somos de Guadalajara, vivimos en Cataluña, pero somos de allí. No nos sentimos integrados en esa cultura»

¿Os aferráis a la música de vuestra tierra para anudaros a vuestras raíces?
En parte sí que es una forma de mantener los lazos vivos, los lazos existen indudablemente, pero con la música los hacemos más presentes. Lo que hacemos sale de dentro, no es una cosa forzada, es algo que nos sale así. No hay una decisión consciente de estilo, es la música con la que crecimos y la música que aprendimos a hacer en nuestra tierra, forma parte de nuestro ser, de nuestra idiosincrasia.

La exaltación nacionalista de los coros y danzas durante la dictadura, ¿aportó o restó a la supervivencia del folk?
Indudablemente restó, totalmente, uniformizó estilos, cercenó una parte importante de la música tradicional —en Guadalajara la limitó a alguna jota y seguidillas, abandonando el resto de la variedad de estilos y ritmos— y, además, creó una costra de caspa en la música tradicional que aún subsistía hace unos años.

¿La música tradicional evoluciona o debe conservarse inmutable?
No, no, evidentemente la música tradicional en algún momento no era tradicional y desde entonces se mantiene en constante evolución, si no no estaríamos hablando de música tradicional sino de música arqueológica.

«La tradición está viva, constantemente creciendo, lo que pasa que posiblemente durante unos años, por la estandarización que se produjo, quedó estancada»

Está bien que se sigan haciendo trabajos de investigación, de campo, tratando de conservar el recuerdo, pero la tradición no es eso. La tradición está en constante evolución y eso es lo interesante porque si no no estaríamos donde estamos ahora. Por ejemplo cuando en los años 20 se comenzaron a tocar mazurcas, polkas o foxtrot no era música tradicional, era música moderna; y a día de hoy esa música la consideramos música tradicional.

«Si la tradición dejara de evolucionar se convertiría en una foto fija del pasado y no en la transmisión cultural de una forma de vida»

Vuestro sonido parece más desnudo y tradicional. ¿Se desarrolla vuestra evolución en las letras?
Puede que sea una parte, porque cuando escribes una letra te basas en tus vivencias y experiencias a día de hoy, con lo cual inevitablemente los temas e incluso el lenguaje es actual. Aunque hemos de decir que en lo que se refiere a la música tampoco nos estamos ciñendo a una tradición estrictamente ibérica sino que  nosotros tocamos a nuestra manera.

«Posiblemente la clave esté en que no tratamos de recrear una tradición o marcar una nueva corriente, sino que nos aprovechamos de los recursos de la música tradicional para generar nuestra propia música a día de hoy»

¿Es posible expresar sentimientos sobre una base musical tradicional tan rígida como una seguidilla o una jota?
Desde el primer momento en el que nos planteamos este proyecto nuestra idea era abandonar los corsés que nos ataban, en aquél momento estábamos haciendo música bluegrass con unos estándares muy estrictos que nos acogotaban, nos limitaban demasiado y no nos dejaban margen de movimiento. Así que nuestra idea fue romper con esos corsés y, una vez que logras eso, ceñirte a un ritmo en particular o a una métrica concreta, siempre que lo hagas desde un punto de vista actual, no tiene por qué ser restrictivo, es una herramienta más y si la sabes utilizar tienes margen más que suficiente para expresar lo que quieras.

En vuestro anterior disco Quique se expuso enormemente…
Sí, y si uno se fija ese disco no es nada tradicional, quizás teníamos puesta la etiqueta de músicos folk antes de ‘Quique dibuja la tristeza’ y se nos dejó, pero es nuestro disco menos tradicional.

¿Hay una intención de combinar bluegrass y música tradicional o es un ejercicio de libertad?
El resultado de lo que hacemos es fruto de la mezcla de todas las cosas que fuimos metiendo en la mochila, pero no hay una intencionalidad de hacer algo nuevo, o de experimentar, o de inventarse un género, sencillamente es lo que nos sale. Es todo fruto de nuestro bagaje no hay nada forzado en ello, de hecho hay discos más tradicionalistas y otros menos, es un poso que llevamos y del que no somos capaces de desprendernos.

«Al final somos músicos populares y lo que hacemos es lo que sabemos hacer combinando las herramientas que tenemos para crear nuestro universo»

En ningún momento hubo intención de hacerlo de tal o cual manera, lo que queríamos era poder tocar en libertad, sin ataduras.

Cuando uno toma esa decisión de experimentar en libertad, ¿qué hace con los prejuicios?
Posiblemente ya no tuviéramos esos prejuicios cuando tomamos la decisión. El paso de empezar con los Hermanos Cubero fue poner en limpio, poder presentar al público algo que ya hacíamos en casa, así que ya no teníamos esos prejuicios cuando pensamos en dar el paso. Sí que los tuvimos cuando empezamos, durante los años de aprendizaje, pero con el paso del tiempo desaparecieron.

El dinero siempre es un prejuicio, ¿vosotros queréis vivir de la música?
Pues no, la verdad es que en ese punto seguimos haciendo un ejercicio de libertad total; no es tampoco que publiquemos lo primero que se nos ocurra, tenemos nuestro propio control de calidad, pero fuera de ahí no hay prejuicios.

«De hecho, no vivimos de la música, cada uno tenemos nuestra ocupación profesional. Como anhelo sí que alguna vez hemos pensado que nos gustaría vivir de la música, pero es más un ‘molaría’ que un ‘vamos a'»

Por eso desde el primer momento estamos haciendo lo que nos apetece, lo que nos motiva, nunca hemos dicho vamos a hacer esto u esto otro para vender más o para llegar a más público. Por eso a nosotros mismos nos ha sorprendido la repercusión que hemos tenido en los últimos años porque no la buscábamos. Nosotros estábamos haciendo lo que nos apetecía en aquél momento.

¿Os sentís parte de la industria musical?
Hombre parte somos porque hacemos conciertos y sacamos discos, pero evidentemente no estamos industrializados. Evidentemente lo que hacemos es profesional a todos los niveles, pero también es cierto que nuestros trabajos nos impiden dedicarnos en cuerpo y alma.

Pero llegasteis a hacer 34 conciertos en un año y acabáis de sacar dos discos a la vez
(Risas). Está claro que en la industria estamos, estamos publicando y estamos dando conciertos, ahora bien, si lo piensas, el hecho de sacar un disco doble, uno de ellos instrumental, en estos tiempos que estamos posiblemente sea todo lo contrario a estar en la industria. Es lo que decíamos, el planteamiento es profesional, esto no es una afición ni un complemento, pero dentro de ese planteamiento ciertamente tenemos la ventaja de que no dependemos de vender un número determinado de discos o dar un número determinado de conciertos.

«Contamos con la libertad que nos da el tener otros ingresos y no depender sólo de la música para vivir»

¿Llegará el momento en que tendréis que elegir entre vuestros trabajos y la música?
No, no creo que tengamos que elegir, en los últimos años hemos tenido que decir que no a muchos conciertos por nuestra agenda laboral, pese a ser cierto que ambos tenemos cierto margen en el trabajo para pedir permisos. Esta situación podría mantenerse así indefinidamente mientras el público lo quiera así. Aunque si un día comenzamos a vender dos millones de discos la decisión estaría clara.

¿Se pueden vender 2 millones de discos con la libertad que disfrutáis ahora?
Por supuesto, esa condición siempre está presente.

«Está claro que para vender esos dos millones de discos tendríamos que hacer muchas concesiones y eso significaría renunciar a parte de nuestra libertad»

¿Qué tenéis en común con Ara Malikian, Nacho Vegas, Amaia Romero y el resto de músicos que colaboran en vuestro disco?
Sencillamente la música, las ganas de poner en marcha una canción y tocarla juntos. En el plano personal, salvo con Ara Malikian con el que, pese a no tener relación previa, la admiración nos hizo proponerle la colaboración. Con el resto habíamos coincidido en festivales y conciertos, habíamos compartidos ratos de música, habíamos tocado juntos y con todos teníamos una afinidad previa.

¿Puede que lo tengáis en común sea la libertad?
Posiblemente, seguramente sin la libertad de ellos y ellas no se podría haber conseguido esto. Es una lectura que podemos hacer a posteriori, algo de lo que nos damos cuenta ahora, todos son músicos con la suficiente libertad y los suficientes arrestos para arriesgar y acometer el proyecto que les propusimos, pero realmente eso no fue  algo que se nos planteara a priori a la hora de elegirlos.

¿Es intencionada la elección de cada canción con cada colaboración?
Sí sí, desde luego. En algunos casos la canción ya estaba y buscamos al o a la intérprete que le fuera bien, y en otros sabíamos con quién íbamos a colaborar y buscamos una canción. En todos los casos las elecciones fueron totalmente intencionadas.

¿Hubo que convencer a Cristina Rosenvige para grabar un relincho?
No, en absoluto, de hecho fue iniciativa suya. La canción ‘La rama’ es una canción tradicional extremeña y nosotros le pasamos la grabación de campo, una grabación de Alan Lomax, y ella se interesó mucho por el origen, por el ritmo, por el tipo de pieza. Nuestra intención era hacerlo tal y como lo hubiéramos hecho nosotros, sin relincho, y fue Cristina la que dijo: «Yo quiero acabarla como hacen las mujeres en la grabación de campo», y le dijimos «pues adelante».

Empezasteis por el bluegrass, luego vino el folk, ¿estáis pasando al indie? (Risas) «Pues oye, a ver cómo se nos da, no estamos cerrados a nada, en principio no es nuestro rollo, pero nunca se sabe»

¿Lograréis que cantar jotas sea tendencia?
Estaría bien, sería bonito que en este país —en el que siempre tendemos a denostar lo nuestro en favor de cualquier cosa que venga del extranjero—, de alguna manera, se recuperase ese amor por lo propio.

«De todas maneras, cuando vemos nuestros conciertos llenos de ‘modernos’ —dicho sea con todo el respeto, con ánimo descriptivo y nunca peyorativo— palmeando y cantando nuestros temas pensamos que sí, que algo hemos conseguido»

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